domingo, 9 de febrero de 2020

No existe una epidemia de miopía


Aunque cada vez son más las voces que nos advierten de la epidemia de miopía que está afectando a todo el mundo en los últimos años, aún existen personas que pretenden negar la evidencia o minusvalorar su importancia.

Para todos ellos y, de paso, para concienciar de la importancia que tiene frenar la miopía en nuestra sociedad voy a explicaros brevemente el estado de la cuestión.

¿Os interesa el tema?


¿Existe verdaderamente una epidemia de miopía a nivel mundial?

Que el mundo se está haciendo miope no es algo que nos inventemos una serie de profesionales deseosos de hacer negocio con ello (tal como maliciosamente se insinúa desde algún blog). Es una realidad que está siendo advertida por numerosas instituciones y que confirman diversos artículos.

Tal como indica Díaz Llopis y Cisneros Lanuza en su artículo1, “la OMS considera la miopía una de sus 5 prioridades en la prevención mundial de la ceguera dentro del programa Visión 2020”.

Y no es exagerado indicar que la miopía se va a convertir en uno de los mayores desafíos de la salud pública en las próximas décadas debido al alto coste que genera a los estados el tratamiento de los problemas asociados a este error refractivo.

Pero vamos con los estudios al respecto.

La voz de alarma sobre el aumento exponencial de la miopía en el mundo lo dio un estudio realizado en el año 2016 por Holden BA et al2 a nivel mundial.

Según sus conclusiones, “las estimaciones de miopía y miopía alta entre 2000 y 2050 sugieren aumentos significativos en las prevalencias a nivel mundial, con implicaciones para los servicios de planificación, incluido el manejo y la prevención de complicaciones oculares relacionadas con la miopía y la pérdida de visión entre casi mil millones de personas con miopía alta”.

Para ver lo que todo esto significa vamos a analizar un poco los datos presentados en este estudio. Empecemos con las predicciones de miopía.

Según los investigadores, en el año 2000 la miopía afectaba al 22.9% de la población, y la miopía alta (más de cinco dioptrías) al 2.7%. Una década después, en el 2010, la miopía ya afectaba al 28.3% de la población y la miopía alta al 4%.

Evolución prevista para la miopía hasta el año 2050

Las predicciones para 2020 son que la miopía afecte al 33,9% de la población y la miopía alta al 5,2%. Este último valor prácticamente se ha duplicado en dos décadas.

Por último, para el 2050 al 49,8% de la población será miope. Es decir, una de cada dos personas. Con ser esto grave peor es aún el dato de las miopías altas: 9,8%. Esto significa que 1 de cada diez personas tendrá una miopía superior a 5 Dioptrías, cuando 50 años antes apenas lo eran 3 personas de cada 100. Debido a las complicaciones derivadas de la alta miopía que luego enumeraremos, este dato es, verdaderamente preocupante.

También tenemos otro dato terrorífico que no nos invita al optimismo. Vamos a observar el siguiente gráfico, el cual muestra la distribución de las personas que se estima que tienen miopía entre los grupos de edad en 2000 y 2050.

Estimaciones aumento de la miopía por grupos de edad

Aunque los datos en niños y jóvenes adultos son preocupantes, quiero que se fijen en el final de la tabla, el correspondiente a las personas a partir de 50 años. La diferencia entre barras (negra año 2000 vs gris año 2050) asustaría hasta al profesional más curtido. Por poner un ejemplo, en la cohorte de 60-64 años se espera pasar de una prevalencia inferior al 10% a otra en 2050 que ronda el 50%. Debido a los problemas asociados que la miopía genera en las últimas etapas de la vida y su influencia negativa en la calidad de vida de las personas este dato preocupa y mucho entre los especialistas.

¿Podemos alarmarnos por un único estudio?

Es posible que algunas personas estén pensando que Holden y sus colegas son unos pesimistas que ven el vaso medio vacío y que pretenden meternos miedo de manera infundada. Siento decirles que no es así.

Diversos estudios regionales están replicando los valores de miopía que el estudio de Holden indicaba. Vamos a coger como ejemplo el estudio de McCullough SJ et al publicado también en el año 20163.

