Uno de los pacientes típicos que pasan por el gabinete
de óptica, de vez en cuando, es aquel que se niega a usar gafas de lectura para
leer cuando la presbicia es más que evidente. Tienen alrededor de 50 años y, en
gabinete, se autoengañan indicando que ven igual con la graduación que sin
ella.
Se trata de perfiles que nunca han llevado gafas
anteriormente y tienen la sensación de que las mismas le harán parecer más
mayores de lo que son. Por esta vanidosa razón, alargan el uso de gafas para
leer y terminan agotando su sistema visual antes de tiempo.
Si tenéis la suerte de volverlos a ver en unos meses o
pocos años, la queja principal que os remitirán será la de haber perdido la
capacidad de leer en distancias próximas casi de la noche a la mañana. La
semana pasada era capaz de leer un libro y ahora soy incapaz totalmente.
Para todos aquellos que viven esta situación va
dedicado este artículo. Para que entiendan la presbicia y el flaco favor que
hacen a su sistema visual alargando lo inevitable. ¿Os interesa?



