En esta entrada voy a realizar un paseo por los
principales museos de Colonia que merece la pena visitar si llegáis a esta
ciudad. Se trata de un recorrido pormenorizado que os servirá de guía para
preparar vuestra visita y aprovecharla al máximo o, por el contrario, descartar
el museo si no se ajusta a vuestro agrado.
Por supuesto, esta es una selección personal basada en
mis gustos. En Colonia existen muchos más museos y os animo a investigar en su
web de turismo todas las opciones existentes.
Mi selección es la siguiente:
¿Os interesa descubrirlos?
Museo Wallraf-Richartz
Siempre que visito una pinacoteca intento informarme
sobre las principales obras que tiene la colección permanente, para así poder
realizar una idea aproximada de los tesoros que contiene. Por ello, para
ahorraros trabajo, os voy a indicar las obras que no podéis perderos en este
museo.
La pintura medieval está compuesta por obras eclesiásticas
que Fernando Franz Wallraf (1748 x 1824) salvó de la secularización en el
período de Napoleón. En general vamos a ver muchos trípticos, anunciaciones, crucificados,
juicios finales y Vírgenes de diferentes estilos.
Entre todas ellas destaca la Virgen
del rosal (1448), de Stefan Lochner. Un pequeño lienzo de 51 cm × 40 cm
que estaba indicado para la devoción privada y que nos muestra a la Virgen en
el jardín del Paraíso.
Destaca el manto azul brillante de la Virgen, el niño
sosteniendo una manzana en su regazo (símbolo de superación del pecado
original) o el coro de ángeles que les rodean. Fijaos en el que toca el laúd.
Sus alas recuerdan a las plumas del pavo real, símbolo entre otros de
renacimiento espiritual y la resurrección de Cristo. Además, el tener miles de
ojos simbolizan la omnisciencia de Dios.
No es el único símbolo que esconde este cuadro. El
broche con el unicornio de María se refiere a la leyenda pagana, según la cual,
el unicornio sólo podía ser capturado por una virgen casta y su cuerno era una
panacea. El adorno en el halo de María es una representación simplificada del
ciclo lunar y apunta a la conexión medieval entre astronomía y teología. Y las
flores del fondo también tienen su significado: las azucenas, la castidad; las
rosas rojas, el amor y el sufrimiento; las rosas blancas, la pureza.
Esta obra, la más famosa de Colonia, es especial por
combinar la tradición existente en la época (fondo dorado) con las innovaciones
en cuanto a detalles y simbolismos.
Del resto de obras medievales destacaría el Tríptico
con representación de la historia de la salvación (1350), la bizantina Virgen
con el Niño (1260), de Lucchese, la pintura más antigua del museo, o el
ciclo de Santa Úrsula, donde, como si en un cómic se tratara, podemos ver la
suerte de esta santa y sus once mil vírgenes.
De la colección del primer Renacimiento
destacan tres obras. La primera es una de las dos tablas del Retablo Jabach,
obra de Durero (la otra está en Frankfurt. La parte central se ha perdido). Los
exteriores de las alas cuentan la historia de Job, el hombre recto que se negó
a abandonar a Dios a pesar de su desgracia. En Frankfurt aparece un anciano
Job, cubierto de forúnculos, al que su mujer vierte agua para lavarlo. En la
tabla de Colonia, en cambio, aparecen representadas dos figuras. Un flautista,
identificado como san Agustín con la firmeza en la fe de Job, y un tamborilero,
en donde los especialistas han querido ver un autorretrato del pintor.
Simbólicamente, los músicos son los representantes de la música curativa. Con
sus melodías, Job, que se dedicaba a la música cuando estaba sano, se
recuperaría de sus males.
Los expertos en arte se preguntan si Durero, al
colocar su rostro en este personaje, se veía también, en su trabajo como
pintor, como alguien que daba consuelo a los demás a través de su obra. Pero
yo, como óptico, me admira más comprobar la forma en la que se retrató, con una
posición claramente compensatoria que impide mostrarnos su presumible
estrabismo.
El segundo cuadro importante de esta época es una Adoración
del Niño atribuida, no sin polémica, a El Bosco o a su taller.
Por último, quiero destacar el Tríptico con
Adoración de los pastores, de Jan de Beer y que data de 1515. Una obra
clásica en su género, pero donde me encantó el juego de profundidad.
Otras obras que me gustaron de esta parte fueron las
tablas de Santa Odilia/Otilia (patrona de los ópticos-optometristas) y la tabla
de Santa María Magdalena, del característico Lucas Cranach.
O un inquietante cuadro sobre las tentaciones de San
Antonio, así como un curioso retrato de un hombre cuyo autor realizó una ilusión
óptica en el marco.
