domingo, 1 de noviembre de 2026

La anatomía del chivo expiatorio: de la retórica del nazismo al discurso sobre la inmigración en la Europa contemporánea

  

Una de las puntas de lanza de la extrema derecha para avanzar en el apoyo social versa sobre la criminalización al inmigrante. Dada su ideología nacionalista y excluyente, resulta lógica la idea de utilizar a las minorías como chivo expiatorio para explicar problemas complejos de las sociedades modernas.

 

Al amparo del intenso debate global sobre los flujos migratorios hacia Europa, muchos partidos de derecha radical están alcanzando cuotas de poder impensables hace unos pocos años.

 

En el siguiente artículo voy a realizar un repaso histórico para analizar las raíces ideológicas de estos discursos, demostrando cómo sus estrategias de comunicación y señalamiento difieren muy poco de retóricas del pasado que causaron graves quiebras democráticas en la sociedad occidental.

 


Sentaos relajadamente frente a la pantalla, pues tenéis en vuestras manos un documento largo en donde abordaré los problemas actuales bajo el prisma de las similitudes con el pasado reciente.

 

Un artículo que pretende remover conciencias, abrir los ojos adormecidos y crear un sano debate sobre hacia donde queremos dirigir nuestra sociedad.

 

¿Os interesa el tema?

 

A lo largo de la historia moderna, las épocas de incertidumbre económica, transformación social o crisis institucional han compartido un rasgo recurrente en la comunicación política: la identificación y estigmatización de un grupo minoritario o marginal al que se atribuye la responsabilidad de los males colectivos.

 

Este mecanismo, conocido en la sociología política como la creación del chivo expiatorio, permite simplificar problemas sistémicos complejos (como la precarización laboral, la presión sobre los servicios públicos o los problemas de seguridad ciudadana) ofreciendo una explicación unifactorial y una respuesta emocional.

 

Durante la década de 1930, el régimen nacionalsocialista en Alemania articuló una de las maquinarias de propaganda más sistemáticas del siglo XX. Si bien el componente biológico y racial constituía la columna vertebral de su ideología, la eficacia de su mensaje entre la población dependió en gran medida de argumentos de carácter socioeconómico y de orden público. La propaganda de la época retrataba al colectivo judío bajo dos ejes fundamentales: como un agente de desestabilización económica que consumía los recursos del Estado sin aportar al esfuerzo común, y como una amenaza latente para la seguridad y la convivencia social.

 

Siete décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y en un contexto democrático e institucional radicalmente distinto, diversos movimientos y partidos de extrema derecha en Europa (incluyendo España) han reactivado esquemas analógicos en su discurso público. Prescindiendo del lenguaje biologicista explícito (improbable de sostener en el debate público contemporáneo), las nuevas narrativas centran su foco en la población migrante y los refugiados.

 

A través del análisis de declaraciones públicas, carteles publicitarios y discursos parlamentarios recientes, este artículo examina la continuidad estructural de estos marcos narrativos.

 

Se analizan dos dimensiones centrales: el ámbito económico, donde el migrante es presentado como un competidor desleal o un abusador de los recursos del bienestar social (chauvinismo del bienestar) y el ámbito de la seguridad, en el que se recurre a la generalización delictiva y a la metáfora de la invasión para apelar al miedo y justificar medidas de excepción.

 

El objetivo no es equiparar contextos históricos distantes, de manera anacrónica, sino identificar cómo perviven y se adaptan las técnicas retóricas de estigmatización en el debate político actual.

 

El marco económico: Del parásito social al abuso de los recursos públicos

 

Uno de los pilares fundamentales para lograr la adhesión social ante discursos de exclusión es la aparente legitimación económica. Cuando una sociedad atraviesa periodos de inflación, estancamiento salarial o presión fiscal, el malestar acumulado suele ser encauzado hacia colectivos vulnerables mediante una narrativa de competencia desleal y expolio. En este terreno, la estructura del discurso del nacionalsocialismo de los años treinta y la de las formaciones de extrema derecha contemporáneas comparten una misma lógica: presentar la economía del bienestar como un juego de suma cero donde la presencia del otro empobrece activamente al nativo.

