Mi presencia en Düsseldorf fue casual. Deseaba visitar
Colonia (Köln) y la compañía aérea Iberia, con la que me gusta viajar, me
llevaba al aeropuerto de la ciudad de la que voy a comentar.
Puesto que llegaba a Düsseldorf decidí investigar un
poco sobre sus posibles encantos y debo decir que bien merece un día de vuestro
tiempo para recorrerla.
No me equivoco al indicar que esta desconocida ciudad
alemana tiene un encanto especial para el turista por su mezcla entre lo
antiguo, representado por el casco histórico (Altstadt), y lo moderno, donde
destaca la arquitectura de Frank Gehry.
¿Os interesa saber más?
Llegué a Düsseldorf desde su cercano aeropuerto en un
rápido viaje de menos de veinte minutos en tren. Lo más económico es obtener la
Düsseldorf Card (posible en la máquina de venta del Skytrain), pues tendrás
todos los transportes gratis en la ciudad durante 24/48 horas, según el tiempo
que queráis pasar.
El Skytrain es un monorriel suspendido, que une las
terminales del aeropuerto con la estación de tren (U-Bahn) del aeropuerto (Düsseldorf
Flughafen). Yo os recomiendo tomar el tren aquí, en vez de la otra estación
llamada Düsseldorf Flughafen Terminal, pues pasan trenes más regularmente y son
mucho más rápidos. Lo dicho, en torno a 20 minutos llegarás a la estación
central (Hauptbahnhof) de Düsseldorf. Su color oscuro es muy característico.
Este será vuestro punto de partida en la ciudad y un
lugar cómodo para visitar la ciudad. Desde aquí podéis tomar el metro y, si
salís a la superficie, veréis que también se trata de un lugar donde poder
tomar multitud de tranvías, los cuales recorren toda la ciudad.
Salir a la superficie es interesante, pues vais a
descubrir una de los atractivos más sugerentes de esta ciudad, las esculturas
diseminadas por la ciudad de Christoph Pöggeler. En alemán se denominan Säulenhailigen,
y son “esculturas de personas comunes que viven y trabajan en
Düsseldorf”.
Ubicadas siempre sobre pilares publicitarios
callejeros, están realizadas en poliéster a tamaño natural, mostrando, con un
realismo extremo, a personas que podrían ser alguien como tú. Es, sin duda, una
oda a la cotidianidad.
En la estación se encuentra la escultura de una
persona con traje que está tomando una fotografía con una cámara “antigua” tipo
réflex. Algo con la que me siento bastante representado (por ser alguien del
siglo XX).
Por la ciudad están diseminadas numerosas de ellas y
existen tours que las recorren. La mayoría se encuentran junto a lugares
turísticos por los que pasaréis, por lo que no os preocupéis demasiado y abrid
bien los ojos. Aquí os dejo algunas que me parecieron interesantes.
Si tomáis el metro os aconsejo llevar un plano donde
muestren los finales de línea. En Düsseldorf, por el mismo andén, pasan trenes
con direcciones diferentes, por lo que deberéis fijaros en la estación final
para saber si os conviene tomarlo. Al principio, al ser un poco diferente a
España y tener tal cantidad de líneas (it´s insane, man) puede que os
sintáis abrumados, pero con un mapa todo es más fácil.
Vuestro objetivo es llegar a la cercana Heinrich-Heine-Allee,
auténtico nudo de comunicaciones. Una vez salimos del metro seguiremos la
animada Bolkerstrasse, conocida como “el bar más largo del mundo”.
Se trata de una famosa calle turística donde se
suceden numerosos bares y restaurantes. Las casas donde se sitúan tienen una
arquitectura antigua muy característica, con entramados de madera o carteles
con esculturas. Si deseáis probar la cerveza típica de la ciudad, Altbier,
tostada y con sabor fuerte, este es el mejor sitio.
Una placa en el inicio de la calle
Schneider-Wibbel-Gasse os llamará la atención. Un hombre parece estar defecando
monedas de oro. En letras doradas el autor os da un consejo: “Dies marchen
wird wohl niemals wahr. Das leben lehrt sei klug und spar” (Este cuento de
hadas probablemente nunca se hará realidad. La vida nos enseña a ser sabios y a
ahorrar).