La parte del Barroco es una de las mejor
representadas, pues posee obras importantes de Peter Paul Rubens, que pasó
parte de su infancia en Colonia, de sus seguidores Rubens Jacob Jordaens, Frans
Snijders y Antonis van Dyck, así como otros grandes artistas europeos: Jan
Brueghel el Viejo, Gerrit Dou o Francois Boucher.
La primera obra que quiero destacar de esta sección es
Juno y Argus (1610), impresionante obra mitológica de Peter Paul Rubens.
Este lienzo muestra un pasaje que aparece en la obra Las metamorfosis, del
poeta romano Ovidio. La historia es la siguiente: “Júpiter, experto en
escarceos adúlteros, fue sorprendido por su esposa Juno mientras retozaba con
la hermosa Io. Justo a tiempo, el padre de los dioses transforma a su amante en
una vaca blanca como la nieve. Ella también es hermosa como vaca, y Juno tiene
que alabar su belleza. Pero luego pide el animal como regalo. Para no
traicionarse a sí mismo, Júpiter no tiene más remedio que cumplir su deseo. Sin
embargo, la sospechosa Juno teme con razón que le roben la vaca y finalmente la
entrega al cuidado de Argos, un gigante que tenía cien ojos alrededor de su
cabeza y nunca tenía todos cerrados.
Júpiter no puede soportar esta situación, por lo que envía
al mensajero de los dioses, Mercurio, para liberar a Io. Mercurio, gran
conversador, le cuenta a Argos largas historias con muchas palabras y una voz
tranquila, tratando de conquistarlo con su flauta. Finalmente, todos los ojos
de Argos se cierran. En ese momento Mercurio le cortó la cabeza.”
La escena que representó Rubens fue el momento cuando
Juno, esposa de Júpiter, coronada con una diadema de oro y piedras preciosas y
vestida con una lujosa túnica de brillante seda de color rojo intenso, junto a
Iris, la personificación del arcoíris, arrancan uno por uno los ojos de Argos,
con unas pinzas, para insertados luego en la cola de sus pavos reales.
Si por algo es interesante este cuadro es por la
relación que tiene con la óptica. El final del texto de Ovidio dice: “¡La
luz que brillaba en tantos ojos se apaga! ¡Cien ojos ahora se cubrieron una
noche!”. Por tanto, tenemos el tema de la luz y la oscuridad.
Rubens insertó en el cuadro a Iris, personaje que no
aparece en la obra de Ovidio, pero cuyo nombre denomina a la parte del ojo que
rodea a la pupila, la parte que regula el paso de la luz al interior.
Un acorde de color comienza con amarillo/dorado a la
derecha de la imagen en el carro. Luego continúa sobre la gran área rojo
intenso de la túnica de Juno y luego conduce al vestido azul de Iris. A través
de colores mezclados complementados, se evoca el propio arco iris. Pero es que,
además, Azul, rojo, amarillo son los colores básicos de la teoría de los
colores, que se pueden encontrar en los seis libros sobre la óptica del
sacerdote jesuita de Amberes François d'Aguilon. El libro de Aguilon, impreso
en Amberes, y el cuadro de Rubens se hicieron casi al mismo tiempo.
Es notable, y esto también forma parte del campo de la
percepción óptica, la brillantez con que Rubens fue capaz de representar los
tonos de piel más variados. Innumerables tonos de color, desde el rosa al
blanco, forman la piel rosada de los amorcillos y la tez ligeramente más blanca
de las diosas. El cuerpo musculoso de Argos aparece, sin embargo, ya en un
pálido rigor mortis. Rubens fue brillante también en la reproducción de los
tejidos. La luz parece refractar en las túnicas. Los innumerables tonos de color,
virtuosamente plasmados, a veces con pinceladas gruesas, crean la impresión de
una seda sólida y muy pesada. Por lo tanto, Rubens no solo teoriza sobre los
efectos ópticos, sino que también los implementa de manera excelente en su
pintura.
Por último, esta obra no deja de contener un
significado oculto aleccionador relacionado con refranes populares. En este
caso “Nadie está tan atento que un dulce adulador no pueda engañarlo bajo la
apariencia de amistad”.
San Pablo ermitaño (1647)
de José de Ribera es una obra típica del tenebrismo que nos recuerda el memento
mori (recuerda que debemos morir). Destinado a un público situado en la
clase alta social, lleno de exuberancia, el cráneo fúnebre que el ermitaño
sostiene, así como su pobre rostro demacrado, recordaba al comprador la
transitoriedad de su prosperidad terrenal. San Pablo era venerado como el
primer ermitaño cristiano. Su pobreza está representada por su vestimenta, una
hoja de palmera. Su precariedad, por el pequeño trozo de pan. Su
espiritualidad, por el libro.
