Hoy vamos a descubrir un lugar bastante desconocido
para el gran turismo de la capital de España pero que, por su singular belleza,
bien merece una visita calmada.
Me refiero a la Quinta de Vista Alegre, un palacio con
jardines típicos del siglo XIX en donde pasear y descubrir un poco de historia
del lugar.
¿Os interesa descubrirla?
Breves notas históricas
Vista Alegre parte de su origen, a inicios
del siglo XIX, como edén privado de alta sociedad madrileña. La primera
propiedad que existió en este lugar fue una antigua casa de campo propiedad del
médico del rey, Higinio Antonio Llorente, en 1802.
Más tarde, tras la invasión francesa, la propiedad fue
adquirida por Josefa Martínez en 1823. Ella obtuvo del rey un real permiso para
abrir una casa de baños con el nombre de Vista Alegre. Esta casa de baños, con
sus jardines y dependencias, fueron un lugar de salud y divertimentos para la
nobleza madrileña y fue visitada en muchas ocasiones por la familia real. La
quinta y sus fiestas adquirieron mucha fama y animó a que personas pudientes
compraran casas en esta área de Carabanchel bajo.
Fue así como el 8 de marzo de 1832 María Cristina de
Borbón adquirió la quinta, pasando a ser Real finca de Vista Alegre. Fue
ampliando el lugar comprando fincas adyacentes, lo que provocó que el camino de
Carabanchel a Fuenlabrada se desviase hacia el norte para poder unir todas sus
posesiones, dando lugar a la actual calle General Ricardos.
La Reina ordenó las obras de trasformación de las
edificaciones existentes, la construcción de otras nuevas y la creación de un
jardín inspirado en la pintura del paisaje. En pocos años se levantaron
caballerizas e invernaderos, se iniciaron las obras del Palacio Nuevo y se
plantaron casi veinte mil árboles y arbustos que configuraron paseos y plazas.
Se construyó una ría navegable y se diseminaron fuentes y pequeñas
construcciones entre los bosquetes.
Posteriormente, las vicisitudes políticas de la época
llevaron al exilio a María Cristina, que cedió la finca de Vista Alegre a sus
hijas, la reina Isabel II y la infanta Luisa Fernanda.
La finca fue adquirida en 1859 por D. José de
Salamanca y Mayol, que hizo de ella el escenario de frecuentes fiestas y
celebraciones. Tras la venta de su palacio de Recoletos, Vista Alegre fue su
residencia habitual hasta su muerte en 1883.
En el año 1886 los herederos del marqués de Salamanca
vendieron la finca al Estado Español para que fuese dedicada a la beneficencia,
lo que obligó a realizar grandes reformas para la adaptación a los nuevos
fines. A su vez, los terrenos del jardín comenzaron a ser ocupados por
edificaciones de nueva construcción que provocaron la fragmentación interna de
la finca.
La visita a la Quinta de Vista Alegre
La entrada a la finca la realizamos por la llamada Puerta
Real, situada en la calle General Ricardos, 179. Este acceso era el que
usaban reyes y nobles para acceder a la Finca. Sin embargo, su aspecto ha
cambiado bastante con los años desapareciendo varios elementos cómo las garitas
de guardia.
Caminaremos en línea recta adentrándonos en sus
jardines, descubriendo un bonito photocall donde poder inmortalizar nuestra
visita con un colorido fondo de flores.
Aquí tenemos también un mapa de situación que nos ayudará a realizar la visita de manera que no se nos olvide ningún punto de interés.
En la primera construcción que nos encontramos debemos
destacar dos espacios bien diferenciados. El primero que nos encontraremos, a
nuestra mano derecha, es la Estufa Grande.
Las estufas eran espacios calefactados destinados al
cultivo de plantas exóticas, la gran pasión de la jardinería romántica. La
Estufa Grande es una edificación longitudinal, organizada a partir de una rotonda
central de la que originalmente partían dos grandes naves destinadas a albergar
las plantas, rematadas en sus extremos por sendos pabellones, uno de servicio y
otro destinado al Baño de la Reina, pieza que veremos más adelante.
Podemos entrar en el pabellón central de la estufa y
admirar su forma circular con cúpula y espejo que otorgan bonitas perspectivas.
Más adelante tenemos una alargada sala, en ocasiones
sede de exposiciones temporales, y el llamado Baño de la Reina. Se trata
de un espacio con cúpula que contine una pieza de forma circular y escalones
concéntricos, realizada en mármol color caramelo. Se alimentaba del mismo
circuito de calor y vapor que recreaba el clima tropical para las plantas
exóticas de otras latitudes y la reina lo usaba para su esparcimiento y relax.
Anexo a la construcción anterior está el Palacio
Viejo, la primera edificación que se hizo en esta real finca de Vista
Alegre. Se levanta sobre la primitiva Casa de Baños, un establecimiento de
recreo que, siguiendo la moda de Londres o París, se popularizó entre la
nobleza y la burguesía madrileña. Contaba con salas para el baño, casino,
salones y un jardín posterior donde disfrutar de la música y de los
espectáculos al aire libre.
El aspecto actual es bastante diferente del original,
pues los ventanales le otorgan un aire moderno que contrasta con la decoración
neoclásica a base de columnas, entablamentos y cornisas.
A principios del siglo XX, siendo ya la finca
propiedad del Estado, fue remodelado para albergar el Colegio de Huérfanas de
Militares de la Unión. Finalizada la guerra, las Hijas de la Caridad
volvieron a Vista Alegre, haciéndose cargo del colegio. Actualmente es sede del
Instituto Superior Madrileño de Innovación Educativa (ISMIE).
