domingo, 23 de marzo de 2014

La Dama de Elche siempre fue propiedad del Museo Arqueológico Nacional (MAN)



El próximo 31 de marzo de 2014 el Museo Arqueológico Nacional (MAN) abrirá de nuevo sus puertas, tras haber permanecido cerrado por reforma desde mediados del año 2011. La apertura se ha ido retrasando por problemas presupuestarios varios, siendo uno de los más notorios la falta de vigilantes para las salas. No obstante, tras haber “reclutado” vigilantes de otros museos, parece que en esta ocasión la fecha de reapertura no se volverá a modificar.

Para los aficionados a la Historia, el cierre temporal del MAN se nos ha hecho muy largo. En mi opinión, es uno de los mejores museos que existen en Madrid y, porqué no decirlo, en toda España. Su catálogo de piezas lo hacen ser representativo de toda nuestra Historia, especialmente de la Historia Antigua, y la importancia de algunos de sus tesoros lo encumbran a uno de los mejores museos arqueológicos del mundo.

Mi artículo de hoy va dirigido a todos aquellos que no conocíais el MAN o que no teníais en mente una visita próxima. Os intentaré convencer ofreciéndoos información sobre la pieza estrella del museo, la Dama de Elche.


Hasta ahora, las instalaciones donde se mostraban las piezas no estaban acorde con las piezas contenidas. Su última reforma, que databa de los años 60, se había quedado obsoleta y ello repercutía en la escasa asistencia al museo. De hecho, para cualquier profano, resultaba mucho más atractivo visualmente visitar el Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, que el MAN. Y siendo un museo importante el alcalaíno, en ningún modo podía hacer sombra al MAN.

Parece ser, por las primeras imágenes que tenemos, que el nuevo MAN se asemejará a los modernos museos actuales. Salas amplias, buenas iluminación, paneles explicativos, audiovisuales… Según comenta Andrés Carretero, el actual director del MAN, esta pieza cumbre del arte ibérico será la protagonista indiscutible del museo.

Lo anterior resulta muy apropiado, pues la sección de arte ibérico es, sin lugar a dudas, la parte más interesante de este museo. Sin desmerecer a otros períodos históricos, también representados excelentemente, la parte de arte ibérico tiene la particularidad de mostrarnos una etapa histórica que no encontraremos en ningún otro museo.

Se suele comparar, injustamente, el MAN con museos de la talla del Louvre o el Bristish Museum, por tener piezas de etapas históricas similares. Por supuesto, en comparación con esos mastodontes museísticos, el MAN sale completamente derrotado. No obstante, yo lo veo de otro modo.

En Madrid tenemos unos museos que se pueden comparar a los citados anteriormente. La única diferencia es que no los tenemos ubicados en el mismo edificio lo que, en mi opinión, es más una ventaja que un inconveniente. ¿Quieres ver algo similar al Louvre en Madrid? Pues lo tienes fácil. Visita el Museo del Prado, el MAN, pásate por el Templo de Debod, EL Museo Romántico y el Museo Sorolla.  ¿Algo similar al British Museum? El MAN, el Museo de América, el Museo de Antropología y el Museo Africano.

La posibilidad de poder visitar cada museo por separado os dará la posibilidad de admirar adecuadamente las piezas que exponen. Y si existe un comentario común sobre el Louvre y el British es la imposibilidad de abarcarlo completamente. Eso no os pasará en los museos madrileños, donde además tendrás la opción de saltarte la visita de los que no te llamen la atención.

Este artículo trata sobre el MAN, y sobre su pieza estrella vamos a tratar a continuación: la Dama de Elche.
La Dama de Elche


Descubrimiento y venta

Esta escultura cumbre del arte ibérico debe su nombre a la localidad donde fue descubierta, la maravillosa ciudad de Elche. En concreto, esta escultura fue hallada en el yacimiento arqueológico de La Alcudia, donde actualmente existe un centro de interpretación de visita obligada para todos aquellos turistas interesados en nuestro pasado.

Muchos os preguntaréis porqué la pieza se exhibe en Madrid y no en Elche. Pues bien, por avatares de la Historia, esta pieza llegó a pertenecer al Louvre y en sus salas estuvo expuesta un largo período de tiempo.

