domingo, 1 de marzo de 2026

Pinturas mentirosas (II): La rendición de Granada (1882). Francisco Pradilla y Ortiz.

 

Segunda entrega de esta sección dedicada a cuadros históricos que contienen alguna mentira.

 

Hoy nos vamos a detener en un famoso cuadro que recrea un acontecimiento capital para nuestro país y que se conserva en la Sala de Conferencias o Salón de los Pasos Perdidos del Palacio del Senado de España. Me refiero a La rendición de Granada (1882), obra de Francisco Pradilla y Ortiz. ¿Os interesa conocer la mentira que esconde esta obra?

 

Descripción del cuadro

 

En esta obra histórica de grandes dimensiones (3,3 metros de alto por 5,5 metros de ancho) vemos el instante en el que un derrotado rey Boabdil entrega las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

 


Tal acontecimiento ocurrió el 2 de enero del año 1492, dando fin a la Guerra de Granada, con la cual terminó la presencia musulmana en la península ibérica tras siglos de dominación. Por tanto, fue el momento final de lo que en su momento se denominó la Reconquista (término polémico en la actualidad y que daría para otro artículo).

 

Pradilla recibió del Senado el encargo para realizar esta obra tras el éxito que consiguió su cuadro Doña Juana la Loca, que logró medallas de honor tanto en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878 como en la sección española de la Exposición Universal de París del mismo año.

 

El marqués Manuel García Barzanallana, presidente de la institución en aquel momento le dio unas instrucciones precisas sobre la confección de esta obra. Debía representar la unidad de España, siendo el “punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos gloriosos soberanos”.

 

Esta obra constituyó uno de los grandes éxitos de Pradilla a tenor de la gran fama y difusión que tuvo allende de nuestras fronteras. El rey premió al pintor por este trabajo con la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica.

 

Las mentiras que esconde este cuadro

 

Pradilla realizó un profundo estudio del lugar donde decidió situar la escena, así como de los personajes que aparecen en ella. Se trasladó a Granada y permaneció allí durante seis meses, tomando apuntes, pintando paisajes con diversas vistas de la Alhambra y documentándose de los ropajes y objetos que luego introduciría en el lienzo.

 

Todos los objetos que aparecen en la obra son reales, siendo tomados de los existentes en la Catedral, la Capilla Real y el Ayuntamiento de Granada. Para los personajes se basó en las pinturas y esculturas existentes, si bien tuvo problemas para encontrar uno de Boabdil. Para este retrato se basó en la cara del doctor Benito Hernando Espinosa, pues según Pradilla representaba la clásica figura “moruna”. Según cuentan, Pradilla se gastó el 40% del presupuesto que anticipó el senado en la compra de ropajes y en el armado del escenario donde realizaría la composición.

 

Una de las licencias más notorias que se tomó Pradilla a la hora de realizar el cuadro fue la inclusión en el mismo de la reina Isabel I. Según sabemos por las fuentes históricas, Isabel I no se encontraba en la rendición aquel 2 de enero. Y tampoco entregó Boabdil las llaves a Fernando el Católico, sino que se las dio al conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza, que sería el primer capitán general de la Alhambra.

 

Según recoge la Crónica de los Reyes Católicos, Boabdil avanzó sobre su caballo de cara al enemigo que acampaba más allá de los muros de Granada y entonces un tropel de gentes famélicas, compuesto de madres gimiendo y niños “dando voces diciendo que no podrían sufrir el hambre; y que esta causa vendrían a desamparar la ciudad e irse al real de sus enemigos, por cuya causa la ciudad se tomaría y todos vendrían a ser cautivos y muertos”.

 

Nada de esto aparece en este cuadro, pues la no inclusión de la reina Isabel hubiera ido en contra del mandato que le dieron al pintor y del mensaje que se quería transmitir con la misma: el fin de la Reconquista y la unión de los dos reinos más importantes de la península ibérica, conformando la base histórica de nuestro país.

 

Conclusión

 

Esta obra, debido a su gran difusión, difundió la mentira sobre a quién entregó las llaves de la ciudad Boabdil.

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