En este trabajo realizado sobre dos cohortes de niños del Reino Unido (6-7 años y 12-13 años) los autores comprobaron que los valores obtenidos eran más bajos que la media esperada. Por ejemplo, para los más pequeños la miopía se situó en un escaso 1,9%, pero para los mayores los datos se habían multiplicado notablemente (hasta el 14,6%).

Estos valores los comparaban con los obtenidos en los estudios de Australia y, aunque en esas cohortes eran inferiores, para las edades de 17 años ya estaban más igualados (18,6% UK vs 17,7% en Australia).

Pero lo más interesante de este estudio es la comparación que los autores hacen con épocas pasadas. Según sus conclusiones, los niños de Reino Unido eran, en general, menos hipermétropes que en 1960. Se volvían miopes a una edad más temprana y en los últimos 50 años (1960-2010) la población de niños miopes entre 10-16 años se había duplicado por más del doble (16,4% vs 7,2%).

Cada cual puede pensar lo que quiera pero, personalmente, creo que la progresión de la miopía en nuestra sociedad es un hecho irrebatible.

¿Puede que tengan algún error los estudios llevados a cabo?

Cuando alguien no quiere creer alguna conclusión lo primero que hace es negar la evidencia. Más tarde, desprestigiarla intentando confundir a las personas profanas en el tema.

En muchos lugares vais a leer que la cantidad de miopes está sobredimensionada debido a que se incluyen pseudimiopías, es decir, falsas miopías que en realidad son problemas acomodativos. Y aunque siempre se debe mantener cierta cautela respecto a estos casos, la proporción a la hora de comparar resultados en las cohortes de menor edad no es para nada significativa estadísticamente. Me explico.

Mi experiencia profesional es de más de 20 años, por lo que puedo tener una idea bastante aproximada de los métodos de graduación de los menores de edad en España durante estos años. En mi caso particular el número de niños (vamos a acotar entre 6-10 años) a los que les he puesto gafas y no estaban graduados con ciclopejia es de cero.

En España, al igual que en muchos otros países, son los oftalmólogos los especialistas que gradúan a los niños. Y en todas las ocasiones se utiliza ciclopejia para minimizar la acomodación y evitar posibles falsas miopías. Por tanto, pretender invalidar los estudios en base a la falta de uso de ciclopejia resulta histriónico para las cohortes de menor edad, en las cuales el aumento de miopía es más preocupante.

Pero además, muchos estudios sobre la prevalencia de la miopía en menores sí que utilizan datos con ciclopejia, siendo un buen ejemplo el estudio antes comentado de McCullough SJ.

Pero no es el único estudio que tiene en cuenta los valores ciclopéjicos y advierte de que de otra manera los valores se sobreestiman. En el estudio de Grzybowski A et al4 publicado este año 2020 concluía expresamente que “la prevalencia de la miopía seguía siendo mayor en Asia (60%) en comparación con Europa (40%) mediante exámenes de refracción ciclopléjica”.

Para refracciones sin ciclopejia en Asia otorgaba valores mayores (73%) y advertía de la necesidad de comparar los datos con ciclopejia y no estos últimos.

¿Y qué decía el estudio de Holden sobre la miopía en Asia para el año 2020? Sus valores más altos para Asia eran del 53%. Vamos, que no eran demasiado alarmistas. ¿Y para Europa? Para el oeste de Europa, zona que nos afecta y que ostentaba el valor más alto, predecía un 36,7%. Tampoco parece haber exagerado.

Por cierto, para terminar un apunte importante. Muchos estudios coinciden en anotar como miopes a todos aquellos que tienen una graduación superior a -0.50 Dp. Lo que excluye a parte de la población miope de las estadísticas de manera consciente para compensar, en parte, el añadido por pseudomiopías.

¿Qué es lo que está generando esta epidemia de miopía mundial?