 

Durante la República de Weimar y la posterior consolidación del Tercer Reich, el aparato propagandístico nazi articuló una retórica que acusaba a la población judía de consumidora improductiva de la riqueza nacional. La metáfora del parásito (Schmarotzer) no cumplía únicamente una función deshumanizadora, sino también una función económica explicativa frente a las secuelas de la Gran Depresión.

 

Adolf Hitler formalizó esta visión en Mein Kampf (Múnich, 1925), donde caracterizó al colectivo no como un participante de la vida productiva, sino como un elemento explotador:

 

“El judío no ha sido jamás un nómada, sino siempre un parásito en el cuerpo de otros pueblos [...] Su propagación por el mundo entero es una característica propia de los parásitos; siempre busca un nuevo terreno de alimentación para su raza”.

 

Años más tarde, con el régimen plenamente instalado, esta narrativa se tradujo en la justificación de medidas de desposesión económica. En su discurso ante el Reichstag el 30 de enero de 1939 en Berlín, Hitler apeló explícitamente a la escasez de recursos para legitimar la expulsión y confiscación de bienes:

“El pueblo alemán no tiene el menor deseo de dejar que sus recursos sean explotados por un pueblo extranjero [...] Nos encontramos en una lucha por la supervivencia en la que no podemos permitirnos mantener a quienes no producen para la comunidad nacional”.

 

El núcleo del argumento nazi residía en presentar a la minoría como un actor que saturaba las arcas públicas y arrebataba el pan al trabajador alemán sin aportar un esfuerzo equivalente.

 

En el debate político europeo actual, la retórica prescinde de la jerga biológica, pero adopta el concepto sociológico conocido como chauvinismo del bienestar (welfare chauvinism): la tesis de que los servicios sociales, las ayudas públicas y las pensiones deben reservarse de forma exclusiva para los nacionales, bajo la premisa de que la población migrante los agota o distorsiona.

 

En España, esta estrategia comunicativa tuvo uno de sus exponentes más claros durante la campaña para las elecciones a la Asamblea de Madrid en abril de 2021. La formación Vox instaló un cartel publicitario en la estación de cercanías de Sol con la siguiente proclama:

 

“Un MENA: 4.700 € al mes. Tu abuela: 426 € de pensión/mes”.

 

Más allá de la falsedad técnica de las cifras (que cotejaban el coste operativo del mantenimiento de plazas en centros de tutela autonómicos con el importe de una pensión no contributiva), la estructura del mensaje rescataba el mismo mecanismo retórico: contraponer directamente la supervivencia o dignidad del ciudadano nativo golpeado por la crisis con el supuesto coste desorbitado de la asistencia a un colectivo extranjero.

 

En los últimos años, Vox ha refinado su narrativa económica transitando de la propaganda electoral agresiva a iniciativas legislativas y declaraciones de programa que buscan condicionar el acceso al Estado de bienestar. El 16 de abril de 2026, durante la moción del Grupo Parlamentario Vox sobre la implantación de la Prioridad Nacional, el grupo defendió lo siguiente:

 

“Ante recursos públicos limitados y la asfixia del contribuyente español, las ayudas sociales, las viviendas de protección pública y la asistencia no urgente deben priorizar de forma directa a los nacionales frente a quienes acaban de llegar”.

 

Este planteamiento formaliza el chauvinismo del bienestar. Se asume que el sistema de protección social es un recurso estático del que los migrantes se benefician sin haber cotizado, justificando la exclusión como un acto de justicia distributiva para el ciudadano autóctono.

 

Y, en el programa Económico y de Vivienda de Vox, presentado a finales de 2025, declaraban lo siguiente:

 

“Es una mentira repetida por la izquierda que los inmigrantes pagan las pensiones o salvan nuestro Estado de bienestar. Al contrario, la llegada masiva no cualificada abarata los salarios de los trabajadores españoles y satura los servicios públicos que todos pagamos”.

 

La lógica subyacente sostiene que la minoría extranjera no aporta valor al tejido económico, sino que es un factor de empobrecimiento y degradación de los derechos adquiridos por los nativos.

 

Sin embargo, esta premisa choca de manera frontal con los datos de los organismos de control financiero y estadístico. Lejos de saturar el sistema o deprimir el mercado de consumo, los estudios sobre economía aplicada reflejan que la población migrante no solo sostiene pilares fundamentales del sector servicios mediante mano de obra activa, sino que dinamiza la demanda interna a través del consumo regular de bienes, impactando directamente en la recaudación fiscal vía impuestos indirectos y contribuyendo netamente al balance de la Seguridad Social.

