miércoles, 25 de marzo de 2026

La película Nuremberg (2025) muestra la realidad de los juicios de 1945

  

Hace poco vi la película Nuremberg, una versión moderna que nos muestra los famosos juicios que se celebraron en aquella localidad alemana contra los dirigentes nazis apresados al final de la segunda guerra mundial.

 


Como la interpretación del director James Vanderbilt tiene algunos puntos históricos cuestionables me he decidido a realizar una pequeña crítica de la misma.

 

¿Os interesa conocerla?

 

Sinopsis de Nuremberg (2025)

 

Tras el fin de la II Guerra Mundial, con ocasión de los cruciales e inminentes juicios de Nuremberg contra el derrotado régimen Nazi, el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (interpretado por Rami Malek), encargado de determinar si los oficiales nazis prisioneros son aptos para ser juzgados por sus crímenes de guerra, se ve inmerso en una compleja batalla de ingenio dialéctico con Hermann Göring (Russell Crowe), mano derecha de Hitler. La película está basada en el libro El nazi y el psiquiatra, de Jack El-Hai.

 

Crítica cinematográfica

 

Como suele ser habitual en este tipo de películas históricas, todo lo relacionado con la puesta en escena es tremendamente inmersivo y veraz. El vestuario, la fotografía o los escenarios se han reproducido de una manera bastante fidedigna y nos permiten retrotraernos a mediados del siglo pasado. Hasta existen escenas que se copiaron directamente de lo ocurrido en los verdaderos juicios, lo que crea la ficción de realidad.

 

Ahora bien, la trama de la película es otra cosa. En vez de mostrar la realidad de los juicios más importantes de nuestro pasado reciente, se nos muestra un duelo de egos desigual entre un magnífico Hermann Göring (Russell Crowe) y un poco entendible Douglas Kelley (Rami Malek). Otra interpretación memorable es la del fiscal Robert Jackson (Michael Shannon), un personaje al que se le otorga una importancia excesiva y una escena, como veremos luego, irreal y cargada de significado.

 

Pero como decía, la trama no tiene sentido alguno. El suspense creado por la trama, haciéndonos pensar que Hermann Göring puede salvarse de las acusaciones vertidas sobre él resulta irrisoria en una película histórica de la que conocemos en resultado final.

 

En lugar de explorar las verdaderas tensiones creadas por este juicio en la época (la retroactividad de las leyes que se utilizaron para juzgarlos, la parcialidad de los jueces, los puntos oscuros que se pasaron por alto…), el director prefiere pasar por ello de puntillas y mostrarnos una película de superhéroes entre buenos y malos. El juicio, a pesar del título, apenas ocupa una porción muy pequeña del metraje y, por tanto, impide mostrar la realidad del mismo.

 

En el juicio participaron los vencedores de la guerra: norteamericanos, británicos, franceses y soviéticos. En la película los dos últimos son convidados de piedra, desaprovechando una buena ocasión para alejarse de ese ego tan hollywoodiense de mostrarnos a los EEUU como los héroes del mundo.


La recreación de la vida en la prisión, las normas estrictas para evitar suicidios (que, como se muestra, no siempre se lograron evitar) y las reuniones con los psicólogos/psiquiatras son bastante fidedignas. Ahora bien, la presunta amistad que parecen entablar ambos protagonistas resulta algo difícil de creer, máxime cuando aquellos nazis estaban esperando un juicio y cualquier cosa que confesaran a aquellos médicos (enemigos) podía ser usada en su contra.

 

Menos mal que el mensaje final, a pesar de todo, es algo memorable. Los nazis no fueron muy diferentes al resto de contendientes. Eran personas normales que realizaron actos abominables. El ser humano en su máxima expresión, capaz de lo mejor y lo peor. El filme muestra cómo Kelly llegó a la conclusión de que cualquier persona puede convertirse en criminal en potencia, una idea rechazada en su tiempo y que lo llevó al aislamiento y la depresión.

 

Los nazis que estudió no sufrían ninguna anomalía psicológica. Más bien, poseían una inteligencia alta. Lo que ocurrió en Alemania podía ocurrir en cualquier país y afectar a cualquier sociedad. Una enseñanza muy útil en estos tiempos convulsos, todo sea dicho de paso. Pero que, en el contexto de histeria colectiva contra el comunismo en la Guerra Fría, y con un racismo institucionalizado en la sociedad estadounidense, estaba claro que no se convertiría en un bestseller.

 

El personaje que interpreta Leo Woodall, militar ayudante de Kelly, vio de cerca lo que pasó en la Alemania nazi, dejando una frase memorable: “La gente permitió que pasara”. Otra lección para el presente.

 

Lo anterior, junto a la decisión de mostrar imágenes reales de los campos liberados (algo que ocurrió realmente en el juicio) son, en mi opinión, los aciertos más destacados de la película.