El comienzo de la historia debemos situarlo en el año 1897. En la finca de la Alcudia se estaba removiendo tierra con fines agrícolas, pues el dueño del terreno, el doctor Don Manuel Campello Antón, deseaba llevar el regadío a la finca. Según cuenta la tradición local, Manuel Campello Esclápez, un niño de 14 años que ayudaba en el trabajo a su padre y hermanos, fue quién descubrió la escultura mientras éstos descansaban y él se dedicaba a jugar con el pico.

Inmediatamente informó a los obreros, quienes descubrieron la pieza con sumo cuidado, con el fin de no deteriorarla lo más mínimo, pues ello devaluaría su valor. Debemos tener en cuenta que a finales del siglo XIX lo que llamamos arqueólogos eran más bien unos aventureros saqueadores de piezas. Si los llamados profesionales apenas seguían normas de conservación de los yacimientos, podemos excusar a estos simples jornaleros por destruir el lugar del descubrimiento. Este hecho ha impedido datar la pieza de manera certera, aunque gracias a sus testimonios sabemos que a la escultura la recubría un círculo de piedras que servían para protegerla. Sin duda, se trató de una ocultación intencionada de esta maravillosa pieza.

Los obreros dejaron la escultura al descubierto para que la pudiera observar el doctor Campello, quién al visitar por la tarde la finca decidió llevarse la escultura a su casa. Podemos imaginar el revuelo en la ciudad al saberse de tal descubrimiento. Los ilicitanos la apodaron rápidamente “La Reina Mora”, pues los moros eran la civilización más antigua que ellos podían recordar y las joyas que portaba la escultura eran dignas de alguien de la realeza. No en vano, los restos árabes en Elche son abundantes y notorios, como los baños árabes de la ciudad, la torre de la Calahorra, los restos de la muralla o el mismo nombre de Elche, etimológicamente proveniente del árabe Elsh.

El doctor Campello acudió a un especialista en antigüedades conocido. Se trataba de Don Pedro Ibarra Ruiz, tío de Asunción Ibarra, la cual era la mujer del doctor Campello. Pedro Ibarra era archivero municipal de Elche y estaba al tanto de la afición a la arqueología de su difunto hermano. De hecho, no era la primera pieza arqueológica que se encontraban en una de sus fincas. La diferencia, esta vez, era el valor de la pieza encontrada. Pedro Ibarra tomó fotografías de la escultura, la dibujó, midió y envió cartas a varias personas importantes relacionadas con la arqueología para dar a conocer el hallazgo. Entre ellas podemos citar a Juan de Dios de la Rada y Delgado, conservador del Museo Arqueológico Nacional, a D. José Ramón Mélida de la Real Academia de la Historia y a Emil Hübner, profesor de la Universidad de Berlín. Incluso cuatro días después del hallazgo tenemos una carta de Pedro Ibarra informando del descubrimiento en la prensa (Hallazgo en Illici).

En el Archivo Municipal de Elche, tenemos la primera descripción que realizó Pedro Ibarra de la pieza: “Grandioso hallazgo en la Alcudia. Cavando al mediodía de la loma, para arreglar unos bancalitos donde van a plantarse granados y a una distancia de 50 metros al interior de este a oeste, al pie mismo de la eminencia, se ha encontrado una magnífica cabeza mujeril, de piedra arenisca, tamaño natural, en perfecto estado de conservación. La escultura alcanza hasta el seno que enriquece hermoso collar. La cabeza ostenta regio tocado caracterizado por una tiara a usanza egipcia y dos como rodetes a las bandas. La estoy estudiando

“La Reina Mora” fue la gran atracción en la ciudad en aquél momento. Todo el mundo quería verla y pronto se convirtió en el símbolo de Elche. En este contexto de emoción por el descubrimiento llegó a la ciudad el arqueólogo francés monsieur Pierre Paris el 11 de agosto. Había viajado hasta Elche para asistir a la fiesta del Misteri, sobre la cual escribiría un artículo para la revista L’illustration de París.

Pedro Ibarra conocía a Pierre Paris y no dudó en enseñarle la pieza. El francés quedó maravillado por la escultura y telegrafió a París pidiendo permiso para comprar la pieza en nombre del Museo del Louvre. Llegó a ofrecer 4.000 francos, unas 5.200 pesetas de la época (31,25 de hoy día), pero el doctor Campello se resistía vender. Anteriormente había vendido varias piezas pertenecientes a su suegro al Museo Arqueológico Nacional y esperaba que éste la adquiriera. Pero el Museo consideraba que la pieza debía incluirse en el lote comprado anteriormente e informaron que no seguirían pagando los plazos acordados si no se incluía la pieza.