 

Según los análisis publicados por el Instituto de Estudios Económicos (IEE) y un informe macroeconómico de Funcas, la población extranjera es el principal motor de la economía española. Específicamente, casi tres cuartas partes (el 73.9%) del crecimiento económico de España entre 2018 y 2025 se explican por la aportación de la población inmigrante.

 

A nivel europeo, BBVA Research constata que la inmigración aportó de manera directa el 40% del crecimiento del PIB de toda la Unión Europea entre los años 2022 y 2025.

 

Informes del Real Instituto Elcano determinan que la población inmigrante ya constituye más del 23% de toda la población ocupada en España. Además, la fuerza laboral extranjera absorbió prácticamente el 90% de todo el empleo neto creado en el país entre principios de 2024 y el primer trimestre de 2025.

 

Los datos oficiales de la Seguridad Social cerraron a mediados de 2026 con un hito sin precedentes: 3,446,178 afiliados extranjeros cotizando de forma activa. Este incremento se consolidó gracias al afloramiento de empleo sumergido derivado de los procesos de regularización.

 

Por tanto, al contrario de la premisa que sostiene que los inmigrantes saturan o empobrecen el sistema, la entrada masiva de trabajadores en edad activa (el 80% de los llegados están en edad de trabajar) estimula el consumo regular de bienes cotidianos, alimentación, vivienda y ocio. Esto alimenta directamente la recaudación de impuestos indirectos como el IVA. Asimismo, los análisis macroeconómicos indican que la incorporación de esta mano de obra ha contribuido a contener la escalada de precios (inflación) y a cubrir más de 156.000 vacantes de empleo que los nativos no ocupaba.

 

No quería acabar este punto sin realizar una mención a la instrumentalización del drama de la vivienda por parte de Vox.

 

En el contexto español contemporáneo, la emergencia habitacional, caracterizada por la escasez de oferta, la escalada de los precios de alquiler y la presión de fondos inversores, ha sido objeto de una profunda manipulación discursiva por parte de Vox.

 

El trágico impacto mediático derivado del desahucio de ancianas vulnerables (como el emblemático caso de Maricarmen Abascal en Madrid, desahuciada por un fondo tras una subida abusiva de la renta) fue rápidamente instrumentalizado para desviar la atención de la especulación inmobiliaria y dirigirla hacia un encuadre xenófobo.

 

A través de consignas virales en redes y declaraciones institucionales donde se deslizaban frases como “si se llamara 'Moro-Carmen' tendría un piso pagado por el Estado”, la extrema derecha recurre a una clara falsa equivalencia. Se oculta deliberadamente que el problema de acceso a la vivienda responde a dinámicas del mercado libre, la inacción de políticas públicas y la especulación de grandes tenedores, sustituyendo ese diagnóstico complejo por la falsa narrativa de que los inmigrantes agotan el parque de vivienda social y gozan de privilegios frente a los ancianos o jóvenes nativos. Al igual que en la década de 1930, un problema económico de carácter estructural es presentado mendazmente como un despojo de derechos nacionales perpetrado por el extranjero con la complicidad del Estado.

 

Este discurso polarizador logra desplazar el foco del debate público, arrastrando a la ciudadanía hacia trincheras ideológicas donde los sectores enfrentados discuten en términos de identidad y agravio comparativo, en lugar de auditar las deficiencias del sistema inmobiliario. La verdadera victoria cultural de Vox no radica únicamente en la imposición de sus propuestas electorales, sino en su capacidad para erosionar el análisis racional y objetivo de los problemas complejos, sustituyendo el debate sobre las carencias del Estado del bienestar por una confrontación directa entre los eslabones más vulnerables de la sociedad.

 

Este esquema general de criminalización económica trasciende las fronteras españolas y constituye una constante en la extrema derecha europea. En Francia, Jordan Bardella, presidente de Rassemblement National, expresaba un argumento similar durante el congreso de su partido en Perpiñán el 6 de noviembre de 2022:

 

“Francia no puede seguir siendo el cajero automático del mundo. Es hora de poner fin a un sistema de subsidios que premia la inmigración ilegal a costa de los contribuyentes franceses”.