 

Crítica histórica

 

Varios aspectos son criticables respecto a la realidad histórica de los juicios. Como no quiero alargarme en exceso voy a nombrar por encima los asuntos que más me llamaron la atención cuando visioné la película, aunque seguro que no serán los únicos.

 

Lo primero que debo decir es que los juicios no fueron propuestos por los EEUU. Durante la guerra, a medida que los dirigentes aliados iban conociendo la enormidad de las atrocidades nazis, el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, el primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, y el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Josif Stalin, consideraron en uno u otro momento que la ejecución sumaria era la respuesta más apropiada a los crímenes nazis. Mientras Churchill defendía la idea de ejecutar a unos cincuenta altos mandos nazis, Roosevelt y Stalin consideraban la ejecución sumaria de 50.000 nazis, una cifra que los británicos se negaban a aceptar.

 

Fue el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Mólotov, quien, el 14 de octubre de 1942, sugirió la idea de los juicios, ante un “Tribunal Internacional especial”.

 

Esa idea fue madurando, con altibajos, entre los Aliados. Por ejemplo, en la Conferencia de Teherán Churchill se molestó con sus aliados por defender la idea de ejecutar sumariamente a un gran número de enemigos nazis como escarmiento y forma de erradicar el nazismo. Mientras que, en octubre de 1944, en una visita a Moscú, se sorprendió al conocer que Stalin apoyaba la celebración de un juicio. De hecho, los soviéticos, según avanzaban hacia Berlín ya habían realizado juicios. Por ejemplo, en el primero de tales procesos, celebrado en Krasnodar entre el 14 y el 17 de julio de 1943, los soviéticos dieron a conocer ante la opinión pública mundial uno de los primeros casos de asesinato en masa de judíos.

 

Aunque en los EEUU existían personajes importantes que deseaban realizar un juicio (como por ejemplo Henry L. Stimson, el secretario de Guerra), no fue hasta la muerte de Roosevelt y su sustitución por Truman, que el asunto cobró importancia. Por tanto, fueron los soviéticos los que más lucharon por la celebración de un juicio y el resto de aliados se sumaron a la idea posteriormente. Primero los EEUU y luego los británicos. En ese orden. Nada de eso se muestra en la película.

 

Finalmente, el día 8 de agosto de 1945, y tras varios meses de negociaciones en Londres, concluyeron los estatutos en el que se basaría tal proceso. Estos estatutos detallaban la constitución del Tribunal y los derechos de los acusados. Al mismo tiempo, los Aliados determinaron los cuatro cargos de la acusación: conjura, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

 

La película se centra en atribuir todo el éxito del derecho internacional a Jackson, borrando el trabajo colectivo de juristas franceses, británicos y soviéticos. Algo, tal vez, necesario cinematográficamente, pero cuestionable moralmente.

 

Tampoco se muestran las dificultades de los vencedores para configurar un juicio que tuviera las garantías legales mínimas para los acusados. Los soviéticos deseaban un juicio espectacular que mostrara castigos ejemplares para cada delito, mientras que el resto de aliados deseaban imponer medidas legales, como la presunción de inocencia, y dar la posibilidad de que alguno de los enjuiciados pudiera salir libre o con condenas leves. Además, no podían permitir el tipo de juicio inquisitorial soviético, convenciéndolos finalmente de que su procedimiento, donde fiscales y abogados defensores se enfrentan ante el juez con pruebas y declaraciones, sería mucho más aceptado por la opinión pública occidental.

 

La película tan solo se centra en las dificultades legales del proceso. En efecto, uno de los problemas principales fue que los acusados serían juzgados por leyes (como “crímenes contra la paz” y “crímenes de lesa humanidad”) que no estaban formalmente codificadas como delitos internacionales antes de la guerra.

 

No obstante, la película no aborda el trasfondo que aquello supone. Puesto que se juzgó a los nazis de la invasión de Polonia en 1939 como crimen contra la Paz, resultaba irónico que no se hiciera lo mismo con los soviéticos, los cuales habían pactado con los nazis quedarse con la mitad de ese país por los mismos procedimientos. Y, de paso, con los Países Bálticos.

 

Tampoco se muestran las defensas alemanas, las cuales supieron mostrar pruebas que dejaban en mal lugar a los aliados. Cuando se acusó a Karl Dönitz de dar órdenes a sus fuerzas navales para no rescatar náufragos enemigos, los abogados mostraron documentos con instrucciones similares de responsables británicos y estadounidenses. Igualmente, cuando les culparon de la matanza de Katin en Polonia, la documentación aportada demostró que los culpables fueron el Ejército Rojo. Nada de lo anterior tuvo recorrido en el juicio y fue archivado, demostrando que los pecados de los vencedores no serían juzgados por nadie.

