domingo, 14 de abril de 2024

El ojo humano nunca crece a lo largo de nuestra vida


Internet es un lugar maravilloso en el que poder encontrar información de casi cualquier cosa. Gracias a su existencia he podido consultar libros que de otra forma me hubiera sido imposible, trabajos y tesis doctorales científicos, así como compartir con vosotros parte del conocimiento que acumulé con el estudio y la práctica clínica diaria.

Ahora bien, también es lugar para la difusión de diferentes mitos y falsedades que, por medio de la repetición, terminan por parecer reales. Hoy voy a tratar sobre el crecimiento del ojo humano. ¿Os interesa conocer la verdad sobre este mito?


Circulan por Internet diversas páginas de noticias en las que podemos ver cosas semejantes a esta: “El ojo humano nunca crece, en cambio la nariz y las orejas nunca paran de crecer”. Ignoro como está el tema respecto a la nariz y las orejas pero de ojos puedo hablar un poco.

Lo primero que debemos indicar es que es posible medir la longitud del ojo por medio de la biometría ultrasónica, la cual utiliza un rayo ultrasónico unidireccional que atraviesa el globo ocular desde la cara anterior de la córnea hasta la retina. Al ser una medida de no contacto resulta muy poco invasiva para el paciente y muy sencilla de realizar.

En concreto, los optometristas suelen medir la longitud axial. Esta longitud se define como la distancia que hay desde la parte anterior del ojo (córnea) hasta la parte más posterior del mismo (retina).

En el momento del nacimiento, esa longitud axial tiene una media de 16 mm (otros autores afirman que es de 17,5 mm). Y en los primeros 20 meses alcanza el 90% de su tamaño adulto1.

Podemos entender que, a simple vista, los ojos de un bebé son unos auténticos ojazos. Parecen más grandes de lo que deberían y, tal vez por ello, nos pueden llevar al error apreciaciones como la de que no crecen nunca más. Es cierto que, en proporción con otros órganos, su crecimiento es relativamente pequeño. Pero, crecer, crecen.



Ya hemos visto que el ojo adquiere, antes de los dos años de edad, un tamaño bastante próximo al de la edad adulta. Es el momento en el cual crece más rápido, llegando a incrementar su longitud axial hasta un total de 4 mm. Luego, en los 3 o 4 años siguientes, el crecimiento se ralentiza a una media de unos 0,4 mm por año2. A partir de los 7 años, el ojo tiene un tamaño similar al que tendrá en la edad adulta, unos 23-24 mm3. No obstante, el ojo puede seguir teniendo pequeños ajustes hasta la edad de 20 años (otros autores bajan esta edad hasta los 15 años). Y diversos estudios más recientes indican que este valor puede aumentar hasta en adultos de 30 años4.

Por supuesto esto son las medias universales. Todos los que han tenido niños y comienzan con las revisiones de altura y peso saben que en esas medias son pocos los que se encuadran. Para disgusto de sus madres.

La longitud axial de un adulto puede variar entre un mínimo de 20 mm y un máximo de 30 mm, lo que supone unas fuertes diferencias de graduación. Debemos tener en cuenta que por cada milímetro de longitud axial el sistema visual genera 3 Dioptrías de graduación3.

La variación de la longitud axial durante nuestros primeros años de vida está en estrecha relación con el cambio de curvatura (y por tanto de potencia dióptrica) de la córnea y el cristalino. De otro modo, al aumentar nuestra longitud axial el ojo se volvería irremediablemente miope.

En el primer año de vida la córnea disminuye su curvatura según aumenta la longitud axial. Luego, será el cristalino quién más modificaciones realice para compensar el aumento de tamaño horizontal de nuestros ojos. En el caso del cristalino, además de la variación de la curvatura de sus caras se produce un cambio en el índice de refracción de esta lente ocular. Igualmente se han observado cambios en la profundidad de la cámara anterior (espacio interno del ojo, entre la córnea y el iris, relleno de humor acuoso)

En todo este proceso de crecimiento ocular, el cual tiende a la emetropización (es decir, a no tener ninguna graduación), cualquier desajuste puede provocar errores que supondrá la necesidad de utilizar gafas5.

Y en el caso de la miopía parece ser evidente que el factor más influyente en la refracción final de una persona es la longitud axial6. Analizados diferentes ojos miopes encontraron que tanto medidas corneales como de cámara anterior eran similares a los ojos de personas sin miopía. No fue así con la longitud axial, la cual se comprobó que era mayor.

Por tanto, debemos quedarnos con unas ideas claras:

-         El ojo si crece durante nuestra vida. En lso primeros años de vida tiene un crecimiento bastante importante en proporción, ralentizándose más tarde  y estabilizando su tamaño entre los 7 y los 20 años.
-         El crecimiento del ojo es un proceso normal que tiende a la emetropización de todo el sistema, viéndose implicadas diferentes estructuras oculares.
-         Desajustes en el crecimiento entre las partes implicadas es lo que provoca la existencia de ametropías en la infancia. Especialmente evidente parece ser la relación entre la miopía y la mayor longitud axial.


Bibliografía consultada:

1.     Lemke BN, Lucarelli MJ: Anatomy of the ocular adnexa, orbit and related facial structures. In Nesi FA, Lisman ED, LEvine MR (eds): Smith´s opthalmic plastic and reconstructive surgery, St Louis, 1998, Mosby.
2.     Gordon RA, Donzis PB. Refractive development of human eye. Arch. Pohthalmol. 1985; 103: 785-789
3.     Puell Marin, Mª Cinta. Óptica Fisiológica. Universidad Complutense de Madrid. 2006.
4.     Ulaganathan S et al. Influence of seasons upon personal light exposure and longitudinal axial length changes in young adults. Acta Ophthalmol. 2019 Mar;97(2): e256-e265. doi: 10.1111/aos.13904. Epub 2018 Oct 4. Montes Micó, R. Optometría: principios básicos y aplicación clínica. Elsevier, 2011.
5.     Castiella JC, Pastor JC. La refracción en el niño. McGraw Hill Interamericana, 1998.
6.     Ortiz Toquero et al. Relación de los parámetros biométricos en el ojo miope. Gaceta Óptica, Nº 474, octubre 2012.

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