domingo, 26 de abril de 2026

Un día visitando Düsseldorf (Alemania)

  

Mi presencia en Düsseldorf fue casual. Deseaba visitar Colonia (Köln) y la compañía aérea Iberia, con la que me gusta viajar, me llevaba al aeropuerto de la ciudad de la que voy a comentar.

 

Puesto que llegaba a Düsseldorf decidí investigar un poco sobre sus posibles encantos y debo decir que bien merece un día de vuestro tiempo para recorrerla.

 

No me equivoco al indicar que esta desconocida ciudad alemana tiene un encanto especial para el turista por su mezcla entre lo antiguo, representado por el casco histórico (Altstadt), y lo moderno, donde destaca la arquitectura de Frank Gehry.

 

¿Os interesa saber más?

 

Llegué a Düsseldorf desde su cercano aeropuerto en un rápido viaje de menos de veinte minutos en tren. Lo más económico es obtener la Düsseldorf Card (posible en la máquina de venta del Skytrain), pues tendrás todos los transportes gratis en la ciudad durante 24/48 horas, según el tiempo que queráis pasar.

 

El Skytrain es un monorriel suspendido, que une las terminales del aeropuerto con la estación de tren (U-Bahn) del aeropuerto (Düsseldorf Flughafen). Yo os recomiendo tomar el tren aquí, en vez de la otra estación llamada Düsseldorf Flughafen Terminal, pues pasan trenes más regularmente y son mucho más rápidos. Lo dicho, en torno a 20 minutos llegarás a la estación central (Hauptbahnhof) de Düsseldorf. Su color oscuro es muy característico.

 

Este será vuestro punto de partida en la ciudad y un lugar cómodo para visitar la ciudad. Desde aquí podéis tomar el metro y, si salís a la superficie, veréis que también se trata de un lugar donde poder tomar multitud de tranvías, los cuales recorren toda la ciudad.

 

Salir a la superficie es interesante, pues vais a descubrir una de los atractivos más sugerentes de esta ciudad, las esculturas diseminadas por la ciudad de Christoph Pöggeler. En alemán se denominan Säulenhailigen, y son “esculturas de personas comunes que viven y trabajan en Düsseldorf”.

 

Ubicadas siempre sobre pilares publicitarios callejeros, están realizadas en poliéster a tamaño natural, mostrando, con un realismo extremo, a personas que podrían ser alguien como tú. Es, sin duda, una oda a la cotidianidad.

 

En la estación se encuentra la escultura de una persona con traje que está tomando una fotografía con una cámara “antigua” tipo réflex. Algo con la que me siento bastante representado (por ser alguien del siglo XX).

 


Por la ciudad están diseminadas numerosas de ellas y existen tours que las recorren. La mayoría se encuentran junto a lugares turísticos por los que pasaréis, por lo que no os preocupéis demasiado y abrid bien los ojos. Aquí os dejo algunas que me parecieron interesantes.

 


Si tomáis el metro os aconsejo llevar un plano donde muestren los finales de línea. En Düsseldorf, por el mismo andén, pasan trenes con direcciones diferentes, por lo que deberéis fijaros en la estación final para saber si os conviene tomarlo. Al principio, al ser un poco diferente a España y tener tal cantidad de líneas (it´s insane, man) puede que os sintáis abrumados, pero con un mapa todo es más fácil.

 

Vuestro objetivo es llegar a la cercana Heinrich-Heine-Allee, auténtico nudo de comunicaciones. Una vez salimos del metro seguiremos la animada Bolkerstrasse, conocida como “el bar más largo del mundo”.

 

Se trata de una famosa calle turística donde se suceden numerosos bares y restaurantes. Las casas donde se sitúan tienen una arquitectura antigua muy característica, con entramados de madera o carteles con esculturas. Si deseáis probar la cerveza típica de la ciudad, Altbier, tostada y con sabor fuerte, este es el mejor sitio.

 


Una placa en el inicio de la calle Schneider-Wibbel-Gasse os llamará la atención. Un hombre parece estar defecando monedas de oro. En letras doradas el autor os da un consejo: “Dies marchen wird wohl niemals wahr. Das leben lehrt sei klug und spar” (Este cuento de hadas probablemente nunca se hará realidad. La vida nos enseña a ser sabios y a ahorrar).