 

Asimismo, en los Países Bajos, Geert Wilders y su Partido por la Libertad (PVV) han articulado gran parte de sus propuestas en torno al lema “Primero los holandeses”, señalando de forma recurrente en el Parlamento neerlandés que la crisis de acceso a la vivienda pública o la saturación sanitaria no responden a fallos de planificación estatal, sino al ingreso de solicitantes de asilo e inmigrantes que roban el turno a los ciudadanos nacionales.

 

En Estados Unidos, Donald Trump ha combinado la acusación de que los inmigrantes roban empleos con la afirmación de que colapsan los programas federales de asistencia, utilizando un lenguaje hiperbólico muy característico. Por ejemplo, en el mitin del 13 de septiembre de 2024 afirmó lo siguiente:

 

“Si permites que millones de personas sigan entrando por la frontera, la Seguridad Social va a colapsar. El Medicare va a colapsar. Van a destruir el sistema de salud y de pensiones de los estadounidenses porque están usando nuestros recursos sin haber pagado un solo centavo”.

 

De esta forma tan sibilina Trump canaliza la ansiedad de los jubilados y la clase trabajadora sugiriendo que la quiebra de las prestaciones estatales no se debe al envejecimiento demográfico o a las políticas fiscales, sino a la invasión de beneficiarios no autorizados.

 

Su retórica llegó al culmen en 2025 con la Orden Ejecutiva y Memoria Presidencial para "Prevenir que los inmigrantes ilegales obtengan beneficios del Estado y de la Seguridad Social". Esta acción institucionalizó la figura del extranjero usufructuario. A pesar de que los estudios económicos muestran que gran parte de la población migrante (incluso la indocumentada) paga impuestos sobre las ventas o cotizaciones a través de identificadores fiscales sin poder cobrar retornos, el discurso oficial los encasilla únicamente como receptores parasitarios de fondos públicos.

 

Al analizar ambos periodos, se observan tres dinámicas comunicativas idénticas en el plano económico:

 

1.    La falacia del coste cero frente a la contribución nula: En ambas narrativas se invisibiliza de forma sistemática la aportación del colectivo cuestionado (sea el trabajo productivo en los años 30 o la contribución fiscal y en cotizaciones de los trabajadores migrantes en la actualidad), retratándolo como un mero receptor neto de asistencia.

 

2.    La falsa disyuntiva social: Se establece un dilema moral artificial entre la atención al ciudadano nativo y la garantía de derechos básicos a la población extranjera, sugiriendo que la mejora de las pensiones, la sanidad o la educación depende directamente de la restricción o eliminación de ayudas al migrante. Con el falso argumento de “no hay suficiente para todos” se excluye a una minoría débil para hacer más precaria su delicada situación.

  

3.    Externalización del problema sistémico: Frente a crisis complejas como la inflación, el encarecimiento de la vivienda o el envejecimiento demográfico, el discurso enfoca la atención en el eslabón más débil, ofreciendo una solución simplificada de rápido impacto emotivo. En lugar de reformas estructurales o tributarias, la solución a la crisis de los servicios públicos se reduce a negar la cobertura a los no nativos.

 

El marco de la seguridad: De la criminalidad de sangre a la invasión delictiva.

 

El segundo eje fundamental en la construcción retórica del enemigo interno opera sobre la emoción del miedo: la percepción de amenaza a la integridad física, al orden público y a la soberanía nacional. Para lograr que una sociedad acepte la restricción de derechos o el endurecimiento de medidas excepcionales hacia un colectivo minoritario, es preciso presentar a dicho grupo no solo como una carga económica, sino como una fuente activa de peligro e inseguridad.

 

Tanto la comunicación del nacionalsocialismo en la década de 1930 como los discursos contemporáneos de la extrema derecha recurren a tres técnicas sociolingüísticas clave: la generalización delictiva (atribuir a todo el colectivo la responsabilidad de delitos individuales), el uso de metáforas bélicas o de catástrofe natural (invasión, avalancha) y la asociación sistemática entre inmigración e infracción penal.

 

Durante el ascenso y consolidación del Tercer Reich, el aparato de propaganda dirigido por Joseph Goebbels articuló una narrativa constante que vinculaba a la población judía con el crimen organizado, la corrupción moral y la desestabilización del orden urbano. Esta estrategia buscaba presentar las medidas persecutorias no como una agresión ideológica, sino como un acto legítimo de autodefensa ciudadana y restauración de la ley.