La mirada del santo se dirige hacia la luz superior
que sirve para iluminarlo con especial crudeza. Una luz utilizada en un doble
sentido: para sacar a la figura de la oscuridad del fondo, como para mostrarnos
el nivel transcendental.
Cada detalle de la imagen se refiere a su propósito
real: la creación de la devoción en el espectador a través del ejemplo ejemplar
del santo ermitaño.
El Autorretrato (1663)
de Rembrandt pertenece a sus últimos años. Con más de
70 obras de este tipo, podemos definir al pintor neerlandés como narcisista o
como curioso por la autoexploración de este tipo de imágenes.
Con un aspecto envejecido, la mirada directa que nos
ofrece es considerada su propia reflexión. Las cejas levantadas y la boca
abierta, tal vez risueña, hablan de un desenfreno desafío contra todas las
convenciones, que sólo permite la edad avanzada. Rembrandt documenta su
fisonomía en una directa implacable, con una aplicación de pintura tan pastosa
que uno piensa que puede sentir literalmente las arrugas profundas en la frente
y las mejillas o las pesadas bolsas de ojos debajo de los ojos.
Ahora bien, ¿de qué se ríe el autor? Nadie puede explicarlo en base a esta obra.
Rembrandt, lleno de humanidad, nos plantea un encuentro al observarlo, una
especie de comunicación donde parece indicarnos que la vida debemos tomarla con
humor, a pesar de las desgracias que nos toque vivir.
Muchacha descansando (1751),
de Francois Boucher nos muestra, con especial delicadeza, la vida frívola,
despreocupada y superficial de la aristocracia francesa del siglo XVIII. Una
clase social que se dedica a vivir la vida con ostentación mientras el pueblo
llano pasa hambre y calamidades.
Boucher, quien llega a ser nombrado Primer pintor del
rey, más allá de sus imágenes de encuentros amorosos, diversiones, fiestas
galantes y representaciones mitológicas donde Venus es su figura favorita, es
el autor de las escenas más provocativas, más atrevidas, con un toque de
lujuria, como podemos corroborar con este cuadro. Sin duda, es uno de los
mejores representantes del estilo rococó francés, lleno de artificios y
teatralidad.
El rococó es un estilo que buscaba agradar, ante todo.
Aunque para ello deba ser superficial, poco auténtico, y deba emplear engaños
que agraden a la vista. No en vano, una de las frases más famosas de Boucher
fue “La naturaleza es demasiado verde y está mal iluminada”.
La retratada sobre el sofá es Marie-Louise O’Murphy,
una costurera que terminaría siendo una de las amantes de Luis XV. La chica
desnuda se encuentra en un canapé, que está cubierto con una preciosa tela
amarilla estampada. Si nos fijamos en el fondo descubriremos que se encuentra
en algún apartamento elegante alejado de su estrato social.
Interesada y curiosa, la chica mira fuera de la
imagen. Si el espectador ahora se pregunta qué puede ver, entonces el pintor ha
logrado su intención: la curiosidad debe despertarse, pero no darla por
satisfecha.
Como curiosidad indicar que existe una segunda versión
de esta obra en el Alte Pinakothek de Múnich.
Por último, quiero destacar El gato Angora (1783)
de Jean Honoré Fragonard y Marguerite Gérard. En vísperas de la Revolución
Francesa, la moda ya se había adaptado al hecho de que el ceremonial cortesano
debería dar paso a un estilo de vida más modesto y burgués. En arte, esto se
expresaba en una nueva preferencia por las escenas de género, trajes sencillos
y un aderezo de pelo relajado.
En este contexto es donde podemos insertar esta obra,
la cual nos muestra a una joven vestida a la moda, con un ambiente de aspecto
holandés. La alfombra sobre la mesa, la pintura al fondo y el viejo servidor
son típicos de obras del siglo XVII. Pero la gracia del personaje principal nos
remite directamente al siglo XVIII.
En el centro podemos ver una extraña escena. Un gato
de angora descubre su imagen en una bola de cristal (que hace el efecto de un espejo)
y piensa que es un rival, al que intenta golpear. Esta bola de cristal,
evolución del espejo curvo que usaban los flamencos, sirve también al autor
para reflejar lo que debería haber detrás de nosotros: una mujer está sentada
en un caballete en una pequeña habitación, donde se alojan dos personas más.
De la sección del siglo XIX, situada en el tercer
piso, el Wallraf presenta pinturas de maestros como van Gogh, Cézanne, Renoir,
Monet, Manet, Gauguin, Signac, Ensor o Munch. Gracias a la Fundación Corboud,
la casa cuenta con la colección más completa de arte impresionista y
neoimpresionista en Alemania.
