domingo, 5 de julio de 2026

Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos.



La Wikipedia se ha convertido, junto a Google, en dos de las herramientas más utilizadas a la hora de consultar de forma rápida cualquier conocimiento sobre el que estamos interesados.

Mientras la primera funciona como una enciclopedia virtual (lo más parecido a los antiguos tomos de la Enciclopedia Larousse que consultábamos de pequeños los de mi generación), el segundo es uno de los buscadores de páginas de internet más famosos a nivel mundial.

Ahora bien, ¿es lo mismo información que conocimiento?

Andy Stalman, autor del libro HUMANOFFON, dijo en una ocasión lo siguiente: “Desde que la información se hizo fácil de conseguir, el conocimiento se hizo difícil de encontrar”.

Hoy vamos a poner un ejemplo de ello


La frase con la que titulo el artículo “Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos” (en latín: Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius) es bastante conocida entre aquellos que les gusta el mundo medieval, en concreto, la cruzada albigense contra los cátaros.

Según podemos leer en Wikiquote, la sección de la wikipedia en la que podemos encontrar una colección libre de citas y frases célebres, la afirmación fue pronunciada durante el asedio a la ciudad de Béziers en 1209, durante la Cruzada albigense, en respuesta a cómo podrían distinguir a los cristianos verdaderos de los herejes.

Su autor, Arnaldo Amalric, también conocido como Arnaud Amaury, (1160-1225), un abad cisterciense francés, arzobispo de Narbona, inquisidor y legado papal en la Cruzada albigense.






La frase de marras tiene una nota a pie de página en la cual descubrimos la fuente utilizada en la que se cita: el Dialogus miraculorum del monje cisterciense, Cesáreo de Heisterbach.

Para cualquier profano en la materia la frase, automáticamente, cobra realidad y vigencia histórica real.

Recreación matanza de Béziers. Fuente: Historias de la historia.
Alguno, interesado por el tema, buscará “Cruzada albigense” para informarse del contexto histórico que rodeó a la frase. Podrá leer, seguramente en la wikipedia, que la ciudad atacada por los cruzados, a cuyo frente estaba Simón de Monfort, fue Béziers. Concretamente el 21 de julio de 1209. El ataque a la ciudad fue sangriento, muriendo entre 7000 y 8000 civiles, en un acto inserto en la típica política de terror al resto de rebeldes para facilitar futuras rendiciones. Murieron multitud de civiles, de toda condición y religión, según parece, por la orden de Arnaldo Amalrico.



La intransigencia eclesiástica con los herejes y la crueldad demostrada por la Iglesia institucional son poderosas armas que aún se siguen blandiendo a pesar del paso de los siglos.

Pero en todo este relato existe algo que no encaja. Lo podemos leer en la wikipedia si prestamos algo de atención. Las palabras de Arnaldo Amalrico fueron escritas por Cesáreo de Heisterbach 50 años después de producirse los acontecimientos. ¡Alarma documental activada!

Si nos vamos a la vida del tal Arnaldo Amalrico (nos vale la wikipedia), descubrimos que su obra fue escrita 30 años después de los sucesos y que, al contrario de otras citas en las que adjunta la fuente, sobre esta en concreto la cita con el dubitativo mensaje “se cuenta que dijo” (en latín: fertur dixesse”). ¡Alarma documental pitando frenéticamente!

Además, la frase en cuestión se hace eco de los pasajes bíblicos de la Segunda epístola a Timoteo 2:19 y del libro Números 16:5, lo que por otra parte hace más probable que la frase provenga de un eclesiástico educado. Y si me dejan añadir, que sea más falsa que una moneda de 3 pesetas.

Si dejamos a un lado la wikipedia y nos vamos a obras históricas de especialistas en la materia descubriremos la realidad que envuelve a la famosa frase de marras. Personalmente, creo que quién mejor lo explica es Régine Pernoud en su obra Para acabar con la Edad Media. A continuación os dejo sus palabras:

Un ejemplo llamativo. No hace mucho, un programa de televisión refería como algo histórico la frase famosa: «Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos», supuestamente pronunciada durante la matanza de Béziers de 1209. Pues bien, hace más de cien años (fue exactamente en 1866) que un erudito demostró, sin ninguna dificultad además, que esta frase no pudo ser pronunciada porque no se encuentra en ninguna de las fuentes históricas de la época, sino tan sólo en el Libro de los Milagros, Dialogus Miraculorum, cuyo título dice de sobras lo que quiere decir, compuesto unos sesenta años después de los acontecimientos por el monje alemán Cesario de Heisterbach, autor dotado de una imaginación ardiente y muy poco preocupado por la autenticidad histórica. Desde 1866 ningún historiador, huelga decirlo, ha hecho suyo el famoso «Matadlos a todos»; pero los autores que escriben sobre historia lo utilizan todavía y esto basta para probar cuánto tardan en penetrar en el dominio público las adquisiciones científicas”.

Como Régine Pernoud no pone la fuente documental en la que se basa os la pongo yo: Tamizey de Larroque, “Rev. des quest. hist.” 1866, I, 168-91.

