Junto con la pinguécula, el pterigium es la alteración
conjuntival más frecuente con la que nos vamos a encontrar en el gabinete.
Los griegos fueron los que le dieron el nombre pterygos,
que significa ala. Y, en efecto, tal como definieron los griegos, parece que
fuera una especie de ala de pájaro la que se expande por el ojo.
Definición
Toda lesión degenerativa conjuntival que invade la
córnea (parte transparente del ojo) puede definirse como pterigium. El mismo
puede definirse como un crecimiento triangular con aspecto de una banda carnosa
de tejido fibrovascular que se extiende desde la conjuntiva hasta la córnea
transparente.
Mientras que algunos frenan su crecimiento al tocar el
limbo corneal, otros, en cambio, continúan creciendo, provocando alteraciones
refractivas (astigmatismos) y, en los casos más graves, restricción de los
movimientos oculares, reducción del campo visual y pérdida de visión.
Como las pinguéculas, de las que puede originarse, se
localizan con más frecuencia en el lado nasal que en el temporal. Esto se debe
a que nuestra córnea ejerce la función de una lupa cuando la luz incide de
manera lateral, concentrando un gran poder luminoso en esa zona ocular.
Como curiosidad indicar que el eje del triángulo no es
exactamente horizontal, sino que se incurva levemente hacia arriba en el lado
corneal.
El diagnóstico diferencial incluye los tumores
conjuntivales, como la neoplasia intraepitelial y el carcinoma espinocelular.
¿Qué causa el Pterigium?
La aparición y crecimiento del pterigium está
relacionado directamente con la exposición crónica a la radiación solar
infrarroja y ultravioleta. Igualmente, suele ser típica de trabajadores al aire
libre expuestos continuamente a ambientes ventosos y/o con mucho polvo
ambiental.
Síntomas
En los casos más leves el ojo suele aparecer
enrojecido y los pacientes refieren sintomatología relacionada con la sequedad
ocular: escozor, fotofobia, sensación de cuerpo extraño.
En los casos avanzados podemos encontrar alteraciones
en la prescripción habitual por el aumento del astigmatismo, agudezas visuales
reducidas y molestias en los campos visuales.
Tratamiento
El tratamiento siempre debe comenzar por concienciar
al paciente de la necesidad de evitar los factores desencadenantes del mismo o
que favorecen su desarrollo. Por ello es aconsejable el uso de gafas de sol en
exteriores que nos protejan de la luz solar, del viento y del polvo.
En caso de molestias relacionadas con la sequedad es
necesario instilar lubricantes oculares que minimicen esos síntomas.
Sólo en los casos donde existe afectación corneal será
necesario recurrir al oftalmólogo para realizar una cirugía de extracción. La
recidiva es frecuente, por lo que los oftalmólogos recurren a ella cuando no
queda más remedio.
