El símbolo por excelencia de la derrota final de
Alemania en la Segunda Guerra Mundial es, sin lugar a dudas, la famosa
fotografía realizada por el corresponsal de guerra soviético Evguéni A. Jaldéi.
Un soldado soviético iza la bandera de su país sobre
el Reichstag, el edificio que albergaba el Parlamento alemán. Para muchos era
el símbolo de poder de los nazis y la representación gráfica de su caída
definitiva. Ahora bien, ¿sabías las mentiras que encierra esta fotografía?
La batalla de Berlín fue la ofensiva final de los
aliados para terminar con el III Reich alemán de Hitler. El Ejército Rojo
avanzó sobre Berlín a un ritmo veloz desde que a mediados de enero de 1945 el
frente del este se rompiera en Polonia. El 20 de abril ya había llegado a las
afueras de la actual capital alemana y, a pesar de la derrota segura alemana,
los nazis realizaron una defensa encarnizada que aguantó hasta el 2 de mayo.
El Reichstag fue tomado el 30 de abril tras duros
combates. La representación gráfica de esta proeza la tenemos en la fotografía
tomada por Evguéni A. Jaldéi, donde un soldado soviético iza la bandera roja de
la hoz y el martillo aún cuando los combates no habían cesado. El humo y la
destrucción que vemos al fondo son ejemplo de la dureza que tuvieron aquellos
combates.
La fotografía fue publicada por primera vez el 13 de
mayo en la revista Ogonyok, logrando una gran difusión por su excepcional valor
gráfico. Se convertiría en el símbolo de la victoria de la URSS sobre el
nazismo. Ahora bien, esta fotografía contiene varias mentiras que vamos a
desgranar.
Gracias a la apertura de los archivos secretos de la
Unión Soviética, tras su caída a finales del siglo pasado, se conoció que la
fotografía no se realizó el día 30 de abril, sino el 2 de mayo, cuando los
combates ya habían cesado completamente. Por tanto, esta fotografía no era
fruto del azar (como nos intentaron vender), ni se produjo durante los
combates, sino que fue realizada como un montaje fotográfico. Esto le quita
parte del valor que tenía en origen.
Yevgeni Jaldéi, una vez terminados los combates en el
Reichstag, decidió realizar una fotografía icónica como la que los
norteamericanos habían realizado en Iwo Jima en febrero de aquel año.
Para ello pidió a varios soldados que posaran con la
bandera en ese encuadre tan fotogénico, realizando una sesión de varias
fotografías donde, posteriormente, se elegiría la que estamos analizando.
Además, esta fotografía tiene una segunda capa de
mentira en su interior, pues fue acertadamente retocada por los soviéticos
para dar mayor dramatismo y, de paso, ocultar algunos de los desmanes
protagonizados por sus tropas en la ofensiva.
Por un lado, se le añadieron, en el fondo, las dos
columnas de humo negro, logrando la sensación de que los combates aún se
estaban llevando a cabo. Por otro lado, se borró, de la muñeca del soldado que
sujeta al que iza la bandera, un segundo reloj que portaba en la muñeca. La
existencia del mismo mostraba, con total crudeza, el saqueo que las tropas
soviéticas llevaron a cabo de los cadáveres alemanes.
La tercera mentira que debemos anotar en
relación con esta fotografía trata sobre el protagonista de la fotografía.
Varios han sido los personajes que han ostentado tal honor. El sargento
georgiano Meliton Kantaria fue condecorado como héroe nacional por izar la
bandera, aunque algunos indican que quien portaba la bandera roja era un
soldado ucraniano llamado Alexéi Kovalev, silenciado por Stalin por motivos
políticos.
En verdad, el honor debería tenerlo el ruso Mijail
Petrovich Minin, auténtico protagonista de esta historia, al izar la bandera
roja sobre el Reichstag el 30 de abril de 1945, a las 22:40h, mientras aún se
libraban los combates. La pena fue que ningún fotógrafo estaba allí para
inmortalizarlo.
Por tanto, esta fotografía es un montaje sobre un
suceso que ocurrió realmente. La triste mentira que la rodea es que los
auténticos protagonistas vieron ninguneado, durante décadas, el honor de
realizar tal acto heroico y que, la misma, fue retocada para ocultar la cruda
realidad.
Minin tuvo el reconocimiento final a su mérito en
1995, cuando fue condecorado por el presidente ruso Boris Yeltsin. Una justa
compensación que ponía fin a una de las mentiras más injustas de la guerra.

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