Uno de los pacientes típicos que pasan por el gabinete
de óptica, de vez en cuando, es aquel que se niega a usar gafas de lectura para
leer cuando la presbicia es más que evidente. Tienen alrededor de 50 años y, en
gabinete, se autoengañan indicando que ven igual con la graduación que sin
ella.
Se trata de perfiles que nunca han llevado gafas
anteriormente y tienen la sensación de que las mismas le harán parecer más
mayores de lo que son. Por esta vanidosa razón, alargan el uso de gafas para
leer y terminan agotando su sistema visual antes de tiempo.
Si tenéis la suerte de volverlos a ver en unos meses o
pocos años, la queja principal que os remitirán será la de haber perdido la
capacidad de leer en distancias próximas casi de la noche a la mañana. La
semana pasada era capaz de leer un libro y ahora soy incapaz totalmente.
Para todos aquellos que viven esta situación va
dedicado este artículo. Para que entiendan la presbicia y el flaco favor que
hacen a su sistema visual alargando lo inevitable. ¿Os interesa?
En este blog podéis encontrar numerosos artículos
referentes a la presbicia (aquí),
en los que explico muchos pormenores de este problema visual que afecta al 100%
de la población a partir de los 40-45 años. Por ello, hoy me voy a centrar en
explicar, de manera sencilla, la razón por la que una persona con 50 años es
capaz de leer en cerca (distancia 40 cm), aunque no sea lo más confortable para
su sistema visual.
Lo primero, por contextualizar, es explicar qué es la
presbicia para todos aquellos que no saben de lo que estamos comentando.
La presbicia (del griego πρέσβυς 'anciano') o
presbiopía, también denominada vista cansada, es una condición ocular asociada
a la edad que aparece generalmente a partir de los 40 años y ocasiona
dificultad para ver de cerca. Se debe a la reducción del poder de acomodación
del ojo que provoca disminución de la capacidad para enfocar objetos cercanos.
Para entenderlo fácilmente imaginemos que nuestro ojo
es una cámara de fotografía. La acomodación sería nuestro zoom, es decir, la
capacidad de nuestro sistema visual para poder enfocar a diferentes distancias
automáticamente.
Esa acomodación se ejerce a través de una lente que
tenemos en el interior de nuestro ojo llamada cristalino, la cual es capaz de
cambiar la potencia dióptrica total de nuestro sistema visual gracias al
movimiento que ejercen ciertos músculos sobre ella.
El problema de nuestro cristalino es que envejece muy
rápido. Debido a cambios en su estructura interna, el endurecimiento de sus
diferentes capas y el debilitamiento muscular, su poder de acomodación
disminuye con la edad.
En todos los manuales de optometría aparece la tabla
de Donders, en la cual podemos observar los valores de la amplitud de
acomodación (AA) según la edad que tenemos.

Tabla Donders. Amplitud de acomodación según la edad.
La AA es la capacidad que tiene nuestro sistema visual
para enfocar a diferentes distancias. Por entenderlo de manera sencilla, su profundidad
de visión. En mirada para distancias lejanas nuestro sistema visual no tiene
que realizar ningún esfuerzo acomodativo (por ello se dice que nuestros ojos no
están preparados para pasar mucho tiempo en distancias cortas).
La acomodación comienza a activarse a partir de
distancias de 6 metros y aumenta según se acerca el objeto a enfocar. Existe
una tabla en donde aparece la acomodación necesaria según la distancia de
enfoque. La misma se basa en una fórmula óptica fundamental: Dioptrías (Dp) = 1
/ Distancia (en metros).
|
Distancia del Objeto |
Acomodación Necesaria (D) |
Ejemplo de Actividad |
|
Infinito |
0.00 D |
Mirar paisajes o conducir. |
|
4 metros |
0.25 D |
Ver la TV en una sala amplia. |
|
2 metros |
0.50 D |
Conversar con alguien frente a ti. |
|
1 metro |
1.00 D |
Distancia del brazo estirado. |
|
67 cm |
1.50 D |
Ver un monitor de escritorio. |
|
50 cm |
2.00 D |
Leer una tablet o cocinar. |
|
40 cm |
2.50 D |
Lectura estándar de libros. |
|
33 cm |
3.00 D |
Escribir en el móvil |
|
25 cm |
4.00 D |
Costura o trabajos minuciosos. |
|
20 cm |
5.00 D |
Examen de detalles muy pequeños. |
Si analizamos la siguiente tabla comprobaremos que,
por ejemplo, para leer un libro necesitamos una acomodación de 2,50 dioptrías.
Seguro que ahora volveréis a la tabla de Donders para buscar la edad en la que
dejaréis de leer libros. Con 50 años se tiene una AA de 2,50 dioptrías, por lo
que, en teoría, podría leer libros. Pues va a ser que no.
Resulta que, para poder leer cómodamente un libro a
unos 40 cm, el ojo necesita realmente 5 dioptrías. Es decir, el doble de las
dioptrías necesarias según la distancia.
En general, se considera que las personas pueden
mantener aproximadamente el 50% de su amplitud máxima de acomodación sin que
aparezca fatiga visual. Por eso se recomienda que la distancia de visualización
no sea menor que la correspondiente a la mitad de la máxima acomodación. Por
ejemplo, una persona con una acomodación máxima de 4 D (entre 40-45 años) no
debería trabajar a distancias inferiores a 50 cm.
Por esta razón, muchas personas comienzan a alejarse
de los ojos los libros cuando llegan a los 40-45 años, pues buscan la distancia
de lectura adecuada que no les provoque fatiga visual.
Para entenderlo un poco mejor os voy a mostrar esta
tabla que combina la AA junto con el valor de acomodación mantenida sin
esfuerzo ni fatiga. Como podéis observar, el valor de acomodación mantenida es
mucho menor que el del poder máximo acomodativo que tiene nuestro ojo.