Aquí encontraremos el impresionismo francés desde sus
raíces en Barbizon hasta las formas cúbicas de Paul Cézanne y las obras
maestras puntiagudas de Paul Signac. Así como pinturas del romanticismo alemán,
donde destacan los paisajes de Caspar David Friedrich, o las obras de Karl
Blechen, Adolf von Menzel, Lovis Corinth o Max Liebermann.
De esta sección quiero destacar La Pareja
(1868) de August Renoir. Se trata de la captura de un momento tierno y
espontáneo de una pareja durante un tranquilo paseo. Durante algunos años se
pensó que el pintor francés retrató a Marie y Alfred Sisley, pintor
impresionista y gran amigo de Renoir. Pero no se ha podido confirmar tal
atribución.
Se trata de un cuadro de juventud, en el que aún se
conservan rasgos tradicionales en la representación de las figuras, donde se da
importancia al dibujo y la línea. Seguramente, por la luz utilizada, la obra
fue creada en el estudio, pues falta la luminosidad del cielo abieto. El fondo,
borroso, intenta no distraer de la escena principal. Pero en el mismo ya vemos
los inicios de lo que será el impresionismo.
El césped se desvaneció (1882)
de Max Liebermann, muestra la imagen de un gran jardín donde un par de criadas están
ocupadas esparciendo la ropa para blanquear en el prado. El amplio césped ya
está cubierto con varias piezas de lavandería. Y, al fondo, aparecen dos
granjeros hablando sobre una valla. Unos pollos buscan comida en la parte
derecha y la luz impregna uniformemente el denso dosel de los árboles frutales.
Además, el efecto armonioso de los diferentes tonos de verde subraya el
ambiente pacífico de la imagen. Sin duda, una muestra de paisajismo
impresionista por uno de los más destacados pintores alemanes de este estilo.
Siempre incluyendo su toque personal, la representación de la vida cotidiana
sin romanticismo alguno.
El puente levadizo (1888)
de Vincent van Gogh, fue una obra creada en un canal cerca de Arles. Allí había
acudido el pintor buscando calma, inspiración y una nueva luz, algo imposible
de conseguir en París. Sin duda, este puente lo retrató con nostalgia, pues le
recordaría los puentes holandeses de su patria. Tal vez, por ello, lo llegó a
retratar en cuatro pinturas, una acuarela y cuatro dibujos. El puente en
cuestión es el Pont de Langlois.
Según sabemos por las cartas a su hermano, En esta
serie, Van Gogh utiliza el marco de perspectiva que construyó en La Haya para
representar la perspectiva con líneas y ángulos más precisos. Además, el sol
radiante y el clima cálido consienten a experimentar con colores más vibrantes
y contrastes cromáticos intensos. Los tonos brillantes del sol se reflejan en
sus lienzos, creando una sensación de vitalidad única. El uso de colores
saturados le permite crear contrastes cromáticos intensos, que son los elementos
principales de su estilo artístico.
En esta obra, el uso simplificado del color está
fuertemente influenciado por las xilografías japonesas. Van Gogh utiliza la
técnica del impasto, aplicando la pintura de manera densa para crear una
textura palpable en la superficie del lienzo. De esta manera, se representa con
mayor intensidad el reflejo de la luz en la composición, capturando los matices
y brillos que se producen en la vida real.
En definitiva, una obra interesante donde Van Gogh
logró plasmar la realidad del paisaje mediante una observación meticulosa. Con
extrema dedicación, consigue capturar la esencia constructiva del puente,
añadiendo profundidad y dinamismo a la composición, al tiempo que crea una
conexión inseparable entre el puente y el entorno circundante. Y todo ello
utilizando su particular estilo único y tan reconocible.
Capo di Noli (1898)
de Paul Signac, nos muestra la bucólica imagen de un saliente natural situado en
la Riviera italiana, cerca de Génova. El lugar fue frecuentado por el pintor,
que se afincaba en la cercana Saint-Tropez.
Inspirado por la investigación física, Signac y, sobre
todo, su colega artista Georges Seurat (1859 1891) habían desarrollado aún más
la técnica de pintura impresionista en un estudio de los colores estrictamente
fragmentando y estructurando sus obras en base a colores complementarios. Es lo
que luego se conocería como puntillismo.
Signac hace convivir en este cuadro los diferentes
valores cromáticos gracias a pequeñas pinceladas verticales y horizontales. El
pintor realiza trazos verticales para las rocas del extremo izquierdo y la
vegetación a la derecha, en armonía a su estructura. El mar sereno y tranquilo,
así como el camino, se consiguen por medio de pinceladas horizontales.
