domingo, 8 de diciembre de 2019

Casas-museo de Madrid (I): Sorolla y Cerralbo

En Madrid existe una enorme y variada oferta turística. Las principales atracciones para los que visitan la capital de España pasan por los museos (Prado, Reina Sofía…), los monumentos (Plaza Mayor, Puerta del Sol…) y los edificios singulares (Palacio Real, Iglesias…).

Ahora bien, tal es la oferta y tan escasos los días de vacaciones, que en muchas ocasiones ciertos lugares quedan ocultos por el esplendor de los grandes hitos turísticos. Alguno de estos lugares son las excepcionales casas-museo que existen en Madrid. Hoy voy a describir dos de ellas, cuya visita siempre es un placer.

¿Os animáis a descubrirla?


Museo Sorolla

La primera casa-museo que os voy a recomendar es el recoleto Museo Sorolla, un museo dedicado al famoso pintor Joaquín Sorolla en la que fue su casa familiar.

Esta vivienda fue ocupada por la familia Sorolla desde 1911 y las habitaciones que vamos a visitar conservan la decoración que tenía en aquel momento. Además, la obra pictórica del artista se distribuye en ellas de manera simbiótica, lo que tiene como resultado un museo que posee varias lecturas en sí mismo. Además, como la obra de Sorolla es muy demandada, en cada visita puede que veamos un museo diferente, pues las obras se ceden y se reubican periódicamente.


Nada más entrar a la vivienda vamos a encontrarnos el jardín, un lugar verdaderamente bello y en el que se puede disfrutar sin entrada. Muchos madrileños se relajan en este pequeño vergel alejándose del mundanal ruido. El jardín, en verdad, es triple, pues posee varias zonas diferenciadas. Una, inspirada en el Jardín de Troya del Alcázar de Sevilla, se encuentra enfrente del pórtico de entrada a la vivienda y tiene como decoración una fuente antigua de mármol. Hacia nuestra derecha se abre otra parte, la más bonita para mi gusto, que se inspira en el Generalife granadino. En estilo neoárabe, una especie de riad longitudinal, enmarcado por surtidores de agua, nos conduce a un banco situado junto a una pequeña alberca, a los pies de una escultura clásica. 

Jardín romántico del Museo Sorolla

La tercera zona distintiva del jardín está formada por un estanque y una pérgola, lugar en donde el pintor solía descansar.

Las entradas, cuando yo visité el museo, se sacaban en un patio al fondo del jardín. Se denomina andaluz por tener decoración en zócalo de cerámica y tener expuestas en sus paredes multitud de mobiliario y enseres cerámicos. En otros tiempos, en torno a este patio se distribuían las salas domésticas, como la cocina, y servía para dar luz al estudio del pintor.

Acceder al museo por el pórtico que da al jardín (no es el itinerario recomendado) nos va a permitir vivir la experiencia de aquellos invitados que visitaban la casa de Sorolla. El lujo que vamos a encontrar en las salas domésticas de carácter público nos dejará sin aliento. Además de ricos materiales, como el mármol, y un gusto exquisito en la ordenación del espacio, con el recurso de columnas clásicas y amplios ventanales al jardín, lo mejor es la decoración de las salas, llenas de antigüedades y obras del artista.

En esta zona, además del espléndido salón con rotonda acristalada, debemos fijarnos en el comedor. Antes de llegar a él debemos pasar por el llamado antecomedor, un lugar en el que debemos fijarnos en uno de los retratos más logrados de Sorolla, Clotilde sentada en un sofá.

Ya en el comedor, nuestros ojos deberían alzarse para poder contemplar en todo su esplendor un magnífico friso que, a la manera de la decoración clásica romana, recorre toda la zona superior de los muros, con guirnaldas de laureles y frutas junto a los retratos de su mujer e hijas. La deslumbrante lámpara de Tifany fue encargada por el pintor en Nueva York.

Desde el salón nuestro recorrido puede continuar hacia el estudio del pintor, dejando las escaleras que suben a la planta superior para el final. El estudio es, sin duda, lo mejor del museo y podemos asegurar que se trata de uno de los mejor conservados de Europa. En esta sala vamos a poder ver los utensilios de trabajo de Sorolla, desde pinceles a caballetes y paletas, así como de objetos artísticos y algunas de sus obras más representativas, como Paseo a orillas del mar. De esta sala, lo más llamativo, es la luminosidad que posee, gracias a los ventanales y claraboyas que se distribuyen por paredes y tejados. La luz crea un efecto mágico en la enorme sala llena de objetos y obras del artista. Algo imprescindible que ayudó a modelar la pintura de nuestro protagonista.


La personalidad de Sorolla aún se puede intuir en este lugar debido a que conserva la decoración que tenía cuando vivía el autor. Numerosos objetos artísticos se acumulan sobre los muebles y vitrinas de esta estancia, pues a Sorolla le servían de inspiración. Os aseguro que esta sala no os defraudará.



