martes, 14 de junio de 2016

Todos los musulmanes deben ir una vez en la vida de procesión a la Meca



Tras la caída del bloque comunista de la URSS, el mundo islámico se ha convertido en el rival de la cultura occidental, representada por la superpotencia de los EEUU. Máxime, tras el atentado del 11-S contra las torres gemelas. Y en esta ocasión, el enfrentamiento geopolítico y la reconfiguración de la jerarquía de poder entre los países post-Guerra Fría se ha teñido de un componente religioso que no es ajeno a nuestra historia como especie.

Utilizar la religión para exacerbar un enfrentamiento con bases político-económicas es un método eficaz para mover a las masas, pero también entraña numerosos peligros colaterales. Entre ellos, una intolerancia hacia los inmigrantes que profesan la religión “contraria”.

En EEUU la islamofobia ha crecido notoriamente desde el inicio de la Guerra de Afganistán. Y dada su influencia sobre la cultura europea, ese sentimiento comienza a expandirse rápidamente por el viejo continente. A ello ayuda, claro está, los numerosos atentados del extremismo islámico en suelo europeo. Las principales capitales (Madrid, Londres, París) han sufrido este tipo de terrorismo contra su población civil, algo que levanta grandes controversias sociales.

Pero el Islam no podemos asociarlo al terrorismo fundamentalista, al igual que el cristianismo no podemos reducirlo a las Cruzadas. Existen muchos falsos mitos sobre el Islam y en el artículo de hoy intentaré aclarar un poco la verdadera esencia de esta religión, la segunda religión mundial teniendo en cuenta su número de fieles (más de 1.200 millones).



El artículo que pretendo realizar no es sencillo. Ante posiciones extremistas, nada de lo que escriba, sea lo largo que sea, contenga las explicaciones que contenga, logrará hacer cambiar de opinión a los más fanáticos. Por tanto, si te encuentras en alguno de ambos extremos respecto a Islam no es necesario que sigas leyendo. Tú te ahorrarás una úlcera de estómago y yo no tendré que eliminar la multitud de comentarios soeces y desagradables que ya estás pensando escribir. Para el resto de la población, la gran mayoría, cualquier crítica constructiva será bien recibida.

¿Significa el Islam paz?

Últimamente escucho mucho esta explicación, entre personas que intentan desdramatizar el componente agresivo de ciertos estados islámicos. Comentan que el Islam proviene de la palabra árabe al-salaam, que significa paz. Pero esto es completamente falso.

La palabra Islam proviene de al-Silm, que significa sumisión. Por tanto, Islam hace referencia a la sumisión absoluta del fiel a la voluntad de Alá.

¿Significa lo mismo árabe que musulmán?

Para los republicanos estadounidenses ambas palabras eran sinónimos e incluso a Obama se le acusó de ser árabe. Pero son dos conceptos totalmente distintos.

Tal vez, la confusión provenga dado que el árabe es la lengua común de la práctica religiosa. Pero, en realidad, el mundo árabe representa una porción muy pequeña del Islam. Se estima que en torno a un 20%. Si hacemos unas analogías seguro que se entiende mejor.

Indonesia es el país con más musulmanes del mundo y su número, unos 200 millones, casi equivale a todo el mundo árabe junto. No todos los árabes son musulmanes, siendo alrededor del 10% cristianos. Por otro lado, África posee un 20% de la población cristiana mundial y nadie asemeja a los cristianos con africanos. ¿Por qué hacerlo con los árabes-musulmanes?

De hecho, los lugares donde el Islam presenta mayor dinamismo religioso y expansión son Indonesia y África, lugares que no son árabes.

¿Por qué existen tantas interpretaciones distintas en el Islam?

El Islam surge como consecuencia de la predicación del profeta Mahoma, el cual también fue un líder político y militar excepcional. Al igual que en otras grandes religiones (budismo, cristianismo), su vida y enseñanzas nos fueron transmitidas por sus seguidores, quienes las plasmaron por escrito tras su muerte. En el caso del Islam ese libro se llama Corán.