Resulta gracioso que ciertos profesionales estén negando la evidencia de esta epidemia de miopía cuando el mundo profesional lleva años buscando una solución para frenar el incremento de la miopía. En cierto aspecto me recuerda a la crisis de 2008 y la defensa a ultranza del entonces presidente del gobierno de España José Luis Rodríguez Zapatero.

Respecto a las causas que pueden generar esta explosión de miopía los autores del artículo inicialmente comentado2 ofrecen varias posibilidades:

·        La predisposición genética: parece jugar un papel importante, pero no puede explicar las tendencias temporales observadas durante un período tan corto. No existen cambios genéticos que actúen de manera tan explosiva.
·        Los sistemas educativos de alta presión, especialmente a edades muy tempranas, pues obliga a una atención y número de horas de estudio alto.
·        La disminución del tiempo al aire libre, lo que se relaciona con estudios que inciden en la influencia de la luz natural para el correcto desarrollo del ojo.
·        Aumento de las actividades de trabajo cercanas en todas las edades.
·        El uso excesivo de dispositivos electrónicos a cortas distancias, siendo distancias menores a 30 cm altamente perjudiciales.

Como vemos, los autores no se mojan en potenciar algún factor concreto (como hacen sibilinamente otros profesionales) y ponen el acento tanto en la necesidad de pasar más tiempo al aire libre como el de limitar las actividades intensas y a corta distancia en interiores.

Otros autores parecen ir en la misma dirección. En el estudio de 2020 de Grzybowski A et al antes referido, sus autores indicaban lo siguiente sobre las causas de la miopía: “Los factores genéticos y ambientales juegan un papel en la creciente prevalencia de la miopía. [Respecto a los ambientales] Los bajos niveles de actividad al aire libre y el trabajo en cerca son factores de riesgo bien establecidos para la miopía”.

Un trabajo que ahondaba en esto último es el realizado por Huang PC et al en 20195. En un estudio sobre los niños de Taipei de entre 9-11 años los autores concluyeron que “una distancia más larga en el trabajo cercano [superior a 30 cm], la interrupción del trabajo en cerca cada 30 minutos y más tiempo al aire libre fueron comportamientos protectores en la prevalencia y progresión de la miopía”.

Pero en el asunto del trabajo en cerca no existe unanimidad de criterio científico y otros tanto estudios niegan que este factor sea tan determinante como el de la exposición a la luz visible.

Si deseáis un análisis más profundo sobre los factores a tener en cuenta en la miopía os aconsejo leer el post respecto al estado de la cuestión que publicaré en breve.

¿Por qué es importante frenar la expansión de la miopía?

Bueno, llegados hasta aquí muchos ya estaréis bastante convencidos de que la miopía va a ser un problema en los próximos años. Pero puede que la dimensión exacta que tiene este defecto refractivo en la calidad de vida de las personas mayores no sea tan evidente para una persona profana. A continuación vamos a hablar de los problemas asociados que genera la miopía.

El informe emitido por la OMS sobre la visión en el mundo en el año 2019 advertía que “el excesivo tiempo que los niños pasan dentro de casa está ligado al aumento de problemas como la miopía, pero no establece un vínculo directo entre ello y el uso de móviles y otras pantallas”. Su postura es la de que necesitan mayor luz ambiental solar para un correcto desarrollo del ojo.

Ahora bien, la preocupación sobre la miopía viene dada por una serie de problemas asociados que resultan bastante incapacitantes y que pueden llegar a provocar ceguera.

Según podemos leer en la web especializada Amires:

El alargamiento excesivo del globo ocular produce un estiramiento de todas sus capas, especialmente de la retina y la coroides, que quedan adelgazadas y son más propensas a presentar complicaciones. La retina (que es la capa más delicada del globo ocular) es la zona del ojo donde los estímulos luminosos se transforman en impulsos nerviosos, que serán conducidos por las vías ópticas hasta el cerebro.
Por ello, las consecuencias de estas complicaciones, si no se detectan y se tratan a tiempo, pueden tener una repercusión negativa muy importante sobre la agudeza visual”.

