De manera tradicional se ha considerado el día 24 de
agosto del 79 d.C. como la fecha cuando comenzó la erupción del Vesubio que
enterró varias ciudades de la bahía de Nápoles, como Pompeya o Herculano.
Ahora bien, durante mucho tiempo varios investigadores
han realizado diversas objeciones a esta fecha tomada como la oficial por la
historiografía tradicional. Veamos en qué se basan y quién podría tener más
plausibilidad. ¿Os interesa el tema?
¿Por qué se fechó tradicionalmente la
erupción del Vesubio el 24 de agosto del 79 d.C.?
Las cartas en las que Plinio el Joven (Cartas VI. 16 y
VI. 20) explica a Tácito los acontecimientos vividos por su famoso tío Plinio
el Viejo, 25 años antes, contienen la descripción más precisa de la erupción
vesubiana del 79 d. C.
Tal fue su detallada descripción que, a este tipo de
erupción volcánica explosiva, caracterizada por la emisión de una columna
eruptiva alta (más de 20 km) de gases, cenizas y fragmentos de piedra pómez, se
le denomina actualmente erupción pliniana.
Igualmente, en la carta aparece la fecha de la
erupción: el noveno día antes de las calendas de septiembre. Es decir, el 24 de
agosto.
La denominación de los días del mes por los
romanos tampoco se parecía a la nuestra (instaurada por los visigodos, por
cierto). En vez de guiarse por los números cardinales, como nosotros hacemos
hoy día, fijaban su atención en tres días concretos denominados Kalendas (1), Nonas (5 o 7) e Idus (13
o 15) y nombraban al resto en relación con estos tres, indicando los días que
pasaban o quedaban para esas fechas concretas.
Ahora bien, este documento se ha puesto en duda en
base a diversos descubrimientos arqueológicos posteriores. Y no sería raro que
existiera un error de transcripción o de escritura.
Igualmente, y esto es algo propio de mi cosecha
particular, la fecha elegida por Plinio el Joven podría estar condicionada por
la festividad que los romanos realizaban el 24 de agosto: el Mundus Patet,
que significa el mundo abierto.
Esta festividad, que podemos equiparar a nuestro
Halloween actual, se refería al Mundus Cereris, un edificio de piedra
situado en el foro y que se creía que era el punto de conexión entre el mundo
de los vivos y el de los muertos. Los romanos creían que en ciertas fechas
señaladas se debía permitir a los manes (las almas de los ancestros) volver a
la tierra para ganarse su favor, ya que estos protegían a la familia y
garantizaban su prosperidad. Y esta costumbre está relacionada con la mitología
griega, pues bebe del mito del encuentro entre Deméter (Ceres para los romanos)
y Perséfone (secuestrada por Hades, el dios del Inframundo).
Aquel día los romanos consideraban que se abría la
puerta del inframundo y, la erupción del Vesubio, podría ser un buen símil dada
la destrucción que ocasionó. “Se non è vero, è ben trovato”.
¿Qué apoyo arqueológico tiene la fecha
tradicional?
Por un lado, la fecha a finales de agosto encaja con
otro fragmento de la carta anterior donde Plinio el Joven escribió que su tío,
antes de darse cuenta del fenómeno eruptivo, tomó baños de sol y después de
agua fría (VI.16.5).
Igualmente ocurre con las especies vegetales estivales
recuperadas en las excavaciones, más de doscientas considerando tanto restos
polínicos como de fibras y frutos.
Y, por último, tenemos el apartado numismático. En
Pompeya se encontraron algunos denarios emitidos durante el imperio de Tito, es
decir, durante los últimos meses de vida de la ciudad. Estas monedas fueron
acuñadas, según se ha podido comprobar por otros ejemplares similares, en julio
o en agosto. Por tanto, cuadraría con la fecha original.
Ahora bien, algunos investigadores ponen en duda que
una moneda emitida en Roma en el mismo mes de la erupción pudiera llegar tan
rápido a Pompeya.
¿En qué datos se basan aquellos que ponen
en duda la fecha original?
Tres son las fuentes que se utilizan para desmentir la
veracidad de la fecha tradicional: los frutos secos, los braseros y los
grafitos.
