domingo, 16 de agosto de 2026

Segovia: cinco rincones encantadores

 

Hace unos años realicé una entrada sobre la encantadora ciudad de Segovia (aquí), en donde os mostraba un recorrido por sus principales monumentos para pasar un día maravilloso.

 

Hoy voy a completar tal entrada con tres puntos encantadores que no os podéis perder si visitáis la ciudad.

 

¿Queréis descubrirlos?

 

Estatua del demonio constructor del acueducto

 

Situado en la confluencia de la calle San Juan y la Plaza del Conde de Cheste se sitúa una curiosa estatua. Representa al diablo derrotado sosteniendo el último sillar del Acueducto que le quedó por colocar, haciéndose un selfi con su obra inacabada. La panorámica desde este lugar del monumento romano más famoso de la ciudad se ha convertido en una de las enseñas de la ciudad para los turistas.


 

Esta escultura hace referencia a la leyenda que rodea a este monumento, la cual otorga la construcción del acueducto a un episodio relacionado con el diablo. Os dejo la leyenda por si no la conocéis.

 

LEYENDA DEL ACUEDUCTO

Una muchacha que trabajaba como aguadora, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles de la ciudad, aceptó un trueque con el diablo: dispondría este del alma de la mujer si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de su casa.

 

Consciente de su culpa, la joven rezó hasta la extenuación para evitar la pérdida de su alma. Mientras, una tormenta se había desatado y el diablillo trabajaba a destajo. De pronto el gallo cantó y el Maligno lanzó un alarido espeluznante: por una sola piedra sin colocar había perdido el alma de la muchacha.

 

Esta confesó su culpa ante los segovianos que, tras limpiar con agua bendita los arcos para evitar el rastro de azufre, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

 

Y dicen... que los agujeros que aún se ven en las piedras son las huellas de las pezuñas del demonio...

 

Aunque se trata de una leyenda con pocos visos de historicidad resulta que está bastante asentada en el imaginario común de los segovianos y es una excusa para otorgar mayor importancia a un monumento único y maravilloso.

 

La escultura, construida en el año 2019 por José Antonio Abella, no estuvo exenta de polémica en su momento. Vecinos de las asociaciones San Miguel y San Frutos, y Enraizados recogieron 12.500 firmas en contra de esta escultura y lo denunciaron ante un juez por considerarlo un ataque al sentimiento religioso, fomentar el turismo satánico y faltar a la verdad. Afortunadamente, el juez decidió no tomar medidas cautelares que impidieran su instalación, convirtiéndose al poco tiempo en una parte importante del decorado urbano de Segovia.

 

Personalmente me parece una buena iniciativa, pues las leyendas, aunque sabemos que carecen de veracidad histórica, forman parte de la cultura inmaterial de las ciudades y son un atractivo más al turismo. Además, su ubicación permite dirigir el flujo de visitantes hacia el barrio de los Caballeros, un lugar lleno de palacios bastante desconocido.

 

La escultura tiene una actitud simpática y desenfadada Aparece tomándose una selfie junto al acueducto, una costumbre bastante común en nuestra sociedad actual y que conecta perfectamente el pasado y el presente con un humor muy especial.

 

Para describirlo vamos a reproducir las palabras de como definió el escultor a este diablo “venido a menos, con algunos años encima, muchos kilos de más y que no consiguió arrebatar a los romanos el mérito de la construcción del Acueducto”.

 

Judería de Segovia

 

En el lado sur del recinto amurallado, justo por detrás de la Catedral, se ubica la antigua judería de Segovia. Un barrio que conserva el entramado urbanístico prácticamente intacto y cuyo tránsito nos traslada al pasado.

 

Ello se debe a que, durante la mayor parte de su existencia, la judería vivió un clima de bienestar y apenas se narran episodios violentos contra la población hebrea hasta el siglo XV.

 

La importancia que tuvieron los judíos en Segovia, los cuales estuvieron habitando este barrio entre el siglo XII y 1492, queda patente si descubrimos que tuvo cinco sinagogas, dos escuelas talmúdicas, un mikvé (para llevar a cabo los baños de purificación), un hospital y un matadero propio.

