domingo, 3 de diciembre de 2023

Mis OTRAS 5 visitas imprescindibles en Nantes

 

Continuamos nuestro recorrido por esta preciosa ciudad de la Bretaña francesa tras haber descrito en un post anterior (aquí) varias de las mejores visitas que podemos hacer.

 

En las siguientes líneas vais a poder descubrir que Nantes es una ciudad moderna con multitud de secretos que os sorprenderán a cada paso. Abrochaos los cinturones que nos adentramos en un nuevo viaje a Nantes.

 

Jardín de las plantas

 

Nantes tiene tres importantes espacios verdes que deberíais visitar si tenéis tiempo. El más importante es el denominado Jardín de las Plantas. Se trata de un inmenso espacio verde (7 hectáreas) en pleno centro de la ciudad, justo enfrente de la estación de tren. Posee 10.000 especies diferentes de árboles y cada temporada se plantan 50.000 flores. Se trata de uno de los cuatro jardines botánicos más importantes de Francia y alberga colecciones únicas que son un auténtico paraíso para los enamorados de la botánica.

 

Jardín de las plantas. Nantes.

Por ejemplo, se conservan 600 variedades diferentes de camelias. La magnolia Hectot, con más de 200 años, es la más antigua del parque y su tronco tiene una circunferencia de 2,30 metros. El tulipero de Virginia, que alcanza los 35 metros de altura, atraerá la atención por sus enormes flores en forma de tulipán. Y el pino Wollemi es un árbol joven plantado en 2009. Descubierto en Australia, es excepcional por su rareza: se encuentran menos de un centenar en el medio natural.

 

La función de todo jardín botánico es conservar estos seres vivos y como ejemplo de cooperación científica, este jardín intercambia semillas con otros diseminados por el mundo para hacer más ricas sus colecciones. Este jardín recibe 1.000 especies diferentes al año, mientras que “exporta” más del doble.

 

En la entrada sur existe una zona típica de estos parques, la casa de las fieras. Por las mañanas podréis acariciar a las cabras enanas. Y avanzando un poco descubriréis el aviario, donde destacan los hermosos patos. Las vistas con los lagos artificiales o las esculturas que jalonan los cruces son preciosas. Y si os fijáis bien descubriréis unos bancos muy originales: unos torcidos, otro que se balancea y hasta idóneos para tumbarse y echar una buena siesta. Pero el mejor es el banco gigante. O el oso que duerme la siesta en una pequeña loma.

 

Jardín de las plantas. Nantes.

Pero si algo distingue a este espacio de otros similares es la inclusión de obras de arte de diferentes artistas. Todos los años se organizan eventos que pueblan las praderas con obras de arte contemporáneo. Y algunas de ellas han sido honradas con tener aquí su estancia definitiva. Son, por ejemplo, las macetas gigantes extraídas de los libros de Claude Ponti, situadas en la zona de juego infantil. 

Jardín de las plantas. Nantes.


O los característicos y coloridos diseños de Jean Jullien, con figuras que encontraréis en el agua o en los árboles. También son puntos imprescindibles el gran banco o el oso dormilón.

Jardín de las plantas. Nantes.

 

El parque posee varios invernaderos que deberían ser parte de toda visita, pues nos van a permitir viajar, botánicamente, por diferentes espacios naturales: Invernadero de Isla de las Palmas, Exposición Tropical e Islas Canarias y el Invernadero de Ambientes Áridos y Palmarium.

 

Jardín de las plantas. Invernaderos. Nantes.

Jardín de las plantas. Invernaderos. Nantes.

En algunos hasta existen mesas donde poder estar a una buena temperatura si afuera hace algo de frío.

 

De los otros jardines destacables en la ciudad voy a daros, simplemente, unas pinceladas. Uno se sitúa en la Isla de Versalles, al norte. Podéis llegar en tranvía tomando la línea 2 y bajando en Saint-Mihiel. Tan sólo tendréis que andar un poco para llegar.

 

Entrar en esta isla supone sumergirse en la cultura japonesa de jardines con su estanque, sus simbólicos faroles y sus característicos árboles.

 

Jardín japonés. Nantes.

Existe en el centro del parque un pabellón de té, ideal para tomar fotografías y tenerlo como telón de fondo. En este edificio siempre existen exposiciones sobre el río Edre y sobre temática asiática. En el centro podréis encontrar un jardín mineral típico de ciertos monasterios japoneses.

 

Jardín japonés. Nantes.

Este entorno natural es un lugar donde se respira paz pero que, personalmente, me gusto menos que el que tuve la ocasión de visitar en Toulouse. No obstante, a pesar de ser el más pequeño de la ciudad, es el segundo más visitado de Nantes. Por algo será.

