Aquisgrán es una de esas pequeñas ciudades que tienen
un encanto especial. Situada en el extremo noroccidental de Alemania, muy cerca
de la frontera con Bélgica y Países Bajos, recibe turistas provenientes de
Colonia, Lieja o Maastricht. En menos de una hora en tren se puede acceder
fácilmente a esta urbe. Ahora bien, cuando busquéis el billete no lo
encontraréis por Aquisgrán, sino por su nombre en alemán, Aachen.
¿Os apetece descubrir los encantos de esta encantadora
ciudad?
¿Aachen o Aquisgrán?
Aachen o Aquisgrán (denominación que le damos en
España) es un nombre que proviene de la época romana. Aquí se asentaron los
romanos y, en honor, tanto a las aguas termales, como a la deidad local,
denominaron el lugar como Aquae Granni. Las tribus germánicas, por su
parte, denominaban al lugar con el nombre de Ahha, que también significa agua. Con
el tiempo, Aquae y ahha evolucionaron a Aachen en alemán y Aquisgrán en español.
No son los dos únicos nombres con que se conoce a esta
ciudad. Los franceses y belgas la conocen como Aix-la-Chapelle, mientras que
para los holandeses es Aken.
¿Por qué es conocida Aquisgrán?
La ciudad tiene dos magníficos motivos para ser
visitada. El principal, a mi entender, es el pasado relacionado con Carlomagno.
Aquisgrán adquirió gran importancia bajo Carlomagno, quien la convirtió en su
residencia favorita y en un centro de poder y cultura, erigiendo un palacio y
la famosa Capilla Palatina.
Por otro lado, no podemos olvidar que esta ciudad
tiene unas aguas termales muy famosas desde época romana y, si disponéis de
algo más de tiempo, os aconsejaría pasaros por alguno de sus balnearios y
disfrutar de un merecido descanso.
Itinerario para visitar Aquisgrán
Cuando llegamos a Aquisgrán teníamos prisa por visitar
su Catedral, pues es el monumento más importante de la ciudad. En la página Web
no estaba muy claro el horario de visita libre los sábados, pues indicaban que
a partir de las 13:00h se reservaba para bodas, y no queríamos perdernos la
visita.
Por ello, nuestro objetivo fue ir directos hacia el
centro. Por el camino os vais a encontrar, tanto con el Teatro como con Elisenbrunnen,
una especie de pabellón neoclásico con un par de fuentes con agua sulfurosa. Si
metéis la mano comprobaréis que sale muy caliente (53ºC) y que, debido a la
presencia de sulfuro, tiene el característico olor a huevos podridos.
En las proximidades de esta fuente, por cierto, se
encuentra la oficina de turismo, por si necesitáis un mapa o información
específica.
Atravesando el pequeño parque situado detrás del
pabellón encontramos una curiosa fuente. Se llama Kreislauf des Geldes,
que en español significa la fuente de la circulación del dinero. Diversas
figuras representan el intercambio de dinero entre las personas, aunque en sí
es un símbolo de varios defectos. Tres figuras simbolizan Geiz (Avaricia), Gier
(Codicia) y Gönnerhaftigkeit (condescendencia); otra figura simboliza Bettelei
(mendicidad), mientras que la última pareja es un padre que explica a su hija
cómo lidiar con el dinero.
Sin darnos cuenta habremos llegado a Münsterplatz,
donde podremos admirar la parte del coro de la Catedral. Nosotros nos
encontramos con un mercadillo callejero donde, en los diversos puestos, vendían
numerosos artículos de artesanía. Me sorprendió que la totalidad de los muros
estuvieran conformados por estilizadas vidrieras. A media altura se disponen
esculturas en parejas sobre los contrafuertes. La comparación con la
Sainte-Chapelle de París es obligada.
Para entrar en la Catedral debéis dar la vuelta al
edificio. Os recomiendo hacerlo dejando el templo a vuestra derecha, pues
podréis observar los múltiples añadidos que tiene esta Catedral, los cuales
impiden ver la forma octogonal original de la Capilla de Carlomagno.
La puerta, diminuta, se encuentra a los pies de la
torre más alta de la Catedral, de talla gótica y con diversos elementos
superpuestos que la otorgan una belleza ecléctica especial.
Antes de entrar, un poco de información sobre lo que
vais a encontraros. La Catedral de Aquisgrán está considerada como la catedral
más antigua del norte de Europa. Su historia se remonta a la construcción de la
Capilla Palatina por el emperador franco Carlomagno a finales del siglo VIII.
Fue a lo largo de los siglos siguientes cuando el
templo experimentó un continuo proceso de expansión y embellecimiento, dando
lugar al conjunto arquitectónico actual, que representa una amalgama de estilos
arquitectónicos diversos.