El problema del Islam, respecto al cristianismo, por ejemplo, radica en la inexistencia de un sacerdocio que creara un corpus ortodoxo. Al no ser libros sistemáticos, las enseñanzas que contienen son capaces de mostrar dos soluciones contrarias al mismo problema. Y ello conlleva que la interpretación del Corán cobra una importancia tremenda, lo que en ciertos casos ha llevado a posiciones extremistas.

¿Qué significa realmente la palabra Yihad?

El significado de la palabra Yihad es un claro ejemplo de las diferentes interpretaciones que pueden tener ciertos conceptos en el Islam.

En su interpretación más radical (y minoritaria) significa la guerra santa contra los enemigos del Islam. Este concepto ha sido utilizado en el pasado para justificar expansiones militares y en la actualidad para los atentados terroristas y agresiones violentas.

En su interpretación general (y mayoritaria) se define como el esfuerzo interior en el camino de Alá, una especie de auto-superación personal.

Por tanto, que la lucha sea personal, contra el mal que anida en el interior de todos nosotros, o sea contra el contrario a nuestra religión, es una decisión personal individual. Y como en todos los lugares del mundo, las posiciones radicales no son las más mayoritarias, aunque sí las que hacen más ruido.

¿Oprime el Islam a las mujeres?

La opresión a la mujer suele ser uno de los caballos de batalla preferidos de las personas que critican al Islam. Pero, de nuevo, la cuestión radica en la interpretación más o menos literal, del Corán.

La poligamia se asocia al Islam de forma habitual en Occidente, equiparándola a nuestros matrimonios monógamos. Cuando visité Egipto, unos compañeros del grupo llegaron a preguntarle al guía sobre el número de mujeres que tenía. Como es lógico, el hombre, dijo que una sola. Que no podía permitirse mantener a más. Pero la respuesta no era del todo sincera. Sólo evidenciaba lo que estábamos esperando oír. Así de serviciales sonlos guías turísticos.

En realidad, la poligamia está prohibida en numerosos países musulmanes. Y ello se basa en argumentos religiosos: aunque en un pasaje del Corán se especifica la posibilidad de tener hasta cuatro mujeres, siempre y cuando se las pueda mantener equitativamente, en otro indica claramente que la equidad es imposible de lograr en los matrimonios polígamos. Por tanto, en una lectura estricta, la poligamia debería estar prohibida.

Ello no es óbice para que ciertos países actuales, tales como Arabia Saudita o Irán, mantengan la legalidad de los matrimonios poligámicos. Pero esa actitud no sólo discrimina a las mujeres, sino a los varones con escasos recursos económicos, pues muchos de ellos se encuentran empujados a la soltería (la relación varón-hembra suele ser paritaria por norma general).

En el mundo medieval, se podía justificar la poligamia como manera de protección ante las numerosas viudas provocadas por las guerras. Pero hoy día no deja de ser una medida discriminatoria que es ampliamente discutida en el mundo islámico.

Respecto al uso del velo por parte de las mujeres musulmanas, nuevamente estamos ante una interpretación más o menos estricta del Corán. La sura 24:30-31 lo indica claramente. Pero en una interpretación menos estricta, se entiende como la modestia a la hora de vestir. El tema resulta problemático en Europa debido a que también fue utilizado por las mujeres occidentales en tiempos pasados. Y su exclusión del vestuario femenino (junto a otros logros como llevar pantalones, por ejemplo) se consideró un éxito en la igualdad social de la mujer. Por ello, actualmente, nos cuesta tanto entender este símbolo asociado a la sumisión al varón/reglas sociales. Cuando, en realidad, es un símbolo de la sumisión al Islam (y su particular interpretación).

En Francia, donde la polémica respecto a este tema es recurrente, se hizo un estudio sobre las mujeres musulmanas que llevaban burqas y/o niqabs (velo que cubre el rostro) en el país, descubriendo que su porcentaje era realmente mínimo (367 mujeres de un total de 3 millones).

¿Son los musulmanes muy religiosos?

