domingo, 18 de enero de 2026

Película El Cautivo (2025)

 

El 12 de septiembre de 2025 se estrenó en España la última película dirigida por Alejandro Amenábar, El Cautivo.


 

En la misma se narra el cautiverio vivido en Argel por Miguel de Cervantes, el escritor español que, posteriormente, saltaría a la fama mundial gracias a su obra más reconocida, El Quijote.

 

Aprovechando tal estreno voy a desmitificar algunos mitos que rodean a este episodio, dando algo más de luz a esta historia tan decentemente contada.

 

La sinopsis de la película es la siguiente:

 

Cervantes es capturado en alta mar por unos corsarios cuando regresaba de haber luchado en la Batalla de Lepanto. Fue llevado como prisionero a Argel y tasado como un rehén valioso.

 

Su manera de llevar mejor tal encierro fue refugiarse en su pasión por contar historias, lo que entretendrá a sus compañeros de prisión y terminará llamando la atención de Hasán Bajá, gobernador de Argel. Con el mismo entablará una relación de amistad bastante estrecha, llegando a describirse a Cervantes como homosexual.

 

Por supuesto, también se explora la idea de fugarse de Argel junto a otros presos, algo que tendrá en Cervantes a uno de los principales protagonistas intelectuales.

 

Mi opinión sobre la película, en términos generales, es bastante buena. Se nota que Amenábar se ha documentado mucho sobre este episodio concreto de la vida de Cervantes y, en muchos aspectos, su interpretación resulta bastante acertada.

 

Es una película histórica muy bien confeccionada, otorgando al espectador una visión muy realista de lo que pudo ser el encierro de Argel y lo que allí vivió Cervantes. Una visión histórica, en buena medida, alejada de los tópicos y mitos habituales que rodearon a este episodio tan oscuro en la vida del escritor. Aunque también, visto a posteriori, necesario, a la hora de concebir su gran obra literaria.

 

Vamos con los mitos.

 

¿Era Cervantes homosexual?

 

Como no podía ser de otra forma, el tratamiento de la posible homosexualidad de Cervantes en la película es uno de los aspectos que ha recibido más críticas. Amenábar es homosexual y, explorar al personaje histórico bajo ese prisma, entiendo que era una gran motivación.

 

Ahora bien, tal como dijo sobre ello José Manuel Lucía Megías, biógrafo de Cervantes y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, “Amenábar es un artista, no un historiador. Tiene derecho a plantear su visión del mundo a través de la ficción, pero no podemos presentar como certeza lo que no pasa de ser una conjetura”.

 

En efecto, históricamente no existe ninguna prueba documental, ni tan siquiera indicio alguno, de la posible homosexualidad de Cervantes. Y, pensando en el contexto del siglo XVI, donde la homosexualidad estaba penada y perseguida, resulta difícil de claudicar ante la hipótesis con la que juega Amenábar.

 

Es cierto que algunos de los lectores más avezados pueden objetar que en el islam otomano del siglo XVI sí que estaban permitidas ciertas conductas homosexuales. En efecto, en aquel momento se toleraba que un hombre mayor (y poderoso) pudiera adoptar el papel activo en una relación con otro hombre, siempre y cuando el amante optara por una conducta pasiva y fuera joven. Por tanto, la relación entre Cervantes y el gobernador de Argel (más o menos de la misma edad) no podría haberse producido tal como muestra la película, por ser totalmente ilegal.

 

Lo anterior podría abrir el debate sobre los abusos sexuales que los cautivos podían haber recibido de Hasán Bajá, o el tipo de sociedad que permitía ese tipo de relaciones donde, claramente, existía un claro componente de poder y sumisión del más débil. Pero no parece que nadie quiera explorar ese territorio pantanoso.

 

Por terminar con el tema de la homosexualidad, esta película no deja de ser un eslabón más en la cadena por la cual algunas personas pretenden convertir en homosexual a Cervantes. Uno de los últimos había sido el dramaturgo Fernando Arrabal, quién sostuvo (de manera inventada) que Cervantes había sido acusado en su juventud de sodomía con su mentor Juan López de Hoyos, lo que le llevó a protagonizar un duelo con un tal Antonio de Segura.

 

Anteriormente, en la década de los 70 tales afirmaciones comenzaron a realizarse, como una forma de reinterpretación de personajes históricos a los que se les pretendía otorgar una visión alejada de la mitología que les envolvía. Ahora bien, desmitificar un personaje añadiéndoles otros mitos no parece lo más adecuado, históricamente hablando.

 

Y, si nos retraemos aún más, hasta podemos encontrar el origen de tal afirmación en los rumores malintencionados vertidos por Juan Blanco de Paz, otro cautivo en Argel y enemigo documentado de Cervantes. El mismo podría haber difamado personalmente al escritor lanzando esas acusaciones para hacerle daño.