 

Célebres personajes judíos segovianos fueron Abraham Seneor, rab Mayor del reino y rico financiero en la época de los Reyes Católicos o el Médico y humanista segoviano Andrés Laguna, servidor del emperador Carlos V. Segovia contó además con dos destacados cabalistas, el soriano Jacob ha-Cohen que según la tradición murió en la propia Segovia y Yosef ben Abraham Chiquitilla (S. XIII y XIV).

 

Existen varios puntos que considero imprescindibles a la hora de tener una visita completa a este barrio. El primero y más importante es la antigua sinagoga mayor, hoy convertida en la actual iglesia de Corpus Christi.

 

La entrada se sitúa en una puerta en la plaza del Corpus Christi, la cual nos dará acceso a un patio interior distribuidor de varios edificios pertenecientes al convento de las clarisas.


 

En la entrada me gustaría destacar el esgrafiado de la fachada. Si sois observadores comprobaréis que en multitud de fachadas de edificios en la ciudad existe este tipo de decoración particular.

 

EL ESGRAFIADO SEGOVIANO

 

Se trata de una técnica de decoración de fachadas de origen mudéjar, característica de Segovia, que consiste en aplicar dos o más capas de mortero de cal y arena de diferente color sobre un muro. El diseño se crea raspando la capa superior para revelar la inferior, creando así patrones geométricos o florales. Esta técnica no solo embellece, sino que también protege la fachada de la humedad y el hielo. 

  

Al fondo del patio se encuentra la entrada al templo, con un característico arco de herradura y una ventana superior con dos arcos divididos por una columna.


 

No sabemos exactamente cuándo fue construida, siendo la primera fecha documentada en 1373. Fue la Sinagoga Mayor hasta 1410, momento en el cual se produjo un suceso que llevaría a las autoridades católicas a expropiar la sinagoga. A pesar de esta fatalidad, la principal de las cinco sinagogas con que llegó a contar la comunidad judía en Segovia fue conservada como iglesia, pudiendo llegar hasta nuestros días con algunas modificaciones.

 

Los problemas ya habían surgido en España con los judíos en el siglo XIV y puede que, la leyenda alrededor de la expropiación de esta sinagoga, sea un episodio inventado para justificar tal acción. Los hechos fueron relatados por el clérigo fray Alonso de Spina, confesor de Enrique IV y claro antisemitista, en su obra Fortalitium Fidei.

 

LA LEYENDA DE LA PROFANACIÓN

 

En el año 1410 el sacristán de la iglesia de San Facundo contaba con muchas deudas, y fue a pedir un préstamo a un judío médico adinerado de la ciudad.  Éste accedió a prestarle el dinero si a cambio le entregaba una hostia consagrada. El sacristán aceptó y una noche se realizó en cambio (en una calle que hoy se llama del Malconsejo por lo que allí aconteció aquella noche).

 

El médico se reunió con otros judíos en la sinagoga Mayor de Segovia y decidieron arrojar la hostia consagrada en un caldero de agua hirviendo que tenían puesto al fuego. Pero antes de llegar a rozar el agua, la forma se detuvo en el aire, la sinagoga empezó a temblar y un muro se abrió de arriba a abajo: por allí salió mágicamente el cuerpo de Cristo y sobrevoló toda la ciudad para ir a refugiarse al monasterio de la Santa Cruz.

 

Enterado el Obispo de Segovia de aquel suceso, quiso averiguar la causa del mismo y se iniciaron las investigaciones. El Sacristán confesó inmediatamente su culpa y el médico fue apresado y condenado a muerte. Catalina de Lancaster, regente del futuro rey Juan II, expropió la Sinagoga, entregándola al obispado de Segovia, quien la consagró inmediatamente al culto cristiano, llamándola, en memoria de lo que allí sucedió, Iglesia del Corpus Christi, y cediéndola a la comunidad religiosa de las Hermanas Clarisas que hoy día continúan allí.

 

Nada más entrar en la iglesia tenemos un gran cuadro que recuerda esta leyenda. Se titula El milagro de la Eucaristía y fue pintado por Vicente Cutanda en 1902.


