domingo, 2 de agosto de 2026

El 24 de agosto del 79 d.C. comenzó la erupción del Vesubio

 

De manera tradicional se ha considerado el día 24 de agosto del 79 d.C. como la fecha cuando comenzó la erupción del Vesubio que enterró varias ciudades de la bahía de Nápoles, como Pompeya o Herculano.

 

Ahora bien, durante mucho tiempo varios investigadores han realizado diversas objeciones a esta fecha tomada como la oficial por la historiografía tradicional. Veamos en qué se basan y quién podría tener más plausibilidad. ¿Os interesa el tema?

 

¿Por qué se fechó tradicionalmente la erupción del Vesubio el 24 de agosto del 79 d.C.?

 

Las cartas en las que Plinio el Joven (Cartas VI. 16 y VI. 20) explica a Tácito los acontecimientos vividos por su famoso tío Plinio el Viejo, 25 años antes, contienen la descripción más precisa de la erupción vesubiana del 79 d. C.

 

Tal fue su detallada descripción que, a este tipo de erupción volcánica explosiva, caracterizada por la emisión de una columna eruptiva alta (más de 20 km) de gases, cenizas y fragmentos de piedra pómez, se le denomina actualmente erupción pliniana.


 

Igualmente, en la carta aparece la fecha de la erupción: el noveno día antes de las calendas de septiembre. Es decir, el 24 de agosto.

 

La denominación de los días del mes por los romanos tampoco se parecía a la nuestra (instaurada por los visigodos, por cierto). En vez de guiarse por los números cardinales, como nosotros hacemos hoy día, fijaban su atención en tres días concretos denominados Kalendas (1), Nonas (5 o 7) e Idus (13 o 15) y nombraban al resto en relación con estos tres, indicando los días que pasaban o quedaban para esas fechas concretas.

 

Ahora bien, este documento se ha puesto en duda en base a diversos descubrimientos arqueológicos posteriores. Y no sería raro que existiera un error de transcripción o de escritura.

 

Igualmente, y esto es algo propio de mi cosecha particular, la fecha elegida por Plinio el Joven podría estar condicionada por la festividad que los romanos realizaban el 24 de agosto: el Mundus Patet, que significa el mundo abierto.

 

Esta festividad, que podemos equiparar a nuestro Halloween actual, se refería al Mundus Cereris, un edificio de piedra situado en el foro y que se creía que era el punto de conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Los romanos creían que en ciertas fechas señaladas se debía permitir a los manes (las almas de los ancestros) volver a la tierra para ganarse su favor, ya que estos protegían a la familia y garantizaban su prosperidad. Y esta costumbre está relacionada con la mitología griega, pues bebe del mito del encuentro entre Deméter (Ceres para los romanos) y Perséfone (secuestrada por Hades, el dios del Inframundo).

 

Aquel día los romanos consideraban que se abría la puerta del inframundo y, la erupción del Vesubio, podría ser un buen símil dada la destrucción que ocasionó. “Se non è vero, è ben trovato”.

 

¿Qué apoyo arqueológico tiene la fecha tradicional?

 

Por un lado, la fecha a finales de agosto encaja con otro fragmento de la carta anterior donde Plinio el Joven escribió que su tío, antes de darse cuenta del fenómeno eruptivo, tomó baños de sol y después de agua fría (VI.16.5).

 

Igualmente ocurre con las especies vegetales estivales recuperadas en las excavaciones, más de doscientas considerando tanto restos polínicos como de fibras y frutos.

 

Y, por último, tenemos el apartado numismático. En Pompeya se encontraron algunos denarios emitidos durante el imperio de Tito, es decir, durante los últimos meses de vida de la ciudad. Estas monedas fueron acuñadas, según se ha podido comprobar por otros ejemplares similares, en julio o en agosto. Por tanto, cuadraría con la fecha original.

 

Ahora bien, algunos investigadores ponen en duda que una moneda emitida en Roma en el mismo mes de la erupción pudiera llegar tan rápido a Pompeya.

 

¿En qué datos se basan aquellos que ponen en duda la fecha original?