La falta de historicidad de la frase no debe despistarnos sobre la realidad del suceso histórico. Efectivamente, en Béziers se produjo una gran matanza que incluyó a niños, mujeres, herejes y católicos por igual. Pero vamos a contarla tal como la relataron las fuentes. En este caso voy a reproducir las palabras de Jesús Hernández en su obra Las 50 grandes masacres de la historia:

El 22 de Julio de 1209, las tropas de Simón de Montfort sitiaron Béziers, con el propósito de entrar en la ciudad y extirpar de ella la herejía cátara. El obispo de Béziers, que se encontraba entre las tropas de Simón de Montfort, se acercó a las murallas de la ciudad, ofreciendo la paz a sus habitantes si entregaban a todos los cátaros, fuesen estos hombres, mujeres o niños. Pero la población de Béziers se negó a entregarlos, al considerar esta injerencia una afrenta al modo de gobernarse de la ciudad. El representante de los sitiados respondió al obispo que, antes de acceder a esa exigencia, «preferían ahogarse en el mar».
Los ciudadanos de Béziers se dispusieron a hacer frente a las tropas que habían puesto sitio a la ciudad, pero la estrategia sería desastrosa. En lugar de prepararse para el asedio, reforzando las defensas, los hombres del conde Ramon VI lanzaron un ataque sorpresa contra las fuerzas de Simón de Montfort.
Para su desgracia, los primeros con los que se encontraron fueron los ribauds, un nutrido grupo de mercenarios que luchaban encuadrados en las fuerzas de obediencia papal. Los ribauds eran, de hecho, aventureros de pésima fama, acostumbrados a todo tipo de pendencias. Esta masa de irregulares no sólo no tuvo problemas para rechazar a los asaltantes, sino que los persiguieron hasta las puertas de la ciudad, a donde se dirigieron para buscar refugio. Pero la apertura de las puertas para permitir el paso de las tropas en retirada sería aprovechada por los ribauds para penetrar también en el interior de la ciudad. Las tropas regulares acudieron rápidamente para explotar la exitosa incursión de los mercenarios.
Cuando los cruzados irrumpieron en las calles de Béziers, vieron cómo los mercenarios habían iniciado ya la degollina, uniéndose de inmediato a ellos. Sin embargo, los soldados de Simón de Montfort se encontraron con que, de entre los habitantes de Béziers, no podían distinguir a los cátaros de los que se habían mantenido leales al papa.
La matanza sería, por tanto, indiscriminada, lo que daría lugar a una frase apócrifa, la que el abad de Citeaux, asistente espiritual de los cruzados, supuestamente pronunció como respuesta a los barones que le preguntaban qué tenían que hacer con la ciudad conquistada: «¡Matadlos a todos, Dios reconoceráa los suyos!».
En las crónicas de la caída de Béziers no hay noticia de esa terrible sentencia; en realidad, ésta no aparecería hasta sesenta años después, en una crónica elaborada por Cesáreo de Heisterbach, un monje que vivía en una abadía del norte de Alemania.
Se pronunciase o no esa frase, la actitud de los conquistadores de Béziers se rigió según la supuesta consigna”.

Por tanto, la realidad de la historia cambia bastante. De un acto premeditado pasamos a un descontrol de la situación ante la masacre generalizada iniciada por los mercenarios. Todo ello en el contexto de la toma de una ciudad en la que cualquiera puede ser el enemigo. No es excusa, pero si alguien conoce un poco la guerra sabrá lo difícil que es controlar una situación así por parte de los mandos.

Aspecto actual de la preciosa ciudad francesa de Béziers


Pero, como suele ocurrir, la verdad no vende tanto como la mentira. Y la mejor manera de vender un producto es con un buen slogan. Por tanto, atribuir esta frase al legado papal antes de iniciarse el ataque proporciona unas connotaciones incuestionables que remueven el corazón de las personas y hacen que se interesen por la historia narrada. Nada nuevo bajo el sol.

Por tanto, desconfiad de las frases atribuidas a personajes históricos, demasiado buenas para ser verdad. Demasiado oportunas para poder haberse dicho justo en ese momento. Y, sobre todo, desconfiad de todas aquellas frases cuyo inicio se encuentra alejado del suceso histórico durante varias décadas.

Os dejo algunas otras frases históricas que jamás pronunciaron aquellos a los que se las atribuyen:

-         Mahatma Gandhi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. En verdad, lo que escribió el pacífico indio fue: “Si pudiéramos cambiarnos a nosotros mismos, las tendencias del mundo también cambiarían. Cuando un hombre cambia su propia naturaleza, también lo hace la actitud del mundo… No necesitamos esperar a ver qué hacen los demás”.

-         Mark Twain: “Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”. La frase, en realidad, es de su madre, H. Jackson Brown.

-         Oscar Wilde: “Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados”. Lo único parecido que encontramos en la obra de Oscar Wilde son estas palabras sacadas de una de sus cartas, De Profundis: “Mucha gente es otra gente. Sus pensamientos son las opiniones de otros, sus vidas una imitación, sus pasiones una cita”.

-         Albert Einstein: “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Nunca pronunció esta frase, al igual que muchas otras que se le atribuyen falsamente.

-         Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a alguno todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Nadie logró encontrar aún el texto en donde Lincoln pronunció tal aseveración.

-         Ernesto Che Guevara: “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”. Atribuida indistintamente a Zapata a la Pasionaria o al Che, no existe prueba documental que sostenga tal afirmación en ninguno de los personajes.

-         Nicolás Maquiavelo: “El fin justifica los medios”. Lo más parecido que encontramos en su obra escrita es lo siguiente: “Al valorar una acción, uno debe considerar siempre los resultados finales”.

-         Groucho Marx: “Perdonen que no me levante”. Muchas personas siguen creyendo que estas palabras figuran como epitafio en su tumba. En realidad sólo podemos leer: “Groucho Marx. 1889-1977”.

Para terminar me despido con una esclarecedora frase de Mark Twain, esta vez real, sacada de su libro Following the Equator (1897):

Casi cualquier cita inventada, pronunciada con convicción, tiene muchas posibilidades de engañar”.

Hasta la próxima

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