 

Tal posibilidad nos abre un camino interesante. ¿Podemos considerar la obra de Cervantes como autobiográfica? Lucía Megías vuelve a darnos la respuesta: “convertir a Cervantes en un historiador de sí mismo es quitarle valor como escritor”.

 

Como vamos a comprobar en el resto de mitos, no siempre podemos fiarnos de las fuentes escritas de manera literal. Deben pasar la crítica histórica, la cual las interpreta teniendo en cuenta el contexto en el que se produjeron. Sin esta crítica histórica no es posible acercarnos a la realidad histórica, algo que muchos suelen olvidar a menudo.

 

Tal como una vez escribió George Bernard Shaw, “Cuando leas una biografía, ten presente que la verdad nunca es publicable”.

 

¿Qué datos reales conocemos del cautiverio de Cervantes En Argel?

 

Los únicos datos reales que conocemos de esos años son los que un escribano consignó en el libro de cautivos del año 1580. A saber:

 

En la ciudad de Argel a diez y nueve días del mes de septiembre, en presencia de mí el dicho notario, el muy reverendo padre fray Juan Gil, redentor susodicho, rescató a Miguel de Cervantes, natural de Alcalá de Henares, de edad de treinta y un años, hijo de Rodrigo de Cervantes y de doña Leonor de Cortinas, vecinos de la villa de Madrid; mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado del brazo y mano izquierda. Cautivo en la galera del Sol yendo de Nápoles a España donde estuvo mucho tiempo al servicio de su Majestad; perdiose a veinte y seis de septiembre el año mil y quinientos y setenta y cinco. Estaba en poder de Hazán Bajá, rey. Costó su rescate quinientos escudos de oro en oro”.

 

Por tanto, lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que Miguel de Cervantes fue capturado por los corsarios de Argel el 26 de septiembre de 1575, cuando volvía de Nápoles en la galera Sol (frente a las costas catalanas, para más precisión).

 

La cuantía del rescate asignada a Cervantes era la máxima que podía decretarse (500 ducados), por lo que inferimos que a Cervantes se le consideró como “hombre grave”, que en la época significaba alguien importante por el que se podía obtener un lucrativo rescate. Debido a ello, todos estos personajes gozaban de ciertos privilegios dentro de las prisiones argelinas.

 

¿Cuál es la razón por la que se consideró importante a Cervantes? Aunque el texto no lo indica, sabemos que ello se debió a que los turcos encontraron varias cartas de recomendación entre las pertenencias de nuestro escritor. El precio que se le impuso, debido a ello, era tan alto que Cervantes supo que su familia no podría pagar fácilmente.

 

El 19 de septiembre de 1580, cinco años después, el rescate fue pagado por el trinitario Juan Gil, que en la campaña de aquel año liberó a más de un centenar de cautivos.

 

El resto de lo que conocemos de la estancia de Cervantes en Argel son inferencias, invenciones y relatos que tienen más de literatura que de historia.

 

¿Lo pasó mal Cervantes en las cárceles de Argel?

 

Uno de los mitos más asentados dentro de este episodio histórico de Cervantes es el de las infestas prisiones de Argel. En los relatos conservados de cautivos cristianos que estuvieron allí retenidos siempre se refiere una visión negativa y nefasta de Argel. Con Cervantes no fue diferente y la mitología pintó Argel como un lugar donde lo trataron como a un perro, apaleándolo, haciendo que pasara hambre…

 

La literatura de cautivos, tal como se suele denominar, refieren torturas variadas a los cristianos y unas condiciones de vida pésimas y lúgubres. Y, sin duda, en muchos casos tales cosas debieron ser ciertas.

 

Ahora bien, estos textos debemos tomarlos con mucho cuidado, pues de manera habitual estaban pensados para remover conciencias de lectores cristianos y animarlos a realizar limosnas con las que rescatar a los cautivos cuyas familias no tenían posibles para rescatarlos.

 

Cervantes era un preso valioso y sus captores no habrían permitido perder con torturas una posible ganancia futura con su rescate. Como “hombre grave” se vio liberado de las miserias que les tocó vivir a otros rehenes menos valiosos, considerados como “de almacén”. Tal como vemos en algunos relatos de cautivos, son estos últimos, y no los importantes, los que reciben las torturas y los castigos más sádicos por parte de sus captores.

 

Por tanto, debemos matizar mucho la visión que mostraba una existencia penosa en Argel por parte de Cervantes. No tuvo que ser agradable, no vayan a entenderme mal. La falta de libertad ya es de por sí un castigo que se me antoja desesperante para la mente. Pero tampoco debemos caer en esas mitologías elaboradas a posteriori en la que se describía un escenario hostil de donde emergió nuestro héroe patrio.

 

El fuerte rescate que pesaba sobre su cabeza era, a la vez, su castigo (sabía que a su familia le costaría mucho llegar a esa cantidad) y su protección (los otomanos no permitirían que su inversión se perdiera).

