domingo, 6 de marzo de 2016

Los musulmanes no conquistaron la península en el año 711(I)


Pocas afirmaciones me han sorprendido tanto últimamente como la que da título a este artículo. La frase, inserta en el contexto del negacionismo, tiene hoy día un renovado predicamento debido a dos corrientes ideológicas en alza. Por un lado el andalucismo, ese nacionalismo revisionista del pasado tan escasamente objetivo. Por otro, la islamofobia trasladada desde los EEUU, la cual se está asentando de manera profunda en la sociedad occidental.

La Guerra Civil española y la conquista musulmana de 711 son, con diferencia, los hechos históricos más tergiversados de nuestro pasado como nación. En un par de ocasiones ya me ocupé de diversos aspectos de la guerra civil, por lo que es de recibo que también me ocupe de este tema con igual intensidad.

Dada la complejidad del tema voy a dividir el artículo en dos. En este primero os mostraré las principales corrientes de pensamiento que han dominado (y tergiversado) la conquista musulmana. En un segundo os daré la visión histórica más objetiva que existe hasta la fecha sobre este asunto.


Sobre la conquista islámica de la península Ibérica ha pasado algo similar a lo que ha ocurrido en la liga española de fútbol. Hace unos pocos años, la gran mayoría de los aficionados se repartían entre el Real Madrid y el Barcelona. No obstante, con la irrupción en la élite de otros equipos, ahora ya existen legiones de aficionados seguidores de equipos como el Atlético de Madrid o el Valencia.

Pues bien, en la conquista islámica, hasta hace unos pocos años, teníamos dos explicaciones dominantes. Pero ahora se ha extendido una nueva que tiene numerosos acólitos, pues juega con la provocación de enfrentarse a la historiografía tradicional.

Y, como vamos a ver, esta nueva corriente no sólo es una tergiversación histórica (como las tradicionales), sino que supone un auténtico fraude, pues engaña y crea una “historia-ficción”. Algo muy similar a la hora de definir al Atlético de Madrid y al Valencia como equipos “pequeños” (cuando detrás tienen enormes presupuestos).

Para el gran público general, la aproximación a la conquista musulmana de la península Ibérica siempre se ha realizado bajo el dominio de una tergiversación histórica. Siento decirlo, pero probablemente todo lo que crees saber de la conquista es mentira o una verdad a medias.

A continuación voy a mostraros las tres formas tergiversadas con las que se ha visto la conquista musulmana de la península Ibérica. Tras leerlas seguro que te identificas con alguna de las tres.

El discurso tradicional que han aprendido la práctica totalidad de los escolares españoles es el de considerar la conquista como una auténtica “catástrofe nacional”. Esta visión pesimista proviene de la visión, partidista, de los vencidos en aquella conquista. 

En efecto, desde los primeros momentos las primeras fuentes latinas nos muestran esta imagen, pues ya el primer documento (Crónica mozárabe de 754) nos habla de la ruina de España. Asociado a este concepto se encuentra el de una invasión bárbara y salvaje, llena de atropellos sobre la sociedad civil. Los conquistadores son unos bárbaros que destruyen la sociedad visigoda (caracterizada últimamente como una especie de Arcadia idílica).

A inicios del siglo IX tenemos otro aspecto nuevo añadido a esta versión. La derrota cristiana no fue provocada por motivos externos, sino que se debió a la ira de Dios, cansado de la arrogancia del reino visigodo (más tarde Witiza será el malo donde se personalice este providencialismo.)

Las Crónicas de Alfonso III (866-910), algo posteriores, unen a las ideas anteriores el concepto de “perdición de España”, lo que les sirve para sustentar la recuperación de lo perdido; lo que posteriormente se llamará “Reconquista”. Tras inventar una relación ficticia entre el reino Astur y el Visigodo la Reconquista se legitima.

Esta visión partidista de la historia fue  aceptada, profusamente, por la historiografía decimonónica, que definió la conquista de “catástrofe nacional”. En sus fantasías anacrónicas imaginaron una población española unida bajo la monarquía visigoda y la Iglesia católica, la cual fue subyugada por los invasores musulmanes, los cuales fueron caracterizados como opresores e ilegítimos conquistadores.

Esta explicación de la conquista de 711 es la defendida por el españolismo decimonónico, continuada y ampliada por el nacionalcatolicismo. Un discurso historiográfico impuesto en época franquista y que, hoy día, continúa vigente gracias a personajes tales como el ex presidente del gobierno español José María Aznar.

Diametralmente opuesta es la visión otorgada por los vencedores de aquella conquista.  Para ellos la conquista fue un acto justo, necesario y beneficioso. Ellos eran los civilizados y nosotros los bárbaros. En su explicación se basan en el concepto de fath, lo que implica una visión partidista y tergiversada de la historia. En efecto, ellos entendían la conquista como una apertura de los pueblos a la nueva (y verdadera) revelación de Mahoma. Por tanto, las acciones violentas se minimizan y ocultan, como si los conquistados esperaran el cambio con los brazos abiertos. (Una pena que sólo se consideren conquistas tipo fath las musulmanas y no otras similares realizadas por otros pueblos ).