 

Ninguno de los acusados ante el Tribunal Militar Internacional lo fue por un cargo específico de persecución y asesinato de judíos. Términos como Genocidio u Holocausto sólo se generalizaron tiempo después. Entiendo que se trata de la parte más melodramática de los juicios, pero centrarse en este tema en exclusiva desvirtúa históricamente los juicios de forma muy evidente.

 

Las atrocidades sin precedentes que se cometieron contra los judíos en toda Europa sí se mencionaron en el juicio, aunque de pasada, al tratar los cargos, tercero y, sobre todo, el cuarto, en el que se decía que el “asesinato en masa” de judíos había supuesto la muerte de “millones de personas”.

 

Al contrario de lo que muestra la película, donde se dice la cifra clásica de 6 millones de judíos asesinados, durante el juicio, la acusación tendió a redondear la cifra en cinco millones. La cifra de 6 millones fue aportada por Wilhelm Höttl en una declaración jurada durante el juicio (Exhibit Prosecution 296). En la misma relata una conversación con Adolf Eichmann donde le confesó que 4 millones de judíos habían muerto en campos y otros 2 millones por otros medios. Es decir, se hace eco de una opinión de un tercero. Tal cifra sería utilizada como canónica tras el juicio en Jerusalén a Eichmann (1961), quien refrendó la misma. No obstante, en el momento de los juicios, esa cifra se consideraba totalmente excesiva y abultada.

 

Diversos historiadores, entre los cuales destaca Raul Hilberg, que ha escrito una obra definitiva sobre la aniquilación de los judíos europeos, sitúan la cifra de judíos asesinados en torno a los 5.300.000.

 

Hilberg sitúa el número de asesinados en Auschwitz en un millón, una cifra escalofriante, pero muy por debajo de la que, ante el Tribunal, manifestó el comandante del campo, Rudolf Höss. Pese a que no resulta fiable, esta cifra (entre dos millones y medio y tres) continúa citándose a menudo, incluso en estudios aparentemente serios sobre Auschwitz.

 

En la película existe un interés manifiesto en mostrar a los nazis como unos radicales en su persecución a los judíos. Y, en verdad lo fueron. Ahora bien, no debemos olvidar contextualizar en el momento en el que desarrollaron su ideología. Por ejemplo, las leyes raciales nazis se inspiraron en las leyes Jim Crow de segregación estadounidense, o la eugenesia nazi copió las esterilizaciones forzadas realizadas en los EEUU. Si algo resulta irónico de estos juicios es olvidarse de estos aspectos polémicos que son obviados en la película.


El final de la película parece mostrar que todos los acusados fueron condenados a muerte. No fue así. Entre los 24 acusados, el tribunal dictó doce condenas a muerte, siete de prisión y tres absoluciones.

 

Y, por último, una de las licencias creativas tomadas por el director para añadir dramatismo o explorar las conexiones internacionales de la época, aunque se trate de una burda falsedad. Me refiero a la polémica conversación con el Papa Pío XII.

 

La película muestra al fiscal Jackson visitando al Papa Pío XII para pedirle que apoye el juicio de Núremberg y acusándole de haber sido demasiado cercano al nazismo. Es una escena que nunca se dio en el mundo real y que su inclusión obedece al ya habitual anticatolicismo Hollywoodiense. La escena no deja de ser una especie de enfrentamiento entre el jurista moralmente superior, frente a un Papa cobarde e hipócrita.

 

En verdad la figura del Papa Pío XII es controvertida en este asunto, pero acusarle de apoyar a los nazis cuando lo que hizo fue realpolitik (como siempre se hace en el Vaticano) es algo verdaderamente osado. Máxime sabiendo que este Papa fue quien salvó a miles de judíos de la persecución nazi o que su diplomacia discreta obedecía a que no se produjeran persecuciones mayores. Pero bueno, vende más la idea de un Papa colaboracionista con los nazis.

 

Aunque sé que lo que voy a decir es una utopía, me hubiera gustado que la película dejara en el aire la gran pregunta que supuso el juicio que escenificaron los vencedores contra los vencidos: ¿Quién juzgaba a los vencedores?

 

¿Dónde quedaba la responsabilidad internacional sobre los asesinatos en masa de Stalin durante la liberación de Polonia (¿de verdad que ni una mención a Katin?), el bombardeo de Dresde con la guerra casi concluida o la masacre cometida en Japón con las bombas atómicas?

 

Si algo nos mostró la II Guerra Mundial fue que, en medio de la barbarie, se enfrentaron potencias que se diferenciaban muy poco en aspectos que se terminaron asimilando exclusivamente con el nazismo.

 

Ya lo advirtió Friedrich Nietzsche: Quien lucha con monstruos debe procurar que, al hacerlo, no se convierta él mismo en un monstruo.

 

Y los EEUU, tras luchar contra el nazismo y el comunismo en el siglo XX, creo que terminaron por no conseguirlo. Las consecuencias las estamos viviendo en directo en la actualidad.

 

Hasta la próxima

 

 

 

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