 

Tres son las fuentes que se utilizan para desmentir la veracidad de la fecha tradicional: los frutos secos, los braseros y los grafitos.

 

En Pompeya se encontraron frutos secos carbonizados, como nueces, higos, ciruelas deshidratadas o castañas, más propios del otoño que del final del verano. En general estos frutos secos maduraban en otoño y se solían almacenar de cara al invierno.

 

Igualmente, en Villa Regina, los dolia aparecieron sellados con el fruto de la vendimia, esperando la fermentación para producir vino, lo que nos hace pensar en un momento posterior a finales de agosto (la vendimia en el ámbito mediterráneo se realizaba entre julio y octubre).

 

Ahora bien, por sí solos, los frutos secos no son un argumento definitivo, pues podían acumularse durante mucho tiempo y conservarse incluso fuera de temporada. Igualmente, los propios dolia podía contener vinos añejos. Y, para rematar, existe un ligero desfase entre las estaciones y las fases climáticas del mundo antiguo y las actuales.

 

Otra prueba arqueológica controvertida son los braseros. En numerosas mansiones pompeyanas se hallaron braseros con restos de combustión en el centro de las habitaciones y en los pasillos del peristilo, lo que nos llevaría a pensar que la erupción se produjo en un momento donde las noches eran frías. También se encontraron que los pompeyanos que huían portaban vestidos pesados de abrigo, lo que no cuadra con finales del verano. Ahora bien, el volcán pudo provocar una imprevista inversión térmica o, aquel año, pudo adelantarse algo las temperaturas bajas nocturnas.

 

Por último, la base más sólida para dudar de la fecha tradicional la tenemos en los restos epigráficos y numismáticos. Ya hemos analizado antes los segundos, por lo que me centraré en los primeros.

 

En el año 2019, durante la excavación de la región V por el Grande Progetto Pompei, se hallaron importantes pinturas con grafitos que parecen haber aclarado definitivamente la cuestión de la fecha de la erupción.

 

En la llamada Casa del Jardín, una mansión que estaba siendo reformada cuando el volcán entró en erupción, los arqueólogos hallaron una inscripción en carboncillo que decía lo siguiente:

 

XVI (ante) K(alendas) Nov(embres) in olearia / proma sumserunt […]

 

“Dieciséis días antes de las calendas de noviembre (17 de octubre), han cogido de la despensa de aceite…”.

 

Una prueba más sólida la tenemos en un grafito que se encontró en villa Sora, una gran residencia marítima del litoral vesubiano situada entre las modernas Herculano y Torre del Greco. En una pared en proceso de reconstrucción en el momento de la erupción se puede leer una nota escrita de manera rápida:

 

K(alendas) NOVMRES TRIPIC[T]VM A XIV *I

 

“En las calendas de noviembre [1 de noviembre] (será) pintado con tres colores al coste de un sestercio y catorce ases”.

 

Se trata de una nota escrita por los obreros que trabajaban allí. Tratándose de una operación realizable a los pocos días de trabajo resulta plausible pensar que las obras se estaban realizando a finales de octubre.

 

CONCLUSIONES

 

Aunque la fecha del 24 de agosto se ha mantenido casi inalterable por la historiografía tradicional, en base a las cartas de Plinio el Joven, los datos arqueológicos que han ido apareciendo a través de las excavaciones parecen mostrar que la erupción se produjo a finales de octubre más que en agosto.

 

No obstante, incluso con los hallazgos descritos, muchos se niegan a reescribir la historia hasta que aparezcan algunas pruebas más irrefutables. Las mismas podrán estar en Herculano, donde el foro se encuentra sin excavar por debajo de la ciudad moderna. En el foro se encontraba el tabularium, en donde seguro se han debido conservar documentos oficiales. El momento en el que termine el fechado de los documentos nos dará la prueba definitiva para colocar la fecha de la erupción.

 

Hasta entonces cada cual puede creer lo que más le apetezca. Agosto u octubre, el caso es que en el año 79 d.C. Pompeya, Herculano y varias ciudades más del golfo de Nápoles fueron enterradas por la erupción del Vesubio. Un desastre natural que afectó notablemente a los antiguos romanos.

 

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