domingo, 5 de octubre de 2014

No encuentro un sitio donde poder relajarme (I): San Esteban de Gormaz



Con este título tan sugerente voy a comenzar una sección en la que describiré pequeñas salidas de fin de semana donde podréis encontrar esa paz que tanto echamos de menos a diario. Son lugares con encanto donde podréis descansar y, a la vez, realizar pequeñas e interesantes visitas turísticas. ¿Qué más se puede pedir?

Por tanto, si no sabes donde viajar el próximo fin de semana espera a leer el siguiente artículo. Hoy comenzaremos nuestro viaje por un lugar tan desconocido como maravilloso: San Esteban de Gormaz.


San Esteban de Gormaz es una pequeña localidad Soriana que se encuentra a tan sólo dos horas de Madrid. Llegar a ella no tiene pérdida: debemos coger la A-1 con dirección Burgos y luego desviarnos hacia la N-110 con dirección a Riaza (Segovia). Tras pasar Riaza y Ayllón (par de pueblos encantadores que trataremos en otro momento), en cosa de escasos kilómetros llegaremos a San Esteban de Gormaz.

Para acceder a esta localidad desde Madrid debemos cruzar un puente de dieciséis ojos que cruza el Duero. Aunque se le supone origen medieval, nada queda de esta época debido a las sucesivas reformas que hubo de hacer con el paso de los años y el tráfico rodado que soporta. Es una pena que se destruyera este monumento, cuyo origen más remoto es romano, pues fue una importante frontera entre cristianos y musulmanes, lugar de numerosas luchas fronterizas. Recordemos que antiguamente no existían muchos puentes que cruzaran los ríos y éste era uno de los más importantes.

Nada más cruzar el puente, dibujado en una fachada, encontramos un recuerdo del Cantar del Mío Cid. La localidad aparece en este poema en la parte de “La afrenta de Corpes”, la humillación sufrida por las hijas de El Cid. Y aunque este hecho hace tiempo que se demostró inventado y de escaso rigor histórico, la pintura mural nos advierte que el autor del Cantar pudo ser vecino de esta localidad.

Girando a la derecha y siguiendo la Avenida de Valladolid llegaremos al aparcamiento público situado justo enfrente del Hotel Rivera del Duero. Os aconsejo este alojamiento para pernoctar encarecidamente. Es un tres estrellas sobrado, el trato del personal es agradable y de las habitaciones me gustó su amplitud y limpieza. Si os gusta relajaros en la bañera tenéis que coger su habitación con bañera de hidromasaje. ¡Una pasada!

Este aparcamiento es un buen punto de partida para comenzar cualquier visita a la localidad pues junto a la pista de frontón se encuentra la oficina de turismo. Resulta recomendable visitarla para concretar los horarios de los monumentos, pues salvo los meses de julio y agosto, los horarios de visitas se reducen bastante. Por ejemplo, cuando yo los visité el pasado junio el Parque del Románico sólo se visitaba bajo petición y a grupos. No obstante, dado nuestro interés, nos lo abrieron para visitarlo. Todo un detalle por parte de Sandra, la persona que os atenderá en la oficina.

Aquí os dejo el enlace para imprimiros un plano de la localidad, aunque no lo vais a necesitar demasiado.
(También podéis descargaros uno desde aquí: http://www.sanesteban.com/gifs/plano.gif).

Pero iniciemos nuestra camino por San Esteban de Gormaz visitando la localidad en sí misma. Desde el aparcamiento se inicia la Calle Mayor, la cual atraviesa longitudinalmente toda la ciudad. El primer edificio de importancia que encontraremos es la Iglesia de San Esteban de Protomártir. Esta iglesia, antiguamente, pertenecía a un convento franciscano hoy desaparecido. Y fue en 1986 cuando cambió su advocación por la actual. Exteriormente sólo reseñar dos cosas: su actual campanario fue realizado con algunas piedras procedentes de la antigua parroquia de la localidad (derruida en 1922) y la espadaña es de ladrillo, no por capricho sino por necesidad, pues corría peligro que se cayera la fachada. En el interior destacan los frescos del altar, dedicados a la vida de San Francisco (Santo de advocación del antiguo convento) y unas capillas sepulcrales góticas en el lateral de su única nave, las cuales cobijan una virgen románica y una escultura gótica del Cristo de la Buena Dicha (fiesta el 9 septiembre).

