El 12 de septiembre de 2025 se estrenó en España la
última película dirigida por Alejandro Amenábar, El Cautivo.
En la misma se narra el cautiverio vivido en Argel por
Miguel de Cervantes, el escritor español que, posteriormente, saltaría a la
fama mundial gracias a su obra más reconocida, El Quijote.
Aprovechando tal estreno voy a desmitificar algunos
mitos que rodean a este episodio, dando algo más de luz a esta historia tan
decentemente contada.
La sinopsis de la película es la siguiente:
Cervantes es capturado en alta mar por unos corsarios
cuando regresaba de haber luchado en la Batalla de Lepanto. Fue llevado como
prisionero a Argel y tasado como un rehén valioso.
Su manera de llevar mejor tal encierro fue refugiarse
en su pasión por contar historias, lo que entretendrá a sus compañeros de
prisión y terminará llamando la atención de Hasán Bajá, gobernador de Argel.
Con el mismo entablará una relación de amistad bastante estrecha, llegando a
describirse a Cervantes como homosexual.
Por supuesto, también se explora la idea de fugarse de
Argel junto a otros presos, algo que tendrá en Cervantes a uno de los
principales protagonistas intelectuales.
Mi opinión sobre la película,
en términos generales, es bastante buena. Se nota que Amenábar se ha
documentado mucho sobre este episodio concreto de la vida de Cervantes y, en
muchos aspectos, su interpretación resulta bastante acertada.
Es una película histórica muy bien confeccionada,
otorgando al espectador una visión muy realista de lo que pudo ser el encierro
de Argel y lo que allí vivió Cervantes. Una visión histórica, en buena medida,
alejada de los tópicos y mitos habituales que rodearon a este episodio tan
oscuro en la vida del escritor. Aunque también, visto a posteriori, necesario,
a la hora de concebir su gran obra literaria.
Vamos con los mitos.
¿Era Cervantes homosexual?
Como no podía ser de otra forma, el tratamiento de la
posible homosexualidad de Cervantes en la película es uno de los aspectos que
ha recibido más críticas. Amenábar es homosexual y, explorar al personaje
histórico bajo ese prisma, entiendo que era una gran motivación.
Ahora bien, tal como dijo sobre ello José Manuel Lucía
Megías, biógrafo de Cervantes y catedrático de la Universidad Complutense de
Madrid, “Amenábar es un artista, no un historiador. Tiene derecho a plantear
su visión del mundo a través de la ficción, pero no podemos presentar como
certeza lo que no pasa de ser una conjetura”.
En efecto, históricamente no existe ninguna prueba
documental, ni tan siquiera indicio alguno, de la posible homosexualidad de
Cervantes. Y, pensando en el contexto del siglo XVI, donde la homosexualidad
estaba penada y perseguida, resulta difícil de claudicar ante la hipótesis con
la que juega Amenábar.
Es cierto que algunos de los lectores más avezados
pueden objetar que en el islam otomano del siglo XVI sí que estaban permitidas
ciertas conductas homosexuales. En efecto, en aquel momento se toleraba que un
hombre mayor (y poderoso) pudiera adoptar el papel activo en una relación con
otro hombre, siempre y cuando el amante optara por una conducta pasiva y fuera
joven. Por tanto, la relación entre Cervantes y el gobernador de Argel (más o
menos de la misma edad) no podría haberse producido tal como muestra la
película, por ser totalmente ilegal.
Lo anterior podría abrir el debate sobre los abusos
sexuales que los cautivos podían haber recibido de Hasán Bajá, o el tipo de
sociedad que permitía ese tipo de relaciones donde, claramente, existía un
claro componente de poder y sumisión del más débil. Pero no parece que nadie
quiera explorar ese territorio pantanoso.
Por terminar con el tema de la homosexualidad, esta
película no deja de ser un eslabón más en la cadena por la cual algunas
personas pretenden convertir en homosexual a Cervantes. Uno de los últimos
había sido el dramaturgo Fernando Arrabal, quién sostuvo (de manera inventada)
que Cervantes había sido acusado en su juventud de sodomía con su mentor Juan
López de Hoyos, lo que le llevó a protagonizar un duelo con un tal Antonio de
Segura.
Anteriormente, en la década de los 70 tales
afirmaciones comenzaron a realizarse, como una forma de reinterpretación de
personajes históricos a los que se les pretendía otorgar una visión alejada de
la mitología que les envolvía. Ahora bien, desmitificar un personaje
añadiéndoles otros mitos no parece lo más adecuado, históricamente hablando.
Y, si nos retraemos aún más, hasta podemos encontrar
el origen de tal afirmación en los rumores malintencionados vertidos por Juan
Blanco de Paz, otro cautivo en Argel y enemigo documentado de Cervantes. El
mismo podría haber difamado personalmente al escritor lanzando esas acusaciones
para hacerle daño.
Tal posibilidad nos abre un camino interesante.
