domingo, 9 de marzo de 2014

No vale la pena dormir en Brujas



La mayoría de las personas que visitan Bélgica suelen realizar una especie de tour por varias ciudades. La comodidad en la conexión entre las principales urbes belgas, con servicios de trenes muy frecuentes, la proximidad y el encanto cultural que guardan,  son razones suficientes para plantearse esta forma de viaje al encantador país belga.

Ahora bien, la escasez de tiempo vacacional y el deseo de acumular la visita a varias ciudades hace que muchos turistas apenas pasen una mañana o una tarde en cada uno de los destinos. Aunque es factible realizar la visita, por ejemplo, a Lovaina, en esas condiciones, ciertas ciudades requieren algo más de tiempo.

Este artículo intentará convencerte de la necesidad de entretenerse un poco más de tiempo en Brujas, sin lugar a dudas la ciudad más visitada de Bélgica y la que más recuerdos nos dejará.


A la hora de planear mi visita a Brujas me resultó de gran ayuda visitar la siguiente página: http://visitbruges.be/. Actualmente no existe allí una guía de la ciudad en castellano, por lo que os adjunto al final del artículo un PDF con toda la información sobre la ciudad. Allí encontrareis los horarios de las principales visitas y los monumentos de mayor interés. Y lo mejor es el mapa que contiene, pues con él podréis planearos los recorridos por la ciudad como mejor os convenga.

Pero el verdadero objetivo de este artículo es convencerte para pasar una noche en Brujas y poder disfrutar así de todo su encanto. A continuación te doy 10 razones por las que deberías seguir mi consejo:

1.     Paseo por los canales.

Brujas se la conoce como la Venecia del Norte, pues la ciudad está recorrida por varios canales. En mi opinión no tienen el mismo encanto que los de la ciudad italiana, pero si que los encontré con más atractivo que, por ejemplo, los de Ámsterdam, la otra gran ciudad con canales europea.

Si visitas la ciudad con tiempo suficiente podrás disfrutar de un pequeño crucero en barca, algo realmente recomendable. El mejor punto de partida es el Muelle del Rosario (Rozenhoedkaai), uno de los lugares más fotografiados de Brujas. Apenas duran 45 minutos y el precio es realmente módico (unos 10 euros) si lo comparamos con el paseo en góndola por Venecia.

Típica vista de postal desde el Muelle del Rosario

2.     Visita a los museos.

Brujas tiene muchos museos teniendo en cuenta su reducido tamaño. Para visitarlos todos necesitarías varios días completos, por lo que deberás elegir cuales son los que más te interesan. En este enlace tienes la información de todos ellos: http://visitbruges.be/places/musea#. A continuación te dejo una breve selección de los que considero visita obligada.

El que destaca sobre todos los demás es el Museo Groeninge (Dijver, 11), el cual atesora una de las mejores colecciones de arte sobre los Primitivos Flamencos. Sólo por ver la Virgen del canónigo Van der Paele, de Jan Van Eyck ya merece la pena pagar la entrada. Otras obras a destacar son La muerte de la Virgen de Hugo van der Goes, el Tríptico de Guillaume Moreel, de Hans Memling o el Tríptico con el bautismo de Cristo, de Gerard David. Y no sólo tiene obras de pintura gótica. También atesora obras de otros periodos, como el Neoclásico y el realismo, abarcando seis siglos de arte belga. En total podréis pasar cerca de dos horas agradables viendo arte.

El Historium de Brujas (Grote Markt, 1) es una exposición audiovisual que nos traslada a la Brujas medieval del siglo XV. En sus siete salas temáticas descubriremos el pasado de Brujas a través de montajes verdaderamente evocadores. Una experiencia inigualable que nos llevará menos de una hora.

El Museo Gruuthuse (Dijver, 17) es un lujoso palacete donde quedaremos encantados por si riquísima decoración interior. Para todos aquellos a los que les apasione visitar viviendas del pasado esta visita les encantará. Para los demás os aconsejo, como mínimo, visitar su encantador patio exterior, lleno de flores.

Si visitáis la ciudad con niños la visita al Museo Arqueológico (Mariastraat, 36) les encantará, pues está enfocado completamente a ellos, destacando su gran interactividad.

Otras visitas, en mi opinión más opcionales, son el Ayuntamiento, el Hospital de San Juan, Arentshuis o el Franconato de Brujas. Y para los que tengan gustos museísticos más originales Brujas ofrece Museos de Diamantes, de patatas fritas y de Chocolate.