En Pompeya se encontraron frutos secos carbonizados,
como nueces, higos, ciruelas deshidratadas o castañas, más propios del otoño
que del final del verano. En general estos frutos secos maduraban en otoño y se
solían almacenar de cara al invierno.
Igualmente, en Villa Regina, los dolia
aparecieron sellados con el fruto de la vendimia, esperando la fermentación
para producir vino, lo que nos hace pensar en un momento posterior a finales de
agosto (la vendimia en el ámbito mediterráneo se realizaba entre julio y
octubre).
Ahora bien, por sí solos, los frutos secos no son un
argumento definitivo, pues podían acumularse durante mucho tiempo y conservarse
incluso fuera de temporada. Igualmente, los propios dolia podía contener
vinos añejos. Y, para rematar, existe un ligero desfase entre las estaciones y
las fases climáticas del mundo antiguo y las actuales.
Otra prueba arqueológica controvertida son los
braseros. En numerosas mansiones pompeyanas se hallaron braseros con restos de
combustión en el centro de las habitaciones y en los pasillos del peristilo, lo
que nos llevaría a pensar que la erupción se produjo en un momento donde las
noches eran frías. También se encontraron que los pompeyanos que huían portaban
vestidos pesados de abrigo, lo que no cuadra con finales del verano. Ahora
bien, el volcán pudo provocar una imprevista inversión térmica o, aquel año,
pudo adelantarse algo las temperaturas bajas nocturnas.
Por último, la base más sólida para dudar de la fecha
tradicional la tenemos en los restos epigráficos y numismáticos. Ya hemos
analizado antes los segundos, por lo que me centraré en los primeros.
En el año 2019, durante la excavación de la región V
por el Grande Progetto Pompei, se hallaron importantes pinturas con grafitos
que parecen haber aclarado definitivamente la cuestión de la fecha de la
erupción.
En la llamada Casa del Jardín, una mansión que estaba
siendo reformada cuando el volcán entró en erupción, los arqueólogos hallaron
una inscripción en carboncillo que decía lo siguiente:
XVI (ante)
K(alendas) Nov(embres) in olearia / proma sumserunt […]
“Dieciséis
días antes de las calendas de noviembre (17 de octubre), han cogido de la
despensa de aceite…”.
Una prueba más sólida la tenemos en un grafito que se
encontró en villa Sora, una gran residencia marítima del litoral vesubiano
situada entre las modernas Herculano y Torre del Greco. En una pared en proceso
de reconstrucción en el momento de la erupción se puede leer una nota escrita
de manera rápida:
K(alendas) NOVMRES TRIPIC[T]VM A XIV *I
“En las calendas
de noviembre [1 de noviembre] (será) pintado con tres colores al coste de un
sestercio y catorce ases”.
Se trata de una nota escrita por los obreros que
trabajaban allí. Tratándose de una operación realizable a los pocos días de
trabajo resulta plausible pensar que las obras se estaban realizando a finales
de octubre.
CONCLUSIONES
Aunque la fecha del 24 de agosto se ha mantenido casi
inalterable por la historiografía tradicional, en base a las cartas de Plinio
el Joven, los datos arqueológicos que han ido apareciendo a través de las
excavaciones parecen mostrar que la erupción se produjo a finales de octubre
más que en agosto.
No obstante, incluso con los hallazgos descritos,
muchos se niegan a reescribir la historia hasta que aparezcan algunas pruebas
más irrefutables. Las mismas podrán estar en Herculano, donde el foro se
encuentra sin excavar por debajo de la ciudad moderna. En el foro se encontraba
el tabularium, en donde seguro se han debido conservar documentos
oficiales. El momento en el que termine el fechado de los documentos nos dará
la prueba definitiva para colocar la fecha de la erupción.
Hasta entonces cada cual puede creer lo que más le
apetezca. Agosto u octubre, el caso es que en el año 79 d.C. Pompeya, Herculano
y varias ciudades más del golfo de Nápoles fueron enterradas por la erupción
del Vesubio. Un desastre natural que afectó notablemente a los antiguos
romanos.
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