Ante tal desaire y con la oferta de Pierre Paris sobre la mesa, el doctor Campello vendió al Louvre la escultura, aunque se oponía a ello su mujer, auténtica dueña del legado arqueológico perteneciente a su padre y vendido al Museo Arqueológico Nacional. Era el día 18 de agosto de 1897, tan sólo 14 días después del descubrimiento. Tan sólo 12 días después, la pieza partiría desde el puerto de Alicante rumbo a Marsella.

La noticia sentó muy mal en Elche y los ciudadanos culparon a Pedro Ibarra de la venta, pues, según ellos, era quién había difundido la noticia del descubrimiento y había atraído a cazatesoros como el francés, que terminó llevándose la pieza. La realidad, sin embargo, era bien distinta y Pedro Ibarra no había influido en nada en la venta.

El Louvre bautizó la pieza como la Dama de Elche y estuvo expuesta en el museo hasta la II Guerra Mundial, con notable éxito de visitas. Durante el enfrentamiento bélico fue trasladada a Toulouse y ya no volvería al Louvre.

Regreso a España

La Dama de Elche se había convertido en un símbolo nacional a través de la generación del 98 y desde la temprana fecha de 1928 ya se iniciaron las gestiones para que volviera a nuestro país. Pero los franceses dieron largas al asunto, que quedaría sin resolver tras el inicio de la Guerra Civil Española.

Tras la derrota de Francia ante Alemania en la Segunda Guerra Mundial se iniciaron nuevamente los acercamientos para acordar la vuelta de la escultura a España. 

En 1941 el gobierno francés de Petáin y el español de Franco se reunieron para negociar varios asuntos. Los franceses estaban interesados en reconstruir la Casa de Velázquez, una institución francesa situada en la Moncloa que había sido destruida durante la Guerra Civil. En caso de no reconstruir el edificio el gobierno español embargaría los terrenos, por lo que era urgente el acuerdo. El gobierno español aprovechó para incluir en la negociación un intercambio de piezas artísticas.

El resultado final de las negociaciones fue muy favorable a los intereses españoles, en lo que a obras artísticas se refiere. A España volvería la Dama de Elche, la Inmaculada Concepción de los Venerables de Murillo, una esfinge gemela de El Salobral y varias piezas del Tesoro de Guarrazar. A cambio se entregaba a Francia un retrato de Mariana de Austria de Velázquez (de los cuales el Museo del Prado tenía dos casi idénticos) y un retrato de Antonio de Covarrubias de El Greco (del cual también se tenían dos retratos muy parecidos).

En este punto algunos se preguntarán la razón de la generosidad francesa. En realidad los franceses intentaban, con este intercambio tan favorable a España, contentar a Franco y frenar así sus reclamaciones territoriales sobre el Marruecos francés.

El intercambio se realizó en nombre de el Museo del Prado y debido a ello la Dama de Elche, aunque se exhibe en el Museo Arqueológico, pertenece realmente al Prado. De hecho, está registrada con el número de catálogo E433. Resultaba lógica tal acción, pues había sido el Prado el principal afectado por la salida de obras de España hacia Francia.

El traslado al MAN se produjo en el año 1971, por petición de su director Martín Almagro Basch. Se supone que se trató de una cesión del Prado al MAN, quién la podía disfrutar a modo de depósito. Allí estuvo expuesta de forma permanente y continuada hasta el año 2006, donde volvió temporalmente a Elche con motivo de la inauguración del Museo Arqueológico y de Historia de esa localidad. Como curiosidad indicar que el seguro que cubría la escultura valoró la pieza en 15 millones de euros. Este traslado estuvo envuelto en cierta polémica, pues al principio fue negado rotundamente. Se temía que los museos madrileños quedaran despoblados si la periferia comenzaba a exigir la vuelta de sus obras de arte. En la pugna entre centralismo y periferia, este episodio con la Dama de Elche como protagonista no deja de ser uno más de los muchos que se terminarán sucediendo, pues la reglamentación política de los museos estatales tiene muchos vacíos legales actualmente.