Esta iglesia se encuentra a extramuros de lo que fue la antigua muralla de San Esteban de Gormaz. El recorrido de ésta es palpable en este punto de la localidad, pues se conservan dos torres que pertenecieron a este sistema defensivo. A nuestra derecha encontramos el torreón, levantado en piedra. A la izquierda, más próximo al río, se encuentra un cubo de la muralla que perteneció a la antigua puerta de San Gregorio. Ésta es de tapial y se data en un momento anterior al torreón, aunque es difícil precisar por la falta de heráldica. Antiguamente custodiaba una de las puertas principales de entrada a la ciudad.

Siguiendo un poco más la Calle Mayor llegaremos a la Plaza Mayor. La reconoceréis por levantarse imponente el Ayuntamiento de la localidad. Se trata de un edificio moderno (data de 1994), aunque su estética imita a la que tenía el edificio original construido en 1629. Destacan sus cuatro arcos inferiores y su característico reloj con campana. Otro atractivo de la plaza son las casas porticadas, algo que os recordará lugares como Avilés o Alcalá de Henares. Aquí se concentran los bares principales del pueblo y en sus aledaños el resto de comercios de la localidad. Si deseáis comprar algún producto típico de la tierra este es un buen lugar donde conseguirlo.

Y si bajáis hacia el río atravesaréis otra entrada de la vieja muralla. En esta ocasión se conserva un bonito arco decorado con el escudo con las armas de don Diego I López Pacheco el Grande, conde de San Esteban a inicios del siglo XVI.

Desde esta posición podéis observar los dos puentes de la localidad: uno de época romana de un solo arco y el medieval que cruzamos al llegar. Justo al lado de este último se acondicionó un pequeño parque ideal para descansar y dar de comer a los patos.

Volviendo nuevamente a la Plaza Mayor seguiremos nuestro recorrido sin abandonar la Calle Mayor, pues de lo contrario nos introduciríamos en la arquitectura desordenada, típicamente árabe, de plazuelas y callejones. Dejando a nuestro lado izquierdo el Ayuntamiento, proseguiremos nuestro camino hacia el lugar donde se levantan las casas más ilustres de la localidad. En ellas encontraremos nobles blasones presidiendo las fachadas de palacetes e incluso estelas romanas y visigodas utilizadas como vulgares piedras constructivas. Todo ello nos muestra el gran pasado de la localidad y son un aspecto pintoresco y único de este lugar.
Estela romana utilizada en una nueva construcción

Cuando lleguemos a una casa de adobe, la cual contrasta enormemente con las edificaciones anteriores levantadas en piedra, debemos abandonar la Calle Mayor y girar a nuestra izquierda. Tras caminar unos pasos, en la primera calle que se abre a nuestra derecha, nuestra vista contemplará la esplendorosa imagen de la Iglesia de Nuestra Señora del Rivero. Para acceder a ella debemos ascender una pequeña cuesta primero y unas grandes escaleras después. La entrada, desde aquí, es espectacular, pero si vais con carro de bebé podéis subir a la iglesia por detrás, a través de una calle algo empinada pero totalmente practicable. Será menos espectacular pero mucho más práctico. No obstante, los que conocéis mi gusto por la belleza de la arquitectura ya habréis imaginado que preferí subir el carro a cuestas por las escaleras. ¿Cómo perderme tan bonita imagen?
Iglesia de Nuestra Señora del Rivero










La Iglesia de Nuestra Señora del Rivero es una típica iglesia del románico rural del siglo XII. De hecho fue construida a imagen y semejanza de la otra iglesia de la localidad. Destaca su galería porticada orientada al sur, lo cual tenía un claro objetivo. En la Edad Media no existían lugares apropiados donde poder reunirse el concejo de la ciudad, por lo que estas galerías servían de lugar de reunión a los habitantes de la villa. Su orientación sur las hacía idóneas para cobijarse del frío de la comarca y eran un lugar de paso obligado para todos los fieles cristianos, por lo que las reuniones se realizaban tras salir de misa.

