Hoy toca artículo protesta reivindicativo sobre mi
profesión. Puede que para el público profano la lucha abierta entre
oftalmólogos y optometristas, a raíz de la implementación gubernamental del
Plan VEO, no les suene de nada. Y, puede, que incluso crean que no les importa
lo más mínimo.
Nada más alejado de la realidad. Se trata de una
polémica muy importante respecto a la salud visual de los menores, la cual
lleva años abandonada y mantenida en la precariedad. Los motivos son variados,
pero uno de los principales son los privilegios gremiales, de tipo medieval,
que intentan sostener un colectivo que me cuesta creer ponga la salud de los
pacientes por delante de todo.
Antes de continuar me gustaría indicar que las
opiniones que vierto en este artículo son totalmente personales e
independientes de cualquier asociación o empresa a la que pueda pertenecer. Y
lo advierto debido a que, en redes profesionales, como LinkedIn, ya se me ha
intentado desprestigiar abduciendo que no puedo verter opiniones debido a que
pertenezco a ciertos colectivos profesionales. Es decir, se me intenta coartar mi
libertad de expresión amenazándome con consecuencias laborales o perjudiciales para los colectivos a los que pertenezco. Así de simple. Así de denigrante.
¿Quieres saber un poco de lo que hay detrás de todo
esto?
Empecemos por el principio. ¿Qué es el Plan VEO?
Se trata de una ayuda pública del Ministerio de
Sanidad español, lanzada a finales de 2025, que financia hasta 100€ al año para
la adquisición de gafas graduadas o lentes de contacto a menores de 16 años
inclusive.
Se aplica directamente al comprar en ópticas
adheridas, descontándose del precio final de la ayuda adquirida. Esta
subvención estará disponible hasta el 31 de diciembre de 2026.
¿Qué objetivo persigue el Plan VEO?
Según podemos leer en el comunicado gubernamental:
“Los defectos de refracción -como la miopía, la
hipermetropía y el astigmatismo- afectan a entre el 10% y el 30% de la
población en edad escolar en España, con prevalencias en aumento, especialmente
en contextos de uso intensivo de pantallas y vida en interiores.
En ausencia de corrección adecuada, estos
problemas no solo afectan al bienestar físico de los menores, sino también a su
rendimiento académico, su desarrollo psicosocial y su calidad de vida.
Numerosos estudios han constatado que los
niños y niñas de familias en situación socioeconómica más desfavorecida acceden
con menor frecuencia a las correcciones visuales necesarias, lo que perpetúa
desigualdades sociales y educativas.
Esta ayuda pretende actuar como una
herramienta de equidad, asegurando que ninguna persona menor de edad quede
excluida del derecho a una visión adecuada por motivos económicos”.
¿Está funcionando el Plan VEO?
Desde su implementación a finales del año pasado este
Plan VEO ha sido acogido de manera muy positiva por la población. Según los
últimos datos publicados, correspondientes al primer trimestre del año, se
gestionaron más de 135.000 solicitudes. Y la cifra no para de crecer debido al
boca a boca, lo que me hace pensar que tengamos problemas para llegar a
diciembre con el presupuesto implementado para esta acción.
7.464 establecimientos de óptica se han adherido para
participar en esta ayuda, lo que representa el 70,9% del total en España. Lo
dicho, un éxito.
Como optometrista de trinchera, trabajando en una de
esas ópticas adheridas, puedo corroborar esos datos. Por mi gabinete han pasado
multitud de niños que, gracias a la ayuda, se han puesto gafas por primera vez.
Lo que ha supuesto una mejora muy notable de su calidad de vida y su
rendimiento académico.
Por poner un ejemplo que me marcó os comentaré el de
un menor de nacionalidad rumana que tenía una graduación bastante alta de
miopía (creo que en torno a -8,00 dioptrías) y jamás podía haberse realizado
gafas por su situación familiar deprimida. Colocarle unas gafas a ese menor le
cambió la vida, pues pasó de ser tímido y no separarse de sus padres a tener la
independencia que te ofrece ver bien.
Haber logrado acceder a este tipo de perfiles (no es
el único caso que he visto) hace que ya haya merecido la pena esta subvención.