Tomad esta calle y os encontraréis un montón de
restaurantes de comida española, como Don Quijote o El Flamenco. No creo que os
interese comer como en casa, pero seguro que os agradará ver, en la plaza
final, el muñeco que aparece ciertas horas (11, 13, 15, 18 y 21h) en lo alto
del Restaurante Dal Sarto. Un pequeño espectáculo musical que tanto gusta por
estos lares.
Volviendo sobre nuestros pasos y caminando hacia el
rio llegaremos a uno de los puntos importantes de la ciudad, la Marktplatz.
La plaza del mercado ha sido, durante siglos, el centro comercial de la ciudad.
Hoy en día está dominada por la imponente escultura
ecuestre de Jan-Wellem, apodo con el que se conoce a Johann Wilhelm von der
Pfalz, importante gobernante que puso las bases de lo que sería Düsseldorf en
el siglo XVII. Juan Guillermo del Palatinado, como lo conocemos en España, fue
Elector del Palatinado y favoreció el crecimiento de su ciudad natal. Hoy en
día, su imponente escultura a caballo, elevada sobre un basamento clasicista
adornado con ramas de palma y coronas de laurel en bronce dorado y rodeada por
una verja de estilo clásico, es uno de los símbolos de la ciudad. Fue realizada
por el escultor ítalo-flamenco Gabriel Grupello entre 1703 y 1711.
La escultura anterior tiene como fondo el bello
edificio de la Ayuntamiento antiguo. Está compuesto por tres edificios
de diferentes épocas, aunque destaca su majestuosa fachada de ladrillo, la cual
data del siglo XVI. Como puntos de interés está la Schlossturm (Torre del
Castillo), con su escalera octogonal, y la escultura de la justicia en una
hornacina.
En una esquina de la plaza existe la figura de un
joven. Según la leyenda, es el ayudante de Gabriel Grupello, quién le ayudó
para recopilar material suficiente con el que realizar el molde de la estatua
ecuestre de la plaza. Como agradecimiento, Grupello le dedicó una estatua a
tamaño natural.
Y, detrás de la estatua se encuentra la Fuente de los
gansos, creada por el escultor Willy Meller (1887-1974). Fijaos en el detalle
de la serpiente. El agua de la fuente sale por la boca de una serpiente y
también se marcha a través de un sumidero, al otro lado, con una serpiente
grabada.
Muy cerca de aquí tenéis otra escultura interesante.
Se llama Hoppeditz-Denkmal y representa a un personaje ficticio, entre pícaro y
tonto, que se ha convertido en el símbolo de la fiesta del Carnaval de la
ciudad. Este personaje encarna el carácter lúdico e irreverente de la
festividad. Todos los años, este personaje realiza un discurso satírico y
humorístico para comenzar las celebraciones. Si queréis saber más sobre el
Carnaval en Düsseldorf tenéis, al lado, la Casa del Carnaval con objetos e
información al respecto.
Y, para terminar con las esculturas, indicar la de
2,20 metros que representa a un camarero típico de la ciudad. Los Köbesse (como
se les conoce en el dialecto local) son conocidos por su particular encanto.
Por ejemplo, si les pides agua te preguntarán si también quieres una toalla.
Aquí sólo se puede pedir cerveza, ¿entendido?
Volvamos a nuestro recorrido y, ya que hemos llegado
cerca del río, paseemos junto al Rin recorriendo el bello paseo. Las vistas de
la otra orilla, con sus casitas bajas, son preciosas.
En nada habremos llegado a la Burgplatz. La
plaza del castillo es una de las más animadas de la ciudad, con numerosos
locales para tomar la típica cerveza en terrazas.
De la antigua fortaleza apenas queda la torre, que
alberga actualmente el SchifffahrtMuseum, un museo que nos sumerge en
todo lo relacionado con el rio Rin. Personalmente no creo que sea una visita
imprescindible, salvo que te guste mucho el tema en cuestión.