Finalmente, el cielo se forma con puntos pequeños en el horizonte y trazos
diagonales entrecruzados hacia el primer plano. Como resultado de la división
de tonos conseguida gracias a la disposición de toques de colores a modo de
mosaico, mirados a cierta distancia, se crea en la retina la combinación
deseada, y como resultado una visión ideal de un paisaje soleado, intemporal.
Cuatro chicas en el
puente (1905),
de Edvard Munch nos muestra la vista del popular balneario
noruego de Aasgaardstrand, en el fisordo de Oslo. Hay cuatro chicas en la
barandilla del puente y una lleva un sombrero de paja alegremente
amarillo-suave, lo que nos remite a la época estival.
Podría tratarse de una imagen bucólica y alegre. Pero
esta no es la sensación que nos ofrece el cuadro. El embarcadero, pintado en
color rosa alienante y con rayas rojas y azules, conduce en forma de cuña y
hacia la orilla en una perspectiva empinada. Los árboles aparecen como formas
de color verde negro y planas con un contorno cerrado. El cielo es turquesa, la
luna pálida se mantiene en el horizonte y en aguas profundas la oscura corona
violeta del gran árbol se refleja misteriosamente: todo lo relacionado con la
impresión de una escena de pesadilla. Hasta las chicas parecieran un solo
bloque, sólo diferentes por el color de sus vestidos.
Munch trató este mismo motivo durante muchos años y realizó
diferentes variantes. La composición proviene de la situación topográfica de su
casa de verano, pero el cuadro funciona más como una descripción de los
procesos psicológicos del autor que de un simple paisaje. En verdad, lo que
Munch nos ofrece es algo irreal a partir de un motivo físico verdadero. Una
especie de sueño o, mejor dicho, pesadilla.
Lirios de agua, Nymphéas (alrededor de
1915/17) de Claude Monet es una de esas obras que, obviando el
título, sería difícil de interpretar. Nada más acercarnos sólo podemos ver una
mezcla de colores (azul oscuro, verde oscuro y espacios de color violeta) a los
que nuestro cerebro les cuesta encontrar un significado. Luego, al leer el
título, en nuestro cerebro aparecen las hojas de lirio flotando en el agua,
aunque las mismas tengan color azul.
En estos momentos, para Monet, el juego pictórico con
el color dentro de una estructura pictórica es más importante para él que la
simple imitación de la realidad. El objeto en sí deja de tener importancia. El
verdadero protagonista es el color, pues tal como es percibido se traslada al
lienzo.
En la década de 1880, Monet había adquirido una finca
en Giverny, un pueblo cerca de Vernon, en el cruce del Epte con el Sena. Aquí
creó su propio reino de jardín, con plantas de colores, con senderos y un
puente en forma de japonés según sus ideas artísticas. Sólo aquí trabajó hasta
su muerte y desarrolló su idea de una pintura impresionista.
Por último, no dejéis de visitar la sección de
dibujos, la cual contiene obras relativamente conocidas y famosas de Durero,
Leonardo da Vinci, Rubens o Munch. Os dejo algunas de las más relevantes.
En definitiva, un museo lleno de arte que encantará a
los apasionados del arte pictórico.
Museo Ludwig
Se trata de un museo de arte moderno y contemporáneo
que posee una colección realmente abrumadora y extensa. Los que me conocéis
sabéis que yo tengo gustos artísticos un poco más alejados en el tiempo, pero
debo reconocer que este museo contiene obras de gran importancia en el arte del
siglo XX y XXI. Entre sus puntos fuertes a destacar diré que es la tercera
colección de Picasso en el mundo o la mayor colección de arte pop
estadounidense-americano fuera de los Estados Unidos.
Os mostraré algunas de las obras que no podéis
perderos a la hora de recorrer las salas de este museo. Algunas son obras
importantes del artista en cuestión y, en otras ocasiones, las que más me
gustaron personalmente.
Respecto al American Pop Art, como dije antes, este
museo es la mayor colección de este tipo de arte fuera de los Estados Unidos. Vais
a encontrar esta sección nada más subir a la primera planta.
Entre todos los artistas que componen la colección,
para mí, uno de los mejores representados es Roy Lichtenstein, quién además de
su importante MMaybe - A Girls Picture (1965) posee otras obras menores,
pero no menos interesantes, como Cup and Saucer I (1977) o Landscape (1964).
Respecto al resto de artistas del pop Art destacar Claes
Oldenburgs Soft Washstand (1965), Tom Wesselmanns Great American Nude
No. 98 (1967), Andy Warhol Campbell’s Boxes (1964) y Jackie
Triptych (1964).