Entonces, ¿Dónde está la polémica?
Cuando se supo que se lanzaría esta subvención, el
gremio de los oftalmólogos puso el grito en el cielo, lanzando acusaciones tan
graves como que permitir que los optometristas valoráramos a los menores en las
ópticas, sin haber pasado primero por oftalmología, generaría “un problema
de inseguridad jurídica y sanitaria”.
Voy a repasar las razones principales por las que los
oftalmólogos criticaban el PLAN VEO y las competencias que se daban a los
optometristas. La siguiente información está publicada en la página de la
Sociedad Española de Oftalmología (SEO):
· Competencia
exclusiva de los oftalmólogos: La prescripción de gafas y ayudas visuales debe
ser realizada únicamente por médicos oftalmólogos. Permitir que
ópticos-optometristas lo hagan, sin evaluación médica previa ni refracción bajo
cicloplejia, constituye un riesgo clínico y legal.
· Proceso
diagnóstico completo: En la infancia, la corrección de defectos visuales no es
un acto técnico aislado, sino parte de un proceso médico que debe incluir
historia clínica, exploración oftalmológica, pruebas específicas y refracción
bajo cicloplejia. Solo el oftalmólogo está capacitado para detectar y tratar
patologías graves que pueden pasar desapercibidas.
· Limitaciones
legales y riesgos: Los ópticos-optometristas no tienen competencia legal para
diagnosticar ni tratar enfermedades, ni para aplicar tratamientos
farmacológicos. La ley prohíbe que en las ópticas se realicen actos médicos, y
la aplicación de colirios ciclopléjicos por parte de ópticos constituye un
delito tipificado en el código penal.
· Petición
de modificación: Las sociedades firmantes solicitan al Ministerio de Sanidad
que modifique el procedimiento de acceso al Plan Veo, estableciendo como
requisito obligatorio que toda prescripción vaya precedida de una evaluación
oftalmológica completa y refracción bajo cicloplejia, garantizando así la
seguridad y calidad asistencial. La colaboración estrecha entre oftalmólogos y
ópticos-optometristas, bajo supervisión médica, es esencial para el buen
desarrollo del Plan.
Por supuesto, ante este ataque gratuito a nuestra
profesión, el Colegio Nacional de Ópticos Optometristas (CNOO) lanzó un
comunicado, bastante elegante en las formas y el fondo, donde intentaba calmar
a la población sobre la alarma generada. Estos son sus principales puntos:
· Los
ópticos-optometristas son profesionales sanitarios con formación universitaria
reglada, con un grado oficial de cuatro años en Óptica y Optometría, reconocido
en el marco legal español y europeo. Esta formación incluye competencias
específicas en evaluación de la función visual, detección de alteraciones
visuales, compensación de defectos refractivos y establecimiento de criterios
de derivación clínica cuando existe sospecha de patología ocular o sistémica.
· El
Plan VEO no atribuye a los ópticos-optometristas funciones diagnósticas médicas
ni terapéuticas, ni invade competencias propias de la oftalmología. Su
participación se limita estrictamente a los actos optométricos para los que
están legal y profesionalmente habilitados, dentro de un modelo asistencial
complementario, que ha demostrado ser seguro, eficaz y eficiente en numerosos
sistemas sanitarios avanzados.
· En
relación con la insistencia en la necesidad de una evaluación oftalmológica
completa y refracción bajo cicloplejia de forma sistemática, conviene recordar
que la evidencia científica no respalda el uso universal de la cicloplejia en
toda la población pediátrica, sino su indicación en situaciones clínicas
concretas. Plantear este procedimiento como requisito previo obligatorio en
todos los casos supone una interpretación restrictiva de la buena práctica
clínica y puede tener como consecuencia no deseada el retraso en la corrección
visual de miles de menores.
· Rechazamos,
por tanto, cualquier planteamiento que presente la actuación de los
ópticos-optometristas como un riesgo para la seguridad del paciente o como una
práctica ajena a la evidencia científica. Lejos de ello, su participación en el
Plan VEO refuerza la detección precoz, mejora el acceso a la atención visual y
contribuye a reducir desigualdades en salud, especialmente en los colectivos
más vulnerables.
