domingo, 21 de febrero de 2016

Las lentes con antirreflejo se arañan con mucha facilidad


Entre los numerosos mitos que rodean al mundo de la óptica, uno de los más difundidos es el de la escasa duración del tratamiento antirreflejo que llevan la mayoría de las lentes.

Numerosos pacientes se quejan del hecho que sus lentes se deterioran con frecuencia y demasiado rápido. Y aunque, en algunos casos, pudiera existir un defecto de fabricación (incidencia menor al 1%), en la mayoría de las ocasiones el rápido deterioro se produce por dos causas muy concretas.

¿Queréis conocer cómo podéis lograr que vuestros lentes os duren más tiempo en perfectas condiciones? ¿Os interesa descubrir cuáles son las partes que conforman una lente oftálmica?


Antes de daros unos breves consejos de mantenimiento sobre como podéis hacer más duraderas vuestras lentes voy a enseñaros cómo se fabrica una lente estándar de óptica y cuáles son sus partes básicas. Con ello vamos a entender mucho mejor la forma más óptima de cuidar correctamente nuestros lentes.

Una lente oftálmica está formada por la lente en sí y varias capas añadidas que tienen diferentes funciones. En la siguiente imagen podéis verlas todas separadas. Para los que no controléis el inglés os lo resumo: Capa base (lente), capa de endurecido, capas antirreflejo y capa fácil limpieza.

Capas de las lentes oftálmicas de última generación


La casi totalidad de lentes que se ponen hoy día en las ópticas son las llamadas orgánicas, por ser un material difícil de romper y tremendamente ligero. La gran mayoría de lentes se fabrican en el material llamado CR-39 (Dietileno Glicol bis Allyl Carbonato). Se trata de una resina que se endurece por calor. Es decir, el monómero se polimeriza obteniendo unas características nuevas que, en este caso, son excelentes para la óptica; el nuevo polímero formado tiene una gran transparencia y resistencia a los golpes aunque, por el contrario, posee escasa resistencia a la abrasión. Por ello se debe mejorar este aspecto añadiendo tratamientos específicos.

Los lentes orgánicos de alto índice de refracción también han tenido un gran desarrollo en los últimos años debido a la demanda por parte de los pacientes de poseer lentes más delgadas y estéticas. Este tipo de lentes también son resinas endurecidas con calor, lográndose índices de refracción mayores mediante la introducción de elementos que modifiquen la molécula inicial, tales como átomos pesados (Cloro, Bromo…).

Sea cual sea la materia utilizada, fabricar una lente oftálmica tiene un proceso que incluye varias fases. Primero se debe preparar el monómero, luego los moldes que nos darán la forma de la lente (y su graduación), rellenar el molde con el monómero en estado líquido, polimerizarlo con calor durante varias horas en un ciclo de temperatura determinado y desmoldar el lente una vez terminado el proceso. Más tarde, se añadirán los tratamientos específicos que requiera la lente fabricada (capa de endurecido, antirreflejo, coloración solar…).

Por tanto, olvidemos que una lente sin graduación debe ser más barata que otra con dos dioptrías, pues ambas deben pasar por el mismo proceso de fabricación. Otra cosa son graduaciones más específicas o complicadas que requieren placas bases más específicas o fabricaciones más costosas. O los distintos tratamientos que pueden llevar los lentes, lo cual otorgará una gran gama de precios distintos.

La lente orgánica, como hemos dicho, necesita añadir una capa que le proteja de los arañazos, pues es un material muy poco resistente a la abrasión. Esa primera capa que tienen todas las lentes se denomina “capa de endurecido”.

A muchas personas les puede sorprender que la capa inmediatamente superior a la lente base sea la capa destinada a protegerla de la abrasión. ¿Porqué no colocarla en la zona más externa? Tranquilos, que todo llegará y al final del artículo lo entenderéis perfectamente.

Se denomina a este tratamiento como trifásico, pues aporta dureza (previene agresión partículas finas), flexibilidad (amortigua agresión partículas de mayor tamaño) y adherencia (sirve de base para posteriores tratamientos).

