Hace poco vi la película Nuremberg, una versión
moderna que nos muestra los famosos juicios que se celebraron en aquella
localidad alemana contra los dirigentes nazis apresados al final de la segunda
guerra mundial.
Como la interpretación del director James Vanderbilt
tiene algunos puntos históricos cuestionables me he decidido a realizar una
pequeña crítica de la misma.
¿Os interesa conocerla?
Sinopsis de Nuremberg (2025)
Tras el fin de la II Guerra Mundial, con ocasión de
los cruciales e inminentes juicios de Nuremberg contra el derrotado régimen
Nazi, el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (interpretado por Rami Malek),
encargado de determinar si los oficiales nazis prisioneros son aptos para ser
juzgados por sus crímenes de guerra, se ve inmerso en una compleja batalla de
ingenio dialéctico con Hermann Göring (Russell Crowe), mano derecha de Hitler. La
película está basada en el libro El nazi y el psiquiatra, de Jack
El-Hai.
Crítica cinematográfica
Como suele ser habitual en este tipo de películas
históricas, todo lo relacionado con la puesta en escena es tremendamente
inmersivo y veraz. El vestuario, la fotografía o los escenarios se han
reproducido de una manera bastante fidedigna y nos permiten retrotraernos a
mediados del siglo pasado. Hasta existen escenas que se copiaron directamente
de lo ocurrido en los verdaderos juicios, lo que crea la ficción de realidad.
Ahora bien, la trama de la película es otra cosa. En
vez de mostrar la realidad de los juicios más importantes de nuestro pasado
reciente, se nos muestra un duelo de egos desigual entre un magnífico Hermann
Göring (Russell Crowe) y un poco entendible Douglas Kelley (Rami Malek). Otra
interpretación memorable es la del fiscal Robert Jackson (Michael Shannon), un
personaje al que se le otorga una importancia excesiva y una escena, como
veremos luego, irreal y cargada de significado.
Pero como decía, la trama no tiene sentido alguno. El
suspense creado por la trama, haciéndonos pensar que Hermann Göring puede
salvarse de las acusaciones vertidas sobre él resulta irrisoria en una película
histórica de la que conocemos en resultado final.
En lugar de explorar las verdaderas tensiones creadas
por este juicio en la época (la retroactividad de las leyes que se utilizaron
para juzgarlos, la parcialidad de los jueces, los puntos oscuros que se pasaron
por alto…), el director prefiere pasar por ello de puntillas y mostrarnos una
película de superhéroes entre buenos y malos. El juicio, a pesar del título,
apenas ocupa una porción muy pequeña del metraje y, por tanto, impide mostrar
la realidad del mismo.
En el juicio participaron los vencedores de la guerra:
norteamericanos, británicos, franceses y soviéticos. En la película los dos
últimos son convidados de piedra, desaprovechando una buena ocasión para
alejarse de ese ego tan hollywoodiense de mostrarnos a los EEUU como los héroes
del mundo.
La recreación de la vida en la prisión, las normas
estrictas para evitar suicidios (que, como se muestra, no siempre se lograron
evitar) y las reuniones con los psicólogos/psiquiatras son bastante fidedignas.
Ahora bien, la presunta amistad que parecen entablar ambos protagonistas
resulta algo difícil de creer, máxime cuando aquellos nazis estaban esperando
un juicio y cualquier cosa que confesaran a aquellos médicos (enemigos) podía
ser usada en su contra.
Menos mal que el mensaje final, a pesar de todo, es
algo memorable. Los nazis no fueron muy diferentes al resto de contendientes.
Eran personas normales que realizaron actos abominables. El ser humano en su
máxima expresión, capaz de lo mejor y lo peor. El filme muestra cómo Kelly
llegó a la conclusión de que cualquier persona puede convertirse en criminal en
potencia, una idea rechazada en su tiempo y que lo llevó al aislamiento y la
depresión.
Los nazis que estudió no sufrían ninguna anomalía
psicológica. Más bien, poseían una inteligencia alta. Lo que ocurrió en Alemania
podía ocurrir en cualquier país y afectar a cualquier sociedad. Una enseñanza
muy útil en estos tiempos convulsos, todo sea dicho de paso. Pero que, en el
contexto de histeria colectiva contra el comunismo en la Guerra Fría, y con un
racismo institucionalizado en la sociedad estadounidense, estaba claro que no
se convertiría en un bestseller.
El personaje que interpreta Leo Woodall, militar
ayudante de Kelly, vio de cerca lo que pasó en la Alemania nazi, dejando una
frase memorable: “La gente permitió que pasara”. Otra lección para el
presente.
Lo anterior, junto a la decisión de mostrar imágenes
reales de los campos liberados (algo que ocurrió realmente en el juicio) son,
en mi opinión, los aciertos más destacados de la película.
Crítica histórica
Varios aspectos son criticables respecto a la realidad
histórica de los juicios. Como no quiero alargarme en exceso voy a nombrar por
encima los asuntos que más me llamaron la atención cuando visioné la película,
aunque seguro que no serán los únicos.