Aquí existen un par de interesantes esculturas a
comentar. Por un lado, la llamada Radschlägerbrunnen. Esta fuente,
decorada con figuras de niños haciendo la tradicional voltereta de Düsseldorf
(Radschläger), nos remite a una de las costumbres más antiguas de la ciudad. Según
cuentan las leyendas, cuando Jan Wellem (Johann Wilhelm II), Elector Palatino,
regresó victorioso de la batalla de Worringen en 1288, los niños le dieron la
bienvenida con alegres volteretas a lo largo de su recorrido. Desde entonces, esta
práctica se convirtió en símbolo de expresión de felicidad y celebración en
Düsseldorf.
La otra escultura a tener en cuenta se encuentra muy
cerca, junto a un bello canal que me recordó a Ámsterdam (salvando las
distancias). Se denomina Stadterhebungsmonument, y conmemora la
fundación de la ciudad en el siglo XIII. Se trata de un conglomerado de figuras
de bronce que nos enseña escenas de guerra por un lado (Batalla de Worringen,
1288) y de una especie de mercado, por otro. Igualmente aparece representada la
elevación de la iglesia parroquial dedicada a Saint Lambert como iglesia
canónica. El monumento se construyó en 1988 para conmemorar el 700 aniversario
de la ciudad.
La susodicha iglesia la tenemos caminando por el
callejón que se abre ante nosotros desde este monumento. La torre de la iglesia
nos sirve de guía. Una torre, por cierto, que en su parte superior está
torcida.
Los locales se remitirán a la leyenda de que fue el
diablo quién la torció cuando intentó arrancarla. Lo cierto es que fue el
resultado de utilizar madera fresca y húmeda, la cual se terminó combando, en
la restauración del siglo XIX. Sea como fuere le otorga una originalidad única.
Por cierto, otra curiosidad local. Se dice que la
torre logrará enderezarse cuando una joven virgen de Düsseldorf se case en esa
iglesia. Todavía siguen esperando.
Sin duda, la Iglesia de San Lamberto es el
templo religioso más importante de la ciudad. Aunque Düsseldorf no posee
catedral, la importancia de este templo lo mitiga. No en vano, durante el
pasado fue un importante centro de peregrinación, al tener en su interior la
tumba de San Lamberto y las reliquias de San Apolinar, patrón de la ciudad. Su
sencilla estructura de ladrillo en estilo gótico apenas nos prepara para el
impresionante conjunto de obras de arte que atesora en su interior.
Os recomiendo dar una vuelta al edificio, antes de
entrar, pues descubriréis un impresionante Calvario en la parte posterior.
Del interior de esta iglesia varios son los puntos en
los que debéis fijaros. En primer lugar, en el Altar Mayor, presidido por una
figura de la Virgen entre columnas salomónicas. Delante se expone una urna con
las reliquias de San Apolinar.
Recorriendo la girola vamos a ver diferentes altares
de gran belleza, así como frescos medievales originales y tablas con pinturas.
Una sucesión de obras de arte como las expuestas en los museos.
Un punto importante es el excelente tabernáculo
gótico, esculpido en piedra y que contiene escenas bíblicas. Dada su decoración
y rareza es, sin duda, una de las obras de arte más importantes de este templo.
Si queréis saber más sobre este objeto os recomiendo leer este blog (aquí).
Del resto de obras que me gustaron destacar una Piedad
y una crucifixión, ambas situadas en la parte posterior de la iglesia.
En definitiva, un templo verdaderamente bello y que
será una de las principales visitas a la ciudad.
La otra gran iglesia de la ciudad es San
Andreas, situada muy próxima y levantada en estilo barroco. Su particular
fachada en tonos amarillos es algo que veréis mucho en el país.
Construida por los jesuitas en el siglo XVII, su color
blanco le otorga amplitud y luminosidad. Numerosas tallas de santos y
apóstoles, a tamaño natural, están adosadas a sus múltiples columnas, mientras
que el Altar Mayor tiene una curiosa escalera y figuras en plata dentro de
urnas de cristal. Todo ello le otorga un aspecto moderno y, a la vez,
inquietante.
En la parte de atrás se sitúa el órgano. Se dice que
esta iglesia posee una acústica impresionante y, por ello, fue un importante
centro de la cultura musical de la ciudad en el pasado.