· A
nivel de salud pública, exigir una evaluación oftalmológica completa previa
para todos los menores tendría consecuencias previsibles: sobrecargar el
sistema sanitario, alargar las listas de espera y retrasar la corrección visual
de miles de niños. Paradójicamente, en nombre de la seguridad, se acabaría
garantizando que muchos menores sigan viendo mal durante más tiempo.
· La
participación de los ópticos-optometristas en el Plan VEO no debilita la
seguridad del paciente; la refuerza. Facilita el acceso temprano a la
compensación visual, mejora la detección precoz de problemas funcionales, que
son la mayoría, y actúa como una puerta de entrada eficaz al sistema sanitario
para los casos que requieren atención médica especializada. No sustituye al
oftalmólogo, sino que optimiza su papel, permitiéndole centrarse allí donde
realmente es insustituible: en el diagnóstico, cirugía y tratamiento de la
patología ocular.
¿Cuál es la realidad, a pie de calle?
Aquí mi opinión tiene un valor doble, pues puedo
opinar como profesional y como padre de un menor.
La atención visual que mi hijo ha tenido a través del
sistema sanitario estatal ha sido, en mi opinión, totalmente deficiente,
insuficiente y claramente perjudicial para su desarrollo visual.
¿La razón? Debido a que en las revisiones realizadas
en las consultas de pediatría siempre lograba obtener una agudeza visual de
unidad (con un test retroiluminado de la época franquista, que tiene mérito la
cosa), nunca se ha derivado a oftalmología. Este es el primer filtro real que
tienen los menores. Si llegas a unidad en agudeza visual no tienes necesidad de
visitar al oftalmólogo. Los optometristas, según parece, no estamos preparados
para detectar defectos visuales ni patologías. Pero los pediatras tienen mucha
formación al respecto, por lo que parece.
Las sociedades oftalmológicas recuerdan que, en edad
pediátrica, una simple aparente miopía o una buena agudeza visual pueden
ocultar enfermedades oculares o incluso sistémicas como tumores, infecciones o
trastornos neurológicos, cuya detección precoz depende de una evaluación médica
completa. En esto estoy de acuerdo. El problema es que no se implementa en el
servicio de salud nacional debido a que los pediatras no tienen los
conocimientos que sí tenemos los optometristas, por ejemplo.
Mi hijo utiliza gafas. Y, en este caso, pocos
oftalmólogos se las hubieran prescrito. Se trata de una prescripción positiva
preventiva para evitar el inicio de la miopía. Una prescripción que se suele
realizar teniendo en cuenta la graduación hipermetrópica, según la edad, y
otros valores como el AC/A alto o la longitud axial del ojo. Por supuesto, nada
de esto se valora en las consultas oftalmológicas de la sanidad pública. Y en muy pocas de la privada, dicho sea de paso. Pero resulta que los optometristas no estamos preparados. Curioso.
Ahora vamos con mi opinión profesional. Y como no
quiero empezar a poner datos y excusas que aburran a los que estáis leyendo
esto, pues voy a tomar una receta proveniente del servicio de oftalmología de
un hospital público madrileño y analizar lo que realmente hacen en consulta.
Luego, que cada cual saque sus conclusiones.
Puesto que los datos médicos tienen una protección
máxima según el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), los datos que
utilizo a continuación están convenientemente anonimizados para evitar que se
pueda identificar a la persona real. Puesto que la información no permite
identificar a la persona física (datos anónimos) queda fuera del ámbito de
aplicación del reglamento. Se trata de un informe bastante común cuya
identificación resulta imposible debido a los datos eliminados del mismo.
Por supuesto, la publicación de estos datos responde a
una finalidad formativa, divulgativa y científica que respalda las afirmaciones
vertidas en el artículo.
Paciente de 8 años, usuario de gafas de miopía (debido
al siguiente dato que aparece). Lo primero que hacen es colocarle para
averiguar la Agudeza Visual que tiene.
AVCSC significa Agudeza Visual con su compensación.
En el ojo derecho (OD) tiene una graduación de -2,75
dioptrías de miopía y -0,50 dioptrías de astigmatismo a 170º, llegando a ver
unidad, aunque con dificultad (acrónimo DIF).