En efecto, el ojo de un miope es más grande de lo normal y podemos asemejarlo a un globo. Cuanto más lo hinchamos, su elasticidad se va perdiendo y las posibilidades de rotura son mayores. En lo que a la retina se refiere, las complicaciones son variadas: Atrofia corioretiniana, tracción vítreo-retiniana, degeneraciones de la retina periférica, rotura retiniana (agujeros, desgarros), desprendimiento de retina, degeneración macular (membrana neovascular o neovascularización coroidea), agujero macular, hemorragia macular o alteraciones del disco óptico (estafiloma, etc). A ello habría que sumar mayores probabilidades de sufrir glaucoma y cataratas.

Muchas personas piensan que sólo las altas miopías tienen el peligro de desarrollar complicaciones asociadas, pero lo cierto es que todo ojo miope va a tener mayores probabilidades de tener enfermedades asociadas. En el siguiente gráfico se muestran las probabilidades de tener una patología y su relación con las dioptrías de miopía.

Relación entre miopía y patologías oculares

Como podemos observar, una miopía media de entre -3 y -5 Dp ya tiene un porcentaje alto de sufrir desprendimiento de retina respecto a una persona no miope. Por supuesto, si la miopía es alta, este porcentaje se eleva exponencialmente.

No me gustaría alarmar a nadie. Tener miopía  o miopía magna no significa, necesariamente, que se vayan a tener estas complicaciones. Simplemente, existen más papeletas para tenerlas, pero eso no asegura que nos vaya a tocar alguna. Sin embargo, dicho lo anterior,  también es necesario insistir en que “la miopía alta y las patologías asociadas son la primera causa de ceguera en la población joven laboralmente activa en los países occidentales”.

Por tanto, es necesario combatir la miopía con las armas que tenemos y no dejar ninguna en la recámara por falta de consenso científico o falta de suficientes estudios al respecto.

Resulta perentorio concienciar a la sociedad de la necesidad de que los niños tengan un mínimo de tres horas de ocio al aire libre al día, con el objeto de que su ojo se desarrolle adecuadamente.

En las tareas en distancias próximas es fundamental evitar distancias menores a 30 cm y realizar descanso periódicos con el objeto de no estresar el sistema visual.

Y si estas medidas ergonómicas preventivas de la miopía no logran evitar su aparición, debemos concienciarnos de la necesidad de aplicar tratamientos que frenen la progresión de la miopía todo lo posible. Uno de ellos es el uso de lentes de contacto específicas para retrasar su avance, sobre una de las cuales ya he hablado aquí.

Todas las dioptrías que logremos frenar el avance de la miopía en niños serán papeletas que dejaremos de tener para la lotería de sufrir complicaciones asociadas.

Frenar la miopía en el mundo está en nuestras manos. Padres y profesionales deben ponerse manos a la obra y entre todos conseguir reducir los valores que prevén estudios como el de Holden. La salud de la sociedad está en juego.

Bibliografía:

1.     Díaz Llopis, m. y Cisneros Lanuza, A. Miopía, el reto de la Oftalmología y su «explosiva epidemia» mundial. Archivos de la Sociedad Española de Oftalmologia, ISSN 0365-6691, Vol. 93, Nº. 8, 2018, págs. 365-367.
2.     Holden B.A. et al. Global Prevalence of Myopia and High Myopia and Temporal Trends from 2000 through 2050. Ophthalmology, Volume 123, Issue 5, 1036 – 1042
3.     McCullough SJ et al. Six Year Refractive Change among White Children and Young Adults: Evidence for Significant Increase in Myopia among White UK Children. PLoS One. 2016 Jan 19;11(1):e0146332. doi: 10.1371/journal.pone.0146332. eCollection 2016.
4.     Grzybowski A et al. A review on the epidemiology of myopia in school children worldwide. BMC Ophthalmol. 2020 Jan 14;20(1):27. doi: 10.1186/s12886-019-1220-0.
5.     Huang PC et al. Protective behaviours of near work and time outdoors in myopia prevalence and progression in myopic children: a 2-year prospective population study. Br J Ophthalmol. 2019 Oct 15. pii: bjophthalmol-2019-314101. doi: 10.1136/bjophthalmol-2019-314101.

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