domingo, 7 de junio de 2026

La mentira del primer asesinato de ETA

 

El 7 de junio de 1968, la banda terrorista Euskadi ta Askatasuna (ETA) realizó su primer asesinato. Y, tal como escribió un día José María Garmendia Urdangarín, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, ese día “cambió la historia del País Vasco para siempre”.

 

No fue el planificado. La víctima no supo quién había acabado con su vida. Y la banda intentó tejer un relato fantástico que justificara tal acción como un acto heroico.

 

Este es el relato de la primera mentira de ETA. ¿Te interesa el tema?

 

 

Lo primero, la víctima.

 

José Antonio Pardines Arcay era un joven guardia civil de tráfico de tan sólo 25 años de edad. Este gallego nacido en Malpica de Bergantiños (La Coruña) era el mayor de tres hermanos y se había enrolado en la Benemérita como una buena manera de ayudar a su familia, la cual no tenía holgura económica.


 

Aquel fatídico día se encontraba regulando el tráfico en la carretera N-1 a la altura de Aduna (Guipúzcoa).

 

El contexto de ETA en 1968

 

La banda independentista y terrorista ETA se había fundado en el año 1958, durante la dictadura franquista, con el objetivo principal de construir un Estado socialista en lo que el nacionalismo vasco considera los siete territorios de Euskal Herria y su independencia de España y Francia. Aunque se presentó como un movimiento moderado, sólo a los tres meses de su creación ya comenzaron a poner bombas. La primera fue en la sede del diario Alerta (Santander). Puede que nunca lo hubieras leído antes. Es normal. La prensa franquista ocultó el atentado y la banda no quiso reivindicarlo. No será hasta el año 1961 cuando ETA comenzará a reivindicar sus actos terroristas.

 

El punto de inflexión a nivel teórico se produjo en la IV Asamblea (1965), en la que se apostó por poner en marcha una espiral de acción-reacción-acción. La idea era provocar al sistema para que, el mismo, golpeara a las masas con el aparato de represión habitual. La respuesta a tal represión debía ser la rebeldía. Según sus ideas, conforme la violencia aumentara la población vasca se uniría a ETA.

 

La falta de fondos retrasó un par de años el inicio de la estrategia. En abril de 1967 ETA efectuó su primer atraco exitoso, obteniendo armamento y dinero para la financiación. Fue el primero de muchos otros.

 

El 2 de junio de 1968, en la reunión de la cúpula de ETA en Ondárroa, se decidió empezar a matar. La víctima debía tener una fuerte carga simbólica, por lo que se escogieron como objetivos a los inspectores jefes de la Brigada de Investigación Social (BIS) de Bilbao y San Sebastián, José María Junquera y Melitón Manzanas. Este último tenía (merecida) fama de torturador y había sido señalado en las publicaciones de ETA varias veces desde 1962.

 

El asesino

 

Francisco Javier Echevarrieta Ortiz, más conocido como Txabi Etxebarrieta, fue el encargado de planificar y comandar la llamada operación Sagarra, por la cual se debía asesinar a Melitón Manzanas.

 

Txabi Etxebarrieta fue el autor material del primer asesinato de ETA e, igualmente, fue el primer militante muerto en el enfrentamiento con la Guardia Civil, por lo que pronto se convirtió en un icono dentro del entorno de la banda y de la izquierda abertzale.

 

Este joven de 23 años, originario de Bilbao, era licenciado en Ciencias Económicas, en la especialidad de informática.

 

En aquella jornada le acompañaba Iñaki Sarasteka Ibáñez, jefe del grupo terrorista ETA en Guipúzcoa. Aunque posteriormente declaró que él no había disparado a Pardines, las pruebas forenses dictaminaron lo contrario.

 

Los sucesos

 

La causa sumarísima 16/68 nos facilita la reconstrucción de lo acontecido aquel día.

 

El 7 de junio de 1968. Echebarrieta y su compañero Iñaki Sarasketa se dirigían en un Seat 850 robado a Beasain por la Nacional I Madrid-Irún. Debido a unas obras en un puente, los etarras cogieron un desvío por la carretera local de Aduna. Allí se encontraban regulando el tráfico los guardias civiles Félix de Diego y José Antonio Pardines, un joven gallego de 25 años que había decidido establecerse en Guipúzcoa tras conocer a una chica. Sobre las 17:30 horas el coche de Echebarrieta y Sarasketa pasó por delante de Pardines. Los siguió en su motocicleta y les hizo señas. Se detuvieron a la altura del kilómetro 446,5. El agente les pidió el permiso de circulación. Con él en la mano derecha, pudo comprobar que los datos no coincidían con el número de bastidor. Expresó su extrañeza en voz alta. Fueron sus últimas palabras.

 

Recibió cinco tiros: uno en la “región subclavicular derecha, dos orificios en [la] región precordial y dos orificios en [el] hipocondrio izquierdo”. Una hora después el juez instructor constató que la funda de su pistola reglamentaria seguía abrochada y que lo único que había junto a la mano del agente era la documentación del vehículo.

 

La narración anterior se obtuvo, tanto de la confesión de Sarasketa, como de la de un testigo presencial, el camionero navarro Fermín Garcés.