El 30 de noviembre de 1933, en un discurso en Berlín con motivo de la promulgación de nuevas leyes de seguridad y orden público, Joseph Goebbels recurrió a la generalización criminal para justificar el control estatal:

 

“El elemento judío es disproportionadamente responsable de la criminalidad de las grandes ciudades, de la prostitución y de la estafa financiera. No estamos atacando a una religión, nos estamos defendiendo contra la delincuencia organizada que amenaza el orden público alemán”.

 

Posteriormente, durante el congreso del NSDAP en Núremberg el 13 de septiembre de 1935, previo a la proclamación de las Leyes de Núremberg, Adolf Hitler reforzó este marco de emergencia apelando a una supuesta pérdida del control de las calles:

 

“No podemos tolerar por más tiempo que se ponga en peligro la seguridad y el honor de nuestro pueblo por culpa de elementos extranjeros que traen el caos a nuestras calles y destruyen nuestra convivencia”.

 

En ambos casos, la técnica retórica consistía en aislar casos delictivos o especulativos para proyectarlos sobre la totalidad de la minoría, construyendo la sensación de que la nación vivía bajo un estado de asedio constante por parte de criminales impertérritos.

 

En el debate político actual de Europa y Estados Unidos, la retórica sobre la seguridad sustituye el marco racial explicito por el concepto de la incompatibilidad cultural y la criminalidad importada. Se abandona la perspectiva de la inmigración como un fenómeno socioeconómico o migratorio complejo para definirla prioritariamente como una amenaza a la seguridad nacional o una invasión descontrolada.

 

En España, las intervenciones públicas de Vox relacionan de forma sistemática la llegada de personas migrantes con el aumento de la tasa de delitos, empleando con frecuencia léxico militar e impreciso sobre la delincuencia.

 

Durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados (Madrid), el 9 de octubre de 2024, el líder de Vox, Santiago Abascal, interpeló al Gobierno en los siguientes términos:

 

"Usted es el responsable de una catástrofe en nuestras costas, en nuestras calles y en nuestros barrios [...] Esa es la realidad de la inmigración, o sea, de la invasión islamista."

 

A esta apelación al término invasión se suma la exigencia constante de deportaciones masivas ante cualquier infracción penal. En declaraciones posteriores ante los medios en Madrid (julio de 2025), la formación argumentaba:

 

“Los barrios populares que antes eran tranquilos se han convertido en zonas de no derecho por culpa de la inmigración ilegal descontrolada. Todo extranjero que cometa un delito en suelo español debe ser expulsado de inmediato sin contemplaciones”.

 

El mecanismo discursivo omite los factores socioeconómicos o las estadísticas oficiales sobre la criminalidad para establecer una relación causal directa y unívoca entre el origen nacional o la situación administrativa de una persona y su propensión a delinquir.

 

Como en el caso de la economía, cuando analizamos los datos estadísticos, el castillo de naipes formado por Vox se derrumba estrepitosamente.

 

Según la Estadística de la Población Condenada del INE, en España la inmensa mayoría de las infracciones penales son cometidas por ciudadanos nativos. El 71.4% de todas las personas condenadas con sentencia firme en el país son de nacionalidad española.

 

Criminólogos y estudios de universidades españolas (como el análisis de la Universidad de Salamanca) demuestran que, en términos absolutos, el comportamiento delictivo es marginal en ambos grupos: solo aproximadamente un 0.35% del total de la población extranjera comete delitos frente al 0.1% de la española. Esto demuestra que la inmensa mayoría de los migrantes (más del 99%) no infringe la ley.

 

El INE resalta que el perfil estándar de la persona que delinque en España es hombre, joven y de rentas bajas. El fenómeno migratorio hacia España está compuesto demográficamente de manera desproporcionada por hombres jóvenes en edad activa. Al comparar estadísticamente a un inmigrante joven y de bajos recursos no se le debe comparar con el promedio de la población española (que incluye a jubilados, niños y clases medias), sino con españoles del mismo rango de edad, sexo y nivel de vulnerabilidad económica. Al homogeneizar estas variables, la diferencia estadística por nacionalidad se disuelve, demostrando que el factor determinante no es el origen o la religión, sino la exclusión social y la pobreza. Precisamente, lo que Vox quiere instaurar entre la minoría inmigrante.