Conectando con el estudio se abren dos salas, denominadas Sala I y II, que suelen ser las primeras que se visitan en el recorrido habitual. Originalmente, la primera sala servía como almacén de marcos y lienzos. No obstante, hoy en día cuelgan de sus paredes rojas (color original) numerosos lienzos de Sorolla que nos ayudan a entender su arte y evolución. Especialmente sorprendentes son Niños en la playa y El baño del caballo, por contener los elementos más característicos de su luminoso estilo artístico.


Se trata de una especie de galería de arte al modo tradicional en las que se suelen visitar en las pinacotecas. Por su parte, en la Sala II, también decorada con obras del artista, nos vamos a encontrar su antiguo despacho. Los muebles son originales y las obras seleccionadas representan diversos miembros de su familia.

Por último, para terminar nuestro recorrido por la casa de Sorolla deberemos volver hacia el salón y subir unas preciosas escaleras de madera hacia la planta superior. En vida de Sorolla aquí se ubicaban las habitaciones privadas de la familia, pero nada de ello veremos. En cambio, se han acondicionado como cuatro salas expositivas de obras pictóricas. De forma habitual aquí se celebran diversas exposiciones temporales que siempre tienen alguna relación con Sorolla.

Y hasta aquí nuestra primera casa-museo madrileña. Como veis, un excelente lugar a caballo entre la vivienda del pintor y una pequeña pinacoteca en la cual descubrir su obra y estilo tan característico.

Museo Cerralbo

 La segunda vivienda que vamos a visitar, virtualmente, es el llamado Museo Cerralbo, una casa-palacio, situado en la céntrica zona de Princesa, que nos va a trasladar al lujo que existía no hace tantos años entre las clases altas de la capital.

El museo Cerralbo se ubica en la que fuera la vivienda de  Enrique de Aguilera y Gamboa ,XVII marqués de Cerralbo. Este importante personaje del siglo XIX fue un importante historiador y excavador arqueológico, lo que en el siglo XIX suponía recopilar, para su colección privada, numerosos objetos arqueológicos (tras su muerte fueron donados al Estado). Por ello, visitar esta casa-museo supone tanto descubrir una vivienda de la aristocracia de finales del siglo XIX como admirar un curioso museo repleto de variadas piezas artísticas. No en vano, en su época fue una de las más importantes y completas colecciones artísticas privadas.

Esculturas, pinturas, cerámicas, muebles… conforman un abigarrado conjunto que parecen seguir las ideas medievales del horror vacui,  llenando de forma sobrecargada todas las salas.

La escalera de la entrada ya nos muestra parte de lo que vamos a descubrir en el Museo Cerralbo

Tras adquirir nuestras entradas (existe un cupo máximo de visitantes dentro de la casa), nos darán un cuaderno en el cual podremos informarnos adecuadamente de los tesoros artísticos que la casa alberga. Recordemos que ahora no vamos a tener al marqués para deleitarnos con las explicaciones de sus objetos. Indicar también que, para los más pequeños, el museo tiene un juego consistente en descubrir las salas en las que se alojan diferentes objetos. Un juego divertido para entretener a los peques y que al final tiene un pequeño regalo sorpresa.

La visita comenzará por la parte baja de la inmensa vivienda (denominada entresuelo).Se trata de la planta en la que la familia realizaba su vida cotidiana.Ya en este momento, al admirar la lujosa escalera que aparece nada más entrar en la casa comprobaremos que estamos ante una especie de escenario. En efecto, el marqués ideó esta vivienda como un lujoso continente para su valiosa colección de piezas arqueológicas. Por tanto, dejémonos deslumbrar por la recargada decoración realizada con los mejores materiales y objetos.

La primera sala que veremos será el Recibimiento de Verano, una alargada estancia llena de cuadros y mobiliario del siglo XIX. Destacable es el reloj de pesas llamado lanternclock (el más antiguo de los 70 que veréis). 


Os recomiendo atravesarla hasta el final y, a continuación, visitar el jardín. Se trata de un recoleto lugar donde recogerse y descansar junto al rumor del agua del pequeño estanque. Su corte clásico-romántico nada tiene que ver con el proyectado originalmente, pues sufrió numerosas modificaciones posteriores. Diversos bustos romanos, un capitel corintio y la copia en piedra, de un jabalí helenístico de la Galería Uffizi de Florencia otorgan al lugar un ambiente muy italiano.

Jardín del Museo Cerralbo

El resto de salas que veremos en esta planta y que están más próximas al jardín, corresponden a diversos salones (cada uno denominado por el color de sus paredes) y el dormitorio del marqués. En todas estas salas vamos a descubrir preciosas obras pictóricas (Ángeles cantores de L. Carracci), elegantes muebles aristocráticos (lámpara de Bohemia con rubíes rojos) y objetos muy curiosos (teléfono Ericsson que funcionaba como un intercomunicador interno o el despertador a pilas).

Salón rojo, amarillo, rosa y habitación del Marqués de Cerralbo


Atravesando el zaguán con su escenográfica escalera, muestra del prestigio social adquirido por sus propietarios, nos adentraremos en el recibidor de invierno, el cual nos abre el camino para visitar un par de lujosos salones, los cuales contienen llamativos objetos, tales como un espejo oscilante alemán, una gran mesa despacho y un juego de zarf, una suerte de soportes en forma de copa utilizados en los países orientales para sostener una taza sin asa servida con café caliente.