Generalmente se trata de un nano-compuesto que combina partículas duras de sílice y un compuesto orgánico. Presentado en estado líquido, la lente se baña en este compuesto, el cual se integra en los poros del lente. Luego, con calor, se polimeriza, recubriendo el lente a modo de un barniz, el cual está fuertemente integrado en la lente y posee el mismo índice de refracción del lente (con lo que conseguimos no influir en la transparencia del mismo). También, en tiradas pequeñas, existe la aplicación mediante un proceso de centrifugación, pero no quiero enrollarme más.

La capa de endurecido está compuesta por un material similar al que se utiliza en las marquesinas de los autobuses. Es un material duro, resistente, aunque no infalible, ¿verdad?

Además de lograr aumentar la resistencia a la abrasión de los lentes tiene una segunda e importante función, pues nos ayuda a poder colocar en la lente la siguiente capa, denominada, “antirreflejo”. La materia base orgánica es muy flexible, mientras que las capas de antirreflejo, al estar constituidas por elementos minerales, son muy duras pero quebradizas ante una posible torsión. Por tanto, para poder colocar el antirreflejo es necesaria esta capa de endurecido que compense las opuestas propiedades mecánicas de la lente base y la capa antirreflejo. Para entenderlo fácilmente actúa como un amortiguador. Y, actualmente, con los antirreflejos modernos, esta se ha convertido en su mejor función.

La capa siguiente al endurecido es la “capa antirreflejo”, cuya principal función consiste en lograr una transmisibilidad de la luz a través de la lente cercana al 100%. Es decir, se intenta eliminar la sensación de llevar algo delante de los ojos. Y voto a bríos que la tecnología actual lo ha conseguido.

Si miramos a través de una ventana el exterior de la calle podremos observar que nuestra visión es peor que si no existiera ventana. Suponiendo una ventana limpia, esta sensación proviene del hecho de las numerosas reflexiones y refracciones que sufre la luz al pasar a través del vidrio de la ventana. Existen reflejos tanto en la cara anterior como en la posterior del vidrio así como reflejos internos que enturbian nuestra visión. Y el mismo efecto se puede apreciar en una lente oftálmica.

Estudios han demostrado que la pérdida de flujo luminoso por las reflexiones de la luz en ambas caras de los lentes se encuentra entre un 10-20%. Lo que influye notoriamente en la calidad de la imagen que llega a nuestra retina. Igualmente, sabemos que la reflexión en la cara posterior de los lentes provoca una reducción del contraste en la imagen retiniana final y numerosos deslumbramientos. Y que en ciertas condiciones de baja luminosidad, la doble reflexión interna provoca imágenes parasitarias secundarias que pueden llegar a provocar molestos desdoblamientos de las imágenes. Por último, la  reflexión de la luz en la cara anterior provoca un efecto de “espejo” que impide a las personas que nos observan el poder distinguir nuestros ojos correctamente. Además, esta reflexión evitará que tengas que utilizar el corrector de ojos rojos en las fotos con flash: directamente tus ojos aparecerán como dos manchas blancas en la fotografía.

Todos los problemas anteriores se solucionan con un tratamiento antirreflejo. Por lo que para aquellos que aún dicen no notar la diferencia entre llevarlo y no llevarlo decirles que la notan sus ojos (aunque su cerebro se niegue a reconocer lo evidente) y la notan los demás (al observarles). En resumen, el tratamiento antirreflejo aporta evidentes e imprescindibles beneficios visuales y, en segundo lugar, estéticos.

El principio de funcionamiento del tratamiento antirreflejo es eliminar los reflejos mediante la interferencia destructiva del rayo de luz. Es decir, se trata de una serie de capas muy finas (micras) cuyo objetivo es lograr que los rayos de luz reflejada interfieran entre sí, de tal manera, que se anulen.