 

Jardín japonés. Nantes.

El otro espacio verde curioso se ubica muy cerca del Museo de Julio Verne, en un paraje natural excepcional. Se llama El jardín extraordinario y su nombre hace honor a lo que ofrece. Instalado en una antigua cantera de granito en desuso (la cantera de la Misery en Chantenay), el mayor de los grandes parques de Nantes es atípico. Sus acantilados, de 25 metros de altura, además de ofrecer unas vistas muy hermosas del Loira, crean un microclima único para la flora tropical (+4ºC). Paseando por este entorno recorreremos cuatro de los cinco continentes. Las especies son exuberantes, típicas de los climas tropicales, y de grandes tamaños por lo general. Como yo me acerqué en otoño me sorprendió encontrarme con ejemplares de azafrán de 20 cm de altura.

 

Inaugurado en 2019, Romaric Perrocheau, su cocreador lo define como “un jardín de deseo, de sueños, de impulso”. En verdad, cuando estamos dentro, todo es hermoso, impresionante, exuberante. Y ello no es casualidad, pues la intención de este lugar fue intentar recrear el universo mágico de los Viajes Extraordinarios de Julio Verne. Al descubrir la vegetación de la cantera, los visitantes encontrarán sorprendentes similitudes con la descripción que hace Julio Verne en su famosa novela La isla misteriosa. Por ello, esta es una visita complementaria y obligada si nos acercamos a su museo, muy cerca de aquí.

 

Jardín extraordinario. Nantes.

Un punto ineludible es la gran cascada de 25 metros, la cual marca la elevación de la cantera y pone de relieve la majestuosidad de la hiedra centenaria que adorna el frente. Justo al final del jardín se encuentra la gran escalera, la cual posee 28 metros de desnivel, 177 escalones y 4 miradores intermedios diseñados como paradas durante el ascenso o descenso (os recomiendo mejor esta opción) entre la plaza Maurice-Schwob, arriba, y el Jardín Extraordinario, abajo. La escalera de acero, diseñada por François Delaroziere, director artístico de la empresa La Machine Nouvelle Fenêtre, ofrece vistas al jardín y perspectivas sublimes del Loira. Se camina por el frente rocoso, siguiendo al máximo los tramos naturales y el relieve de la cantera, al tiempo que magnifica el mundo rocoso y vegetal.

 

Una visita que os encantará y os dejará con la boca abierta.

 

Para consultar toda la información sobre los parques de Nantes os aconsejo visitar esta página: https://nature.metropole.nantes.fr/parcs-jardins/#parks-map

 

Museo Historia Natural

 

La historia de esta colección comienza en 1799 en el gabinete privado del farmacéutico nantés François-Renié Dubuisson, el cual era un apasionado de la historia natural. Más adelante, Frédéric Cailliaud añadió la colección de ciencias naturales y, ya a mediados del siglo XX se incorporó un vivero con animales vivos.

 

La colección que posee este museo es una de las más extensas de toda Francia en cuanto número de especímenes, resultado de ser la ciudad un importante puerto donde arribaban multitud de expediciones científicas.

 

El museo ocupa el edificio palaciego desde 1875, aunque fue ampliado en 1970 cuando la anexa École Supérieure de Commerce se trasladó a otra ubicación. Su fachada principal, semejando una especie de templo griego con seis columnas y figuras clásicas en el tímpano, nos adelanta que vamos a sumergirnos en un lugar de sabiduría.

 

Museo de Historia Natural. Nantes.

En su interior vamos a encontrar las diferentes colecciones separadas por secciones.

 

En la planta baja, nada más acceder y obtener la entrada nos toparemos con la Galería de Ciencias de la Tierra y el Universo. La misma está dividida en tres partes: por un lado, paleontología y prehistoria, por otro, geología y mineralogía. Y en el centro la sección dedicada a los meteoritos, donde merece la pena detenerse a admirar, por ejemplo, el enorme Meteorito de Saint Aubin. Con sus 177kg de peso, se trata del más grande que encontraremos en Francia. Su peso se debe a que es un monstruo de metal compuesto por una aleación de hierro y níquel desconocida en la Tierra. Este meteorito chocó contra la superficie terrestre hace 55.000 años, antes de la llegada del Homo sapiens a Europa. Uno de sus descendientes, un agricultor del departamento de Aube, desenterró un primer fragmento en 1968.

Museo de Historia Natural. Nantes.

 

El anterior es uno de los muchos que podremos admirar, pues el museo posee una de las colecciones más extensas del país respecto a rocas foráneas a nuestro planeta. Importante también, por su gran pasado temporal, es el meteorito denominado Black Beauty, tres pequeños fragmentos de hasta diez piezas diseminadas por diversos museos. En este meteorito se encuentran fragmentos milimétricos de rocas de más de 4.430 millones de años: un récord planetario que la convierte en la primera muestra del terreno más antiguo del planeta Marte.

