domingo, 12 de julio de 2026

Yo veo de cerca cómodamente sin gafas con 50 años

 

Uno de los pacientes típicos que pasan por el gabinete de óptica, de vez en cuando, es aquel que se niega a usar gafas de lectura para leer cuando la presbicia es más que evidente. Tienen alrededor de 50 años y, en gabinete, se autoengañan indicando que ven igual con la graduación que sin ella.

 

Se trata de perfiles que nunca han llevado gafas anteriormente y tienen la sensación de que las mismas le harán parecer más mayores de lo que son. Por esta vanidosa razón, alargan el uso de gafas para leer y terminan agotando su sistema visual antes de tiempo.

 

Si tenéis la suerte de volverlos a ver en unos meses o pocos años, la queja principal que os remitirán será la de haber perdido la capacidad de leer en distancias próximas casi de la noche a la mañana. La semana pasada era capaz de leer un libro y ahora soy incapaz totalmente.

 

Para todos aquellos que viven esta situación va dedicado este artículo. Para que entiendan la presbicia y el flaco favor que hacen a su sistema visual alargando lo inevitable. ¿Os interesa?

 

En este blog podéis encontrar numerosos artículos referentes a la presbicia (aquí), en los que explico muchos pormenores de este problema visual que afecta al 100% de la población a partir de los 40-45 años. Por ello, hoy me voy a centrar en explicar, de manera sencilla, la razón por la que una persona con 50 años es capaz de leer en cerca (distancia 40 cm), aunque no sea lo más confortable para su sistema visual.

 

Lo primero, por contextualizar, es explicar qué es la presbicia para todos aquellos que no saben de lo que estamos comentando.

 

La presbicia (del griego πρέσβυς 'anciano') o presbiopía, también denominada vista cansada, es una condición ocular asociada a la edad que aparece generalmente a partir de los 40 años y ocasiona dificultad para ver de cerca. Se debe a la reducción del poder de acomodación del ojo que provoca disminución de la capacidad para enfocar objetos cercanos.

 

Para entenderlo fácilmente imaginemos que nuestro ojo es una cámara de fotografía. La acomodación sería nuestro zoom, es decir, la capacidad de nuestro sistema visual para poder enfocar a diferentes distancias automáticamente.

 

Esa acomodación se ejerce a través de una lente que tenemos en el interior de nuestro ojo llamada cristalino, la cual es capaz de cambiar la potencia dióptrica total de nuestro sistema visual gracias al movimiento que ejercen ciertos músculos sobre ella.

 

El problema de nuestro cristalino es que envejece muy rápido. Debido a cambios en su estructura interna, el endurecimiento de sus diferentes capas y el debilitamiento muscular, su poder de acomodación disminuye con la edad.

 

En todos los manuales de optometría aparece la tabla de Donders, en la cual podemos observar los valores de la amplitud de acomodación (AA) según la edad que tenemos.

 

Tabla Donders. Amplitud de acomodación según la edad.

La AA es la capacidad que tiene nuestro sistema visual para enfocar a diferentes distancias. Por entenderlo de manera sencilla, su profundidad de visión. En mirada para distancias lejanas nuestro sistema visual no tiene que realizar ningún esfuerzo acomodativo (por ello se dice que nuestros ojos no están preparados para pasar mucho tiempo en distancias cortas).

 

La acomodación comienza a activarse a partir de distancias de 6 metros y aumenta según se acerca el objeto a enfocar. Existe una tabla en donde aparece la acomodación necesaria según la distancia de enfoque. La misma se basa en una fórmula óptica fundamental: Dioptrías (Dp) = 1 / Distancia (en metros).

 

Distancia del Objeto

Acomodación Necesaria (D)

Ejemplo de Actividad

Infinito

0.00 D

Mirar paisajes o conducir.

4 metros

0.25 D

Ver la TV en una sala amplia.

2 metros

0.50 D

Conversar con alguien frente a ti.

1 metro

1.00 D

Distancia del brazo estirado.

67 cm

1.50 D

Ver un monitor de escritorio.

50 cm

2.00 D

Leer una tablet o cocinar.

40 cm

2.50 D

Lectura estándar de libros.

33 cm

3.00 D

Escribir en el móvil

25 cm

4.00 D

Costura o trabajos minuciosos.

20 cm

5.00 D

Examen de detalles muy pequeños.

 

Si analizamos la siguiente tabla comprobaremos que, por ejemplo, para leer un libro necesitamos una acomodación de 2,50 dioptrías. Seguro que ahora volveréis a la tabla de Donders para buscar la edad en la que dejaréis de leer libros. Con 50 años se tiene una AA de 2,50 dioptrías, por lo que, en teoría, podría leer libros. Pues va a ser que no.

 

Resulta que, para poder leer cómodamente un libro a unos 40 cm, el ojo necesita realmente 5 dioptrías. Es decir, el doble de las dioptrías necesarias según la distancia.