Si observáis una lente con antirreflejo atentamente os daréis cuenta de que posee un reflejo residual verdoso (en la mayoría de los casos). Ello se debe a que resulta imposible eliminar todo el espectro de radiación visible. Cada capa de antirreflejo es capaz, únicamente, de eliminar una longitud de onda determinada. Y los fabricantes intentan anular las longitudes de onda a las que el ojo es más sensible, dentro del espectro visible. Pero la interferencia final entre todas las capas de antirreflejo utilizadas que eliminan cada una de las longitudes de onda del espectro visible (los colores al fin y al cabo) es la causante del color residual.

Todos los fabricantes intentan vender su producto diciendo que es el mejor. En el caso de los antirreflejos, algunos lo fundamentan en el hecho de poseer muchas capas. Pero la realidad es que un mayor número de capas no significa un tratamiento de mejores prestaciones. Todos los fabricantes utilizan entre 3 y 8 capas. Y la eficacia reside en el programa de cálculo utilizado, pues lo interesante es precisar la interacción de cada capa sobre la luz reflejada.

La gran diferencia de precio entre las lentes que llevan antirreflejo y las que no lo llevan reside en la sofisticada tecnología necesaria para su aplicación en las lentes oftálmicas. Resumiendo bastante el proceso, este tratamiento consiste en aplicar una serie de capas muy finas donde se debe controlar de forma precisa el índice de refracción, el grosor (medido en nanómetros) y la transparencia. En una campana de vacío donde se colocan las lentes se introducen las distintas sustancias minerales que componen las capas de antirreflejo. Éstas se encuentran en estado gaseoso y se calientan a altas temperaturas en la cámara de vacío, lo que hace que se adhieran a la lente una vez depositadas sobre sus dos superficies.

Las lentes con antirreflejo básico no presentan más capas que las dos anteriores. Ahora bien, la nueva generación de antirreflejos incluye una capa suplementaria que mejora notablemente sus propiedades ópticas y su durabilidad. Aunque cada fabricante le otorga un nombre distinto, podemos generalizar con la denominación de “capa de fácil limpieza”.

Uno de los problemas que más nos indican los pacientes usuarios de lentes con antirreflejo es su rápido ensuciamiento. Cualquier huella o partícula de grasa o polvo enturbia la transparencia de estas lentes de tal forma que es necesaria su limpieza.

Algunos pacientes optan por eliminar el antirreflejo con la excusa de que sus lentes se ensucian menos. Es un error. Si cogemos una lente con antirreflejo y otra sin él y las tocamos con nuestro dedo veremos dos cosas distintas: en la lente con antirreflejo veremos nuestra huella. En la que no lo tiene no. Ahora bien, ambas están igual de sucias y perjudican por igual nuestra correcta visión. La diferencia es que con el antirreflejo somos conscientes del problema y lo podemos solucionar (limpiando las lentes), mientras que en el otro caso no somos conscientes de ellos (lo que redunda en una peor calidad visual).

Haciendo una sencilla analogía, quitar el antirreflejo para evitar limpiar las lentes es lo mismo que atajar un dolor en nuestro cuerpo con analgésicos por no ir al médico y descubrir la causa real de tal malestar.

Los fabricantes de lentes estuvieron investigando durante años cómo hacer las lentes más duraderas y más limpias. Y lo han logrado añadiendo una capa extra tras la capa de antirreflejo. Una capa similar al teflón de las sartenes, capaz de proveer a las lentes de propiedades hidrófugas (repelen el agua), lipófugas (repelen la grasa) y antiestáticas (evitan adherencia del polvo del ambiente).