 

Si os gustan los minerales y las rocas en esta sección vais a disfrutar. Tanto en la exposición como en el número de piezas me recordó al Museo Geominero de Madrid. Además, advertiros que si la pieza tiene un pictograma verde está permitido tocarla (si es rojo no).

 

Museo de Historia Natural. Nantes.

Y, respecto a la sección de paleontología, vamos a descubrir cráneos de diferentes tipos de Homo (Habilis, Erectus, Neandertal, Sapiens…), armas en piedra y hueso, los típicos trilobites y algunas figuras de pequeños dinosaurios.

 

Museo de Historia Natural. Nantes.

Por cierto, en esta planta baja se sitúa la biblioteca, un lugar abierto a todos los curiosos que deseen profundizar sobre algún tema con una colección muy interesante. Lo malo es que se encuentra en francés.

 

En la planta superior descubriremos la Galería de Zoología. Dominando el centro de la sala se encuentra el ineludible esqueleto de ballena de 18 metros de largo. Se llama la Ballena de Donges y se trataba de un animal enfermo que fue accidentalmente atropellado por un barco en el Golfo de Vizcaya, en mayo de 1991.

 

Museo de Historia Natural. Nantes.

Aquí vamos a encontrar más de un millar de ejemplares animales, disecados o mostrando, en algunos casos, su esqueleto, donde conoceremos a nuestros compañeros en la Tierra. En la parte baja tenemos los mamíferos y los peces. Un espécimen curioso es el llamado Rey rata, un conjunto de varios ratones cuyas colas están anudadas y que dependían del resto de la comunidad para sobrevivir y alimentarse. Este es uno de los pocos especímenes que podremos encontrar en un museo y que no sean un fraude (En Francia sólo existen tres ejemplares similares).

Museo de Historia Natural. Nantes.
  

En la parte alta se distribuyen las vitrinas de las aves. La sección ornitológica es la más emblemática del museo. Si os gusta admirar pájaros con plumajes coloridos esta es vuestra sección.

Museo de Historia Natural. Nantes.

 

De los aproximadamente 700 ejemplares que podremos admirar, destacaría dos especies extinguidas: la paloma migratoria y la gran alca. Este último animal, parecido a un pingüino, fue recolectado en un barco tras una erupción volcánica submarina frente a la costa de Islandia en 1830. Las grandes alcas sólo vivían en las frías zonas del hemisferio norte y fueron poco a poco decreciendo en su número debido a la facilidad para cazarlas (no podían volar) y el aprovechamiento de su carne, plumas y grasa. En 1844 la última pareja fue asesinada.

Museo de Historia Natural. Nantes.
  

En esta parte alta también tenemos la impresionante colección de conchas de moluscos con más de 5.000 ejemplares reunidos de diversas colecciones.

 

En el Vivarium encontraremos numerosos ejemplares de reptiles y, sobre todo, serpientes. El museo se especializó en estos animales y encontraremos hasta una veintena de ejemplares no venenosos, los cuales comparten espacio con curiosos lagartos. A ellos se unen insectos, cocodrilos y tortugas.

Vivarium en el Museo de Historia Natural. Nantes.

 

Por último, existen dos salas dedicadas a las exposiciones temporales. Cuando yo visité el museo estaba “Ocean, una inmersión fuera de lo común”, la cual ofrecía una visión poco común de la biodiversidad marina lejos de las costas: la vida planctónica, la singular fauna de las grandes profundidades y la presente en las aguas heladas del Océano Austral.

 

Museo de Historia Natural. Nantes.

La entrada al museo dura todo el día y podemos salir para volver a entrar más tarde, si bien no lo veo necesario. Es un museo de dimensiones no muy grandes (en mente tengo el de Londres) y que perfectamente se puede visitar en un par de horas. Si viajáis con niños seguro que les encantará.

 

Para información sobre horarios y precios os dejo su web: https://museum.nantesmetropole.fr/home.html

 

Arte contemporáneo disperso por la ciudad

 

Nantes es una ciudad que rebosa arte en cada esquina y en este apartado, a modo de cajón desastre, os voy a mostrar algunas pinceladas del mismo, realizando un curioso recorrido por los distintos barrios del centro de la ciudad.

 

Empecemos por el barrio Gare, donde ya hemos conocido las figuras coloridas de Jean Jullien en el Jardín de las plantas. Muy cerca también encontramos la Lieu Unique, un centro de exploración artística y hervidero cultural donde la estructura más destacable es la poderosa torre LU, un auténtico tótem publicitario de la empresa de galletas que fue rehabilitada y nos permite admirar unas bellas vistas de Nantes. Fijaos que posee en su decoración la mitad de los signos del zodíaco, debido a que anteriormente existía una gemela al otro lado de la calle, hoy en día desaparecida.

