Hoy toca artículo protesta reivindicativo sobre mi
profesión. Puede que para el público profano la lucha abierta entre
oftalmólogos y optometristas, a raíz de la implementación gubernamental del
Plan VEO, no les suene de nada. Y, puede, que incluso crean que no les importa
lo más mínimo.
Nada más alejado de la realidad. Se trata de una
polémica muy importante respecto a la salud visual de los menores, la cual
lleva años abandonada y mantenida en la precariedad. Los motivos son variados,
pero uno de los principales son los privilegios gremiales, de tipo medieval,
que intentan sostener un colectivo que me cuesta creer ponga la salud de los
pacientes por delante de todo.
Antes de continuar me gustaría indicar que las
opiniones que vierto en este artículo son totalmente personales e
independientes de cualquier asociación o empresa a la que pueda pertenecer. Y
lo advierto debido a que, en redes profesionales, como LinkedIn, ya se me ha
intentado desprestigiar abduciendo que no puedo verter opiniones debido a que
pertenezco a ciertos colectivos profesionales. Es decir, se me intenta coartar mi
libertad de expresión amenazándome con consecuencias laborales o perjudiciales para los colectivos a los que pertenezco. Así de simple. Así de denigrante.
¿Quieres saber un poco de lo que hay detrás de todo
esto?