 

En general, se considera que las personas pueden mantener aproximadamente el 50% de su amplitud máxima de acomodación sin que aparezca fatiga visual. Por eso se recomienda que la distancia de visualización no sea menor que la correspondiente a la mitad de la máxima acomodación. Por ejemplo, una persona con una acomodación máxima de 4 D (entre 40-45 años) no debería trabajar a distancias inferiores a 50 cm.

 

Por esta razón, muchas personas comienzan a alejarse de los ojos los libros cuando llegan a los 40-45 años, pues buscan la distancia de lectura adecuada que no les provoque fatiga visual.

 

Para entenderlo un poco mejor os voy a mostrar esta tabla que combina la AA junto con el valor de acomodación mantenida sin esfuerzo ni fatiga. Como podéis observar, el valor de acomodación mantenida es mucho menor que el del poder máximo acomodativo que tiene nuestro ojo.

 

Comparación AA máxima instantánea vs AA mantenida según la edad

La explicación es sencilla. Nuestro ojo es capaz de activar la acomodación máxima de una manera momentánea, pero es incapaz de sostener ese esfuerzo por un largo periodo de tiempo. Yo suelo poner el siguiente ejemplo. Todos podemos llevar una caja de seis litros de leche del coche a nuestro domicilio. Ahora bien, seríamos incapaces de mantener ese peso durante toda nuestra jornada laboral.

 

Existe una tabla en la que aparece la distancia recomendada a la que una persona debería leer según la edad/AA que tenga.


 

Con 50 años se debería leer un libro a 80 cm. para estar descansado. Algo totalmente inviable, ¿no os parece?

 

Por tanto, a partir de 40 años todo el mundo debería utilizar una ayuda positiva para poder tener una visión próxima adecuada y que no le suponga un esfuerzo acomodativo que genere en molestias.

 

Las mismas pueden ir desde dolores musculares en la zona frontal del rostro (por el esfuerzo muscular), sensación de pesadez ocular, escozor y lagrimeo ocular (por la falta de parpadeo adecuado debido a la concentración excesiva), somnolencia (la fatiga del sistema muscular ocular provoca un agotamiento generalizado que el paciente interpreta como sueño) hasta cefaleas que suelen aparecer al final del día o tras periodos de lectura.

 

Y lo más curioso de todo, según mi punto de vista, es que, en vez de asumir el problema y ponerle solución con unas gafas para leer, muchos présbitas deciden acostumbrarse a ver mal mitigando sus dificultades con diversos métodos. Voy a enumerarlos:

 

·       Alejamiento del plano de lectura: El paciente instintivamente busca el "punto remoto", estirando los brazos para colocar el objeto donde su amplitud de acomodación residual aún sea efectiva.

·       Necesidad de mayor iluminación: Al cerrarse la pupila (miosis) por la luz, aumenta la profundidad de campo, lo que ayuda temporalmente a compensar la falta de enfoque. Esa miosis termina siendo crónica si se mantiene en el tiempo, otorgando a estos pacientes un aspecto de drogadictos (es el mismo efecto que generan opiáceos como la heroína o el fentanilo).

·       Agrandamiento de las letras en dispositivos electrónicos: Al aumentar el tamaño del texto que estamos enfocando se aumenta el ángulo visual, estimulando un mayor número de fotorreceptores (conos y bastones) en la retina que permiten mejorar la formación de la imagen por el cerebro. También crea el efecto virtual de “alejar” el texto, permitiendo menor esfuerzo acomodativo al ojo.

 

Por tanto, muchos de esos présbitas de 50 años que se niegan a utilizar gafas de cerca tienen relojes enormes en la muñeca, tienen una distancia de lectura casi a la altura de las rodillas, y un WhatsApp donde los mensajes de más de tres líneas necesitan scroll vertical. Todo por presumir de que no necesitan gafas para leer de cerca.

 

Como comenté anteriormente, estos pacientes suelen remitir, cuando alcanzan el límite de lo que su sistema visual es capaz de soportar, la pérdida repentina de su capacidad para leer.

 

Esto se debe a que el agotamiento de nuestra acomodación puede ser más o menos rápida según las tareas que le exijamos. Por poner un símil sencillo, es como una batería.

 

Si tenemos un sistema visual compensado y sin someterle a grandes esfuerzos acomodativos, tendremos una presbicia cómoda entre los 40-60 años.

 

Ahora bien, si forzamos nuestra acomodación al máximo sin utilizar gafas llevaremos a tal estrés a nuestro sistema visual que, con cincuenta y pocos años, habremos agotado todo nuestro poder acomodativo (batería agotada), siendo más dependientes de las gafas de cerca de lo que seríamos de haber mantenido nuestra acomodación destensionada.

 

Por tanto, cuando vuestro entendido cuñado presuma de no utilizar gafas de cerca con 50 años ya tenéis argumentos para comentarles lo mal que lo están haciendo y lo que les ocurrirá en un futuro próximo. Podéis apostar. Es una ganancia segura.

 

Hasta la próxima

 

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