Además, como es típico en el Medievo, la conquista se verá en términos providencialistas, aunque en un sentido opuesto al de los derrotados. Aquí Dios ayuda a los conquistadores en sus batallas directamente, dejando a los hombres una acción pasiva dependiente de la gracia divina.

Vamos, al igual que en el discurso de los derrotados, Dios es el que maneja los hilos de la conquista. Responsabilidad cero para los protagonistas humanos, no vaya a ser que se tengan que pedir responsabilidades posteriormente.

Este discurso de los vencedores también se ha perpetuado en la actualidad debido a la memoria histórica colectiva musulmana, la cual es ampliamente utilizada por los historiadores musulmanes que tratan el tema de la conquista.

En realidad, las dos visiones de la conquista vistas hasta ahora, son una tergiversación histórica, pues sólo tienen en cuenta una parte de la realidad; la que le conviene para sostener su discurso. Son, como afirma Alejandro García Sanjuán “dos caras de la misma moneda, la de la perpetuación de los discursos de los vencedores y los vencidos en la historiografía contemporánea”.

Ahora bien, la tercera vía, la del negacionismo, se diferencia de las anteriores en algo muy importante. No sólo es una tergiversación histórica, en el sentido de ofrecer una visión partidista e interesada de la historia. También es un auténtico fraude, pues niega el pasado mediante la manipulación de los testimonios históricos.

Esta explicación de la conquista, iniciada por el pseudohistoriador vasco Olagüe en el siglo XX, tiene hoy día un notable resurgimiento gracias al movimiento ideológico andalucista, dispuesto a reescribir la historia a su antojo. El verdadero atractivo de las tesis de Olagüe para los andalucistas reside en el hecho de que la negación de la conquista musulmana va aparejada a la caracterización de Al-Ándalus como una entidad autóctona, surgida de la propia evolución de los “antiguos andaluces”. Para los andalucistas es una exigencia negar la conquista con el objetivo de formar la identidad autóctona de Al-Ándalus.

Y si para ello deben comulgar con las falsedades y graciosas tesis de Olagüe, pues adelante. Todo por el bien de ese nuevo españolismo integrador, donde Al-Ándalus no represente algo foráneo y externo a la historia española, sino que se integre en ella sin ruptura alguna.

Ejemplo de obra tergiversadora de la historia


Antonio Domínguez Ortiz expresa perfectamente que clase de falacias históricas defendía Olagüe: “sostenía que la transformación del estado visigótico cristianos en un estado muslim se operó por fuerzas internas, sin necesidad de conquista externa, por conversión al Islam de unas poblaciones que, mediante la doctrina arriana, negadora de la Trinidad, estaban preparadas para recibir la doctrina monoteísta del Islam y acusar a los cristianos de trinitarios politeístas.  Este razonamiento es absurdo para el conjunto de España, donde en el siglo VIII ya no había arrianos, y más absurdo aún para la Bética, en la que la influencia de los visigodos arrianos fue insignificante”.

Entre las tergiversaciones históricas que cometen los negacionistas de la conquista, una de las más evidentes es la afirmación de falta de pruebas contemporáneas de la misma. Obvian, para defender su argumento ridículo, las numerosas fuentes extrapeninsulares que indirectamente hablan de la conquista (por ejemplo, la carta de Bonifacio al rey Ethebaldo de Mercia, escrita entre el año 716-757), las peninsulares (la crónica Continuatio bizantina-arábica datada en el año 743 y la famosa Crónica Mozárabe datada en el año 754) y las arqueológicas, representadas tanto en monedas como en precintos de plomo.

Las críticas académicas contra el negacionismo se han multiplicado desde su reciente expansión. No obstante, convertido en mito gracias a Internet, y aparejado a la teoría de la conspiración (por enfrentarse a las tesis “oficiales”), hoy día resulta ya casi imposible desmentirlo en ámbitos extraacadémicos. Dadas las simpatías que hoy día tienen los movimientos anti-sistema, en contra de los poderes tradicionales, el negacionismo, como bandera histórica de ellos, se erigirá como una alternativa común, cuando resulta aún más degradante y falsa que las versiones tradicionales tergiversadoras de la historia.

Vistas las tres principales corrientes ideológicas que explican, según su conveniencia, la conquista musulmana de la península Ibérica, debes preguntarte por cual te inclinas o cual te han inculcado.

También estarás preguntándote cual es la verdadera historia de la conquista musulmana de la península Ibérica. Pues bien, eso lo dejaremos para otro artículo. Por hoy ya tienes suficiente información para cuestionarte tus conocimientos sobre el pasado histórico de nuestra nación.