 

Lieu Unique. Nantes.

Muy próxima a esta torre, en un pequeño canal, por la noche, podremos admirar Nymphea, la imagen de una ninfa moderna en la superficie del agua. El rostro es de la famosa actriz francesa Laetitia Casta. Yo me acerqué dos veces y no estaba encendido por lo que entiendo que sólo aparecerá en momentos de gran afluencia turística.

 

A continuación, vamos a adentrarnos en el barrio histórico Bouffay. Sus estrellas callejuelas nos remiten al medievo. Por ello, nada mejor que comenzar en la antigua Puerta de San Pedro, la cual esconde la obra de Laurent Le Deunff. Se trata de una especie de pequeño castor, en verdad un animal imaginario, sacado de un libro medieval, que poseía una cola de pez.

 


En la plaza de San Pedro, justo enfrente de la Catedral, os voy a pedir que os detengáis en un comercio de fotografía. En la fachada destaca el rótulo moderno que nos indica lo que se vende aquí. En esta ocasión son unas gafas con un par de pájaros, en color y blanco y negro. Esta composición, será una de las muchas que vamos a encontrarnos por la ciudad y es, en mi opinión, uno de los grandes aciertos de la ciudad respecto al fomento de arte urbano contemporáneo. Varios artistas han reinterpretado los rótulos de las tiendas y han actualizado esta costumbre que se remonta al medievo. Ahora bien, dándole su particular visión moderna.

 

Tomando la Rue Verdún vamos a ver más rótulos de este tipo. Merece la pena detenerse en una curiosa cabeza cúbica de aspecto infantil (Dröm), o en la dentadura gigante cuyos dientes fueron cambiados por los típicos caramelos de Nantes, llamados rigolettes.

Rótulos originales en Nantes.

 

Esta calle nos llevará a la Place du Piroli, donde encontraremos una curiosa lucha entre el arcángel San Miguel representando una tienda de galletas y la serpiente de una farmacia.

 

Tomemos ahora la Rue de la Marne. Justo enfrente de las famosas Galerías Lafayette tenemos la entrada al Passage Bouchaud, el cual nos llevará a un curioso rincón con un jardín colgante llamado Jungla interior. Nada que ver con el también escondido jardín de la Psallete, justo detrás de la Catedral, y que posee un palacete del siglo XV. El contraste entre ambos jardines ocultos resulta interesante.

 

Passage Bouchaud vs jardín Psallete

Al final de esta calle, a mano izquierda, nos toparemos con la interesante Iglesia de Sainte-Croix, con su fachada barroca, nave gótica y torre de metal con ángeles tocando unas especies de trompetas. Esta iglesia esconde junto a sus muros otro interesante pasaje que lleva a un patio donde existen exposiciones temporales. Y os aconsejo entrar y admirar su particular belleza.

 

Iglesia de Sainte Croix. Nantes.

Iglesia de Sainte Croix. Nantes.

Tomando la Rue Belle Image llegaremos a Rue Bouffay, donde encontraremos tres rótulos interesantes: primero un animal peludo en una tienda de extensiones; pegada está una carnicería donde las cabezas de animales llevan curiosas pelucas y, un poco más adelante, el típico gato de la suerte japonés sirve de reclamo a una tienda oriental. En esta ocasión lleva una peluca como la de Nicolas Sirkis, cantante del grupo Indochine (se juega con el nombre del local) y le rodean dos discos de oro.

 

Rótulos originales en Nantes.

Hemo llegado a la Place du Bouffay, la cual posee la curiosa escultura égole du pas de coté, que podemos traducir como elogio a un paso a un lado. La escultura creada por Philippe Ramette representa a un hombre trajeado que mira al horizonte y tiene uno de los pies fuera del pedestal, en el vacío. Se trata de una alegoría sobre dar un paso al lado y el atrevimiento de Nantes por apostar por este tipo de arte contemporáneo para embellecer la ciudad. Sin duda es una de las más bonitas que he visto.

 

Égole du pas de coté. Nantes.

Y en la cercana Rue de la Baclerie encontraremos el único resto que queda de la casa de los escabinos, donde se celebraban las reuniones del consejo burgués, una chimenea de varios pisos. También muy cerca, pero en dirección contraria, encontraremos el último rótulo remarcable. Está en la sombrerería Falbalas, en la esquina de las calles Flesselles y Paix. Se trata de un genio bonachón con un aparatoso sombrero. Luce una cola de castor como recuerdo del primer nombre del comercio (Au Vrai Castor) y elementos marinos de buena suerte como conchas o un trébol.