Datación de la obra

La Dama de Elche tuvo una datación conflictiva, precisamente por no disponer de un estudio estratigráfico del yacimiento. Por ello, en un primer momento, la pieza se dató mediante comparación estilística. Pierre Paris, por ejemplo, la dató en el siglo V a.C. basándose en la fisonomía de la cara, de evidente influjo griego. Alejandro Ramos fue quién logró realizar una estratigrafía de la zona del descubrimiento, incluyendo la escultura en el estrato F, datado entre finales del siglo V a.C. y el tercer cuarto del siglo III a.C.

Hoy día, la opinión más aceptada es datarla dentro del periodo Ibérico Clásico, en concreto, entre finales del siglo V a.C. e inicios del siglo IV a.C.

Descripción artística de la escultura

La Dama de Elche es una escultura en bulto redondo. Se trata de un busto realizado con piedra caliza (del tipo packstone) proveniente de las canteras locales, al igual que otras piezas halladas en la zona posteriormente.

No sabemos si se trataba de un busto propiamente dicho o de una figura de pie o sentada que fue seccionada. En el arte ibérico contamos con todo tipo de esculturas y los análisis técnicos han impedido confirmar el original aspecto de la pieza.

Independientemente de lo anterior, el busto es una de las piezas cumbre del arte ibérico.

Sus dimensiones son las siguientes: 56 cm de altura y 115 cm de perímetro hombros pecho. Estamos ante una figura cuyas proporciones corresponden al tamaño real de la modelo.

Estudiando las marcas que contiene la escultura, los expertos han podido descubrir cuales fueron las herramientas utilizadas para fabricarla: una azuela, distintos tipos de cinceles y un puntero. Hemos de decir que las escasas marcas se encuentran en zonas ocultas de la escultura, lo que denota el gran trabajo realizado por el escultor.

La escultura se realizó mediante la técnica de tallado directo, es decir, el artista fue desbastando el bloque original con la simple ayuda de unos dibujos orientativos realizados sobre la piedra. A medida que se profundizaba en el desbaste, las herramientas debían ser más finas y precisas. El uso de esta técnica escultórica se denota de ciertos detalles que de otro modo habrían podido ser corregidos (en caso de seguir la técnica de tallado indirecto); por ejemplo, si nos fijamos bien, los iris de la escultura son distintos entre sí, al igual que la decoración de los rodetes laterales.

Y hablando de los ojos (algo obligado para un óptico) debemos anotar que los iris de la Dama de Elche están huecos. Sin duda, el artista tenía preparada alguna piedra preciosa que hiciera más realista su escultura. Se trataría de algún fragmento trabajado de pasta vítrea de color, al que se le añadiría alguna piedra negra que semejaría el iris. Este fenómeno es único en la estatuaria ibérica, y al principio se utilizó para defender una datación más tardía, correspondiente con obras griegas similares del siglo V-VI a.C. No obstante, descubrimientos posteriores han mostrado que el vaciado de iris también está presente en otras piezas artísticas ibéricas, como los bronces de Maquiz.

Algo que suele sorprender bastante a los profanos es la decoración polícroma que poseía la escultura. En la actualidad estamos acostumbrados a admirar las esculturas griegas y romanas en la fría piedra en la que se construyeron. Pero la realidad es que nuestros antepasados no admiraron así estas piezas, sino que las observaron decoradas con llamativos colores. Al igual que el Partenón ateniense estaba profusamente decorado con bellos y variados tonos, nuestra Dama de Elche poseía una notable policromía.

Lo anterior lo conocemos porque en el momento de su descubrimiento aún conservaba restos de la policromía que había llevado originalmente. Posteriormente, diversos estudios nos han dado una imagen más real de los colores presentes en la escultura. Los investigadores encontraron restos de color rojo cinabrio en los labios, color azul egipcio bajo el collar superior, ocre amarillo en los adornos, distintos tonos de color bermellón en la tiara, manto exterior… 

Aspecto original de la Dama de Elche (según últimos estudios 2007)


La escultura representa a una dama que porta lujosos vestidos y joyas, lo que ha servido para conjeturar que se tratara de una diosa, una reina o una noble de alta alcurnia. Podemos diferenciar una túnica exterior, una mantilla sostenida por una tiara atravesada en el pecho y un manto grueso que cubría a esta última. Respecto a las joyas podemos distinguir los rodetes laterales (unas cajas portadoras de los cabellos trenzados), de los que cuelgan unas cadenitas (ínfulas), y varios collares.