En esta planta también se encuentran obras del
expresionismo abstracto, tales como brillantes campos de color meditativos de Mark
Rothko, pinturas estampadas gráficas de Frank Stella, pinturas famosas de gota
de Jackson Pollock, y rayas reducidas y coloridas de Morris Louis son sólo
algunos ejemplos de la importante colección de tendencias abstractas del Museo
Ludwig.
Y en el pasillo que articula todas las salas tenemos
obras de gran formato que no os dejarán indiferentes.
Colonia es ahora el hogar de la tercera colección de
Picasso más grande después de París y Barcelona. Será lo primero que veáis al
acceder a la planta superior.
La colección incluye, no sólo pinturas de todos los
períodos creativos de la artista, tales como Arlequín con Manos Dobladas
(1923) o Mujer con Alcachofa (1941), sino también numerosas cerámicas y
esculturas como los originales yesos de la Mujer con carrito de bebé
(1950) y la monumental Tetería de femme (Dora Maar) (1941).
Otros muchas que me gustaron de uno de nuestros
artistas más internacionales fueron las siguientes.
La Colección Haubrich, que contiene obras del expresionismo
y la Nueva Objetividad, como Otto Dix Retrato del Dr. Hans Koch (1921),
Ernst Ludwig Kirchners Halbakt mit Hut (1911), Marc Chagall Alter
Judearound (1912) o Max Beckmann Ilonka (1932).
Igualmente posee una de las colecciones más grandes de
occidente respecto a obras de Cubo-Futurismo, Suprematismo y Constructivismo. Artistas
como Natalia Goncharova (Orangenverk-uferin, 1916), Mikhail Larionov (Nature
morte a l’ecrevisse, 1908), Alexander Rodschenko y Alexandra Exter, Kazimir
Malevich (Supremus Nº38, 1916), Oleksandr Bohomazov (Autorretrato, 1907) y
Vasyl Yermilov creían en la utopía de un arte que serviría a una sociedad sin
clases.
También os voy a dejar algunas imágenes aleatorias de
las obras que me gustaron, especialmente las de artistas surrealistas, como
Dalí o Magrite.
Y no os olvidéis de salir a la terraza para poder
admirar una bella vista de la Catedral.
En definitiva, un museo lleno de sorpresas y donde
pasar una buena tarde admirando propuestas de arte novedosas y originales.
Museo Lindt del Chocolate
Aunque parezca mentira, este original museo es uno de
los más visitados en la ciudad. A través de un recorrido muy didáctico
descubriréis su historia y cómo es la producción actual.
Comenzaréis descubriendo la planta del cacao,
cultivada en un invernadero tropical, y cuyo fruto es tremendamente amargo. Por
medio de vídeos y vitrinas descubriremos los diferentes pasos de la producción
y su transporte hasta el puerto de Hamburgo.
Entre las curiosidades que aprenderéis está algo que
ya suponíamos: de lo que pagamos de chocolate sólo una pequeña parte va al
productor (6,6%), que se sitúa en países pobres. Personalmente me sorprendió
descubrir que existen diferentes tipos de cacao o que Costa de Marfil es el
mayor productor mundial con mucha diferencia. O que los mayores consumidores de
chocolate son los alemanes y los suizos.
En la siguiente sección aprenderemos la fabricación
del chocolate, recorriendo una línea de producción. Veremos los diferentes
procesos y, al final, podremos degustar un barquillo recubierto de este
excepcional producto, el cual sale de una fuente con forma de árbol de cacao.
En la siguiente planta vamos a descubrir los
diferentes moldes utilizados para realizar las chocolatinas, así como el
proceso en vivo de la fabricación de algunas de las piezas que luego podremos
comprar. Maestros chocolateros realizan unas preciosas obras de arte en
chocolate y, por un precio un poco alto (casi 50€, puedes realizar una tableta
personalizada con los ingredientes que desees en 45 minutos).
También veremos el proceso de fabricación de unas
bolas de chocolate que nos darán a probar al final del recorrido. Como veis, si
os gusta el chocolate acabaréis con el paladar satisfecho.
La siguiente zona me gustó especialmente, pues realiza
un recorrido por la historia del chocolate desde sus inicios, descubiertos en
un yacimiento de Ecuador de hace 5500 años. Esta parte, enfocada como un museo,
muestra diversas piezas de escultura mesoamericana relacionadas con el cacao,
una bebida considerada divina por aquellas culturas, como los mayas.
Los españoles fuimos los que trajimos el chocolate a
Europa y veremos como esta bebida se puso de moda entre las clases pudientes.