 

El genio bonachón de Nantes.

Justo enfrente nos encontramos con el barrio de Feydeau, una antigua isla que dejó de serlo cuando se rellenaron los brazos del Loira entre 1926 y 1946. No obstante, su singularidad sigue intacta, destacando las grandes mansiones que nos trasladan a la opulencia que se vivió en nantes gracias a la trata de esclavos. Todos los palacetes se caracterizan por poseer balcones de hierro y bellas ornamentaciones a base de mascarones, en puertas y ventanas, donde reconocer figuras mitológicas como Neptuno.

 

Palacios en el barrio de Feydeau. Nantes.

Os recomiendo pasear con la mirada alzada y deteneos en los detalles de cada fachada. En algunas encontraréis restos de antiguos amarres que recuerdan su origen isleño y también os sorprenderá ver fachadas inclinadas, como en Ámsterdam, debido al movimiento de los cimientos. Como curiosidad indicar que en el Nº4 del cours Olivier de Clisson nació Julio Verne un 8 de febrero de 1828. Una sencilla placa recuerda este suceso.

 

Palacios en el barrio de Feydeau. Nantes.

Respecto al arte contemporáneo voy a destacar, en la rue Leon Maitré (justo enfrente del último punto que dejamos al genio nantés), un original pato amarillo con vibración e hinchador que anuncia un sex shop y, justo enfrente, una curiosa farmacia donde la temperatura que indica su rótulo no es la ambiental, sino la de los transeúntes que se asoman al medidor de la pared. En los alrededores también encontraréis una heladería con el cartel típico de los helados y la silueta de un reno con un original tejido a cuadros.

 

Rótulos originales en Nantes.

En la parte más cercana al castillo tenemos el mirador de agua (ya descrito en el post anterior) y uno de los campos de fútbol más originales que vais a poder ver. Denominado Feydball, un curioso juego de palabras que aúna el deporte y el barrio, se trata de un campo curvo con un curioso espejo que proporciona la imagen de un campo de fútbol original. El mundo al revés.

Feydball, el nuevo deporte de Nantes.

 

Justo enfrente se encuentra el dragón de madera creado por el japonés Maruyama en un área de juego infantil. Y muy cerca podemos encontrar los grafitis de la pared Royal de Lux, un trozo de edificio que cayó del cielo el 24 de mayo de 2011 y que se ha cubierto con escenas de personajes e historias de la ciudad (parada Tram 2-3 Hotel Dieu). ¿Encontráis a Julio Verne o a Ana de Bretaña?

 

Grafiti royal de Lux. Nantes.

El barrio de la Isla de Nantes, antiguos astilleros industriales, ha logrado una reconversión impresionante, aunando sorprendentes edificios modernos con obras artísticas contemporáneas de muy diferente signo.

 

La manera por la que accederás a este barrio es cruzando el puente de Ana de Bretaña. A nuestra derecha podemos admirar varada una corbeta de tres mástiles llamada Belém y construida en Nantes en 1896. Si lo haces por la noche, en uno de los primeros edificios a tu izquierda (Edificio Harmonie), podrás ver encendida la obra de Francois Morellet de temps en temps, un indicador luminoso en lo alto de la fachada que nos muestra el tiempo en la ciudad (nubes, sol o lluvia).


 

El paso de cebra imposible (Traverses) que se encuentra junto a este edificio es obra de Aurélien Bory. Con el flujo caótico de líneas onduladas pretendía pacificar el tráfico y abandonar el encorsetamiento de las rectas habituales. No existe un camino corto para cruzar.

 

Siguiendo el boulevard y a mano derecha encontraremos el parque de Les Machines de L´ille, que ya comenté en el post anterior como uno de los imprescindibles. No obstante, me gustaría indicar algunas obras remarcables en la explanada que lleva hasta el río. Aquí vamos a encontrar el árbol del baloncesto, con canastas en distintos niveles para jugar partidos originales con reglas novedosas; junto a la amarilla Grua Gigante Jaune, recuerdo de los astilleros, encontramos asomada al río la obra de Vicent Mauger Résolution des forces en présence. Una escultura puntiaguda que podemos interpretar como el esqueleto de un extraño animal de metal o un arma medieval.

 

Grua Jaune. Nantes.

Bajando pegados al río vamos a encontrarnos con las botas gigantes de Lilian Bourgeat (Invendus Bottes) en el huerto de la Cantine; y la composición de Bouren y Bouchain, Les anneux. Una sucesión de 18 anillos (por la noche iluminados) que ofrecen recortes paisajísticos de la otra orilla del Loira. En esta zona existe, en un antiguo hangar donde maduraban las piñas y los plátanos, una interesante galería (Hab Galerie) donde se exhiben exposiciones de arte contemporáneo todo el año.