FUENTES:

García Sanjuán, Alejandro: La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado. Del catastrofismo al negacionismo. Madrid. Marcial Pons Historia, 2013, 468 p

4 comentarios:

  1. Con humildad, esta mentira favorita la presenta de forma errónea desde un principio, porque lo que se discute respecto a la historiografía oficial es otra cosa: "que los árabes conquistaron la península ibérica". Es decir, lo que se discute del hecho histórico es la autoría, no el suceso en sí. Olague también, discute la autoría, no el suceso.
    Tampoco son fuentes contemporáneas las escritas 50 años más tarde o fechadas en algun momento desconocido de ese periodo de 50 años.
    Que los árabes no conquistaron la Península Ibérica parece más que probable, como indican las referencias histórica al hecho, verificado o no, de una traición de visigodos arrianos. Personalmente se me hace difícil de creer que los árabes conquistaran la Península Ibérica.

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    1. Hola, gracias por comentar.

      Olague, al negar la autoría árabe de la conquista, defiende la tesis de que no hubo conquista alguna sino evolución interna de los indígenas arrianos hacia el islam.

      Diversas pruebas desmontan tales elucubraciones. Por un lado el registro monetario, que muestra un claro corte respecto al reino visigodo. Por otro, la escasa pervivencia del arrianismo en la Península ibérica.
      Siento decirte que, salvo nuevas pruebas, la conquista musulmana existió. Y las pruebas son arqueológicas y documentales contemporáneas al suceso (no hablamos de medio siglo después).
      Un saludo

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    2. Si usamos el término "conquista" en un sentido extenso, La "conquista" musulmana, indudablemente existió, pues se pasó de un reino católico a uno islámico, pero la conquista árabe, como invasión armada, no está nada clara.

      Una "conquista" como Vd. la llama, no siempre es producto de una invasión exterior, puede ser producto de una asimilación cultural, del cambio de religión del rey, de la nobleza o del triunfo de una facción en el curso una guerra interna (muy común en la antigüedad esto del cambio de religión a causa del rey o del emperador, sin ir más lejos así sucedió en el Imperio Romano) y que pudo ser el caso de lo sucedido en el decadente reino visigodo (una guerra civil entre facciones visigodas, una de ellas o su rey, convertidos al Islam ).

      Y aunque el registro monetario también lo refleje, la "conquista" de la Roma pagana por los cristianos no fue causada por un ejercito de judíos cristianos que se abalanzó sobre Constantinopla, ¿Verdad?. A falta de pruebas contemporáneas de la invasión árabe (que es lo que negaba Olagüe), suena igual de inadecuado hablar de la "conquista" de Roma por los cristianos que de la "conquista" de Hispania por los musulmanes. en el sentido de conquista o invasión militar.

      El arrianismo, aunque fuera minoritario, siguió siendo una fuerza entre algunas facciones de la nobleza visigoda y hay que tener en cuenta que en el este y el sur de la Península Ibérica (lo más poblado) tampoco el catolicismo era mayoritario sino la Iglesia Bizantina. Y hablando de los territorios próximos a Bizancio como es el caso de la Provincia Siríaca, es el caso que en los textos contemporáneos a la luego conocida como "conquista islámica de Siria" se sabe que lo que posteriormente se consideran las fechas de la "invasión musulmana" era percibido por los contemporáneos como disputas teológicas, las famosas controversias iconoclastas y no como una guerra de invasión... aunque ciertamente, en su sentido amplio, una conquista.

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    3. Hola de nuevo. Gracias por comentar y abrir este debate histórico.

      En mi opinión, la conquista musulmana según la contemplas fue imposible por varios motivos.

      El primero es la imposibilidad de asimilación cultural. No existen datos sobre la existencia de ninguna secta o grupo de musulmanes que se infiltraran en la sociedad visigoda antes de la conquista. Mucho menos que lograran ascendencia en la corte. Volviendo a tu ejemplo sobre Roma, desde la aparición de grupos cristianos en Roma hasta la asimilación del cristianismo por el emperador Romano pasaron siglos.

      El arrianismo, independientemente de la importancia que deseemos darle, no tiene una conexión directa con el Islam. Resulta imposible que un arriano cristiano se vuelva musulmán debido a algo tan importante como el lenguaje. El Islam y el árabe (idioma) son dos conceptos entrelazados e inseparables. Sin conocer el idioma árabe es imposible la trasnformación al Islam. Y ningún arriano hispano conocía el árabe.

      Por último, el registro numismático es totalmente incuestionable. En el año 712 se produjo un cambio total en las monedas hispanas. Se pasó de una moneda visigoda a otra árabe (de la plata al oro; de grafía latina a árabe) con un corte que sólo puede explicarse mediante la llegada de una élite extranjera (que hablaba árabe) que impuso su patrón numismático. Ninguna facción visigoda hubiera podido hacer esto.

      Espero haberme explicado bien.

      Un saludo

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