En Europa vemos a los musulmanes como personas tremendamente religiosas, pues a lo largo del día realizan hasta cinco oraciones en dirección a la Meca. Son uno de los cinco pilares en los que se sustenta su fe. Pero, nuevamente, estamos ante una falsa visión.

Imagen de la Kaaba, en La Meca. Uno de esos lugares donde es difícil estar solo.


Por ejemplo, la peregrinación a la Meca, es una obligación que debe hacer todo musulmán, en teoría, una vez en su vida. Pero en la práctica actual, menos de una sexta parte de musulmanes realizan tal precepto.

Las prohibiciones son otra de las sumisiones a Alá que más nos chocan a los europeos. No entendemos que una religión nos puedaprohibir comer ciertos alimentos. Pero, en la actualidad, el ideal religioso está bastante matizado. Por ejemplo, el Corán prohíbe comer cerdo tanto como la usura. Pero lo segundo resulta difícil de cumplir en una economía global donde el préstamo a interés es la base del sistema.

Al final nos encontramos, nuevamente, con la cuestión de la interpretación. Para unos musulmanes todo lo que no aparezca en el Corán, expresamente como permitido, estará prohibido, mientras que para otros será al revés. Por ello, en algunos países se continúa juzgando con criterios religiosos, lo que conduce, por ejemplo, a lapidaciones por adulterio.

¿Religión y justicia están unidas en el Islam?

La Charia es el cuerpo del Derecho islámico. Y se basa en dos fuentes: el Corán y la tradición. Esta última se encuentra conformada por la sunna (costumbres primeros musulmanes) y por los hadices (recopilaciones de los dichos de Mahoma no incluidos en el Corán). Además, ante problemas nuevos que no aparecen en las fuentes anteriores, se recurre al dictamen de los alfaquíes, especialistas en derecho islámico, que emiten su veredicto en función de las directrices de la escuela de derecho a la que pertenezcan. Y aquí está el quid de la cuestión, pues existen numerosas escuelas (4 sunníes, una chií), cada cual con su particular concepto interpretativo.

Lo anterior sirve para entender la razón por la cual la Charia puede ser muy distinta en cada país musulmán, dada la importancia que puede tener la tradición local. Si en Arabia Saudita no se permite a las mujeres conducir, en Indonesia las mujeres no se cubren con ningún velo.

¿Es el Islam homogéneo?

El Islam, al igual que el cristianismo, es una religión muy diversa, llena de posiciones variadas. Se suele indicar que el Islam se encuentra dividido entre sunníes y chiíes. Pero eso es simplificar la cuestión.

La interpretación islámica, como hemos visto, resulta tan amplia que ofrece multitud de casos diversos dentro del mundo musulmán, tanto en temas teológicos como en políticos. Además, existen otro tipo de musulmanes que conforman minorías similares a los numerosos grupúsculos cristianos: Sufíes, Ibadíes (descendientes de los antiguos Jariyíes), Drusos…

¿Se puede equiparar el Islam al fundamentalismo islámico?

La modernidad, entendida como la sociedad surgida del desarrollo postindustrial global, supuso un duro golpe a las religiones. Los pilares fundamentales modernos impactaron directamente en sus líneas de flotación: libertad individual en cuanto a derechos, deberes y libertades, identidad social basada en el concepto de nación o entidad supranacional, economía de mercado, mutabilidad de las leyes civiles, separación religión y estado, multirreligiosidad (no confundir con diversidad religiosa) cosmovisión científica de nuestra existencia…

Algunos pensadores teóricos (Marx, Freud)  llegaron a imaginar el fin de las religiones, algo que está lejos de ocurrir. Pero la manera de enfrentarse a la modernidad ha sido diversa, en todas y cada una de las religiones universales, resumiéndose en dos posturas: la oposición pacífica o la oposición violenta.

Dentro de la oposición pacífica tenemos dos vertientes. Por un lado están las religiones que aprovechan los intersticios del mundo moderno para ganar influencia: explicación teológica de la muerte, ayuda a los más desfavorecidos…, lo que les convierte en una opción más para ganar número de fieles. Por ejemplo, el cristianismo decidió seguir este camino tras el Concilio Vaticano II, enfrentándose a la modernidad en casos muy puntuales (por ejemplo, uso del preservativo).