Además de lugar de reunión, estas galerías tuvieron otras funciones, como la de servir de lugar de enterramiento. Este hecho queda plasmado por el arco plateresco con función sepulcral que se encuentra a la izquierda de la entrada a la iglesia. Datado en el siglo XVI, hace referencia a Vidas Pascual, protagonista de una de las leyendas más famosas relacionadas con esta localidad, la del Vado de Cascajar. En el sepulcro podemos leer lo siguiente: “Aquí yace Vidas Pascual que el oyendo la aquí misa lidian sus armas”.

Arquitectónicamente se trata de un edificio de nave única y cabecera semicircular, aunque exteriormente no podamos contemplarla en su plenitud debido a la construcción de un camarín tras el altar y otras dependencias religiosas. No obstante, esta reforma posterior no fue del todo un desastre. Al visitar la iglesia comprobaréis como las esculturas exteriores del ábside, al quedar dentro de la moderna edificación, quedaron preservadas de la erosión ambiental, pudiendo admirarlas hoy día en toda su plenitud.

Las figuras anteriores contrastan poderosamente con las existentes en los capiteles de la galería porticada exterior, aunque éstas últimas también se conservan lo suficiente como para poder identificar las representaciones, entre las cuales destacan las figuras animalísticas o de raigambre oriental.

Del interior de la iglesia hay que destacar la imagen de la Virgen del Rivero, a la cual se la tiene una gran devoción en la comarca. Su festividad es el 8 de septiembre, un día antes que la fiesta del Cristo, por lo que se juntan inteligentemente un par de días de celebración, aunque también el 1 de mayo suele salir de procesión. Cuando yo visité la localidad el pasado mes de junio estaban reformando la talla, por lo que fue una pena no poder rendirle los respetos que se merece. El otro atractivo del interior de esta iglesia son sus pinturas góticas. Justo enfrente de la entrada descubriréis un bello calvario gótico y en la zona superior del ábside un sobrecogedor Cristo Pantocrátor.

La visita a esta iglesia puede realizarse por libre (1) o con visita guiada (2), incluyendo ésta la explicación y acceso al interior de la Iglesia de San Miguel (sólo visitable su interior con guía). Los horarios de visita turística son 
Mañanas: 11:00 a 14:00 h y Tardes: 16:00 a 19:00 h.
Horarios visitas guiadas: 11:30, 12:30, 13:30 y 16:30, 17:30 y 18:30 h. Comienzan en la Iglesia de Nuestra Señora del Rivero a partir de grupos mínimos de 5 personas.

Y las visitas guiadas parten de esta iglesia cada media hora (o cuando se forme un grupo suficientemente grande), por lo que es recomendable visitar ésta primero.

A escasos dos minutos andando se encuentra la Iglesia de San Miguel, auténtica joya de la localidad. Su vista más espectacular se obtiene accediendo desde la calle San Miguel, la cual parte de la Calle Mayor. Ascendiendo por la empinada calle se nos mostrará una espléndida iglesia románica con su típica galería porticada, la cual podría ser la primera de su estilo construida en España. La clave está en la fecha de datación de tal galería. La fecha aparece en un canecillo del tejado, concretamente en donde plasmaron a un monje con un libro abierto. La fecha, para algunos investigadores, sería 1081, mientras que para otros esta fecha es demasiado temprana. Fuera como fuese, si no es la primera si es una de las que introdujeron la existencia de este tipo de galerías y una de las cuales que más influencia tuvo en las zonas limítrofes.
Iglesia de San Miguel

En esta galería debemos fijarnos en la profusa decoración escultórica que los artistas románicos nos legaron. Los canecillos y los capiteles de las columnas que sostienen los sietes arcos de medio punto que conforman la arcada están repletos de figuras de gran expresividad y belleza. Centrándonos en los capiteles veremos tanto animales, una serpiente, un cuadrúpedo y un impresionante pavo real, como figuras humanas y arquitectónicas, tales como murallas, torres o soldados. La presencia de puertas califales o figuras humanas portando vestidos árabes hacen suponer que algunos escultores debían ser árabes. En los canecillos de la cornisa volvemos a encontrarnos animales y hombre indistintamente, todos ellos cargados de fuerte expresividad.
Detalle capiteles románicos labrados de la galería de San Miguel