Vajillas lujosas de chocolate se expandieron por las cortes europeas.
Por último, recorreremos una parte dedicada a la
industrialización del chocolate. Aquí podremos admirar carteles antiguos, así
como diferentes máquinas expendedoras de chocolate, ordenadas cronológicamente.
El final de la exposición se dedica a una idea: el
chocolate es un sentimiento. A través de diez estaciones se simbolizan los
sentimientos que despierta el chocolate. Veremos un gran corazón que late al
tocarlo, representando el amor; un diamante, como representación del chocolate
de lujo; un conejo Lindt, símbolo de la festividad; o los coloridos M&Ms,
símbolo de la amistad.
Podemos interactuar con un emoji triste al que, si
subimos su nivel de azúcar en sangre le cambiaremos su estado furioso por otro
de buen humor. Veremos la vaca de Milka, el huevo de Kinder y carteles
nostálgicos de chocolates.
A la salida nos obsequiarán con alguna chocolatina más
para llevarnos a casa y en la tienda podréis comprar chocolate que habéis visto
producir, así como muchas otras figuras.
En definitiva, un espacio divertido donde disfrutarán
niños y mayores de uno de los vicios más suculentos de nuestra sociedad.
EL-DE Haus
En cualquier viaje a Alemania creo que es algo
obligado visitar algún monumento relacionado con el pasado del nazismo. En unos
lugares tenéis la posibilidad de visitar algún campo de concentración. En
Colonia tenéis el edificio que utilizó la Gestapo para someter a la población,
convertido actualmente en el Centro de Documentación sobre el
Nacionalsocialismo en esta ciudad.
El edificio se le conoce por el nombre del propietario
original (bueno, por la transcripción fonética: EL-DE-Haus, Casa EL-DE, por el
comerciante católico Leopold Dahmen). En 1935, la Gestapo, antes de que
terminara la construcción de este edificio dedicado a tiendas y viviendas, lo
alquiló y lo convirtió en su sede central. Allí estuvo hasta el año 1945.
La Gestapo, por si no lo sabéis, era la policía
secreta del régimen nazi. Desde este edificio se controlaba a la población y se
vigilaba a los oponentes, reales o supuestos, del régimen nazi. Esto es, judíos,
gitanos, Testigos de Jehová, homosexuales, opositores políticos, trabajadores
forzosos… En esta sede se determinaba quién debía ser detenido, interrogado,
torturado y asesinado. Y vaya si asesinaron. Sobre todo, al final de la guerra.
Este lugar es, al mismo tiempo, un museo para el
recuerdo sobre como el nazismo ascendió entre la sociedad, un memorial para las
víctimas y un centro de aprendizaje e investigación.
El edificio, irónicamente, apenas sufrió daños durante
la guerra y fue de los pocos que sobrevivió a los continuos bombardeos que
arrasaron Colonia. Gracias a ello se ha conservado casi intacto.
En el hall de entrada se conserva la ventanilla
original que veían todos aquellos que llegaban al edificio. Hoy en día es el
guardarropa, pero en aquel entonces suponía la entrada al infierno.
En la primera y segunda planta vamos a descubrir el
ascenso del nacionalsocialismo en Colonia. Por medio de carteles y recortes de
prensa, entre otros documentos, averiguaremos como los nazis fueron
aprovechándose de los sentimientos de resentimiento que estaban presentes en la
sociedad. Como modelaron ese caldo de cultivo para su propio interés, colocando
en la picota, como enemigos del Estado, a judíos y comunistas principalmente.
La exposición permanente "Colonia en tiempos del
nacionalsocialismo" recrea toda la vida política y social de Colonia en la
época nacionalsocialista: la toma de poder y el aparato del régimen, la
propaganda y la "comunidad nacional", la vida cotidiana, la juventud,
la religión, la persecución por motivos de raza y el genocidio de los judíos y
de los gitanos de Colonia, así como la resistencia, la guerra y la sociedad en
estos años.
En una de las salas vamos a comprobar la persecución
por motivos de raza a dos familias residentes en Colonia desde la Edad Media.
En ella aparecen las fichas de cada miembro de la familia y su cruel destino
final.
Veremos cómo los nazis inculcaron sus pensamientos
racistas a los niños desde las escuelas y podremos conocer, mediante paneles y
con la audioguía, la vida de dos personas que vivieron en aquel contexto y,
luego, se arrepintieron de lo que supuso el nazismo. Muchas veces no existe
opción a cambiar, salvo cuando ya es tarde.
También me gustó la selección de fotografías
históricas que se diseminan por cada estancia, pues permiten tener conciencia
de hasta qué punto llegó la locura de los nazis y todo el dolor que terminaron
provocando a la totalidad de la sociedad alemana.