Cerca de esta iglesia se levantan los museos de arte
contemporáneo de la ciudad. Personalmente no me sentía muy atraído por ninguno
de ellos, por lo que decidí obviar su visita y centrarme en otros lugares con
más encanto. Uno de ellos fue, sin duda, Königsalle. Se trata de un
bonito boulevard donde se concentran todas las tiendas y hoteles más
importantes de la ciudad. Por el centro del boulevard discurre un bonito canal
en el que hacer un descanso. Seguro que algún pato se os acercará por si recibe
algo de alimento.
El otro lugar encantador que os aconsejo visitar es la
EKŌ-Haus. Para llegar a ella deberéis tomar el metro y cruzar el rio
hasta la parada de Heerdter Sandberg. Habréis llegado a un barrio donde os
sorprenderá encontrar a tantas personas orientales. Debéis saber que en
Düsseldorf existe la mayor colonia de japoneses de toda Europa.
EKŌ-Haus es, a la vez, un
centro cultural y un templo que ofrece una experiencia inmersiva en la cultura
japonesa. El centro cuenta con arquitectura japonesa tradicional, jardines
serenos con encantadores puentes y un templo Shin-Budista, uno de los pocos en
Europa. En el interior existen visitas guiadas a exposiciones temporales y
ceremonias especiales.
Cuando visité el lugar el centro estaba cerrado y me
quedé con ganas de visitar una exposición sobre samuráis. Ahora bien, recorrer
en silencio el hermoso jardín japonés, en total soledad, fue una experiencia
única y muy gratificante que os recomiendo si visitáis Düsseldorf.
Volviendo al centro de la ciudad, el único museo que
visité fue el Filmmuseum Düsseldorf, el museo del cine. Anteriormente
había visitado el museo del cine en Turín (más info aquí)
y me apetecía volver a ver un museo de este tipo. Si tenéis tiempo y os gusta
el tema es una visita muy recomendable.
El museo se reparte por diferentes plantas de un edificio
situado junto al puerto viejo de la ciudad, un rincón encantador. Presidiendo
este lugar encontramos una curiosa escultura, de la artista Anke Eileegerhard,
llamada Between Heaven and Earth.
En la primera planta del museo vamos a encontrar attrezzo
(imagino que original) de diversas películas de época. Me gustó encontrar la
espada de Aragorn, del señor de los anillos, trajes japoneses de la famosa película
de Akira Kurosawa o una vitrina exclusiva con artículos de Charles Chaplin.
En esta misma planta encontraréis también una caja
antigua, donde se cobraban las entradas, o un curioso cine portátil, de esos
que viajaban por los pueblos abriendo la mente al mundo rural sobre las
novedades de las ciudades.
En la siguiente planta vamos a descubrir el cine desde
sus orígenes arqueológicos. Estos nos llevarán a las sombras chinescas, donde
se muestran tanto las siluetas como vídeos explicativos.
Debilidades propias personales son los dibujos con
anamorfosis, una técnica por la cual la imagen sólo se puede ver mediante el
uso de un cilindro; la linterna mágica, como primer proyector; o los fenaquistoscopio,
una suerte de aparato que simulaba movimiento mediante la sucesión rápida de
imágenes.
Igualmente, podréis admirar diversas cámaras de
fotografía antiguas o instrumentos utilizados para filmar películas antiguas.
La última planta es la más amena, pues vamos a poder
interactuar en diversos lugares. Podremos montarnos a un automóvil y realizar
interesantes vídeos; podremos entrar en un entorno de croma verde y colocar
diversos escenarios en los que actuar; y tendremos attrezzo de sombreros para
disfrazarnos y montar una pequeña escena. Sin duda, esta última parte es la más
lúdica y la que gustará más a los niños, que se sentirán dentro de una
película.
Desde aquí está muy cerca (aunque recomiendo tomar el
tranvía) la zona del puerto deportivo. Aquí se alza la famosa Rheinturm
y las oficinas Neuer Zollhof, más conocidas como las Casas de Frank
Gehry. La vista del conjunto, cuando el sol ya está empezando a caer, es
una delicia. Si queréis tener las mejores vistas os aconsejo llegar hasta el
Hotel Hyatt Regency y ver desde allí la otra orilla. El camino no os
decepcionará.