 

Tomad esta calle y os encontraréis un montón de restaurantes de comida española, como Don Quijote o El Flamenco. No creo que os interese comer como en casa, pero seguro que os agradará ver, en la plaza final, el muñeco que aparece ciertas horas (11, 13, 15, 18 y 21h) en lo alto del Restaurante Dal Sarto. Un pequeño espectáculo musical que tanto gusta por estos lares.

 

Volviendo sobre nuestros pasos y caminando hacia el rio llegaremos a uno de los puntos importantes de la ciudad, la Marktplatz. La plaza del mercado ha sido, durante siglos, el centro comercial de la ciudad.


 

Hoy en día está dominada por la imponente escultura ecuestre de Jan-Wellem, apodo con el que se conoce a Johann Wilhelm von der Pfalz, importante gobernante que puso las bases de lo que sería Düsseldorf en el siglo XVII. Juan Guillermo del Palatinado, como lo conocemos en España, fue Elector del Palatinado y favoreció el crecimiento de su ciudad natal. Hoy en día, su imponente escultura a caballo, elevada sobre un basamento clasicista adornado con ramas de palma y coronas de laurel en bronce dorado y rodeada por una verja de estilo clásico, es uno de los símbolos de la ciudad. Fue realizada por el escultor ítalo-flamenco Gabriel Grupello entre 1703 y 1711.


 

La escultura anterior tiene como fondo el bello edificio de la Ayuntamiento antiguo. Está compuesto por tres edificios de diferentes épocas, aunque destaca su majestuosa fachada de ladrillo, la cual data del siglo XVI. Como puntos de interés está la Schlossturm (Torre del Castillo), con su escalera octogonal, y la escultura de la justicia en una hornacina.


 

En una esquina de la plaza existe la figura de un joven. Según la leyenda, es el ayudante de Gabriel Grupello, quién le ayudó para recopilar material suficiente con el que realizar el molde de la estatua ecuestre de la plaza. Como agradecimiento, Grupello le dedicó una estatua a tamaño natural.

 


Y, detrás de la estatua se encuentra la Fuente de los gansos, creada por el escultor Willy Meller (1887-1974). Fijaos en el detalle de la serpiente. El agua de la fuente sale por la boca de una serpiente y también se marcha a través de un sumidero, al otro lado, con una serpiente grabada.


 

Muy cerca de aquí tenéis otra escultura interesante. Se llama Hoppeditz-Denkmal y representa a un personaje ficticio, entre pícaro y tonto, que se ha convertido en el símbolo de la fiesta del Carnaval de la ciudad. Este personaje encarna el carácter lúdico e irreverente de la festividad. Todos los años, este personaje realiza un discurso satírico y humorístico para comenzar las celebraciones. Si queréis saber más sobre el Carnaval en Düsseldorf tenéis, al lado, la Casa del Carnaval con objetos e información al respecto.


 

Y, para terminar con las esculturas, indicar la de 2,20 metros que representa a un camarero típico de la ciudad. Los Köbesse (como se les conoce en el dialecto local) son conocidos por su particular encanto. Por ejemplo, si les pides agua te preguntarán si también quieres una toalla. Aquí sólo se puede pedir cerveza, ¿entendido?

 


Volvamos a nuestro recorrido y, ya que hemos llegado cerca del río, paseemos junto al Rin recorriendo el bello paseo. Las vistas de la otra orilla, con sus casitas bajas, son preciosas.

 

En nada habremos llegado a la Burgplatz. La plaza del castillo es una de las más animadas de la ciudad, con numerosos locales para tomar la típica cerveza en terrazas.

 

De la antigua fortaleza apenas queda la torre, que alberga actualmente el SchifffahrtMuseum, un museo que nos sumerge en todo lo relacionado con el rio Rin. Personalmente no creo que sea una visita imprescindible, salvo que te guste mucho el tema en cuestión.