 

Los anillos de Nantes.

Visto lo anterior vamos a regresar por donde hemos venido y tomar la Rue La Noure Bras de Fer. A los pocos pasos nos sorprenderá la obra de Lilian Bourgeat, Métre a Ruban. En el patio del edificio Aethica la artista ha desplegado una cinta métrica de dimensiones colosales, dando importancia a objetos tan banales como este por su sobredimensión exagerada.

 

Métre a ruban. Edificio Air. Nantes.

Un poco más adelante y siguiendo la misma calle llegamos al sorprendente edificio Manny, donde Rolf Julius creó Air. Una especie de manto metálico definido como “una suave música para las paredes” que parece hacer “audible la fachada”. Por cierto, como curiosidad, en la parte baja de este edificio, la artista Angela Bulloch creó la prolongación del paso de cebra en el suelo de la planta baja, creando cierta confusión mental al viandante.

 

Merece la pena caminar un poco más hasta el Ping pong Park, donde Laurent Perbos desplegó toda su imaginación mostrando originales mesas para jugar al ping pong.

 

Ping pong park. Nantes.

A la vuelta por la orilla del río podemos admirar la acristalada fachada del moderno edificio del palacio de Justicia. Y si tenéis algo más de tiempo podéis acercaros a admirar un par de obras que se quedaron fuera de nuestra ruta, pero que no están demasiado lejos: In a Silent Way (Rue de la Tour-D´auvergne,42), un par de colosales esculturas de dos cabezas aisladas con sus dispositivos electrónicos; y L´Absence (patio Escuela Nacional de Arquitectura), una especie de extraña vivienda con protuberancias que parece un iceberg.

 

L´Absence. In a silent way. Nantes.

El elegante barrio de Graslin lleva el nombre de quien lo diseñó y es el barrio comercial por excelencia. Aquí se encuentra el Pasaje Pommeraye ya comentado en el post de imprescindibles, el Museo de Historia Natural (comentado arriba), el memorial de la esclavitud (para conocer el pasado y lo que supuso la trata de personas en Nantes) y una impresionante basílica de estilo neogótico, San Nicolas, que bien merece una visita al estar la Catedral cerrada.

 


En este barrio vamos a encontrar dos importantes plazas. La plaza Royale, con su imponente fuente que simboliza la vocación fluvial de la ciudad, y, sobre todo, la Place Graslin. En esta última tenemos la excepcional fachada del Teatro Graslin, unas preciosas y originales farolas, una fuente con bailarinas que homenajean a Matisse y el restaurante con estética modernista La Cigale. Merece la pena entrar y echar un vistazo por su excepcional decoración. Por cierto, si tenéis el Pass Nantes tenéis opción a una pausa de chocolate "Celaya" del 01/10 al 31/03 (chocolate a la taza con dos trozos de tarta casera) en el horario de 15h30-18h.

 

Place Graslin con el Teatro y La Cigale.

Esta plaza es un buen comienzo para iniciar nuestra ruta de arte urbano. Justo en un lateral del teatro encontramos el original cartel del Cine Kartoza que supone un homenaje al cine mudo. Un hombre permanece en pie impertérrito sin notar que una de las letras se le cae encima (se supone que funciona cada cuarto de hora, pero yo nunca lo vi activo y pasé varias veces).

 


Avanzando hasta la Rue Scribe, el cartel que tiene el Hotel Amiral no puede ser más elocuente sobre lo que ofrece, un buen descanso. Continuemos rectos hasta la cercana Rue Racine, 14, donde veremos en la librería La Ghéothequé un cartel donde los continentes se desmoronan por estar torcido. Giremos ahora hacia la anexa Place Paul Emilie Ladmirault para fijarnos en la fachada del banco Credit Agricole, donde varias cámaras de vigilancia nos advierten de un posible robo. En la misma plaza tenemos Les Songes, donde un hombre en pijama parece querer volar.

Rótulos originales. Nantes.

 

Tomando el camino hacia Rue Gresset pasaremos junto al Museo de Historia Natural. Nuestro objetivo es llegar hasta el Hotel Voltaire Opera, en cuya fachada vamos a encontrar un original instrumento, parecido a un antiguo parquímetro, que calcula automáticamente las ovejas necesarias a contar para dormir.

 

Muy cerca se encuentra Cours Cambrone, un amplio espacio abierto donde encontramos la original escultura Éloge de la transgression. Se trata de otra escultura transgresora de Ramette. En esta ocasión aparece una niña que no sabemos si quiere subir o bajar del pedestal. Las fotos originales son obligadas. La escultura del General Cambronne que da nombre a esta plaza parece mirarla de forma inquisidora.