 

Pruebas forenses

 

Pese a que Sarasketa siempre mantuvo que Echebarrieta había sido el único en apretar el gatillo, las pruebas indican lo contrario. El cadáver de Pardines presentaba cinco heridas de bala en el torso y en la escena del crimen se hallaron cinco vainas: tres casquillos (y dos proyectiles) eran del calibre 9 milímetros parabellum y los otros dos casquillos (y dos proyectiles), de 7,65 milímetros. El primer calibre correspondía a la pistola Astra 600-43 de Echebarrieta. El segundo, a la Astra Falcón de Sarasketa.

 

Persecución de los asesinos

 

Este asesinato no había sido planificado y se llevó a cabo debido a la precipitación de Echebarrieta ante el control rutinario. Sarasketa justificó su actitud temeraria indicando que había tomado unas pastillas de centraminas (similar al speed), lo que le provocó una euforia desmedida. Ello justificaría, en parte, el asesinato y no haber desarmado al Guardia Civil y haber huido sin dispararle. Lo cierto fue que eligieron asesinar a un hombre indefenso por la espalda.

 

Tras el asesinato buscaron refugio en casa de un colaborador, en Tolosa. Fue en la posterior huida con esta persona cuando fueron interceptados por la Guardia Civil de Tráfico en las proximidades de esa localidad (Venta-Aundi). Echebarrieta llevaba un DNI falsificado, pero Sarasketa carecía de documentación. Cuando les cachearon apareció el arma de Echebarrieta y Sarasketa sacó la suya y empezó a disparar. Dejando a un lado los testimonios interesados de cada parte, lo que podemos inferir es que se produjo un tiroteo entre los etarras y los Guardias Civiles. Echebarrieta fue herido de gravedad y terminó muriendo al poco tiempo en una clínica de Tolosa. Sarasteka, por su parte, fue arrestado el 8 de junio en la iglesia de Régil (Guipúzcoa). Juzgado y condenado a muerte, Franco le conmutó esa pena por otra de cadena perpetua. Sarasketa fue excarcelado en la amnistía de 1977, falleciendo en el año 2017.

 

La historia inventada por ETA

 

La banda terrorista, una vez enterada de los sucesos, comenzó a realizar su propaganda propia sobre el suceso acaecido. Una propaganda que no podía hacer caso de las noticias oficiales (consideradas poco objetivas) y contraproducentes para los intereses de la organización terrorista.

 

Tampoco tenían posibilidad de acceder al relato de lo acaecido, pues Sarasketa estaba detenido e incomunicado. Por tanto, decidieron reelaborar las noticias para que encajasen en su narrativa épica. Contaron una mentira donde los asesinos se convertían en mártires. Donde el agente había sido el primero en sacar el arma y Echebarrieta sólo se había defendido. En definitiva, contaron una mentira acorde a sus intereses.

 

En algunos pasquines se borró a Pardines de la historia. En otros se le culpaba de su propia muerte: el agente la habría provocado al atacar a los etarras sin previo aviso, por lo que Echebarrieta se vio obligado a actuar en defensa propia. Tampoco faltó quien diera muestras de una inusitada ambigüedad (“los dos compañeros tratan de huir y en el intento el guardia civil cae mortalmente herido”), negara la misma existencia de Fermín Garcés (“un hombre de papel que nadie ha visto en carne y hueso”) o arrojara dudas acerca de la autoría del crimen: “un guardia civil aparece muerto en la carretera”, sin especificar nada más. A José Antonio Pardines no solo se le hurtó la condición de víctima, sino incluso la de ser humano. Nunca se mencionaban su nombre y apellidos, sino que fue despersonalizado y animalizado: era un “agente imperialista” o un “txakurra” (perro).

 

De la misma manera que ocultó o denigró a Pardines, la propaganda etarra ensalzó a Txabi Echebarrieta como la genuina víctima del 7 de junio de 1968. Se le representó como un héroe que se había inmolado por Euskadi. Haciendo un paralelismo con el Ché Guevara, se le nombró el “Primer Mártir de la Revolución”.

 

Ni la coherencia ni la verdad eran prioritarias para quienes redactaron la propaganda de ETA. Su misión era otra: desdibujar el asesinato de Pardines y crear un “mártir”. Y, por ello, se lanzó la idea que Echebarrieta había sido ejecutado extrajudicialmente.

 

Este relato fue sostenido por la izquierda abertzale durante décadas. Y ello a pesar de que Sarasketa manifestó, en una entrevista concedida al diario Egin con motivo del décimo aniversario del suceso (el 7 de junio de 1978) que Txabi había disparado a Pardines a sangre fría y por la espalda.

 

La vergüenza continua

 

Cada 7 de junio, en la Plaza de Unamuno (Bilbao), los colectivos de la izquierda abertzale realizan un homenaje al etarra Echebarrieta. Anteriormente, el acto era organizado por SORTU/BILDU, aunque desde el 2024 en los carteles no aparece el respaldo de ningún colectivo concreto.

 


Lo anterior se debe a que en el año 2023 la asociación Dignidad y Justicia puso una denuncia en la Audiencia Nacional ante lo que consideraban un delito de enaltecimiento y justificación del terrorismo y humillación a las víctimas.

 

Todos aquellos que homenajean a un asesino a sangre fría y no piden perdón a las víctimas se retratan como personas y seres humanos.

 

¿Quieres profundizar?

 

Para más información al respecto de este y otros asesinatos “incómodos” de la banda terrorista ETA os aconsejo leeros el trabajo titulado: ¿Crímenes ejemplares? Prensa, propaganda e historia ante las primeras muertes de ETA. Autor: Gaizka Fernández Soldevilla. En la red: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7669334

 

Hasta la próxima

 

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