Lo primero que debo decir es que los juicios no fueron
propuestos por los EEUU. Durante la guerra, a medida que los dirigentes aliados
iban conociendo la enormidad de las atrocidades nazis, el presidente de Estados
Unidos, Franklin D. Roosevelt, el primer ministro de Gran Bretaña, Winston
Churchill, y el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética,
Josif Stalin, consideraron en uno u otro momento que la ejecución sumaria era
la respuesta más apropiada a los crímenes nazis. Mientras Churchill defendía la
idea de ejecutar a unos cincuenta altos mandos nazis, Roosevelt y Stalin
consideraban la ejecución sumaria de 50.000 nazis, una cifra que los británicos
se negaban a aceptar.
Fue el ministro de Asuntos Exteriores soviético,
Viacheslav Mólotov, quien, el 14 de octubre de 1942, sugirió la idea de los
juicios, ante un “Tribunal Internacional especial”.
Esa idea fue madurando, con altibajos, entre los Aliados.
Por ejemplo, en la Conferencia de Teherán Churchill se molestó con sus aliados
por defender la idea de ejecutar sumariamente a un gran número de enemigos
nazis como escarmiento y forma de erradicar el nazismo. Mientras que, en octubre
de 1944, en una visita a Moscú, se sorprendió al conocer que Stalin apoyaba la
celebración de un juicio. De hecho, los soviéticos, según avanzaban hacia
Berlín ya habían realizado juicios. Por ejemplo, en el primero de tales
procesos, celebrado en Krasnodar entre el 14 y el 17 de julio de 1943, los
soviéticos dieron a conocer ante la opinión pública mundial uno de los primeros
casos de asesinato en masa de judíos.
Aunque en los EEUU existían personajes importantes que
deseaban realizar un juicio (como por ejemplo Henry L. Stimson, el secretario
de Guerra), no fue hasta la muerte de Roosevelt y su sustitución por Truman,
que el asunto cobró importancia. Por tanto, fueron los soviéticos los que más
lucharon por la celebración de un juicio y el resto de aliados se sumaron a la
idea posteriormente. Primero los EEUU y luego los británicos. En ese orden. Nada
de eso se muestra en la película.
Finalmente, el día 8 de agosto de 1945, y tras varios
meses de negociaciones en Londres, concluyeron los estatutos en el que se
basaría tal proceso. Estos estatutos detallaban la constitución del Tribunal y
los derechos de los acusados. Al mismo tiempo, los Aliados determinaron los
cuatro cargos de la acusación: conjura, crímenes contra la paz, crímenes de
guerra y crímenes contra la humanidad.
La película se centra en atribuir todo el éxito del
derecho internacional a Jackson, borrando el trabajo colectivo de juristas
franceses, británicos y soviéticos. Algo, tal vez, necesario
cinematográficamente, pero cuestionable moralmente.
Tampoco se muestran las dificultades de los vencedores
para configurar un juicio que tuviera las garantías legales mínimas para los
acusados. Los soviéticos deseaban un juicio espectacular que mostrara castigos
ejemplares para cada delito, mientras que el resto de aliados deseaban imponer
medidas legales, como la presunción de inocencia, y dar la posibilidad de que
alguno de los enjuiciados pudiera salir libre o con condenas leves. Además, no
podían permitir el tipo de juicio inquisitorial soviético, convenciéndolos
finalmente de que su procedimiento, donde fiscales y abogados defensores se
enfrentan ante el juez con pruebas y declaraciones, sería mucho más aceptado
por la opinión pública occidental.
La película tan solo se centra en las dificultades
legales del proceso. En efecto, uno de los problemas principales fue que los
acusados serían juzgados por leyes (como “crímenes contra la paz” y “crímenes
de lesa humanidad”) que no estaban formalmente codificadas como delitos
internacionales antes de la guerra.
No obstante, la película no aborda el trasfondo que
aquello supone. Puesto que se juzgó a los nazis de la invasión de Polonia en
1939 como crimen contra la Paz, resultaba irónico que no se hiciera lo mismo
con los soviéticos, los cuales habían pactado con los nazis quedarse con la
mitad de ese país por los mismos procedimientos. Y, de paso, con los Países Bálticos.
Tampoco se muestran las defensas alemanas, las cuales
supieron mostrar pruebas que dejaban en mal lugar a los aliados. Cuando se
acusó a Karl Dönitz de dar órdenes a sus fuerzas navales para no rescatar náufragos
enemigos, los abogados mostraron documentos con instrucciones similares de
responsables británicos y estadounidenses. Igualmente, cuando les culparon de
la matanza de Katin en Polonia, la documentación aportada demostró que los
culpables fueron el Ejército Rojo. Nada de lo anterior tuvo recorrido en el
juicio y fue archivado, demostrando que los pecados de los vencedores no serían
juzgados por nadie.