¿Podemos considerar la obra de Cervantes como autobiográfica? Lucía Megías
vuelve a darnos la respuesta: “convertir a Cervantes en un historiador de sí
mismo es quitarle valor como escritor”.
Como vamos a comprobar en el resto de mitos, no
siempre podemos fiarnos de las fuentes escritas de manera literal. Deben pasar
la crítica histórica, la cual las interpreta teniendo en cuenta el contexto en
el que se produjeron. Sin esta crítica histórica no es posible acercarnos a la
realidad histórica, algo que muchos suelen olvidar a menudo.
Tal como una vez escribió George Bernard Shaw, “Cuando
leas una biografía, ten presente que la verdad nunca es publicable”.
¿Qué datos reales conocemos del cautiverio
de Cervantes En Argel?
Los únicos datos reales que conocemos de esos años son
los que un escribano consignó en el libro de cautivos del año 1580. A saber:
“En la ciudad de Argel a diez y nueve días del mes
de septiembre, en presencia de mí el dicho notario, el muy reverendo padre fray
Juan Gil, redentor susodicho, rescató a Miguel de Cervantes, natural de Alcalá
de Henares, de edad de treinta y un años, hijo de Rodrigo de Cervantes y de
doña Leonor de Cortinas, vecinos de la villa de Madrid; mediano de cuerpo, bien
barbado, estropeado del brazo y mano izquierda. Cautivo en la galera del Sol
yendo de Nápoles a España donde estuvo mucho tiempo al servicio de su Majestad;
perdiose a veinte y seis de septiembre el año mil y quinientos y setenta y
cinco. Estaba en poder de Hazán Bajá, rey. Costó su rescate quinientos escudos
de oro en oro”.
Por tanto, lo que podemos afirmar sin temor a
equivocarnos es que Miguel de Cervantes fue capturado por los corsarios de
Argel el 26 de septiembre de 1575, cuando volvía de Nápoles en la galera Sol
(frente a las costas catalanas, para más precisión).
La cuantía del rescate asignada a Cervantes era la
máxima que podía decretarse (500 ducados), por lo que inferimos que a Cervantes
se le consideró como “hombre grave”, que en la época significaba alguien
importante por el que se podía obtener un lucrativo rescate. Debido a ello,
todos estos personajes gozaban de ciertos privilegios dentro de las prisiones
argelinas.
¿Cuál es la razón por la que se consideró importante a
Cervantes? Aunque el texto no lo indica, sabemos que ello se debió a que los
turcos encontraron varias cartas de recomendación entre las pertenencias de
nuestro escritor. El precio que se le impuso, debido a ello, era tan alto que
Cervantes supo que su familia no podría pagar fácilmente.
El 19 de septiembre de 1580, cinco años después, el
rescate fue pagado por el trinitario Juan Gil, que en la campaña de aquel año
liberó a más de un centenar de cautivos.
El resto de lo que conocemos de la estancia de
Cervantes en Argel son inferencias, invenciones y relatos que tienen más de
literatura que de historia.
¿Lo pasó mal Cervantes en las cárceles de
Argel?
Uno de los mitos más asentados dentro de este episodio
histórico de Cervantes es el de las infestas prisiones de Argel. En los relatos
conservados de cautivos cristianos que estuvieron allí retenidos siempre se
refiere una visión negativa y nefasta de Argel. Con Cervantes no fue diferente
y la mitología pintó Argel como un lugar donde lo trataron como a un perro,
apaleándolo, haciendo que pasara hambre…
La literatura de cautivos, tal como se suele
denominar, refieren torturas variadas a los cristianos y unas condiciones de
vida pésimas y lúgubres. Y, sin duda, en muchos casos tales cosas debieron ser
ciertas.
Ahora bien, estos textos debemos tomarlos con mucho
cuidado, pues de manera habitual estaban pensados para remover conciencias de
lectores cristianos y animarlos a realizar limosnas con las que rescatar a los
cautivos cuyas familias no tenían posibles para rescatarlos.
Cervantes era un preso valioso y sus captores no
habrían permitido perder con torturas una posible ganancia futura con su
rescate. Como “hombre grave” se vio liberado de las miserias que les tocó vivir
a otros rehenes menos valiosos, considerados como “de almacén”. Tal como vemos
en algunos relatos de cautivos, son estos últimos, y no los importantes, los
que reciben las torturas y los castigos más sádicos por parte de sus captores.
Por tanto, debemos matizar mucho la visión que
mostraba una existencia penosa en Argel por parte de Cervantes. No tuvo que ser
agradable, no vayan a entenderme mal. La falta de libertad ya es de por sí un
castigo que se me antoja desesperante para la mente. Pero tampoco debemos caer
en esas mitologías elaboradas a posteriori en la que se describía un escenario
hostil de donde emergió nuestro héroe patrio.
El fuerte rescate que pesaba sobre su cabeza era, a la
vez, su castigo (sabía que a su familia le costaría mucho llegar a esa
cantidad) y su protección (los otomanos no permitirían que su inversión se
perdiera).