 

Este templo ha sufrido numerosas modificaciones. La sinagoga inicial tenía su muro principal, el hekhal, en el lado este, mirando a Jerusalén. Aquí era donde se guardaban los rollos de la Torá. La entrada estaba en el lado sur, donde actualmente se alza el altar, al igual que la galería superior de las mujeres. El espacio que ocupaba la sinagoga era el lugar donde se sitúan las arquerías centrales, siendo el resto añadidos posteriores.

 

Con el cambio a iglesia cristiana se realizaron varias transformaciones. La cabecera se cambió al lado norte, situando aquí el altar mayor, mientras que en el sur se instaló el coro de las monjas. El templo es de planta rectangular con tres naves divididas por grandes arcos de herradura apoyados en pilares octogonales. Los capitales están decorados con piñas y roleos.

 

Sufrió un incendio la noche del 2 al 3 de agosto de 1899, el cual destruyó casi por completo el edificio. La reconstrucción duró hasta 1902, dejando el templo con el aspecto actual. La capilla mayor se trasladó al lado sur y se reformó el artesonado mudéjar de la techumbre, que es de gran belleza.

 


Existen varios puntos de interés en esta iglesia.

 

Nada más entrar, a nuestra izquierda, se sitúa un precioso Nacimiento permanente de los que solemos ver en Navidad. Y en una vitrina anexa tenemos Nacimientos de diferentes materiales que son una preciosidad, así como objetos litúrgicos.

 

El Altar Mayor tiene como principal figura un crucificado del S. XVII, al que acompañan, a ambos lados, dos pequeñas imágenes de Santa Clara de Asís y la Inmaculada Concepción. No obstante, lo que más impresiona son las vidrieras con motivos geométricos en tonos azules, morados y blancos insertados en ventanas con arcos de herradura que recuerdan una celosía. Así como el artesonado que se conserva en la techumbre.

 

El templo contiene importantes retablos de finales del siglo XVI, provenientes del desaparecido convento de San Francisco.


 

La imagen más espectacular se sitúa en el lado oeste. Es la Virgen de las Angustias, obra del taller de Juan de Juni del S. XVI, y que procesiona con la Cofradía de Nuestro Señor Jesús con la Cruz a cuestas y María Santísima de las Angustias.


 

En 2004 se recuperó la decoración de yeserías en capiteles y galería, gracias al Plan de Excelencia del año 1999, logrando recuperar, en todo lo posible, la belleza original de este templo.

 


El Postigo del Sol es una de las salidas de la judería al exterior de la ciudad. A lo largo de los años, ha recibido varios nombres, como puerta de la Judería, postigo de los judíos, de San Miguel, de los Coroneles y del Corpus Christi. Este emblemático acceso fue demolido en 1864 y posteriormente reconstruido en 1993.


 

Si decidimos realizar un paseo extramuros, admirando las murallas, volveremos a acceder a la judería por la Puerta de San Andrés, la cual es más bella en su parte interior, para mi gusto. Aquí se encuentra también un espacio informativo sobre la muralla segoviana.

 

Desde esta puerta podemos llegar hasta el cementerio judío a través de la bajada de la Hontanilla, cruzando el puente de la Estrella. Se extiende sobre una colina conocida como “el Pinarillo” a lo largo del valle del Clamores. Alberga tumbas antropomorfas y cámaras funerarias excavadas en la roca. Desde él podemos contemplar una magnífica panorámica de Segovia y el barrio de la judería.

 

Si decidimos recorrer la judería por dentro desde la plaza del Corpus llegaremos al Centro Didáctico de la judería, antigua Casa-Palacio de Abraham Seneor. El Centro tiene como objetivo mostrar la historia de los sefardíes de Segovia y constituirse en el eje que permita la comprensión y visualización de espíritu del barrio que albergó una de las poblaciones judías más numerosas de la corona de Castilla, a través de su contextualización en la cultura judía sefardita.

 


Del interior del edificio destacar un precioso patio central.

 


Un rincón especialmente hermoso de la judería se encuentra en el arco de la calle Santa Ana, así como en las casas abigarradas que encontramos alrededor.