La Rheinturm es una torre de telecomunicaciones de
240,5 metros, a la cual podéis subir para observar la ciudad desde las alturas.
Si tenéis el cielo despejado es posible divisar la Catedral de Colonia. También
podéis comer o cenar, pues a 172,5 metros se sitúa un restaurante. Por la
noche, en su fina estructura, se proyecta un reloj de luces diseñado por Horst
H. Baumann. El mismo tiene el honor de ser el reloj digital más grande del
mundo, aunque cuando nosotros fuimos la hora no estaba muy lograda.
La otra gran atracción de la zona son las oficinas
Neuer Zollhof, un conjunto de tres edificios, cada cual más original, que
diseñó el arquitecto Frank Gehry para revitalizar la zona del puerto. Este
arquitecto es conocido por sus diseños espectaculares, los cuales no dejan
indiferentes a nadie. Yo ya conocía a este arquitecto por obras como la Casa
Danzante de Praga o el Museo Guggenheim, en Bilbao, por lo que no quería
perderme visitar otra de sus obras más reconocidas en Europa.
Los tres edificios presentan una arquitectura
innovadora y distintiva con formas curvas y materiales diferentes, que se han
convertido en un ícono de la ciudad. Hasta tal punto llegó su fama que aparecen
en la versión alemana del Monopoly.
Lo primero que me llamó la atención es que, al no
seguir la alineación de la calle, ofrecen amplios espacios entre los edificios
para la circulación peatonal o su utilización para terrazas.
Los tres edificios, que en principio parecen similares
(están construidos con losas de hormigón armado de alta resistencia y losas
prefabricadas), se adaptan a cada uno de los materiales con los que fueron recubiertos
externamente, existiendo particularidades interesantes según se utilizó el
revoco estucado, el ladrillo rojo o la chapa de acero inoxidable. El contraste
entre ellos es maravilloso.
El primero de la izquierda, con su fachada blanca
luminosa, es el más grande y el que costó menos dinero realizar. El dinamismo
de su fachada curva contrasta con la verticalidad de las ventanas o la rectitud
del saliente más pequeño. El del centro, recubierto en paneles metálicos de
acero inoxidable, en donde se reflejan las formas de los edificios vecinos, es
el más pequeño, aunque no lo parezca. Resulta que los paneles le hacen parecer
mayor de lo que verdaderamente es. Por último, el edificio recubierto con
ladrillos rojos, también combina las formas curvas con las rectas para crear
cierto dinamismo asimétrico. Aunque, en comparación con el primero, este lo veo
menos dinámico.
Toda la zona del puerto, gracias a la construcción de
estas casas, se llenó de nuevos proyectos con los que revitalizar el puerto. Un
paseo por los alrededores os permitirá descubrir otros edificios modernos, cada
uno con nuevas ideas y motivos originales.
Y, para terminar el día, que mejor que acercarse a Little
Tokyo. Pasear por Immermannstrasse es algo parecido a viajar a Japón sin
salir de Alemania. Ya os comenté que esta ciudad posee la colonia mayor de
japoneses en Europa, por lo que no debería sorprenderos que tengan un espacio
gastronómico adecuado a sus costumbres. En esta calle se distribuyen multitud
de locales de comida japonesa, tanto supermercados como restaurantes. Todo está
rotulado en japonés y existen desde los más lujosos hasta los que te sirven la
comida en una barra para no perder mucho tiempo.
Yo tenía muchas ganas de probar un buen ramen y no me
resistí a entrar en uno de estos locales y probar esa especie de sopa llena de
cosas y que se come con palillos y una especie de cuchara. Os aconsejo a
probarlo y decirme si no tenéis pensado incorporarlo a vuestra dieta habitual.
Hasta aquí la visita de hoy.
Como veis, Düsseldorf tiene numerosos encantos para merecer una visita por vuestra parte. Y esto es solo una pequeña parte de todo su atractivo turístico. La ciudad tiene varios museos de arte y, en los alrededores, gran cantidad de sitios de interés. Os dejo la web de turismo de la ciudad donde informaros (aquí).
Tenedlo en cuenta cuando visitéis
esta zona de Alemania.
Hasta la próxima



































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