Estilísticamente hablando, la Dama de Elche representa la mejor representación del arte escultórico ibérico. Su importancia radica en la mezcla de estilismos que los expertos han logrado identificar en la pieza, lo que la hace verdaderamente única:

-         Rasgos arcaicos presentes en otras esculturas ibéricas:

o   El geometrismo de la figura, diseñada en base a triángulos y círculos otorga a la pieza un aspecto cúbico y cerrado en sí mismo.

o   La frontalidad con la que se concibe la pieza nos indica que estaba realizada para observarla sólo de frente.

o   Además, la rigidez del rostro, sin un ápice de movimiento, nos ofrece una imagen hierática que podría interpretarse como el deseo del autor de representar a una deidad situada por encima de las pasiones humanas.

-         Rasgos helenizantes propios de las influencias en la Península de grupos del mediterráneo oriental:
o   El acabado perfecto de la pieza, donde podemos observar detalles de la piel y de los ropajes realizados con extrema precisión.

o   La proporcionalidad del rostro denota el uso de un canon artístico previo, el cual relaja, en parte, la rigidez de la figura.

-         Rasgos propios del arte ibérico:

o   La modelo que sirvió para realizar esta escultura tenía unos rasgos étnicos típicamente ibéricos, muy similares a los de otras obras coetáneas.

o   La lujosa y recargada decoración de la escultura lo aleja de los modelos griegos, más inclinados a plasmar cuerpos desnudos o escasamente ataviados.

o   La obra denota una falta de simetría evidente, plasmada de forma evidente en el collar de lengüetas que porta la modelo o en la diferente orientación de los rodetes. Ello aleja a la obra de los modelos griegos, donde la simetría y el canon eran la base de sus realizaciones escultóricas.

Por tanto, tras este análisis estilístico podemos afirmar que la escultura no fue realizada por un artista griego, sino por alguno local. No obstante, este escultor tuvo que tener cierta formación artística y conocer las obras griegas. A. Blanco conjeturó que podría haberse tratado de un escultor ibero formado en talleres sicilianos.


Uno de los aspectos que más intrigó a los investigadores fue la interpretación del hueco que poseía la escultura en su espalda. Se trata de un hueco casi elíptico en la entrada, de unos 16 cm de profundidad.

Diversas teorías se defendieron respecto al uso de este hueco. Pedro Ibarra conjeturó que podría haberse utilizado como caja de resonancia por los sacerdotes del templo, quién hablarían a través de la diosa a los fieles.
 José Ramón Mélida pensó, en cambio, que se trataba de un hueco donde se colocaría una viga de madera, la cual fijaría la escultura a la pared. No obstante, Pedro Ibarra objetó que se trataba de un hueco demasiado grande para una correcta sujeción.
Pierre Paris, por su parte, pensó que se trataba de un depósito de ofrendas, siendo el primero en conjeturar el uso votivo o funerario de la pieza. Teodoro Reinach participaba igualmente de esta teoría, pero Pedro Ibarra la desechó objetando que las ofrendas siempre se realizaban ante la imagen del ídolo y nunca por su espalda.
E. Hübner conjeturó que podría haberse anclado a una pared a través de un garfio o haber servido para contener cenizas de algún difunto, pero no le convencía esta hipótesis al no ser encontrada la pieza en una tumba.

A pesar de la opinión negativa de Hübner sobre la función cineraria, esta teoría es la que ha cobrado más fuerza con el paso de los años. Inicialmente no existían esculturas ibéricas con este tipo de agujero posterior, pero en 1971 el hallazgo de la Dama de Baza relacionó ambas figuras. Y, lo más importante, la Dama de Baza tenía cenizas en el interior de su cavidad posterior. En los últimos años se han descubierto muchas más esculturas con este tipo de huecos en la espalda, relacionadas con el mundo funerario.
Y en el año 2011, el estudio de María Pilar Luxán de microscopía y espectrometría aplicado al hueco, concluyó con el hallazgo de restos de cenizas humanas y la confirmación de el uso de la Dama de Elche como urna cineraria en época ibérica.

Como conclusión a su posible función podemos decir lo siguiente: inicialmente se pensó que se trataría de una imagen de culto, representando una divinidad relacionada con la fecundidad. No obstante, los últimos estudios de María Pilar Luxán confirman su uso como urna cineraria. Esto último no es excluyente de la hipótesis inicial, pues existe la posibilidad que fuera una escultura de culto que, posteriormente, fue cortada y utilizada como urna cineraria.