Yo tuve la ocasión de poder visitarlo en su interior
debido a un concurso de poesía que realizó mi hijo estando en educación
primaria, aunque el valor histórico de sus dependencias interiores se ha
perdido casi completamente.
Enfrente de este palacio existe un pequeño jardín y un
lugar llamado plaza de las estatuas que brillan por su ausencia. El diseño
actual corresponde a la época del marqués de Salamanca y sigue el estilo
romántico de paseos sinuosos, bancadas de piedra, pérgolas, caminos en abanico,
cenadores… En la plazoleta semicircular estuvieron alojadas 10 esculturas de
mármol, de las que quedan sólo algunos de los pedestales.
Sin duda, lo mejor de este lugar es la presencia de
una pequeña ría artificial navegable, de poco más de medio km, que nace en una
montaña artificial con cascada y desemboca en un pequeño estanque.
Bordeando la ría y guiándonos por un enorme Cedro (5
metros de circunferencia y 35 de altura aproximada), que dicen es uno de los
más antiguos de Madrid, llegamos al Palacio Nuevo.
Este palacio se construyó debido a que el viejo se le
quedaba pequeño a la reina. No obstante, el aspecto actual se lo debemos al
Primer Marqués de Salamanca, quién llevó a la finca a su máximo esplendor
finalizando las obras del Palacio Nuevo y convirtiéndola en escenario de
fiestas y celebraciones.
La fachada de este palacio destaca por su aspecto
neoclásico, con un pórtico central que sobresale del cuerpo principal y en
donde destacan las cuatro colosales columnas de granito aprovechadas del
proyecto de la plaza de Oriente de Isidro González Velázquez.
En las ventanas existen detalles decorativos que
recuerdan a la decoración neorrenacentista que Pascual Colomer decidió para el
palacio del marqués de Salamanca en Recoletos. Se trata de medallones centrales
con bustos y decoración vegetal rodeándolos.
Subiendo las escaleras con barandillas de mármol
podemos admirar el lujoso vestíbulo decorado con suelo de mármol, estucos y
bronces. Una maravillosa cúpula estucada con linterna superior otorga
iluminación natural a la estancia.
También son destacables las puertas de la entrada, con
decoración en bronce de un par de cabezas de león.
Una pena que no permitan visitar su interior. En las
estancias privadas y los grandes salones, completados por Federico Madrazo con
pinturas de techos y paredes, estaban iluminados con las primeras luces
eléctricas. Otros espacios, como el ‘fumoir’ o salón árabe, se
decoraron según la tendencia de recrear ambientes exóticos.
Enfrente de este palacio existe un jardín neoclásico con parterres de trazados geométricos y tres fuentes circulares.
La más grande,
frente a la fachada del palacio, posee una bella fuente llamada de
los caballos marinos. Se llama así por poseer, en la parte inferior,
cuatro
caballos rampantes con colas de pez que se enrollan helicoidalmente en el fuste
de la fuente. En la parte superior unos cuantos querubines sujetan los chorros
por donde sale el agua que alimenta la fuente.
Nuestro paseo discurrirá a continuación, a travesando un
bonito jardín cuadrangular, hasta la llamada casa de oficios, de la cual apenas
quedan los cimientos.
Inicialmente fue una fábrica de jabón de las muchas
que desde Carabanchel surtían a las lavanderas de la ribera del Manzanares.
Explotado por los Cinco Gremios Mayores de Madrid en el siglo XVII, el edificio
se organizaba en almacenes, patios y tinajeros para contener aceite, base para
obtener jabón. Tras pasar a ser Real Posesión se transformó en la Casa de
Oficios de la Quinta de Vista Alegre, cuerpo de apoyo y de servicio para sus
palacios.
Dejando el palacio viejo a nuestra derecha pasearemos
por construcciones más modernas. Primero veremos la fachada de las caballerizas,
construidas para alojar tanto a los animales de tiro y otras bestias de trabajo,
como a los coches de paseo.
Más adelante aparecerá la llamada Casa de Bella
Vista, actual sede del Centro de Educación de Personas Adultas Vista
Alegre. Otrora tuvo diversos usos, como biblioteca y gabinete de ciencias con
herbarios, colecciones de animales disecados, laboratorio e invernáculo propio.
Su aspecto exterior no tiene nada destacable, siendo
lo más curioso la presencia de una Galería que servía para unir esta
casa con el palacio viejo. Su disposición en ángulo, sus soportales con
columnas pareadas, sus hornacinas y su rítmico juego de colores otorgan una
belleza muy particular a esta construcción del siglo XX.
La puerta más cercana a este edificio es la llamada Puerta
de los Osos, inaugurada por el alcalde Barranco en 1987, y que posee un par
de esculturas de osos.
Dando la vuelta a la parte posterior del palacio viejo
descubriremos los campos de cultivo de la quinta, así como la iglesia del
antiguo colegio de la Unión, realizada por el arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso
a fines s XIX en estilo neomudéjar: muros de ladrillo visto, contrafuertes,
remates de galerías de arcos ciegos, vidrieras en las ventanas, cubierta por
cúpula octogonal con linterna.
Y rodeando la parte posterior del palacio viejo
llegaremos nuevamente a la puerta real donde terminará nuestra visita.
Justo enfrente de la Quinta se levanta el Palacio de
Vistalegre, un lugar donde se celebran numerosos eventos culturales y que posee
un bonito mural en su fachada. A los que le gusta el arte urbano os recomiendo
dar una vuelta por el barrio, donde descubriréis algunos paneles interesantes
como os muestro a continuación.
Hasta la próxima.






















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