En el ojo izquierdo (OI) la graduación es similar:
-2,75 dioptrías de miopía y -0,25 dioptrías de astigmatismo a 5º, llegando, en
este caso, a unidad en agudeza visual.
Los siguientes datos corresponden a la prescripción
que ofrece el auto-refractómetro (ARF), un instrumento que nos ofrece una
graduación tentativa que debemos confirmar en gabinete. Por mis años de
experiencia (que son más de 25) os puedo asegurar que, la mayor parte de las
máquinas, ofrecen un dato de miopía excesivo debido a la acomodación de los
pacientes.
Según la medición del ARF la miopía le habría subido a
-3,00 dioptrías y el astigmatismo a -1,00 dioptrías.
El siguiente dato que debería existir en el informe
sería el de la graduación con ciclopléjico, eso que no podemos hacer los
optometristas (en España, no así en otros países) y por lo que los oftalmólogos
ponen el grito en el cielo sobre el peligro de diagnosticar en ópticas defectos
visuales. ¡Vaya, pues aquí se lo han saltado! Lo mismo no es tan importante en
algunos casos. Vete a saber. Como soy un optometrista sin conocimiento alguno de la visión...
Los siguientes datos corresponden a pruebas someras
sobre el estado muscular del paciente:
Orto en ppm significa que sus ejes visuales están
alineados correctamente en posición primaria de mirada (algo que se realiza con
un cover test).
Motilidad normal significa que no tiene movimientos
extraños de alguno de los ojos en distintas posiciones de mirada.
Convergencia buena significa que le han debido
realizar alguna prueba diagnóstica en cerca que valora tal cosa.
BMC: normal, significa que le han realizado una
valoración por la lámpara de hendidura (biomicroscopía) sin encontrar nada
relevante.
A continuación, aparece la graduación subjetiva, la
cual tiene un parecido altamente sospechoso con la medida ofrecida por el ARF.
Aquí se encienden todas las alarmas de cualquier profesional por varios
motivos.
¿Si el ojo izquierdo (OI) veía unidad y mejor que el
derecho, cual es la razón que justifica un mayor cambio de graduación en este
ojo que en el otro?
¿Si por cada paso de 0,25 dioptrías se debería mejorar
una línea de agudeza visual, cómo se justifica el aumento del OI dejándole,
además, viendo peor de como entró?
¿Qué significa la frase “como va a cambiar la gafa
hago ajuste”? ¿Si no se cambia la gafa dejamos a este menor hipocorregido?
¿Sabiendo que la hipocorrección está científicamente demostrada que genera un
mayor aumento de miopía?
Pero, como siempre, lo mejor viene al final. Pauto
subjetiva, comprobar en óptica. ¿Qué significa esta frase salvo lavarse las
manos como Pilatos respecto a un deficiente trabajo?
Cuando un profesional de la visión emite un
diagnóstico refractivo se debe hacer responsable del mismo y no derivar esa
responsabilidad hacia otro profesional. Máxime, cuando le está denunciando
sobre el peligro que supone que los optometristas tratemos menores en las
ópticas sin la supervisión oftalmológica. ¿Qué sentido tiene que un simple
optometrista compruebe la graduación de un oftalmólogo? ¿No debería ser al
revés?
Y, como colofón, para no dejar ningún cabo suelto,
obviamos firmar una receta tan particular. No sea que pase algo y luego
me salpique.
Señoras y señores, esta es la realidad que vemos los
optometristas en las ópticas todos los días. No piensen que esto es un caso
aislado que he seleccionado cuidadosamente. Cualquier compañero optometrista,
si le preguntan, tendrá opiniones similares a la mía.
Ahora les voy a decir lo que hubiéramos realizado a
este paciente en nuestra óptica si hubiera llegado primero a nosotros.
EXACTAMENTE LAS MISMAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS
Nuestro protocolo a la hora de valorar menores tiene
en cuenta valorar forias, convergencia, acomodación, paso por lámpara de
hendidura, agudezas visuales con compensación, autorrefractómetro y graduación
subjetiva.