 

Aquí existen un par de interesantes esculturas a comentar. Por un lado, la llamada Radschlägerbrunnen. Esta fuente, decorada con figuras de niños haciendo la tradicional voltereta de Düsseldorf (Radschläger), nos remite a una de las costumbres más antiguas de la ciudad. Según cuentan las leyendas, cuando Jan Wellem (Johann Wilhelm II), Elector Palatino, regresó victorioso de la batalla de Worringen en 1288, los niños le dieron la bienvenida con alegres volteretas a lo largo de su recorrido. Desde entonces, esta práctica se convirtió en símbolo de expresión de felicidad y celebración en Düsseldorf.


 

La otra escultura a tener en cuenta se encuentra muy cerca, junto a un bello canal que me recordó a Ámsterdam (salvando las distancias). Se denomina Stadterhebungsmonument, y conmemora la fundación de la ciudad en el siglo XIII. Se trata de un conglomerado de figuras de bronce que nos enseña escenas de guerra por un lado (Batalla de Worringen, 1288) y de una especie de mercado, por otro. Igualmente aparece representada la elevación de la iglesia parroquial dedicada a Saint Lambert como iglesia canónica. El monumento se construyó en 1988 para conmemorar el 700 aniversario de la ciudad.

 

La susodicha iglesia la tenemos caminando por el callejón que se abre ante nosotros desde este monumento. La torre de la iglesia nos sirve de guía. Una torre, por cierto, que en su parte superior está torcida.

 


Los locales se remitirán a la leyenda de que fue el diablo quién la torció cuando intentó arrancarla. Lo cierto es que fue el resultado de utilizar madera fresca y húmeda, la cual se terminó combando, en la restauración del siglo XIX. Sea como fuere le otorga una originalidad única.

 

Por cierto, otra curiosidad local. Se dice que la torre logrará enderezarse cuando una joven virgen de Düsseldorf se case en esa iglesia. Todavía siguen esperando.

 

Sin duda, la Iglesia de San Lamberto es el templo religioso más importante de la ciudad. Aunque Düsseldorf no posee catedral, la importancia de este templo lo mitiga. No en vano, durante el pasado fue un importante centro de peregrinación, al tener en su interior la tumba de San Lamberto y las reliquias de San Apolinar, patrón de la ciudad. Su sencilla estructura de ladrillo en estilo gótico apenas nos prepara para el impresionante conjunto de obras de arte que atesora en su interior.

 

Os recomiendo dar una vuelta al edificio, antes de entrar, pues descubriréis un impresionante Calvario en la parte posterior.


 

Del interior de esta iglesia varios son los puntos en los que debéis fijaros. En primer lugar, en el Altar Mayor, presidido por una figura de la Virgen entre columnas salomónicas. Delante se expone una urna con las reliquias de San Apolinar.


 

Recorriendo la girola vamos a ver diferentes altares de gran belleza, así como frescos medievales originales y tablas con pinturas. Una sucesión de obras de arte como las expuestas en los museos.

 


Un punto importante es el excelente tabernáculo gótico, esculpido en piedra y que contiene escenas bíblicas. Dada su decoración y rareza es, sin duda, una de las obras de arte más importantes de este templo. Si queréis saber más sobre este objeto os recomiendo leer este blog (aquí).

 


Del resto de obras que me gustaron destacar una Piedad y una crucifixión, ambas situadas en la parte posterior de la iglesia.

 


En definitiva, un templo verdaderamente bello y que será una de las principales visitas a la ciudad.

 

La otra gran iglesia de la ciudad es San Andreas, situada muy próxima y levantada en estilo barroco. Su particular fachada en tonos amarillos es algo que veréis mucho en el país.

 


Construida por los jesuitas en el siglo XVII, su color blanco le otorga amplitud y luminosidad. Numerosas tallas de santos y apóstoles, a tamaño natural, están adosadas a sus múltiples columnas, mientras que el Altar Mayor tiene una curiosa escalera y figuras en plata dentro de urnas de cristal. Todo ello le otorga un aspecto moderno y, a la vez, inquietante.

 

En la parte de atrás se sitúa el órgano. Se dice que esta iglesia posee una acústica impresionante y, por ello, fue un importante centro de la cultura musical de la ciudad en el pasado.