¿Intentó fugarse Cervantes hasta cuatro
veces?
La experiencia del cautiverio en Argel ha tenido una
gran incidencia en las obras literarias posteriores de Cervantes. Además de la
famosa "Historia del capitán cautivo" que se cuenta en El Quijote,
también explotó el tema del cautiverio en La Galatea y en algunas de las
Novelas ejemplares (como El amante liberal y La española
inglesa), e incluso en obras de teatro como Los baños de Argel o El
gallardo español.
![]() |
| Miguel de Cervantes imaginando El Quijote. 1858. Mariano de la Roca y Delgado. Museo del Prado. |
Ahora bien, documentos que aludan al cautiverio y que
no sean de ficción apenas tenemos cuatro textos. El más importante es la “Información
de Argel”, una obra jurídico-administrativa que recoge las declaraciones de
11 testigos para señalar la veracidad sobre los hechos vividos por el escritor
manchego en Argel. Junto a ellos, también se añaden las palabras de fray Juan
Gil, redentor de los cautivos, y del notario Pedro de Ribera, que certifica el
documento.
En la época, era práctica habitual que los cautivos
presentaran este tipo de informes donde se presentaban como cristianos devotos
de conducta ejemplar que, además, habían padecido castigos y graves peligros.
El objetivo era presentarla en el Consejo de su Majestad y ser merecedores de
alguna merced. Es decir, se trataba de relatos exagerados e idealizados cuyo
objetivo era presentarles como merecedores de algún tipo de compensación.
Tal como aparece en la obra de Cervantes, y en muchas
de las que conservamos de otros cautivos, aparece el protagonista como una
persona ejemplar, que se preocupa por ayudar al resto de cautivos cristianos.
Baste el ejemplo del alférez Luis de Pedrosa, quién ante la pregunta “¿Sabe
si en los años de cautiverio se ha relacionado con las personas principales de
los baños [prisiones]?” (19), contesta lo siguiente: “Que este
testigo por tal persona como en ella se expresa tiene al dicho Miguel de
Cervantes, porque en todo Argel, puesto que haya otros caballeros tan buenos
como él, este testigo no ha visto que para usar el hacer bien a otros cautivos,
ni presuman de casos tan de honor como el susodicho, porque en extremo tiene
especial gracia en todo, porque es tan discreto y avisado que pocos hay que le
lleguen; y así su trato y comunicación de ordinario es con caballeros,
letrados, comendadores, capitanes y religiosos”.
En el informe presentado por Cervantes el mismo cuenta
que intentó fugarse hasta en cuatro ocasiones, aunque en ninguna logró tal
objetivo. Recibiendo a cambio castigos corporales variados por haber sido él el
único promotor de tales fugas. Ahora bien, cruzando sus relatos con el de otros
presos podemos poner en cuarentena la veracidad de los mismos.
En efecto, tenemos el relato de un platero llamado
Diego Rodríguez que describe, de manera bien diferente, el último intento de
fuga en el que participó Cervantes. Según este personaje, se unió a seis
caballeros de Malta españoles, también cautivos, para escapar según un plan por
él ideado. Diego Rodríguez había comprado una fragata junto a un renegado de
nación veneciana y con ella pretendía fugarse. Ahora bien, descubiertos por los
otomanos, el veneciano fue ahorcado y a Diego Rodríguez le castigaron con doscientos
palos, dejándole medio muerto. Entre la relación de caballeros de Malta aparece
Cervantes y Juan Blanco de Paz, personaje que en el texto de Cervantes se
describe como el traidor que desbarató el intento de fuga.
Conclusión
Lo único que tenemos del periodo de cinco años que
Cervantes pasó en Argel son sus propios textos, tanto literarios como
biográficos. Pero, creer los mismos como una fuente histórica fidedigna tiene
sus inconvenientes, como ya hemos comprobado.
Por tanto, la película de Amenábar, como una
interpretación de ese pasado personal, me parece del todo acertada. Si el
cineasta desea mostrar la imagen de un Cervantes homosexual tiene todo el
derecho a realizarlo, pues es una posibilidad, entre otras muchas existentes.
Ahora bien, los historiadores debemos levantar la mano
y advertir sobre que esa posibilidad era poco probable según las fuentes
históricas disponibles.
Lo que Cervantes pasó en Argel, sus verdaderos
desvelos y penurias, se lo guardó para sí mismo. Como buen escritor que era,
nos legó una historia edulcorada cuyo objetivo era lograr medrar dentro de la
burocracia de la Monarquía Hispana. Y, en este sentido, su relato no difiere
demasiado del de otros muchos que vivieron su misma situación.
Como bien dijo una vez el gran Enrique Jardiel
Poncela: “Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero
ignoramos si es lo que sucedió”.
Hasta la próxima
Fuentes:
Lucía Megías, J.M. Cervantes íntimo. Amor y sexo en
los Siglos de Oro. Barcelona. Plaza & Janés, 2025.
Cervantes. La información de Argel. Madrid, Cátedra,
2019.


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