Básicamente, esta capa consiste en rellenar las porosidades microscópicas de la capa antirreflejante (donde se adhieren las impurezas) con compuestos químicos que contienen cadenas fluoradas o hidrocarbonadas. La capa apenas tiene unos pocos nanómetros de espesor, por lo que no influye en la transparencia de la lente. En cambio, otorga unas propiedades muy beneficiosas:

-         Al rellenar las porosidades impide la adherencia de suciedad en los espacios intersticiales microscópicos de la lente.
-         Las moléculas ricas en flúor poseen una fuerte repulsión química hacia la grasa y el agua.
-         Gracias a su tensión superficial baja, la adherencia queda reducida al mínimo, con lo que se consigue que la suciedad resbale por la lente.
-         Esta capa incorpora un tratamiento contra la atracción del polvo ambiental. Al limpiar con la gamuza nuestras lentes generamos una electricidad electrostática (cargas negativas) que atrae la suciedad ambiental (la que posee cargas positivas). Para evitar tal fenómeno se incluye en esta capa más superficial una capa conductora de las cargas eléctricas, las cuales apenan permanecen en la superficie de la lente unos pocos milisegundos.

¿Y cuál es la resistencia al rayado de esta última capa?
El denominado Test de Bayer es una prueba que mide la resistencia a la abrasión de las lentes, las cuales son sometidas al roce de granos de arena en una situación controlada.

A continuación os muestro los resultados de cada capa:
-         Lente orgánica sin tratamiento ninguno      3
-         Lente son Tratamiento endurecido            6
-         Lente con Tratamiento Antirreflejo           10
-         Lente con tratamiento Fácil limpieza         15 (idéntico lente mineral)

Podemos sacar varias conclusiones sorprendentes de estos resultados. Por un lado, que cualquier lente con antirreflejo es más duradera a la abrasión y el deterioro que una que no posee este tratamiento. Por otro, los nuevos tratamientos de Fácil Limpieza han logrado igualar la resistencia a la abrasión de las lentes minerales, lo que significa que con su mayor protección a los rayos UVA y su menor peso son, hoy día, la mejor elección para compensar las ametropías de cualquier paciente.

Una vez analizadas las partes que conforman una lente oftálmica os indicaré unos breves consejos de mantenimiento que lograrán aumentar la vida de vuestros lentes:

El 100% de los arañazos presentes en las lentes se debe al contacto de las mismas con un material más duro. El contacto puede ser agudo (una caída que provoca la abrasión por el suelo) o crónico (una limpieza inadecuada continuada). Si bien lo primero no podemos evitarlo totalmente, sí podemos limpiar adecuadamente las lentes diariamente. Tan sólo debemos tener tres precauciones: limpiar las impurezas de la lente antes de pasar la gamuza (con agua, por ejemplo), no utilizar agentes agresivos para limpiar la grasa (jabones neutros y no friegaplatos) y utilizar siempre las gamuzas de microfibra que proveen las ópticas (otros materiales terminan arañando las lentes tras un uso continuado).

Nuestras lentes son un producto delicado, al igual que cualquier pantalla de un ordenador, Tv o tablet. Si no nos imaginamos dejar nuestra tablet como posavasos y nos compramos una funda para evitar su deterioro, sería lógico tratar las gafas igual, evitando llevarlas sin funda en el bolso o dejándolas tiradas por cualquier sitio.

Ya hemos visto las distintas propiedades mecánicas de las lentes orgánicas y los tratamientos antirreflejantes (de composición mineral). Si exponemos nuestras lentes a una fuente de calor continuada (olvidamos las gafas en el coche al sol, las introducimos en una sauna…) la lente se deformará ligeramente. Ello provocará que el tratamiento antirreflejo se cuarte y pierda sus propiedades transparentes.

Espero que conociendo la composición de las lentes oftálmicas, sus últimos tratamientos y siguiendo los pequeños consejos de mantenimiento vuestras lentes oftálmicas os duren mucho más.

Muchas gracias por leerme y hasta la próxima.



4 comentarios:

  1. Es muy interesante todo lo que dices en el artículo. Gracias por publicarlo.

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    1. Hola, gracias por comentar.
      Me alegro que te fuera útil.
      Saludos

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  2. Leí todo y seguiré tus consejos

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    Respuestas
    1. Gracias por comentar.

      Un placer haber sido de ayuda.

      Saludos

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