 

¿Intentó fugarse Cervantes hasta cuatro veces?

 

La experiencia del cautiverio en Argel ha tenido una gran incidencia en las obras literarias posteriores de Cervantes. Además de la famosa "Historia del capitán cautivo" que se cuenta en El Quijote, también explotó el tema del cautiverio en La Galatea y en algunas de las Novelas ejemplares (como El amante liberal y La española inglesa), e incluso en obras de teatro como Los baños de Argel o El gallardo español.

Miguel de Cervantes imaginando El Quijote. 1858. Mariano de la Roca y Delgado. Museo del Prado.
 

Ahora bien, documentos que aludan al cautiverio y que no sean de ficción apenas tenemos cuatro textos. El más importante es la “Información de Argel”, una obra jurídico-administrativa que recoge las declaraciones de 11 testigos para señalar la veracidad sobre los hechos vividos por el escritor manchego en Argel. Junto a ellos, también se añaden las palabras de fray Juan Gil, redentor de los cautivos, y del notario Pedro de Ribera, que certifica el documento.

 

En la época, era práctica habitual que los cautivos presentaran este tipo de informes donde se presentaban como cristianos devotos de conducta ejemplar que, además, habían padecido castigos y graves peligros. El objetivo era presentarla en el Consejo de su Majestad y ser merecedores de alguna merced. Es decir, se trataba de relatos exagerados e idealizados cuyo objetivo era presentarles como merecedores de algún tipo de compensación.

 

Tal como aparece en la obra de Cervantes, y en muchas de las que conservamos de otros cautivos, aparece el protagonista como una persona ejemplar, que se preocupa por ayudar al resto de cautivos cristianos. Baste el ejemplo del alférez Luis de Pedrosa, quién ante la pregunta “¿Sabe si en los años de cautiverio se ha relacionado con las personas principales de los baños [prisiones]?” (19), contesta lo siguiente: “Que este testigo por tal persona como en ella se expresa tiene al dicho Miguel de Cervantes, porque en todo Argel, puesto que haya otros caballeros tan buenos como él, este testigo no ha visto que para usar el hacer bien a otros cautivos, ni presuman de casos tan de honor como el susodicho, porque en extremo tiene especial gracia en todo, porque es tan discreto y avisado que pocos hay que le lleguen; y así su trato y comunicación de ordinario es con caballeros, letrados, comendadores, capitanes y religiosos”.

 

En el informe presentado por Cervantes el mismo cuenta que intentó fugarse hasta en cuatro ocasiones, aunque en ninguna logró tal objetivo. Recibiendo a cambio castigos corporales variados por haber sido él el único promotor de tales fugas. Ahora bien, cruzando sus relatos con el de otros presos podemos poner en cuarentena la veracidad de los mismos.

 

En efecto, tenemos el relato de un platero llamado Diego Rodríguez que describe, de manera bien diferente, el último intento de fuga en el que participó Cervantes. Según este personaje, se unió a seis caballeros de Malta españoles, también cautivos, para escapar según un plan por él ideado. Diego Rodríguez había comprado una fragata junto a un renegado de nación veneciana y con ella pretendía fugarse. Ahora bien, descubiertos por los otomanos, el veneciano fue ahorcado y a Diego Rodríguez le castigaron con doscientos palos, dejándole medio muerto. Entre la relación de caballeros de Malta aparece Cervantes y Juan Blanco de Paz, personaje que en el texto de Cervantes se describe como el traidor que desbarató el intento de fuga.

 

Conclusión

 

Lo único que tenemos del periodo de cinco años que Cervantes pasó en Argel son sus propios textos, tanto literarios como biográficos. Pero, creer los mismos como una fuente histórica fidedigna tiene sus inconvenientes, como ya hemos comprobado.

 

Por tanto, la película de Amenábar, como una interpretación de ese pasado personal, me parece del todo acertada. Si el cineasta desea mostrar la imagen de un Cervantes homosexual tiene todo el derecho a realizarlo, pues es una posibilidad, entre otras muchas existentes.

 

Ahora bien, los historiadores debemos levantar la mano y advertir sobre que esa posibilidad era poco probable según las fuentes históricas disponibles.

 

Lo que Cervantes pasó en Argel, sus verdaderos desvelos y penurias, se lo guardó para sí mismo. Como buen escritor que era, nos legó una historia edulcorada cuyo objetivo era lograr medrar dentro de la burocracia de la Monarquía Hispana. Y, en este sentido, su relato no difiere demasiado del de otros muchos que vivieron su misma situación.

 

Como bien dijo una vez el gran Enrique Jardiel Poncela: “Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió”.

 

Hasta la próxima

 

 

Fuentes:

 

Lucía Megías, J.M. Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro. Barcelona. Plaza & Janés, 2025.

Cervantes. La información de Argel. Madrid, Cátedra, 2019.

 

 

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