 

Rótulos originales en Nantes.

Y a tiro de piedra se encuentra la Rue de L´Heronniére, donde vamos a encontrar la pizzería Donatello a un original cocinero deslizando una pizza por su espalda. Muy cerca, en la fachada del Hotel Le Cambronne, vemos al derrotado general en Waterloo dormido sobre la bandera francesa.

 

Un último rótulo que se quedó fuera de nuestro recorrido, pero que bien merece una visita, se encuentra en las proximidades de la Basílica de San Nicolás. En la Rue Guepin, 4 encontramos un original cartel que funciona para dos comercios: una carnicería y una tienda de skate. Mejor verlo. Y desde aquí podéis acercaros al único rascacielos de la ciudad, el Bretaña. Las vistas desde la planta superior debían ser espectaculares, pero en la actualidad el restaurante allí ubicado cerró.


 

Para más información sobre todos los rótulos disponibles en Nantes os dejo con la publicación oficial de la Oficina de Turismo: https://www.calameo.com/read/0001068660aec24bc84c2

 

Trentemoult

 

Para llegar a este antiguo pueblo de pescadores en la otra orilla del río Loira debemos subirnos a un pequeño barco de la línea Navibus N1, situada junto a la parada Gare Maritime. La frecuencia suele ser de unos veinte minutos, que es el doble de tiempo que se tarda en realizar el corto recorrido. El viaje, aunque corto, nos permite admirar desde otra perspectiva el barrio de los astilleros o el Museo Julio Verne.

 


El interés que tiene este lugar reside en la costumbre de los pescadores de decorar sus casas con las coloridas pinturas utilizadas en los barcos. De aquella tradición ha resultado un curioso conjunto de edificaciones a cuál más original y encantadora. Sin duda, el cambio respecto a la bulliciosa Nantes es radical.

 

Lo primero que nos encontraremos al llegar al embarcadero de Trentemoult es una de sus casas más reconocibles, la cual tiene la antigua publicidad de Petit Beurre Lu Lu. Justo al lado, está la colorida tienda L'Heureux Hasard de ropa vintage y objetos de artesanía. Merece la pena admirar su escaparate antes de perdernos por las callejuelas de este curioso barrio.

 

Trentemoult. Nantes.

Calles estrechas, fachadas de colores, rincones con encanto y multitud de amigables gatos nos esperan mientras descubrimos sus rincones.

 

Trentemoult. Nantes.

El aire de este lugar es bohemio, inundado por restaurantes mirando al río y galerías de arte. Mi consejo: perderos caminando por sus callejuelas y siempre manteniendo los ojos bien abiertos.

 

Trentemoult. Nantes.

Trentemoult. Nantes.

El único lugar reseñable como parada de arte urbano es el conocido Péndulo de Roman Signer, un añadido del artista suizo a una antigua construcción abandonada junto al río. Si el tiempo acompaña es posible verlo en funcionamiento y el artista quiso representar una especie de reloj absurdo, sin aguja, que marca el tiempo, regular e inexorablemente. Rubrica el ritmo del río y rinde homenaje a su violento y tranquilo poder.

 

El péndulo de Trentemoult. Nantes.

Paseando por sus callejuelas encontraremos preciosos grafitis en las paredes, los cuales engrandecen aún más la experiencia inmersiva en este precioso barrio.

 

Trentemoult. Nantes.

Trentemoult. Nantes.

Sin duda, Trentemoult es una visita imprescindible debido a lo diferente del lugar y al encanto que poseen estos pequeños rincones escondidos en el mundo.

 

Museo Julio Verne

 

He dejado para el final el museo de uno de los nanteses más conocidos e internacionales del mundo. La razón es que se ubica en un lugar minúsculo que no permite explotar adecuadamente toda la magnitud del personaje. Ahora bien, esto está en vías de solucionarse, pues se prevé un cambio de ubicación en breve con la ampliación de las instalaciones.

 

En la actualidad está situado en una bella mansión blanca presidida por una enorme escalinata si accedemos desde el río. Yo os recomiendo evitar esta penosa subida y acceder por la parte de atrás. No es la casa donde vivió Julio Verne, sino que se ubica en el lugar donde “debió de acudir a menudo a contemplar desde lo alto el río, puerta del mar abierto y camino hacia la aventura” (Julien Gracq).

 

Museo Julio Verne. Nantes.

El museo, abierto desde 1978, recrea la riqueza y diversidad de su obra literaria mediante objetos personales como manuscritos, libros, ilustraciones o carteles. Así descubriremos al hombre, al escritor y su imaginario tan original.