 

Nuevamente, dados los acontecimientos recientes, resulta imperativo analizar brevemente el impacto de los acontecimientos recientes en Ceuta, específicamente la crisis fronteriza del 31 de julio de 2026.

 

La posición fronteriza de Ceuta y Melilla constituye el laboratorio preferido de la extrema derecha española para azuzar el pánico sobre la seguridad nacional y la soberanía.

 

Ante crisis migratorias o episodios de tensión fronteriza, donde coinciden la vulnerabilidad humana, el uso político de la migración por parte del Reino de Marruecos y la falta de recursos de acogida, Vox capitaliza el conflicto traduciéndolo en una narrativa de invasión hostil y violenta.

 

El discurso de la formación omite de forma sistemática el contexto geopolítico, el derecho internacional de asilo o las condiciones socioeconómicas de los migrantes para encasillar cada llegada masiva como un ataque planificado a la integridad de España.

 

Esta instrumentalización descansa en medias verdades: se toma el dato real de una presión migratoria puntual para construir la mentira de una ocupación inminente o la pérdida de soberanía de los barrios. Mediante el uso deliberado de una jerga de tintes prebélicos (hordas, sustitución, reconquista), se busca generar un estado de alarma social constante que legitime la militarización total de la frontera, la suspensión de derechos fundamentales y la criminalización colectiva del migrante, imitando de nuevo la estrategia de conmoción y miedo que el nazismo empleó para imponer el orden de excepción.

 

El éxito de este encuadre radica en su capacidad para anular la discusión sobre las complejas relaciones diplomáticas y la gestión humanitaria internacional, sustituyéndola por una lógica de trinchera estrictamente identitaria.

 

Al simplificar un desafío geopolítico y convertirlo en un dilema existencial de supervivencia nacional, la extrema derecha no solo monopoliza el debate emocional, sino que arrastra a la opinión pública a un estado de hostilidad permanente. La victoria de Vox en este escenario no consiste en ofrecer una solución real a la frontera, sino en conseguir que la sociedad perciba una crisis de gestión humanitaria y diplomática como una agresión militar inminente, legitimando así el desmantelamiento de los consensos democráticos en favor de un autoritarismo de defensa.

 

Por terminar con este punto, debo indicar que las tesis de Vox no difieren en absoluto de otros partidos de extrema derecha foráneos. Este mismo marco de importación del crimen es utilizado ampliamente por otros partidos del arco parlamentario europeo y en la política estadounidense.

 

En Alemania, tras la controversia generada por las discusiones sobre repatriación y migración a principios de 2024, la colíder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, declaró en Essen el 18 de enero de 2024:

 

“La inmigración descontrolada no es integración, es la importación masiva de delincuencia. Quienes traen el crimen a nuestros barrios han perdido todo derecho a estar aquí y deben ser devueltos a sus países de origen de inmediato”.

 

Por su parte, en Estados Unidos, Donald Trump ha llevado la metáfora de la invasión delictiva a su cota más explícita. Durante un mitin en Aurora (Colorado) el 11 de octubre de 2024, afirmó:

 

“Estamos siendo invadidos por los criminales más violentos del mundo [...] Están tomando nuestros pueblos y ciudades y destruyendo el tejido de nuestro país”.

 

Análisis comparativo de la retórica sobre seguridad

 

Estrategia Comunicativa

Discurso Nazi (Años 30)

Discurso de Extrema Derecha Actual

Metáfora dominante

"Infiltración", "caos en las calles", "sabotaje".

"Invasión", "sustitución", "barrios inseguros".

Causalidad criminal

La criminalidad es inherente al grupo estigmatizado.

La delincuencia es un producto directo de la llegada de migrantes.

Solución planteada

Leyes de excepción, desposesión de derechos, expulsión.

Deportación masiva, cierre militar de fronteras, retirada de asilo.

Emoción apelada

Miedo a la pérdida del orden y a la humillación nacional.

Miedo al delito violento y a la pérdida de la identidad urbana.

 

 

La construcción del mito conspirativo: Del bolchevismo judaico al Globalismo y la Gran Sustitución.