3.     No perderse la Catedral.

Una de las características más originales de Brujas es que no posee una catedral en ninguna de sus dos plazas principales. La original, situada frente al ayuntamiento en la Plaza de Burg, fue destruida por los franceses en el siglo XVIII y tan sólo queda su recuerdo en forma de un modernista monumento.

La Catedral de San Salvador se encuentra en Steenstraat, por lo que es posible que os la perdáis si no la vais buscando. Sería una auténtica pena, pues su interior gótico es realmente precioso. Tiene tapices, tumbas medievales y una colección pequeña pero interesante de obras de arte.

Muy próxima se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora, cuyo interés está en poseer la segunda torre de ladrillo más alta de Europa (122,3 metros). En su interior podemos admirar la famosa Virgen con el niño de Miguel Ángel.

4.     Basílica de la Santa Sangre.

En la Plaza de Burg, justo en una esquina, se encuentra esta curiosísima Basílica que no te puedes perder. Puede que si no la vas buscando pase desapercibido, pues se encuentra junto al deslumbrante ayuntamiento de Brujas. La Basílica iene dos partes muy diferenciadas. La inferior es una pequeña iglesia de estilo románico consagrada a San Basilio y que data del siglo XII. Las columnas sin decoración alguna y la construcción maciza nos dan una sensación de opresión  y sencillez que contrastará enormemente con la parte superior. En el primer piso nos encontraremos con todo lo contrario, una basílica neogótica que data del siglo XIX. La decoración es verdaderamente suntuosa (vidrieras, frescos…) y la sensación de amplitud notable teniendo en cuenta la cantidad de turistas que hacen cola siempre para besar la reliquia de la Santa Sangre. La reliquia, según cuentan, fue traída por Thierry de Alsacia tras volver de la Segunda Cruzada en el año 1150. Independientemente de tus creencias religiosas e históricas (La Biblia no menciona en ningún lugar que se conservara la sangre de Cristo) deberías visitarla. ¡Si hasta los chinos hacen cola para besar la Santa Sangre!

Entrada a la Basílica de la Santa Sangre


5.     Encontrar rincones sorprendentes.

En los alrededores de la iglesia de Nuestra Señora y justo detrás de la Arentshuis, en el llamado parque Arentshof, se encuentra el Puente de San Bonifacio (Dijver, 16), un lugar realmente idílico en el que merece la pena pasar un buen rato.

Vista idílica desde uno de los puentes de Brujas


En Brujas podéis pasear por numerosos canales, aunque yo os recomiendo disfrutar caminando por Groenerei, pues reúne todo el encanto medieval de la ciudad.

El Muelle del Rosario es la postal más típica de Brujas. Su visita es obligada, aunque debido a las prisas muchos turistas no le sacan todo el partido que tiene. De hecho, me causó impresión un tipo al que llamé Julio César: utilizó la estrategia Veni, Vidi, Vinci; es decir, llegó, tiró la foto y se marchó. Todo en menos de 5 segundos.
Generalmente suele ser un sitio muy concurrido, con decenas de turistas queriendo sacar su foto. Pero si te paras un poco allí verás que en verdad son oleadas de grupos. Por tanto, disfruta de un buen rato viendo pasar la vida en tan hermoso lugar y tómate tu tiempo para sacar buenas fotos cuando estés solo.

La Plaza de los Curtidores es un rinconcito especial anexo al Muelle del Rosario. Lugar frecuentado por numerosos artistas, merece la pena sentarse en alguna de las muchas terrazas existentes en la plaza y tomarse una típica cerveza belga.

6.     Disfrutar paseando por Minnewaterpark.

Existen muchos parques encantadores en Brujas, pero personalmente éste me pareció verdaderamente seductor. Se trata de un gran estanque rodeado de frondosa vegetación. Por cierto, en la mayoría de guías turísticas se traduce Minnewater como “El Lago del amor”. No os dejéis engañar por tamaña tontería. Su traducción literal es “agua de la ondina” y se refiere al antiguo uso como embarcadero que conectaba la ciudad con Gante.

Lo anterior no es óbice para disfrutar de uno de los lugares con más encanto de la ciudad. Puedes admirar el estanque sentado en uno de los muchos bancos que encontrarás bordeándolo, a lo que te aconsejo le añadas algo para picar. También puedes pasear por el parque, algo muy romántico si lo visitas con tu pareja.