Originalmente, la Capilla Palatina fue la iglesia
privada del palacio de invierno encargado por el emperador Carlomagno en
Aquisgrán a finales del siglo VIII. En su época, esta capilla ganó renombre
gracias a su espectacularidad, sin igual al norte de los Alpes. Durante dos
siglos, ostentó el título de la estructura más alta en esta parte de Europa.
Además, su prestigioso promotor, Carlomagno, fue sepultado en ella tras su
fallecimiento en el año 814.
Durante siglos, esta Catedral fue un importante
santuario de peregrinación, hasta el punto de ser una de las grandes
peregrinaciones europeas, junto a Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela.
Desde 1349, cada siete años, se llevaba a cabo la peregrinación oficial. Y ello
se debía tanto a poseer la tumba y tesoros de Carlomagno, como por poseer
reliquias cristianas. A saber: los pañales y el perizoma de Jesús, el vestido
de María la noche en la que dio a luz y la tela de la decapitación de Juan
Bautista.
Volviendo a la arquitectura, la singularidad de esta
Catedral reside en la planta octogonal de la Capilla Palatina de Carlomagno.
Sin duda, las iglesias del Imperio Romano de Oriente sirvieron de inspiración,
tanto en las líneas arquitectónicas como en la decoración interior. Los muros
internos se revistieron con lujosos mármoles y coloridos mosaicos, dispuestos
tanto en los muros como en la parte interna de la cúpula central.
En Europa, sólo en Rávena veréis algo similar. Ahora
bien, tengo que hacer un importante inciso. Los mosaicos y recubrimientos de
mármol de esta Catedral datan de entre 1880-1913, momento en el que se reformó
con intención de devolverle el aspecto antiguo (el cual se había perdido). Por
tanto, aunque bellos, no son los originales.
Advertidos de lo que vamos a encontrar toca pasar. La
antesala al octógono es un pequeño espacio en donde debéis fijaros en la
escultura de vuestra derecha. Se trata de la conocida como Lupa Carolina,
animal relacionado con una leyenda relativa a la construcción de la Catedral.
Resumiendo, la misma cuenta como los habitantes de
Aquisgrán, tras haberse gastado parte del dinero de Carlomagno en fiestas (en
vez de en materiales para la Catedral), pactaron con el diablo que les ayudara
a terminarla a cambio de otorgarle la primera alma que entrara en el templo. El
día de la inauguración de la catedral los lugareños abrieron las puertas e
hicieron entrar un lobo. El diablo, ansioso, no se percató del engaño hasta que
fue tarde. Furioso, salió de la Catedral enojado, hasta tal punto que uno de
sus dedos se enredó en una de las manillas con forma de cabeza de león que
existen en la puerta. Hasta el día de hoy el pulgar del diablo se encuentra ahí
y, si uno es suficientemente valiente, dicen que lo puede sentir al meter los
dedos en una de las manillas.
En verdad, se trata de una escultura romana (S. I-II
d.C.) que representa a una pequeña osa y que, probablemente, Carlomagno la
trajo hasta aquí.
Una vez entramos en la Capilla Palatina, nuestra vista
queda deslumbrada por tanto lujo. Nuestras manos cogerán la cámara o el móvil
para empezar a tomar fotografías y un buen hombre, trabajador en el lugar, nos
pedirá una limosna de 1 euro por permitir hacer fotos. Precio barato en
comparación con otras Catedrales.
Os recomiendo pasear primero por el anillo exterior,
fijándoos en los mosaicos. Son realmente bonitos y muy coloridos. Las luces,
según incidan, parecen variar su color. Un efecto mágico que te sumerge en el
lugar. Además, los mármoles realizan diferentes formas geométricas que añaden
belleza al conjunto.
Sin duda, la zona central es la más impresionante. Sentaos
relajadamente en una de las sillas y disfrutad de las vistas.
Los diferentes pisos, configurados por arcos y
columnas, elevan nuestra mirada al cielo, donde nos espera el espectacular
mosaico de la cúpula. En él vemos a Cristo rodeado por los 24
Ancianos del Apocalipsis. Esta cúpula tiene 31 metros de altura y, durante
siglos, fue el interior abovedado más alto del norte de Europa.
El gran candelabro
que pende de la cúpula tiene forma de rueda octogonal (siguiendo planta de la
Capilla) y posee ocho faroles grandes y otros tantos pequeños. Fue construida
hacia 1180, donada por Federico I Barbarroja y simboliza la muralla del
Jerusalén celestial. Sus 48 velas sólo se encienden en celebraciones
especiales.
En uno de los pilares, mirando hacia el altar, se
encuentra la imagen milagrosa de la Madre de Dios con el Niño Jesús,
la cual lleva venerándose desde el siglo XIV. Bueno, no en su totalidad, pues
en 1676 se quemó, sólo salvándose las cabezas de ambas figuras y la mano de la
Virgen. Tal vez, por ello, cobran especial importancia las joyas y ropajes con
los que se visten las figuras. Existen 46 túnicas y más de 300 piezas de
joyería, cambiando de indumentaria hasta 16 veces al año.