Esta galería porticada guarda también otro interesante dato. En uno de los laterales, y grabado sobre una losa, aparece un Alquerque, un juego árabe similar a nuestras damas. Este hecho nos confirma que, en el pasado, esta galería también fue un lugar de ocio de los habitantes de la localidad. Existe, además, otro Alquerque en esta galería, algo que no todo el mundo conoce. Se encuentra en la columna izquierda de la entrada a la galería y está mucho mejor conservado. Su posición vertical imposibilitaba utilizarlo como tablero de juego (se necesitan colocar fichas para jugar), por lo que se piensa que fue una piedra reutilizada proveniente de otro edificio.
Alquerque grabado en una piedra

El suelo de esta galería porticada se encuentra en restauración pues los arqueólogos encontraron numerosos restos de tumbas, confirmándonos otro uso de este tipo de galerías.

El interior del templo, sólo accesible mediante visita guiada, también se encuentra en obras. El objetivo es realizar aquí un museo y entender un poco mejor la disposición interior de la iglesia. Sorprende la altura de la nave única, aunque ésta se explica por la existencia de una galería o tribuna estable en época medieval. Diversos grafitos datados en el siglo XII y a una altura de cuatro metros confirman tal afirmación.

La cubierta de la iglesia es de madera en la nave y de bóveda tipo horno en el ábside. Su iluminación interior es escasa, como corresponde a toda iglesia románica que se precie, quedando ésta supeditada a un par de ventanas sobre el pórtico y una aspillera en la zona del coro. Destacar los restos de pintura mural existentes en la zona del ábside, en donde podremos ver la representación, entre otras figuras, de los tres reyes magos. Las tres figuras son de piel blanca, lo que nos indica que las pinturas fueron realizadas antes del último tercio del siglo XV, momento en el cual se introduce la figura de un rey mago de piel negra (relacionado con la época de los descubrimientos).
Interior Iglesia San Miguel con frescos de los tres reyes magos

Otro aspecto a destacar de este edificio es su torre de planta cuadrada. Se trata de una edificación posterior a la factura inicial de la iglesia, y tiene como particularidad tener un primer cuerpo realizado en piedra y una segunda parte en ladrillo. Del exterior, además de la galería, también debemos quedarnos con la decoración exterior del ábside y de las ventanas, enmarcadas con arquivoltas.

Desde este lugar podemos ascender, a través de un pequeño y empinado camino al Castillo y a la zona donde se ubican las bodegas. Que nadie se espere un gran castillo medieval. El paso de los años, los franceses en 1808 y la desidia municipal hicieron que este otrora importante fortificación se viniera abajo. Incluso los más viejos del lugar comentan que la mayoría de sillares fueron vendidos por parte del último dueño privado de tal monumento.

Hoy día del castillo tan sólo queda un lienzo de pared y los restos de lo que en otro tiempo fueron aljibes y silos. Su base alargada y estrecha nos remite a las típicas construcciones musulmanas, aunque cuando cayó en manos cristianas fue ampliamente reformado. Su mayor atractivo actual es la de ofrecer unas maravillosas vistas de toda la comarca, pues se sitúa a una altura de 920 metros. (La mayoría de la subida ya la habéis realizado al recorrer la Calle Mayor y luego subir a la Iglesia de San Miguel).

Un poco más abajo se sitúan las bodegas, excavadas en la roca directamente. Estamos en la zona de denominación de origen Ribera del Duero y San Esteban de Gormaz, con la temperatura más cálida de toda Soria (de media unos 5ºC más que en la capital) tiene un clima muy apropiado para el cultivo de la vid. Tarea ésta que puede remontarse a la época medieval.