 

Plaza de San Esteban

 

Se trata de una plaza un tanto desconocida para los turistas, por encontrarse algo alejada de los circuitos normales. No obstante, en mi opinión, es una de las más bonitas y posee dos importantes edificios que merece la pena conocer.

 

En primer lugar, está la Iglesia de San Esteban, un templo románico imponente construido a principio del siglo XIII. En uno de los lados se abre un pórtico con arcos de medio punto sostenidos por columnas dobles con capiteles esculpidos y decorados con figuras humanas, de animales y vegetales.


 

No obstante, lo más sorprendente es la gran torre-campanario de seis pisos con más de 50 metros de altura. Es una de las más altas del románico de la península ibérica, junto con la iglesia de santa María la Antigua de Valladolid.

 


El primer piso es totalmente liso, los dos siguientes con ventanas ciegas de doble arco y arquivoltas sencillas sobre columnas, los dos pisos siguientes también con ventanas de doble arco pero ya abiertas y el último piso con triples ventanas con arcos más pequeños.

 

En el siglo XX le cayó un rayo y tuvo que ser restaurada, añadiéndole en el piso superior un chapitel piramidal de pizarra con fuerte pendiente y que está coronado por una bola sobre la que se asienta una veleta en forma de gallo con una cruz sobre su cuerpo.

 

Actualmente, no se puede visitar el interior de la iglesia ya que se encuentra en proceso de restauración.

 

El otro gran edificio de esta plaza es el Palacio Episcopal. Esta residencia de los obispos (hasta finales del siglo XX) se puede visitar al sacar la entrada a la Catedral.


 

Fue construido en 1755 sobre los restos del Palacio de los Salcedo, del cual se conserva la fachada y portada renacentista. En esta última destaca un programa iconográfico basado en Hércules, fundador mítico de Segovia.

 

La visita al edificio consta de dos partes: las salas de exposición en las que pueden verse objetos de orfebrería litúrgica, escultura, pintura, textiles, etc.; y las salas nobles del palacio, que sirvieron de representación y vivienda a los obispos de Segovia hasta tiempos recientes.


 

El Arco de La Claustra

 

Situado en la calle Velarde, la cual conecta el Alcázar con la Plaza de San Esteban, se trata de la única puerta que, actualmente, queda de las tres que cerraban el arrabal de las Canonjías entre los siglos XII al XVI. Las puertas se cerraban por las noches, y les estaba prohibida la entrada a mujeres jóvenes y bellas, ya que en este barrio vivían los canónigos de la Antigua Catedral, la cual estaba situada originalmente en los actuales jardines del Alcázar. Debido a la revuelta de los comuneros sufrió bastantes daños, construyendo una de nueva planta en el año 1525 en el lugar donde se levanta actualmente.

 


Actualmente se trata de un arco de medio punto sin portal y completamente abierto a la calle. Sobre el arco y enmarcado entre dos columnas, hay una hornacina con una pequeña escultura de la Piedad, la Virgen con el cuerpo yacente de Cristo, que es copia de una escultura que se encuentra en la catedral.

 

Lo más espectacular de esta puerta es que aún conserva parte de los restos serigrafiados renacentistas del siglo XVI y que se pueden apreciar en su pared.

 

Mirador de la Pradera de San Marcos

 

En mi opinión, se trata de unos de los mejores miradores para poder admirar uno de los castillos más bonitos que tenemos en España.

 


Esta pradera se localiza en el barrio de San Marcos, al lado del río Eresma, cuyo paseo también es muy evocador.

 

Este lugar ofrece unas majestuosas vistas de un paisaje verde floral con el castillo del Alcázar de fondo. Se dice que ese fondo inspiró al mismísimo Walt Disney para crear el castillo de Blancanieves.

 


Desde aquí se obtiene una de las postales más espectaculares de toda la ciudad y seguro que no os defraudará. Sobre todo, cuando el sol se está poniendo.

 


Además, es una excusa perfecta llegar hasta aquí para poder visitar los monumentos que posee este barrio, los cuales merecen una entrada aparte.

 

Hasta la próxima

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