Ninguno de los acusados ante el Tribunal Militar
Internacional lo fue por un cargo específico de persecución y asesinato de
judíos. Términos como Genocidio u Holocausto sólo se
generalizaron tiempo después. Entiendo que se trata de la parte más
melodramática de los juicios, pero centrarse en este tema en exclusiva desvirtúa
históricamente los juicios de forma muy evidente.
Las atrocidades sin precedentes que se cometieron
contra los judíos en toda Europa sí se mencionaron en el juicio, aunque de
pasada, al tratar los cargos, tercero y, sobre todo, el cuarto, en el que se
decía que el “asesinato en masa” de judíos había supuesto la muerte de “millones
de personas”.
Al contrario de lo que muestra la película, donde se
dice la cifra clásica de 6 millones de judíos asesinados, durante el juicio, la
acusación tendió a redondear la cifra en cinco millones. La cifra de 6 millones
fue aportada por Wilhelm Höttl en una declaración jurada durante el juicio (Exhibit
Prosecution 296). En la misma relata una conversación con Adolf Eichmann donde
le confesó que 4 millones de judíos habían muerto en campos y otros 2 millones
por otros medios. Es decir, se hace eco de una opinión de un tercero. Tal cifra
sería utilizada como canónica tras el juicio en Jerusalén a Eichmann (1961),
quien refrendó la misma. No obstante, en el momento de los juicios, esa cifra
se consideraba totalmente excesiva y abultada.
Diversos historiadores, entre los cuales destaca Raul
Hilberg, que ha escrito una obra definitiva sobre la aniquilación de los judíos
europeos, sitúan la cifra de judíos asesinados en torno a los 5.300.000.
Hilberg sitúa el número de asesinados en Auschwitz en
un millón, una cifra escalofriante, pero muy por debajo de la que, ante el
Tribunal, manifestó el comandante del campo, Rudolf Höss. Pese a que no resulta
fiable, esta cifra (entre dos millones y medio y tres) continúa citándose a
menudo, incluso en estudios aparentemente serios sobre Auschwitz.
En la película existe un interés manifiesto en mostrar
a los nazis como unos radicales en su persecución a los judíos. Y, en verdad lo
fueron. Ahora bien, no debemos olvidar contextualizar en el momento en el que
desarrollaron su ideología. Por ejemplo, las leyes raciales nazis se inspiraron
en las leyes Jim Crow de segregación estadounidense, o la eugenesia nazi copió
las esterilizaciones forzadas realizadas en los EEUU. Si algo resulta irónico
de estos juicios es olvidarse de estos aspectos polémicos que son obviados en
la película.
El final de la película parece mostrar que todos los acusados
fueron condenados a muerte. No fue así. Entre los 24 acusados, el tribunal
dictó doce condenas a muerte, siete de prisión y tres absoluciones.
Y, por último, una de las licencias creativas tomadas
por el director para añadir dramatismo o explorar las conexiones
internacionales de la época, aunque se trate de una burda falsedad. Me refiero
a la polémica conversación con el Papa Pío XII.
La película muestra al fiscal Jackson visitando al
Papa Pío XII para pedirle que apoye el juicio de Núremberg y acusándole de
haber sido demasiado cercano al nazismo. Es una escena que nunca se dio en el
mundo real y que su inclusión obedece al ya habitual anticatolicismo Hollywoodiense.
La escena no deja de ser una especie de enfrentamiento entre el jurista
moralmente superior, frente a un Papa cobarde e hipócrita.
En verdad la figura del Papa Pío XII es controvertida
en este asunto, pero acusarle de apoyar a los nazis cuando lo que hizo fue realpolitik
(como siempre se hace en el Vaticano) es algo verdaderamente osado. Máxime
sabiendo que este Papa fue quien salvó a miles de judíos de la persecución nazi
o que su diplomacia discreta obedecía a que no se produjeran persecuciones
mayores. Pero bueno, vende más la idea de un Papa colaboracionista con los
nazis.
Aunque sé que lo que voy a decir es una utopía, me hubiera
gustado que la película dejara en el aire la gran pregunta que supuso el juicio
que escenificaron los vencedores contra los vencidos: ¿Quién juzgaba a los
vencedores?
¿Dónde quedaba la responsabilidad internacional sobre los
asesinatos en masa de Stalin durante la liberación de Polonia (¿de verdad que
ni una mención a Katin?), el bombardeo de Dresde con la guerra casi concluida o
la masacre cometida en Japón con las bombas atómicas?
Si algo nos mostró la II Guerra Mundial fue que, en
medio de la barbarie, se enfrentaron potencias que se diferenciaban muy poco en
aspectos que se terminaron asimilando exclusivamente con el nazismo.
Ya lo advirtió Friedrich Nietzsche: Quien lucha con
monstruos debe procurar que, al hacerlo, no se convierta él mismo en un
monstruo.
Y los EEUU, tras luchar contra el nazismo y el comunismo
en el siglo XX, creo que terminaron por no conseguirlo. Las consecuencias las
estamos viviendo en directo en la actualidad.
Hasta la próxima

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