En otros casos, existen grupos que deciden apartarse del mundo moderno y vivir alejados de toda tentación, manteniendo sus tradiciones ancestrales (por ejemplo, los Amish).

Pero otra opción es crear un modelo de oposición y enfrentamiento a la modernidad, cuyo objetivo es derrotarla e imponer su voluntad. En este lugar debemos incluir al fundamentalismo islámico.

Se trata de una interpretación religiosa en donde no sólo niega las premisas modernas, sino que defiende la superioridad de la Ley Divina sobre cualquier otra legislación humana. Los textos religiosos, en cuanto obras reveladas, deben ser leídos literalmente, obedeciéndolos sin interpretación alguna (lo que resulta una quimera irrealizable en sí mismo). La única verdad es la propia, por lo que no tolera comportamientos o pensamientos contrarios. Y ello provoca numerosos conflictos políticos al intentar generalizar sus creencias por las zonas limítrofes. Máxime cuando en su interpretación radical justifica actos de violencia y terrorismo contra los rivales. Su enorme proselitismo y control social los hace realmente atractivos a ciertos líderes políticos, lo que los convierte en un factor desequilibrante en la geo-estrategia del mundo actual.

Pero no podemos igualar el conjunto del Islam a esta interpretación tan minoritaria y radical del mismo. De hecho, esta interpretación es lo más contraria a la esencia misma del Islam tradicional, donde se promovía el consenso de la comunidad de creyentes. En cambio, este tipo de regímenes son más similares a los dictatoriales que a los democráticos.

El fundamentalismo islámico tiene su fuerza en la crisis del mundo moderno. La multitud de personas descontentas con su situación vital, el rechazo al materialismo, la falta de valores, la precariedad, la pobreza… son de lo que se valen las posiciones radicales para ganar adeptos a su causa.

Por tanto, la lucha contra el fundamentalismo islámico no es la lucha contra el Islam en general. Al contrario, es la lucha contra la idea de acabar con los logros de la sociedad moderna por medio a la vuelta a una religión interpretada muy convenientemente por los líderes que sustentan tales movimientos. Se trata de una lucha entre el mundo moderno de libertad, igualdad y tolerancia frente al mundo atrasado e injusto donde la masa social se encuentra sometida por una élite privilegiada.

Muchos pensarán que no existe gran diferencia. Que realmente, en el mundo moderno, unos pocos privilegiados viven a costa del resto de ciudadanos. Y puede ser verdad. No vivimos en un mundo igualitario, ni mucho menos, pero al menos yo deseo tener la libertad individual de poder elegir qué hacer con mi vida. Y eso no me lo ofrece ningún régimen fundamentalista que me dicta cual es la forma correcta de pensar, de vestir, de creer…

Por último, no olvidemos que el fundamentalismo no surgió en el mundo islámico. Lo hizo en los EEUU, durante la segunda mitad del siglo XX, entre los grupos evangélicos cristianos. Y que su proselitismo llega hasta el punto de influir en la educación de los niños en las escuelas de su influencia. En ellas, para no contradecir los preceptos bíblicos, se obvia estudiar la teoría de la evolución, entre otras muchas cosas que se oponen a la literalidad del mensaje bíblico.

Espero que con este breve repaso conozcamos un poco mejor lo que significa el Islam y nos convirtamos en unas personas más tolerantes con aquel que no piensa lo mismo en términos religiosos. Distingamos a las personas que deseamos vivir en paz con los demás, sea cual sea nuestra confesionalidad, de aquellos que sólo buscan el enfrentamiento e imponer su particular punto de vista. Separemos la religión de la política y podremos combatir más eficazmente a aquellos que sólo desean destruir los logros del mundo moderno.

Me despido con una gran frase de George Orwell: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”.

FUENTES:
Diez de Velasco, F.: Breve historia de las religiones. Alianza editorial. 2006.


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