 

En la primera sala y en el vídeo de presentación conoceremos el árbol genealógico del escritor. Una familia estructurada y culta propicia para fomentar la creatividad de Julio Verne. A ello habría que añadir la pasión por los libros de la biblioteca familiar, con clásicos de aventuras que despertaron su imaginación, así como una ciudad que participaba plenamente en la Revolución Industrial y que desde sus astilleros partían barcos hacia “viajes extraordinarios”.

 

Museo Julio Verne. Nantes.

En la siguiente habitación descubriremos la pasión de Julio Verne por la geografía. Una pasión que descubrió en la escuela, con los atlas, y que prosiguió en la época que le tocó vivir, llena de descubrimientos geográficos. Sus encuentros con exploradores como Jaques Arago fueron esenciales, reafirmándole en la vía de los viajes y su propósito de “pintar toda la tierra, el mundo entero en forma de novela, imaginando aventuras espaciales en cada país y creando personajes especiales según los medios en que actúan”.

 

Museo Julio Verne. Nantes.

En esta sección descubriremos que Verne fue un viajero incansable, lo que le sirvió para recopilar material que luego plasmó en sus novelas. Estuvo en Inglaterra, Escocia (1859) y Escandinavia (1867). Este último año, junto a su hermano Paul, cruzó el Atlántico desde Liverpool hasta Nueva York. Y desde 1866 concilió la escritura junto a la navegación, realizando escapadas a bordo de sus propios barcos. Llegó a tener tres embarcaciones, llamadas todas ellas Saint-Michel. En el Saint-Michel I, tal como veremos en la vitrina donde se exponen sus fotografías, redactó buena parte de su famoso libro Veinte mil leguas de viaje submarino.

 

En 1848, con 20 años, su padre le envió a París para cursar los estudios de derecho. Su idea era que le sucediera como abogado, pero Verne tenía otras motivaciones, siendo su objetivo convertirse en escritor. Por ello frecuentaba librerías y salones literarios en la capital francesa.

Museo Julio Verne. Nantes.

 

Su obsesión por la literatura provocó que su matrimonio, con Honorine de Viane, o su trabajo, como agente de bolsa, fueran un rotundo fracaso. Tal como dijo una vez, escribir era para él la “fuente de la única felicidad verdadera”.

 

Afortunadamente para él, sus novelas fueron todo un éxito y le permitieron disfrutar de una holgura económica importante. Desde 1871 se asentó en Amiens, participando de la vida burguesa de la ciudad.

 

Verne era un escritor incansable y perfeccionista, cuidando tanto el desarrollo de sus tramas como realizando un arduo trabajo de investigación previo. Gracias a revistas especializadas estaba informado de los avances de la ciencia o de los relatos de los viajeros y exploradores.

 

Admirando los volúmenes de sus obras descubriremos la importante colaboración con el editor Pierre-Jules Hetzel. Sus libros con encuadernaciones de cartón multicolor o sus características ilustraciones, así como el marketing asociado fomentaron, en gran medida, el éxito y la fascinación de la obra de Verne.

 

Museo Julio Verne. Nantes.

De Julio Verne conocía sus aventuras por el centro de la tierra o por las profundidades del océano. Pero no conocía que también realizó incursiones en el espacio. En la sala dedicada a ello veremos también la maqueta de una terrible máquina capaz de surcar los cielos, sumergirse en el agua y rodar por la tierra. Verne estaba fascinado por las innovaciones técnicas de su tiempo, pero desconfiaba del mal uso que podían dar de ella personas malvadas o corruptas. Todo ello aparece también en su obra reflejado.

 

Museo Julio Verne. Nantes.

Por último, descubriremos que Verne soñó con ser autor de obras de teatro. Era un apasionado tanto de obras clásicas como de los éxitos de Víctor Hugo, a los cuales acudía en París. En 1850, gracias al apoyo de su amigo Alejandro Dumas junior, montó en el escenario del Théatre Historique uan comedia llamada Las pajas rotas. Una historia de amor divertida y ligera que tuvo un éxito bastante modesto.

 

En total escribió más de treinta obras de teatro, si bien su éxito en este mundo lo consiguió cuando se representaron algunas de sus más famosas novelas, como La vuelta al mundo en ochenta días o Miguel Strogoff.

Museo Julio Verne. Nantes.

 

Sin duda, un museo ideal si estáis interesados en conocer aspectos de la vida del magnífico escritor nantés.

 

Hasta aquí mi selección de lugares imprescindibles en Nantes. Espero que tanto este artículo, como el anterior, os animen a visitar una de las ciudades más sorprendentes de Francia y que seguro os dejará un gran sabor de boca.

 

Hasta la próxima.

 

 

 

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