El Altar Mayor tiene una visión impresionante con las
vidrieras de telón de fondo. Aquí, lo más importante es la Pala d´oro
(retablo de oro), fechada hacia 1020, que adorna el frente del altar. Este
retablo consta de 17 paneles individuales con relieves realizados en chapa de
oro repujado. En el centro, entre María y el Arcángel Miguel, se encuentra
Cristo entronizado como gobernante del mundo, rodeado por los cuatro símbolos
de los evangelistas. Los 12 paneles representan los episodios de la pasión de
Jesús.
El mosaico situado sobre el altar, con cuatro ángeles
rodeando la Biblia, tiene una factura delicada y bella.
La parte del Coro sólo es visitable con visita guiada,
aunque los principales elementos a destacar son perfectamente visibles sin
necesidad de entrar en el mismo. Por tanto, ya os dejo a vuestra elección
contratar o no esta visita.
En la parte derecha de acceso al coro se encuentra el
ambón del emperador Enrique II (hacia el 1014). Se trata de la obra de
orfebrería más grande que se conserva del periodo otoniano. Está decorado con
cuencos antiguos, tallados de marfil, piezas de ajedrez y relieves con
representaciones de los evangelistas. La escalera de madera fue construida en
1782. En las celebraciones más importantes es desde aquí donde se lee el
Evangelio.
En el coro se encuentran dos lujosos relicarios.
El más próximo, conocido como el de la Virgen María, data de 1239 y
contiene las Reliquias de Aquisgrán que comenté anteriormente. Las mismas se
retiran cada 7 años y son expuestas para contemplación de los fieles. El
Relicario tiene forma de basílica de una sola nave con transepto, estando
decorado con figuras de Cristo, María, Carlomagno, el Papa León II y los doce
apóstoles. Para los interesados en el arte, indicar que se inserta en la
transición entre la orfebrería románica y la gótica.
En la parte posterior del coro encontramos un segundo relicario,
en el cual reposan los restos de Carlomagno (748-814). Su osamenta fue
trasladada al santuario en 1215, con motivo de la coronación de Federico II. En
los lados largos del relicario se disponen 16 sucesores reales. El propio
emperador está entronizado al frente, bajo la bendición de Cristo, flanqueado
por el Papa León III y el arzobispo Turpín de Reims.
La única pieza que no veréis sin entrar al coro es el Trono
Real. Se trata de un sencillo sillón de mármol cuya primera referencia data
del año 936, con motivo de la coronación de Otón I. Su importancia radica,
además de por su antigüedad, en que aquí fueron entronizados 30 reyes durante
la Edad Media. En la placa lateral derecha hay varias líneas finas e incisas,
las cuales se interpretan con el juego del molino.
De todas las capillas laterales existentes que se
fueron añadiendo con el paso de los siglos, nosotros visitamos la de San
Nicolás (siglo XV). Posee excelentes vidrieras y una bella talla de la Virgen
con el Niño.
El complemento ideal para terminar de hacernos una
idea del lujo que concentró Aquisgrán en época de Carlomagno está en el Tesoro
de la Catedral. Para llegar a él debéis sacar las entradas y entrar en la
puerta situada enfrente de las oficinas. Debido al valor de las piezas debéis
dejar vuestras pertenencias en una taquilla.
Esta especie de museo posee numerosas obras de arte
que fueron elaboradas para la gloria de Dios. Servían para la liturgia y
decoración de la iglesia construida por Carlomagno, por lo que vamos a
encontrar desde vestimentas hasta esculturas y obras preciosas de orfebrería en
oro y plata. Con sus más de 100 piezas está considerado uno de los tesoros
eclesiásticos más importantes del norte de los Alpes.
Entre las salas más importantes se encuentra la que
conserva el Busto de Carlomagno (que contiene su cráneo), el antebrazo
donde portar una de sus reliquias (la inspiración del guantelete de Marvel pudo
venir de aquí), un par de lujosos relicarios en oro y el olifante, el
pretendido cuerno de caza de marfil de Carlomagno, que es en realidad una obra
siciliana del año 1000 aproximadamente.
Otras piezas importantes que no debéis perderos son el
llamado sarcófago de Proserpina, obra romana de mármol de Carrara del
siglo II d.C., decorado con relieves que representan el rapto de Proserpina. En
este sarcófago fueron depositados los restos de Carlomagno; la llamada cruz
de Lotario (Lotharkreuz), por atribuirse al hijo de Carlomagno, bellísima
obra de orfebrería de finales del siglo X que incluye un camafeo de la época de
Augusto; la capa de coronación de Carlos IV (Cappa Leonis); la casulla
de San Bernardo de Claraval, de terciopelo y perlas, realizada en el siglo XII;
y multitud de pinturas y esculturas religiosas que harán el paseo muy ameno.