Y, en este caso, al comprobar que la agudeza visual
del paciente no mejora con un aumento de graduación, derivaríamos al
oftalmólogo para realizar dilatación pupilar y descartar cualquier posible
enfermedad subyacente.
El resultado de todo esto es un paciente que, tras
esperar una larga lista de espera para ser atendido en el servicio de
oftalmología estatal, recibe la misma atención diagnóstica que podría recibir
en una óptica. Luego, a la hora de valorar y pautar un diagnóstico, pues
existen profesionales buenos, malos y regulares, como en todas las profesiones.
Yo he conocido oftalmólogos y optometristas muy buenos
y profesionales, que saben diferenciar competencias y valorar la
sobre-capacitación que tenemos los optometristas en España a la hora de poder
atender a los pacientes que llegan a nuestras ópticas.
Igualmente, he conocido oftalmólogos y optometristas
que dañan nuestra profesión debido a su mala praxis, sus errores continuos
(debido a la nula actualización de sus conocimientos, quiero creer) y sus
diagnósticos cuestionables. Todos tenemos derecho a equivocarnos. Pero, cuando
la equivocación es la norma y no se admite, entonces tenemos un problema. Y eso
sí que genera un problema de inseguridad jurídica y sanitaria en la
población.
Mi conclusión a este artículo es muy clara. Los
optometristas estamos capacitados, debido a nuestra formación, a poder evaluar
la visión de toda la población, detectar posibles alteraciones visuales y
pautar la correcta compensación de defectos refractivos. Y, cuando es
necesario, no dudamos en derivar a oftalmología los casos que necesitan una
revisión más profunda con ciclopléjico (dado que, en España, al contrario que
en otros países, no nos está permitido instilarlos).
Puesto que el servicio de oftalmología del servicio
público es uno de los que más presión sostenida posee (la consulta media de espera ronda los 107 días según datos de abril 2026) no veo nada descabellado
que los menores puedan acudir a las ópticas para agilizar la primera revisión y
permitir que nadie se quede sin ver bien por no poder acceder a un diagnóstico
adecuado.
Eso sí, si quieren aprovecharse del PLAN VEO, los
menores deben tener más de 6 años. Para los menores de esa edad es OBLIGATORIO
pasar primero por la consulta de oftalmología.
Espero que con este ejemplo la población pueda tener una idea precisa de lo que está ocurriendo en el ámbito de la visión de los menores en España. Una lucha subterránea que utiliza argumentos pueriles para sostener unos privilegios gremiales que, lejos de mirar por la salud de los pacientes, pretende mantener un statu quo claramente perjudicial para la detección temprana de defectos visuales.
Y, ¿saben lo mejor? Que, al final, todo se resume en lo mismo de siempre. Dinero. Que el dinero de los pacientes continúe en los mismos bolsillos de siempre. Eliminar la competencia denigrando injustamente y creando falsas alarmas públicas. Mantener el monopolio, aunque sea insostenible y perjudicial para los pacientes.
¿Dinero? ¡Pero si yo no pago nada por la Sanidad Pública! Pobre iluso.
Todos pagamos por la Sanidad Pública. Pero no recibimos el servicio adecuado al importe abonado. Y, los que pueden permitírselo, acuden a las clínicas privadas.
Y aquí está el verdadero negocio. Captar a los descontentos del sistema sanitario saturado (cuando no remitirlos directamente desde la consulta de la pública, que eso lo han visto estos ojitos mientras realizaba mi objeción de conciencia en un hospital) para llenarse los bolsillos.
En esas estamos ahora mismo. Por ello, quería dedicar este artículo a las siguientes personas:
- A todos los oftalmólogos profesionales que hacen todo lo posible para dar un servicio adecuado con los escasos medios que cuentan en la Sanidad Pública.
- A todos los optometristas que están capacitados para ofrecer un servicio profesional que cuide adecuadamente de la salud visual de los pacientes que acuden a sus centros.
- A todos los profesionales de la salud visual que creen, realmente, en la colaboración entre oftalmólogos y optometristas para mejorar la salud visual en España.
Somos muchos más de los que creemos. Y estamos en el lado correcto de la historia.
Hasta la próxima


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