Debates sobre su autenticidad

El descubrimiento causal y oportuno de la Dama de Elche, justo unos días antes de la visita de Pierre Paris a la ciudad, fue tomado como una prueba de la posible falsificación moderna de la pieza. La imposibilidad de contextualizarla en el yacimiento colocaba a la escultura en medio de todo género de dudas sobre su autenticidad.

Inicialmente, los estudios estilísticos de la pieza parecían confirmar su antigüedad ibérica pero en época del franquismo, convertida la pieza en un símbolo del orgullo patrio, nadie se atrevía a utilizar medios de datación modernos. No fuera a descubrirse una realidad incómoda. En la obra La historia de España contada con sencillez de José María Pemán (1939) podemos leer la opinión que se tenía entonces de la escultura: "La misma Dama de Elche aparece con la cabeza y el cuello pudorosamente cubierto de paños. Parece que las primitivas mujeres españolas estaban nada más que esperando que se levantara la primera iglesia de Cristo, preparadas ya con sus tocas para asistir a la primera misa".

Como vemos, la exaltación patriótica de la época franquista convirtió a esta escultura en un totem cultural nacional que representaba, ni más ni menos, que la esencia española antes de la invasión romana. En este contexto nadie se atrevía a dudar de la autenticidad de la pieza.

La cuestión había quedado postergada hasta que en el año 1995 el profesor John F. Moffitt escribió un artículo conjeturando sobre la posible falsificación de la pieza (Art Forgery: The Case of the Lady of Elche). Según este autor la escultura se realizó exclusivamente con fines lucrativos y su descubrimiento fue urdido por el doctor Campillo.

Es cierto que parece una sospechosa coincidencia el descubrimiento de la escultura tan sólo unos días antes de la visita, anunciada, de Pierre Paris. No obstante, la famosa Venus de Milo tuvo un descubrimiento muy similar. También se conjeturó sobre la conveniencia de la fecha, en el contexto de la pérdida de Cuba y Filipinas, siendo el hallazgo una prueba del avance de la cultura patria antes de la llegada de los romanos.

La duda sobre su autenticidad se unía al resto de cuestiones no resueltas satisfactoriamente, como si se trataba de un hombre o una mujer, de un busto o de una escultura de cuerpo entero...

Las dudas sobre su autenticidad se disiparon definitivamente gracias al trabajo de investigación llevado a cabo por el equipo dirigido por María Pilar Luxán. 

En el año 2005, un análisis sobre la policromía de la escultura reveló la antigüedad de los pigmentos utilizados. 

Por otro lado, un estudio reciente llevado a cabo en el año 2011 y enfocado a estudiar el hueco posterior de la escultura descubrió restos de cenizas humanas. Tras datarlos y confirmar su antigüedad ibérica se concluyeron dos cosas muy importantes: el uso de la escultura como urna cineraria y la autenticidad de la Dama de Elche.



Espero que la descripción de esta importante obra os anime a visitar el MAN cuando reabra sus puertas dentro de unos pocos días. Al menos, tras leer este artículo podréis valorar esta importante joya artística como realmente le corresponde.


FUENTES:

BLOG MONOTEMÁTICO SOBRE LA DAMA DE ELCHE: http://damaelche.blogspot.com.es/

PÁGINA DE INFORMACIÓN TURÍSTICA SOBRE LA CIUDAD DE ELCHE: http://www.visitelche.com/turismo-cultural/la-dama-de-elche/



LA DAMA DE ELCHE, LA OBRA MÁS EMBLEMÁTICA DE LA ESCULTURA IBÉRICA. HISTORIA DE LA OBRA, CARACTERÍSTICAS Y COMENTARIO ARTÍSTICO:  http://algargosarte.lacoctelera.net/post/2009/10/11/la-dama-elche-obra-m-s-emblem-tica-la-escultura-ib

ENCICLOPEDIA MUSEO DEL PRADO: https://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/dama-de-elche-anonimo/


VIVES, FRANCISCO:  La Dama de Elche en el año 2000. Análisis tecnológico y artístico. Ed. Tilde. Valencia.

ESLAVA GALÁN, J.: Los Iberos. Mr ediciones. 2004. 

REUBEN HOLO, SELMA: Más allá del Prado. Editorial Akal. 2002


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