Saliendo de este lugar os recomiendo ahora pasear por
los alrededores de la Catedral. La Katschhof es la plaza más
fotografiada de la ciudad. A un lado se encuentra la Catedral, mientras que en
el opuesto se alza, en un majestuoso estilo gótico, el Ayuntamiento.
Construido en estilo gótico con añadidos barrocos,
merece la pena darle una vuelta y admirar su belleza por el lado de la plaza
del mercado. Aquí existe una famosa estatua de Carlomagno, que se recorta con
el edificio al fondo. Por este lado me recordó, salvando las distancias, a los
ayuntamientos belgas, debido a la decoración escultórica que posee.
Este edificio se levanta sobre los restos del antiguo palacio
de Carlomagno, del que sólo se conservan los cimientos y una torre. En el
interior del edificio merece la pena admirar la Sala de la Coronación, donde se
encuentran copias del tesoro real (como la corona Imperial de la coronación de
los reyes del Sacro Imperio Germánico) y cinco magníficos frescos de Alfred
Rethel. En los mismos se muestran escenas legendarias de la vida de Carlomagno,
como su victoria ante los sarracenos de Córdoba.
En el resto de salas del Ayuntamiento se exponen
objetos relacionados con Carlomagno (como la copia del retrato que hizo Durero)
o con la ciudad, como el famoso Libro de oro.
En la Katschhof también se encuentra el Centre
Charlemagne, el lugar ideal si queréis conocer tanto la figura de
Carlomagno y todo lo que supuso para la historia de Europa, como la evolución
de la ciudad a lo largo del tiempo. Por medio de paneles y estaciones
multimedia, la visita se realiza de manera muy amena y didáctica, centrándose
en piezas concretas con las que descubrir el pasado de Aquisgrán.
En Aquisgrán existen diferentes rincones muy
encantadores que os voy a resumir brevemente. En un lateral del Ayuntamiento
encontraréis la GranusTurm, la única que se conserva de la época de
Carlomagno. Un crucificado colgando de su muro os ayudará a encontrarla sin
problemas.
Las fuentes curiosas son algo muy típico de Alemania.
Y en las proximidades de la torre anterior tenemos un par de ellas muy
curiosas. La Hühnerdieb, frente al Museo Couven (una casa con decoración
del siglo XVIII), muestra una figura protagonista de una leyenda local. Se
trata de un ladrón de gallinas un gallo en lugar de una gallina en
el mercado de pollos y termina siendo atrapado por su canto.
Y bajando la calle hacia la Catedral encontramos la Puppenbrunnen.
Se trata de una curiosa fuente que representa marionetas de bronce, las cuales
poseen partes móviles. Cada figura de bronce representa diferentes aspectos de
la vida urbana, desde educación y comercio hasta música y tradiciones
carnavalescas en Aquisgrán. Por ello vemos máscaras, un profesor, un obispo y
hasta un payaso. Fue creada por el escultor Bonifatius Stirnberg en 1975 y su
mayor novedad fue la posibilidad de la interacción de quien se acerca a ella.
Y, desde aquí, apenas unos pasos más allá, encontramos
una recoleta plaza con un pórtico romano que nos recuerda el pasado de la
ciudad. Hoy en día es un lugar apacible rodeado de restaurantes.
Regresando hasta la fuente de las marionetas y bajando
hacia el coro de la Catedral os encontraréis, a vuestra mano izquierda, con la Iglesia
de San Foillán. Se trata de un pequeño templo, con decoración muy moderna,
debido a que tuvo que ser restaurado en el siglo XIX.
Y justo al lado se encuentra una tienda típica de la
zona, Nobis Printen, con decoración clásica, donde poder comprar el
famoso pan de jengibre especiado y dulce que se hornea en moldes de madera con
diversas formas.
Y a la hora de comer os recomiendo acudir al
restaurante Aachener Brauhaus. No es el lugar más económico, ni os
dejarán pagar con tarjeta, pero sirven el codillo más delicioso que probé en
Alemania. La decoración medieval le otorga un encanto especial al sitio.
Y, respecto a los balnearios, existe uno donde poder
pasar unas horas relajadamente. Tendréis que tomar el autobús y puede que para
la visita de un día vayáis algo justos de tiempo, pero os dejo el nombre por si
deseáis animaros. Carolus
Thermen. Por unos 20€ podéis disfrutar de hasta 3,5 horas de
relajación.
Espero que os animara a visitar esta importante ciudad
Hasta la próxima






























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