 

Cerca de esta iglesia se levantan los museos de arte contemporáneo de la ciudad. Personalmente no me sentía muy atraído por ninguno de ellos, por lo que decidí obviar su visita y centrarme en otros lugares con más encanto. Uno de ellos fue, sin duda, Königsalle. Se trata de un bonito boulevard donde se concentran todas las tiendas y hoteles más importantes de la ciudad. Por el centro del boulevard discurre un bonito canal en el que hacer un descanso. Seguro que algún pato se os acercará por si recibe algo de alimento.

 


El otro lugar encantador que os aconsejo visitar es la EKŌ-Haus. Para llegar a ella deberéis tomar el metro y cruzar el rio hasta la parada de Heerdter Sandberg. Habréis llegado a un barrio donde os sorprenderá encontrar a tantas personas orientales. Debéis saber que en Düsseldorf existe la mayor colonia de japoneses de toda Europa.


 

EKŌ-Haus es, a la vez, un centro cultural y un templo que ofrece una experiencia inmersiva en la cultura japonesa. El centro cuenta con arquitectura japonesa tradicional, jardines serenos con encantadores puentes y un templo Shin-Budista, uno de los pocos en Europa. En el interior existen visitas guiadas a exposiciones temporales y ceremonias especiales.

 

Cuando visité el lugar el centro estaba cerrado y me quedé con ganas de visitar una exposición sobre samuráis. Ahora bien, recorrer en silencio el hermoso jardín japonés, en total soledad, fue una experiencia única y muy gratificante que os recomiendo si visitáis Düsseldorf.

 

Volviendo al centro de la ciudad, el único museo que visité fue el Filmmuseum Düsseldorf, el museo del cine. Anteriormente había visitado el museo del cine en Turín (más info aquí) y me apetecía volver a ver un museo de este tipo. Si tenéis tiempo y os gusta el tema es una visita muy recomendable.

 


El museo se reparte por diferentes plantas de un edificio situado junto al puerto viejo de la ciudad, un rincón encantador. Presidiendo este lugar encontramos una curiosa escultura, de la artista Anke Eileegerhard, llamada Between Heaven and Earth.

 

En la primera planta del museo vamos a encontrar attrezzo (imagino que original) de diversas películas de época. Me gustó encontrar la espada de Aragorn, del señor de los anillos, trajes japoneses de la famosa película de Akira Kurosawa o una vitrina exclusiva con artículos de Charles Chaplin.

 


En esta misma planta encontraréis también una caja antigua, donde se cobraban las entradas, o un curioso cine portátil, de esos que viajaban por los pueblos abriendo la mente al mundo rural sobre las novedades de las ciudades.

 


En la siguiente planta vamos a descubrir el cine desde sus orígenes arqueológicos. Estos nos llevarán a las sombras chinescas, donde se muestran tanto las siluetas como vídeos explicativos.

 


Debilidades propias personales son los dibujos con anamorfosis, una técnica por la cual la imagen sólo se puede ver mediante el uso de un cilindro; la linterna mágica, como primer proyector; o los fenaquistoscopio, una suerte de aparato que simulaba movimiento mediante la sucesión rápida de imágenes.

 


Igualmente, podréis admirar diversas cámaras de fotografía antiguas o instrumentos utilizados para filmar películas antiguas.

 


La última planta es la más amena, pues vamos a poder interactuar en diversos lugares. Podremos montarnos a un automóvil y realizar interesantes vídeos; podremos entrar en un entorno de croma verde y colocar diversos escenarios en los que actuar; y tendremos attrezzo de sombreros para disfrazarnos y montar una pequeña escena. Sin duda, esta última parte es la más lúdica y la que gustará más a los niños, que se sentirán dentro de una película.

 

Desde aquí está muy cerca (aunque recomiendo tomar el tranvía) la zona del puerto deportivo. Aquí se alza la famosa Rheinturm y las oficinas Neuer Zollhof, más conocidas como las Casas de Frank Gehry. La vista del conjunto, cuando el sol ya está empezando a caer, es una delicia. Si queréis tener las mejores vistas os aconsejo llegar hasta el Hotel Hyatt Regency y ver desde allí la otra orilla. El camino no os decepcionará.