 

Tanto el discurso socioeconómico como el de seguridad adquieren su máxima eficacia emotiva cuando se integran dentro de una teoría de la conspiración omnicomprensiva. Ni el nazismo ni la extrema derecha contemporánea presentan los fenómenos de los que se quejan como procesos sociológicos o históricos aleatorios; ambos los explican como la ejecución de un plan deliberado orquestado desde las sombras por élites supranacionales o enemigos ocultos para destruir la soberanía de la nación.

 

En la propaganda nacionalsocialista, la figura del judío no solo era la de un delincuente común o un parásito económico local, sino la del cerebro en la sombra tras los grandes males geopolíticos de la época. Para cohesionar discursos contradictorios, la ideología nazi unificó en un solo chivo expiatorio a las altas finanzas capitalistas y al movimiento comunista internacional, acuñando los conceptos de la conspiración judeo-masónica y el judeo-bolchevismo.

 

Joseph Goebbels expuso con claridad esta visión conspirativa durante su discurso en el Congreso del NSDAP en Núremberg el 10 de septiembre de 1936:

 

“El bolchevismo no es una teoría política nacida del pueblo, sino una conspiración internacional dirigida por el judaísmo internacional para destruir la cultura europea y someter a las naciones soberanas al dominio de una élite oculta”.

 

Mediante este marco, el régimen nazi ofrecía una respuesta simplificada pero totalizadora: cualquier huelga, crisis bancaria o tensión geopolítica no respondía a factores estructurales, sino a la ejecución metódica de un plan para desmantelar la nación alemana desde dentro y desde fuera.

 

En el siglo XXI, el concepto de conspiración se ha reconfigurado bajo las etiquetas de la lucha contra el globalismo, las referencias a la Agenda 2030 y la popularización de la teoría de la Gran Sustitución (Le Grand Remplacement), formulada originalmente por el autor francés Renaud Camus. Según esta narrativa, existe un consenso deliberado entre élites financieras, organismos internacionales (como la ONU o la Unión Europea) y políticos de izquierda para reemplazar progresivamente a la población autóctona europea por población migrante, destruyendo la identidad nacional y la soberanía.

 

En el debate político español, Santiago Abascal y los voceros de Vox han incorporado de forma explícita este marco conceptual, señalando a la Unión Europea y a los partidos tradicionales como cómplices o ejecutores de una estrategia planificada.

 

Durante un acto político en Madrid en mayo de 2024, el líder de Vox sintetizó esta cosmovisión conspirativa:

 

“Las élites globales de Bruselas y los partidos que las obedecen han decidido promover una inmigración masiva que amenaza nuestra seguridad y destruye nuestra identidad. No es un accidente ni una casualidad; es un plan diseñado en despachos multiculturales para disolver los Estados nación”.

De forma análoga, la formación recurre frecuentemente a señalar a la Agenda 2030 o a los magnates internacionales como los arquitectos de una transformación demográfica forzada que pretende reemplazar a los trabajadores nativos.

 

Este mismo esquema retórico es reproducido por líderes del mapa político internacional. Donald Trump en Estados Unidos y dirigentes como Viktor Orbán en Hungría o Éric Zemmour en Francia señalan que la llegada de inmigrantes forma parte de una conspiración electoral o cultural impulsada por la "izquierda radical" y los fondos globales.

 

Donald Trump expuso esta idea durante una intervención en Iowa a finales de 2023, reiterada durante su campaña:

 

“Permiten que entren millones de personas porque quieren cambiar el tejido de nuestro país, quieren convertir a los ilegales en votantes para consolidar un poder que los verdaderos estadounidenses nunca les darían voluntariamente”.

 

Por su parte, Éric Zemmour, fundador del partido francés Reconquête!, llevó la hipótesis a su enunciación más directa durante un mitin en París en marzo de 2022:

 

“El Gran Reemplazo no es un mito ni una teoría de la conspiración; es una realidad programada por élites irresponsables que prefieren la mano de obra barata y la dilución de la patria antes que la defensa de nuestra civilización”.

 

Tanto en la década de 1930 como en el presente, la teoría de la conspiración cumple una función crucial: convertir un problema social multifacético en una batalla existencial entre nosotros y ellos, donde el compromiso democrático o el matiz moderado son presentados como actos de traición a la patria.

 

Conclusión: El peligro democrático de la normalización del chivo expiatorio.

 

El examen detallado de las estrategias retóricas del nacionalsocialismo en la década de 1930 y de la extrema derecha actual revela una evidente continuidad en los mecanismos de manipulación de masas.

