domingo, 1 de febrero de 2026

Pterigium

 

Junto con la pinguécula, el pterigium es la alteración conjuntival más frecuente con la que nos vamos a encontrar en el gabinete.

 

Los griegos fueron los que le dieron el nombre pterygos, que significa ala. Y, en efecto, tal como definieron los griegos, parece que fuera una especie de ala de pájaro la que se expande por el ojo.

 

Definición

 

Toda lesión degenerativa conjuntival que invade la córnea (parte transparente del ojo) puede definirse como pterigium. El mismo puede definirse como un crecimiento triangular con aspecto de una banda carnosa de tejido fibrovascular que se extiende desde la conjuntiva hasta la córnea transparente.


 

Mientras que algunos frenan su crecimiento al tocar el limbo corneal, otros, en cambio, continúan creciendo, provocando alteraciones refractivas (astigmatismos) y, en los casos más graves, restricción de los movimientos oculares, reducción del campo visual y pérdida de visión.

 

Como las pinguéculas, de las que puede originarse, se localizan con más frecuencia en el lado nasal que en el temporal. Esto se debe a que nuestra córnea ejerce la función de una lupa cuando la luz incide de manera lateral, concentrando un gran poder luminoso en esa zona ocular.

 

Como curiosidad indicar que el eje del triángulo no es exactamente horizontal, sino que se incurva levemente hacia arriba en el lado corneal.

 

El diagnóstico diferencial incluye los tumores conjuntivales, como la neoplasia intraepitelial y el carcinoma espinocelular.

 

¿Qué causa el Pterigium?

 

La aparición y crecimiento del pterigium está relacionado directamente con la exposición crónica a la radiación solar infrarroja y ultravioleta. Igualmente, suele ser típica de trabajadores al aire libre expuestos continuamente a ambientes ventosos y/o con mucho polvo ambiental.

 

Síntomas

 

En los casos más leves el ojo suele aparecer enrojecido y los pacientes refieren sintomatología relacionada con la sequedad ocular: escozor, fotofobia, sensación de cuerpo extraño.

 

En los casos avanzados podemos encontrar alteraciones en la prescripción habitual por el aumento del astigmatismo, agudezas visuales reducidas y molestias en los campos visuales.

 

Tratamiento

 

El tratamiento siempre debe comenzar por concienciar al paciente de la necesidad de evitar los factores desencadenantes del mismo o que favorecen su desarrollo. Por ello es aconsejable el uso de gafas de sol en exteriores que nos protejan de la luz solar, del viento y del polvo.

 

En caso de molestias relacionadas con la sequedad es necesario instilar lubricantes oculares que minimicen esos síntomas.

 

Sólo en los casos donde existe afectación corneal será necesario recurrir al oftalmólogo para realizar una cirugía de extracción. La recidiva es frecuente, por lo que los oftalmólogos recurren a ella cuando no queda más remedio.

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