Un poco más arriba de la Iglesia de San Miguel, horadando la ladera de la roca que sustenta el castillo en su cúspide, se amontonan numerosos lagares y bodegas que respetan la construcción tradicional. También observaremos numerosas zarceras, una especie de respiraderos necesarios para evacuar los efluvios tóxicos provocados por la fermentación de la uva.
Bodegas en la falda de la montaña

Otro hecho que nos llamará la atención será la existencia de mesas y barbacoas delante de muchas bodegas. Ello se debe a que estos lugares, además de conservar el vino a una temperatura constante y correcta (15-18ºC), se han convertido en zonas de reunión y celebración. Y es habitual encontrar a los sanestebeños cenando unas chuletas de cordero junto a un buen vaso de vino en la época estival.

Todo el recorrido anterior podéis hacerlo tranquilamente en un par de horas, por lo que os recomiendo pasearlo relajadamente. Disfrutar de la arquitectura tradicional, palpar las lápidas romanas e intentar leer sus textos (no son difíciles), descansar en las galerías porticadas de las iglesias románicas y admirar sus esculturas empapándoos de Arte e Historia. Sentaros en lo alto del castillo y dejar que el viento acaricie vuestras caras mientras veis como poco a poco el día transcurre.

Para por la tarde podéis acercaros al Parque del Románico. En la época en la que visité esta localidad (Junio) el Parque estaba sólo abierto para visitas de grupos aunque, dado nuestro interés, nos lo abrieron a nosotros. Además tuvimos la suerte de una visita guiada personalizada en la que pudimos aprender multitud de cosas sobre este estilo arquitectónico tan bien representado en España.

El Parque se sitúa a unos dos kilómetros y medio de la localidad, por lo que el trayecto podéis hacerlo tanto a pie como en coche. Se trata de un parque temático donde vamos a poder ver reproducidas, a escala reducida pero con unos detalles fidedignos, nueve edificios románicos emblemáticos de Castilla y León, uno de cada provincia.
Maqueta de la Iglesia de San Martín de Frómista en El Parque del Románico

Sandra, nuestra guía, por ser Soriana, comenzó la visita mostrándonos la maqueta de San Juan de Rabanera, una de las iglesias románicas más curiosas. Tiene la típica planta de cruz latina románica y un ábside único semicircular que nos delata la existencia de una sola nave. La decoración escultórica exterior y las ventanas estrechas y escasas también nos informan sobre el estilo románico. Ahora bien, tiene varias particularidades. Su eje no es recto en planta ni el transepto ortogonal respecto a la nave. En el ábside no se sitúa una ventana en el centro, como es lo habitual en estos templos, sino una pilastra. También destacan el número de puertas de acceso. Como todos los templos románicos su ábside tiene orientación este (por la salida del sol) y su puerta de entrada original se sitúa al norte. Aunque la entrada más atractiva visualmente es la colocada al inicio de la nave. Esta posición no es románica y fue un añadido posterior. De hecho, se trataba de la portada de otra iglesia (Iglesia de San Nicolás), en ruina a inicios del siglo XX. Por tanto, aunque en la portada veremos hechos relativos a la vida de San Nicolás, la Iglesia tiene la advocación a San Juan. Y una última puerta, en la fachada sur, fue añadida por las principales familias de la ciudad para no tener que entrar al templo por la misma puerta que lo hacía la plebe.

De Zamora se muestra la maqueta de la impresionante Colegiata de Santa María, de Toro. Aquí debemos fijarnos en su característico cimborrio, típico de la zona y también existente en la Catedral de Zamora o Plasencia. Sus tres ábsides en la cabecera nos indican el número de naves del templo. Y la presencia de varios rosetones nos permite descubrir que este recurso decorativo tuvo sus orígenes en el románico y no en el gótico, como mucha gente piensa. Su estado de conservación es excelente.

El templo románico más original y con menores cambios de todos los existentes en Castilla y León es la Iglesia de San Martín de Frómista, en Palencia. Su situación en pleno Camino de Santiago nos indica por donde se difundieron las ideas románicas europeas en la Península Ibérica. Todos los elementos de este templo son característicos del románico puro: escasa altura, cimborrio octogonal sobre el crucero, dos torres a ambos lados de la fachada, tres naves  (la central más ancha) con bóveda de cañón terminadas en tres ábsides circulares, muros gruesos, ventanas estrechas con arcos de medio punto, decoración en las fachadas a base de pilastras, ajedrezado jaquense, canecillos…