 

La Rheinturm es una torre de telecomunicaciones de 240,5 metros, a la cual podéis subir para observar la ciudad desde las alturas. Si tenéis el cielo despejado es posible divisar la Catedral de Colonia. También podéis comer o cenar, pues a 172,5 metros se sitúa un restaurante. Por la noche, en su fina estructura, se proyecta un reloj de luces diseñado por Horst H. Baumann. El mismo tiene el honor de ser el reloj digital más grande del mundo, aunque cuando nosotros fuimos la hora no estaba muy lograda.

 


La otra gran atracción de la zona son las oficinas Neuer Zollhof, un conjunto de tres edificios, cada cual más original, que diseñó el arquitecto Frank Gehry para revitalizar la zona del puerto. Este arquitecto es conocido por sus diseños espectaculares, los cuales no dejan indiferentes a nadie. Yo ya conocía a este arquitecto por obras como la Casa Danzante de Praga o el Museo Guggenheim, en Bilbao, por lo que no quería perderme visitar otra de sus obras más reconocidas en Europa.

 

Los tres edificios presentan una arquitectura innovadora y distintiva con formas curvas y materiales diferentes, que se han convertido en un ícono de la ciudad. Hasta tal punto llegó su fama que aparecen en la versión alemana del Monopoly.


 

Lo primero que me llamó la atención es que, al no seguir la alineación de la calle, ofrecen amplios espacios entre los edificios para la circulación peatonal o su utilización para terrazas.

 

Los tres edificios, que en principio parecen similares (están construidos con losas de hormigón armado de alta resistencia y losas prefabricadas), se adaptan a cada uno de los materiales con los que fueron recubiertos externamente, existiendo particularidades interesantes según se utilizó el revoco estucado, el ladrillo rojo o la chapa de acero inoxidable. El contraste entre ellos es maravilloso.

 

El primero de la izquierda, con su fachada blanca luminosa, es el más grande y el que costó menos dinero realizar. El dinamismo de su fachada curva contrasta con la verticalidad de las ventanas o la rectitud del saliente más pequeño. El del centro, recubierto en paneles metálicos de acero inoxidable, en donde se reflejan las formas de los edificios vecinos, es el más pequeño, aunque no lo parezca. Resulta que los paneles le hacen parecer mayor de lo que verdaderamente es. Por último, el edificio recubierto con ladrillos rojos, también combina las formas curvas con las rectas para crear cierto dinamismo asimétrico. Aunque, en comparación con el primero, este lo veo menos dinámico.

 


Toda la zona del puerto, gracias a la construcción de estas casas, se llenó de nuevos proyectos con los que revitalizar el puerto. Un paseo por los alrededores os permitirá descubrir otros edificios modernos, cada uno con nuevas ideas y motivos originales.

 

 

Y, para terminar el día, que mejor que acercarse a Little Tokyo. Pasear por Immermannstrasse es algo parecido a viajar a Japón sin salir de Alemania. Ya os comenté que esta ciudad posee la colonia mayor de japoneses en Europa, por lo que no debería sorprenderos que tengan un espacio gastronómico adecuado a sus costumbres. En esta calle se distribuyen multitud de locales de comida japonesa, tanto supermercados como restaurantes. Todo está rotulado en japonés y existen desde los más lujosos hasta los que te sirven la comida en una barra para no perder mucho tiempo.

 


Yo tenía muchas ganas de probar un buen ramen y no me resistí a entrar en uno de estos locales y probar esa especie de sopa llena de cosas y que se come con palillos y una especie de cuchara. Os aconsejo a probarlo y decirme si no tenéis pensado incorporarlo a vuestra dieta habitual.

 

Hasta aquí la visita de hoy.

 

Como veis, Düsseldorf tiene numerosos encantos para merecer una visita por vuestra parte. Y esto es solo una pequeña parte de todo su atractivo turístico. La ciudad tiene varios museos de arte y, en los alrededores, gran cantidad de sitios de interés. Os dejo la web de turismo de la ciudad donde informaros (aquí).


Tenedlo en cuenta cuando visitéis esta zona de Alemania.

 

Hasta la próxima

 

 

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