La parte que os pondrá los pelos de punta es la de los
bajos fondos. Descender hasta el sótano ya empieza siendo una pequeña
obligación que nos causa cierto malestar, pues somos conscientes de que por
estas escaleras bajaron los prisioneros.
Aquí llegaremos a la zona de las celdas, donde tanto
las puertas como las cerraduras son las originales. Las mismas fueron
utilizadas para encarcelar a aquellos que eran sometidos a “custodia
preventiva” durante meses, en pequeñas celdas en las que se amontonaban hasta
30 personas, y donde las condiciones higiénicas eran terribles. Resulta
espantoso imaginárselo.
En las paredes vais a encontrar más de 1.800
inscripciones de los presos que allí fueron retenidos. Pequeños gritos mudos
desde el pasado nos interpelan. Estas inscripciones abarcan desde las que
apenas son legibles o simples iniciales, a direcciones completas, dibujos,
textos y poemas de numerosas formas.
Descubriréis un: ¡Viva Francia! o un
calendario. Ejemplos de resistencia ante el sufrimiento, pero también muestras
de desesperación.
Más abajo se encuentra el llamado bunker, el lugar
donde se torturaba a los presos. El ambiente, de por sí claustrofóbico, nos
revuelve el estómago sólo con pensar las miserias que tuvieron que ver esos
muros.
También aquí era donde se refugiaban los nazis durante
los bombardeos, mientras los presos rezaban en las celdas por no ser víctimas
de las bombas.
Al final del recorrido entraremos el patio, lugar de
las ejecuciones por fusilamiento o ahorcamiento. Un lugar donde un conjunto de
espejos nos obliga a reflexionar sobre todos aquellos que miraron hacia otro
lado mientras se perpetraba tanta barbarie.
Sin duda, una visita imprescindible para conocer el
pasado e intentar no volver a repetirlo.
Museo Romano-Germánico
Cuando visité Colonia en el año 2025 este museo
arqueológico estaba cerrado por reformas. No obstante, parte de su extensa
colección se podía admirar en la Casa Belga, muy cerca de Neumarkt.
Aunque aquí no podrás admirar dos de sus joyas más
reconocibles (el mosaico de Dionisio y la Tumba monumental de Polibio), por
estar in situ en el edificio principal que están reformando, bien merece la
pena acercaros hasta su nueva ubicación para poder admirar otras de sus piezas
más notables.
El Mosaico de Dionisio, no obstante, lo podéis ver a
través de una cristalera junto a la Catedral en el subsuelo de la plaza. Un
panel informativo os permitirá conocer esta excepcional pieza de arte romano.
En la planta inferior del museo vamos a poder realizar
un recorrido por las piezas escultóricas. Veremos numerosas lápidas funerarias,
las cuales poseen una importante decoración, así como conjuntos escultóricos
dedicados a dioses. En general, un repaso por toda la escultura romana que se
conserva.
Este museo posee la colección de vidrio romano más
grande del mundo y una importante muestra del mismo se encuentra en la planta
superior. Se trata de vidrios realizados en diferentes técnicas y tipos
decorativos: “núcleo de arena” y vidrios de banda dorada, en formas de vidrio soplado,
vasos decorados con finos hilos vítreos o con escenas talladas.
El clímax de esta colección única es el vidrio
“Diatret” con sus coloridas redes de vidrio, el cual fue virtuosamente tallado
de una masa de vidrio a principios del siglo IV d.C.
En la ciudad romana trabajaban una gran cantidad de
artesanos, entre ellos alfareros, sopladores de vidrio y fundidores de bronce. Otros
productos eran importados a Colonia desde el sur de Galia, de Italia y de otros
países del Mediterráneo. Los productos artísticamente elaborados eran altamente
comercializados. Ejemplos de ello y del elevado nivel de vida en Colonia son
las esculturas de mármol para la decoración de templos y casas privadas, las
figuras de bronce, la orfebrería en oro y plata, los tallados en ámbar y
azabache, así como las excelentes gemas y camafeos.
Entre las piezas de orfebrería fina a destacar está un
brazalete de oro con esmeraldas del siglo III d.C., así como pendientes o
anillos.
En esta sala también tenemos piezas prehistóricas o un
bonito mosaico con realistas figuras de aves.
Espero que mi selección os gustara para animaros a visitar estos museos, pues apenas os he abierto la boca con la información y las fotografías. Visitándolos descubriréis que escondes muchos más secretos.
Hasta la próxima

































































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