Lo anterior se puede considerar una auténtica excepción, pues lo habitual es que los templos cambien a lo largo de los años. Sus construcciones, alargadas durante siglos, provocaban que se comenzase en un estilo arquitectónico y se terminase en otro distinto. Esta circunstancia es claramente palpable en la Basílica de San Vicente de Ávila. Si nos fijamos en la cabecera de esta iglesia, la primera parte que se construía en este tipo de edificios, veremos elementos claramente románicos, tales como los ábsides circulares, el transepto, el cimborrio o la decoración escultórica de canecillos y capiteles. Los ábsides tienen bóvedas de cañón, pero ya la nave tiene bóveda de crucería, típica del gótico. Este estilo se irá imponiendo en la edificación hasta llegar a la portada de entrada, claramente gótica.

De Segovia se representa la Iglesia de San Millán. Su planta reproduce la de la Catedral de Jaca, viéndose así las claras influencias aragonesas en la construcción de este templo. Destacar sus dos galerías de arcos porticados, su torre mal acoplada al conjunto y único resto de un templo anterior y la existencia de una capilla en la cabecera realizada como si externamente se tratara de un cuarto ábside.

La Iglesia de San Marcos, en Salamanca, es el único ejemplo de iglesia con planta circular que no presenta planta centralizada. Su interior nos sorprende con una planta basilical de tres naves rematadas en otros tantos ábsides. Se piensa que pudo pertenecer a la Orden Templaria.

De Valladolid tenemos Santa María La Antigua, un templo románico en origen que sufrió enormes reformas en el siglo XIV. El aspecto de su piedra blanca y elementos como arquivoltas, pináculos o vidrieras parecen remitirnos al gótico, pero en verdad éstos son añadidos posteriores sin ninguna función arquitectónica. Y aunque se pretendió ocultar la edificación original con la decoración gótica, la presencia imponente de su hermosa torre románica nos muestra la realidad de la edificación.

De León se muestra la maqueta de la Iglesia de San Tirso de Sahagún. Se suele indicar que este templo es el más representativo del arte románico-mudéjar y su especial característica es la de estar levantado enteramente en ladrillo. Bueno, en realidad, hasta los tres metros de altura, los artesanos utilizaron piedra caliza, excelentemente talladaza y aparejada en hileras regulares. Luego optaron por el ladrillo, un elemento constructivo más barato. Lo mejor del templo es su torre troncopiramidal, que se eleva, sorprendentemente, sobre el ábside central en vez de sobre el crucero. Tiene tres niveles de vanos, decrecientes en altura, que generan un visual y estético efecto rítmico.

Terminamos nuestro recorrido por el románico castellanoleonés con el Claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos. Sus dos pisos de arcos denotan un conocimiento profundo de las posibilidades que ofrecía la construcción en piedra. Para lograr sustentar el segundo piso los arcos de medio punto descansan sobre capiteles y columnas de doble fuste monolítico en todo su perímetro salvo en los soportes centrales de cada galería, que poseen fustes quíntuples; salvo el del lado norte que es cuádruple y torsado. Esta solución estética constructiva fue luego exportada a otros templos peninsulares y su presencia denota la intervención de algún monje formado en Silos. Dejando a un lado los aspectos arquitectónicos, si por algo destaca este claustro es por su decoración escultórica, plasmada en los capiteles (64) y los relieves que ornamentan las caras interiores de las cuatro pilastras que forman los ángulos de la galería.

Más información sobre este Parque del Románico aquí.

Junto a este Parque se encuentra el Molino de los Ojos, un antiguo molino harinero reconvertido en museo etnográfico donde poder conocer los diversos tipos de molinos existentes en la antigüedad, la forma de vida de los molineros y las características de un ecosistema cerealista. Todo ello mediante paneles interactivos y objetos originales. Para conocer los horarios podéis informaros aquí.

Y si os pareció poca oferta turística para pasar un agradable fin de semana aunando Historia y Naturaleza, a escasos 12 kilómetros tenéis otra gran ciudad Burgo de Osma, en donde poder admirar una preciosa catedral y unas interesantes ruinas romanas (Uxama). Pero la descripción de este lugar la dejo para otra ocasión.

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