Comparación AA máxima instantánea vs AA mantenida según la edad
La explicación es sencilla. Nuestro ojo es capaz de
activar la acomodación máxima de una manera momentánea, pero es incapaz de sostener
ese esfuerzo por un largo periodo de tiempo. Yo suelo poner el siguiente
ejemplo. Todos podemos llevar una caja de seis litros de leche del coche a
nuestro domicilio. Ahora bien, seríamos incapaces de mantener ese peso durante
toda nuestra jornada laboral.
Existe una tabla en la que aparece la distancia
recomendada a la que una persona debería leer según la edad/AA que tenga.
Con 50 años se debería leer un libro a 80 cm. para estar
descansado. Algo totalmente inviable, ¿no os parece?
Por tanto, a partir de 40 años todo el mundo debería
utilizar una ayuda positiva para poder tener una visión próxima adecuada y que
no le suponga un esfuerzo acomodativo que genere en molestias.
Las mismas pueden ir desde dolores musculares en la
zona frontal del rostro (por el esfuerzo muscular), sensación de pesadez
ocular, escozor y lagrimeo ocular (por la falta de parpadeo adecuado debido a
la concentración excesiva), somnolencia (la fatiga del sistema muscular ocular
provoca un agotamiento generalizado que el paciente interpreta como sueño) hasta
cefaleas que suelen aparecer al final del día o tras periodos de lectura.
Y lo más curioso de todo, según mi punto de vista, es
que, en vez de asumir el problema y ponerle solución con unas gafas para leer,
muchos présbitas deciden acostumbrarse a ver mal mitigando sus dificultades con
diversos métodos. Voy a enumerarlos:
· Alejamiento del plano de lectura: El paciente instintivamente busca el "punto remoto", estirando los brazos para colocar el objeto donde su amplitud de acomodación residual aún sea efectiva.
· Necesidad de mayor iluminación: Al cerrarse la pupila (miosis) por la luz, aumenta la profundidad de campo, lo que ayuda temporalmente a compensar la falta de enfoque. Esa miosis termina siendo crónica si se mantiene en el tiempo, otorgando a estos pacientes un aspecto de drogadictos (es el mismo efecto que generan opiáceos como la heroína o el fentanilo).
· Agrandamiento de las letras en dispositivos electrónicos: Al aumentar el tamaño del texto que estamos enfocando se aumenta el ángulo visual, estimulando un mayor número de fotorreceptores (conos y bastones) en la retina que permiten mejorar la formación de la imagen por el cerebro. También crea el efecto virtual de “alejar” el texto, permitiendo menor esfuerzo acomodativo al ojo.
Por tanto, muchos de esos présbitas de 50 años que se
niegan a utilizar gafas de cerca tienen relojes enormes en la muñeca, tienen
una distancia de lectura casi a la altura de las rodillas, y un WhatsApp donde
los mensajes de más de tres líneas necesitan scroll vertical. Todo por
presumir de que no necesitan gafas para leer de cerca.
Como comenté anteriormente, estos pacientes suelen
remitir, cuando alcanzan el límite de lo que su sistema visual es capaz de
soportar, la pérdida repentina de su capacidad para leer.
Esto se debe a que el agotamiento de nuestra
acomodación puede ser más o menos rápida según las tareas que le exijamos. Por
poner un símil sencillo, es como una batería.
Si tenemos un sistema visual compensado y sin someterle
a grandes esfuerzos acomodativos, tendremos una presbicia cómoda entre los
40-60 años.
Ahora bien, si forzamos nuestra acomodación al máximo
sin utilizar gafas llevaremos a tal estrés a nuestro sistema visual que, con
cincuenta y pocos años, habremos agotado todo nuestro poder acomodativo (batería
agotada), siendo más dependientes de las gafas de cerca de lo que seríamos de
haber mantenido nuestra acomodación destensionada.
Por tanto, cuando vuestro entendido cuñado presuma de
no utilizar gafas de cerca con 50 años ya tenéis argumentos para comentarles lo
mal que lo están haciendo y lo que les ocurrirá en un futuro próximo. Podéis
apostar. Es una ganancia segura.
Hasta la próxima

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