Minnewater


7.     Relajarse en el Beaterio.

Si buscáis un remanso de paz y tranquilidad vuestro lugar en Brujas es el Beaterio Ten Wijngaarde. Su estampa de casas blancas y su característico jardín son un remanso de paz. Si tenéis suerte puede que podáis ver el interior de alguna de esas casas, las cuales pertenecen a monjas beguinas. Y si tenéis más suerte todavía podréis asistir a una de sus misas y escuchar sus adorables cánticos, cosa que recomiendo encarecidamente.

Típicas casas del Beaterio


8.     Admirar los molinos de la ciudad.

En las antiguas murallas de la ciudad hoy día se levanta un cinturón verde de agradable paseo. Si lo recorréis podréis observar algunas de las puertas medievales que tenía la ciudad. Y en una parte del trayecto os encontraréis unos pintorescos molinos. El Sint-Janshuis data de finales del siglo XVIII y todavía sigue activo moliendo grano.


9.     Ir de tiendas.

No me refiero a buscar los típicos souvenirs de imanes de nevera o mugs para el desayuno. Estoy hablando de encontrar tiendas con un gran encanto que merece la pena visitar. Os voy a comentar un par de ellas.

En la calle que conecta las dos plazas principales de Brujas se encuentra una sucursal de la famosa tienda de Navidad Käthe Wohlfahrt, a la cual hicimos mención en el post sobre Rothenburg ob der Tauber. Es interesante visitarla, pues son tiendas con un encanto muy especial.

Ahora bien, si los precios os parecen algo abusivos (que lo son), os recomiendo que caminéis un poco hasta la próxima Vlamingstraat. Allí encontrareis una acogedora tienda con varios artículos de decoración, en especial, navideños. La tienda se llama De Witte Pelikaan y no se os pasará por alto. En la fachada nos indica su fecha de construcción (1672) y en lo alto se colocó la figura de un pelícano. En el interior de la tienda no os perdáis bajar al sótano, verdaderamente encantador.

Y si sois unos sibaritas del chocolate no podéis marcharos de Brujas sin visitar la tienda Chocolate Line (Simon Stevinplein, 19), considerada una de las mejores bombonerías del mundo.

10.                       Recorrer la ciudad por la noche.

El centro histórico de Brujas forma parte del Patrimonio Histórico de la Humanidad desde el año 2000. Su verdadero encanto está en recorrer esta ciudad medieval, que data del siglo XIII, perdiéndose por sus callejuelas. La zona turística es bastante pequeña, por lo que no existe ningún problema en recorrerla a pie de cabo a rabo.

Y si por el día la ciudad es encantadora, por la noche, con las luces encendidas, la magia aparece en cada esquina. Las farolas encendidas, los reflejos en el agua, los rincones encantadores, las torres y edificios iluminados… Nada que os pueda contar sustituye la experiencia de un relajado paseo nocturno por la ciudad.

Si además sumamos que Brujas tiene una animada vida nocturna, algo muy cercano para los españoles, acostumbrados a salir por la noche, estaremos completamente en nuestra salsa. El centro tiene numerosos bares donde tomar algo, aunque si queréis reuniros con la marcha local universitaria deberéis acercaros a Langestraat o a Kraanplein.

Y, por último, un consejo sobre el alojamiento. Como podéis imaginar, la oferta hotelera de Brujas es enorme, dado el gran atractivo turístico de la ciudad. Cuando yo visité la ciudad decidí reservar un lugar cercano al centro y que tuviera algo de encanto. Mi elección fue el Hotel Van Eyck, situado en Korte Zilverstraat 7, apenas a doscientos metros de la Grote Markt. Y puedo decir que la elección no pudo ser más acertada. El edificio data del siglo XVIII y tiene una cuidada decoración tipo Art-Nouveau. Es sencillo, sin grandes lujos, pero sus 8 habitaciones están limpias y cuidadas. El desayuno es abundante y la dueña, Mireya, habla algo de castellano, por lo que para todos aquellos que no dominan mucho el inglés será un alivio. Os dará consejos sobre que hacer en la ciudad y con el pequeño plano que os regalará ya no tendréis que visitar la oficina de turismo de turno. El único “pero” es la enorme escalera que tienes que subir para llegar a las habitaciones, aunque como yo viajé con mochilas no fue ningún inconveniente.





Espero que con toda esta información decidas quedarte a dormir en Brujas. Será una gran elección de la que no te arrepentirás.

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