La planta superior, la principal, era el piso destinado al protocolo y contiene la decoración más suntuosa y artística del palacete. Se distribuye de forma similar al piso inferior, con una parte de salas que se suceden y otras abiertas a un patio interior que permite múltiples comunicaciones entre ellas, ideales para las multitudinarias fiestas que allí tenían lugar.

Entre las salas principales me gustaría destacar las que albergan la armería, pues en ellas se reúnen objetos de toda índole, desde falcatas ibéricas en vitrinas a trajes de guerreros samuráis, pasando por multitud de espadas, armaduras y arcabuces. El gusto romántico por lo exótico se reúne en la sala árabe, con multitud de objetos provenientes del Lejano Oriente. En el llamado Salón Estufa, por su parte, veremos un gabinete de coleccionismo de importantes objetos antiguos, como objetos prehistóricos, cerámicas griegas y armas ibéricas.

Diversas salas conservan multitud de armas y armaduras antiguas

El comedor de gala, testigo de suntuosos banquetes y fiestas, es otro lugar destacado. En el vamos a poder ver e lujo de la vajilla y las enormes y decoradas piezas en las que se disponían los distintos platos. A continuación veremos un par de salas dedicadas al esparcimiento, una con una mesa de billar y otra, en chaflán, concebida para la tertulia entre baile y baile. Aquí destaco la pintura al fresco que decora las paredes, con imágenes campestres de siega y bailes en la huerta valenciana.

Escenas campestres en el comedor de gala

El cercano despacho del marqués es otro lugar importante, pues en él reunió interesantes obras pictóricas y objetos arqueológicos, los que consideraba que tenían un valor especial.Destacar el Retrato de Alessandro de Medici de Bronzino o una espada de hoja pistiliforme, originaria de la Bretaña francesa y datada hacia el 1150 a.C.

Despacho del Marqués de Cerralbo con el típico horror vacui.

A pesar de todo lo anterior, la última sala que visitaremos y que nos dejará con la boca abierta es el Salón de Baile. Como bien indican en la información del museo, “decorado con paneles de ágata de Granada,mármoles de los Pirineos y grandes espejos venecianos que multiplican luces y reflejos hasta el infinito, el Salón de Baile constituye el broche final de nuestro recorrido”.

Unos preciosos candelabros franceses con figuras de niños, sillas tipo Chaise, bustos clásicos, un reloj con péndulo y escultura de bronce, lujosos divanes… Todo en esta sala fue concebido para deslumbrar a los que la visitaban y enmarcar las fiestas y los bailes de salón allí celebrados.


Y cuando nos cansemos de admirar todo los objetos que contiene la sala os recomiendo elevar la mirada al techo para poder deleitarse con la pintura al óleo realizada por Juderías Caballero. Ideada como una evocación romántica de la historia de la danza, el mismo marqués fue representado en uno de los ángulos. Lo reconoceréis por su levita de rojo intenso.

El Museo Cerralbo os dejará sin aliento en muchos rincones y os permitirá haceros una idea de la diferencia social existente a finales del siglo XIX entre las clases aristocráticas y aquellas humildes que trabajaban en las incipientes fábricas de la Revolución Industrial o en los campos de cultivo. De estos últimos no existen testimonios históricos ni museos, pero todo el mundo conoce sus míseras vidas, ¿verdad? 


INFORMACIÓN:

Dirección: Paseo del General Martínez Campos, 37.
Horarios de apertura:
De martes a sábados de 9:30 a 20:00 Domingos de 10:00 a 15:00
*Recordamos a nuestros visitantes que al menos necesitan 45 minutos para visitar el Museo con lo que la última visita debería comenzar a las 19:15.
Cerrado
Todos los lunes del año, 1 de enero, 6 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre, y dos festivos locales.
Horas punta: Martes a viernes de 11:00 a 13:00 Sábados de 11:00 a 13:00 y de 16:00 a 18:00 Domingo de 11:00 a 14:00
Horas valle: Martes a viernes de 18:00 a 20:00

Dirección: Calle Ventura Rodríguez, 17
Horario
    De martes a sábado de 9:30 a 15:00 horas
    Jueves, apertura extraordinaria por la tarde de 17:00 a 20:00 horas.
Excepto festivos.
    Domingos y festivos de 10:00 a 15:00 horas
    Cerrado todos los lunes, y los días 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 24,
25 y 31 de diciembre y una fiesta local
Entrada general: 3 euros
Entrada gratuita:
    Sábados a partir de las 14:00 horas
    Jueves de 17:00 a 20:00 horas (apertura extraordinaria)
    Todos los domingos
    18 de mayo (Día Internacional de los Museos)
    12 de octubre (Fiesta Nacional de España)
    16 de noviembre (Día del Patrimonio Mundial)
    6 de diciembre (Día de la Constitución Española)



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