 

Aunque el contexto histórico sea distinto y la jerga biologista y racial haya sido sustituida por el lenguaje de la prioridad nacional, la seguridad ciudadana o la defensa frente al globalismo, la lógica interna permanece inalterada: trasladar la responsabilidad de las fallas sistémicas a un grupo minoritario y vulnerable.

 

En el ámbito económico, tanto el marco del parásito social de los años treinta como el del abusador de ayudas actual buscan construir un dilema moral artificial entre la prosperidad del nativo y los derechos fundamentales del extranjero.

 

En el ámbito de la seguridad, la criminalización colectiva y las metáforas de invasión apelan al miedo primario de la población para erosionar el consenso sobre el Estado de derecho y legitimar medidas autoritarias o de excepción.

 

Asimismo, instrumentalizar las crisis reales de la sociedad española, desviando el problema especulativo del mercado de la vivienda o descontextualizando las complejas tensiones fronterizas en Ceuta mediante mentiras y medias verdades, confirma que el verdadero objetivo no es resolver los problemas de los ciudadanos, sino capitalizar electoralmente su malestar.

 

El riesgo más grave para las sociedades democráticas contemporáneas no es únicamente la presencia de formaciones extremistas en el arco parlamentario, sino la gradual asimilación de sus marcos narrativos por parte del centro político, los medios de comunicación y la opinión pública.

 

Cuando el discurso público acepta que la dignidad humana o la cobertura de necesidades básicas deben estar supeditadas al origen nacional o a la situación legal, se fracturan los principios universales de derechos humanos sobre los que se construyó el orden democrático tras la Segunda Guerra Mundial.

 

Identificar y desarticular estas estrategias comunicativas no es solo un ejercicio de rigor periodístico e histórico; es una exigencia ética para evitar que el miedo, la mentira y la estigmatización vuelvan a convertirse en el motor de la política.

 

Me gustaría terminar con unas citas evocadoras como cierre conectivo entre el pasado y el presente.

 

Para comprender la verdadera dimensión de esta amenaza no basta con analizar la retórica de los demagogos; es imprescindible observar la reacción de la sociedad civil. Las lecciones de la historia nos recuerdan que la quiebra de los valores democráticos rara vez se produce por el fanatismo de unos pocos, sino por la complacencia de la mayoría.

 

En su obra El Holocausto: Las voces de las víctimas y de los verdugos, el historiador Laurence Rees explica cómo se consolidó la aceptación del régimen nazi en la Alemania de los años treinta:

 

“si no eras ni judío ni comunista o socialista, ni te oponías al nuevo régimen de algún otro modo —si solo eras un buen alemán, un alemán decente interesado en el renacimiento del país—, entonces no solo era casi seguro que ibas a estar a salvo de la persecución, sino que era muy posible que de hecho aprobaras lo que los nazis estaban haciendo”.

 

Hoy en día, la apelación al ciudadano de bien o al español de bien frente al extranjero opera bajo la misma lógica seductora: la ilusión de que los recortes de derechos y la violencia institucional solo afectarán al otro, garantizando la tranquilidad de la mayoría nativa.

 

Sin embargo, el proceso de exclusión suele ser paulatino y silencioso. Ian Kershaw, en su aclamado estudio Popular Opinion and Political Dissent in the Third Reich, disecciona cómo la segregación de las minorías fue asumida pasivamente por la población general mediante un mecanismo de paulatino desapego moral:

 

“La consecuencia de todo ello para la conformación de la opinión popular fue menos la creación de un odio dinámico que una indiferencia fatídica hacia el destino de la población judía”.

 

Al igual que en el siglo pasado, deshumanizar al inmigrante, despojándolo de su individualidad y encasillándolo como una amenaza para el bienestar colectivo, es el paso previo para construir un caldo de cultivo en el que la indiferencia generalizada permita el desmantelamiento progresivo de las garantías democráticas.

 

Para quienes aún consideren que la estigmatización del migrante es un problema ajeno que nunca llamará a su puerta, conviene recordar los célebres versos del pastor luterano alemán Martin Niemöller:

 

“Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí”.

 

El camino hacia Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia. 

Ian Kershaw.

 



P.D.: Si deseáis compartir este artículo os dejo el formato PDF para mayor sencillez.

Hasta la próxima

 

 

 

 

 

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