lunes, 28 de enero de 2019

Un recorrido por la idílica ciudad de Bamberg

Bamberg es una ciudad en la región de Baviera, en Alemania, a orillas del río Regnitz. No suele ser nada conocida por el turismo español, pues se trata de una urbe lejana a los circuitos habituales que realizan las agencias de viajes.

Yo tuve la ocasión de visitar la ciudad cuando me acerqué a Núremberg, pues la conexión ferroviaria es muy sencilla desde allí. Y os aseguro que merece mucho la pena. Puesto que Bamberg es abarcable en un solo día os voy a presentar la ciudad con un agradable paseo. ¿Os animáis?


Como hemos indicado, llegar a Bamberg, desde Nuremberg, apenas os llevará una hora en tren. Nada más salir de la estación Luidtpolstrasse se abrirá ante vosotros para daros la bienvenida. Se trata de la típica calle alemana con comercios a ambos lados en los bajos de elegantes edificios.

Cruzaremos el río Main y continuaremos hacia Schönleinsplatz. Para los apasionados del arte contemporáneo existe una galería en la Villa Dessauer, un curioso edificio neorrenacentista situado en la próxima Hainstrasse.

Para el resto giraremos hacia nuestra derecha y siguiendo Langestrasse no tardaremos nada en llegar hasta nuestra primera parada importante. Giramos a nuestra izquierda en la plaza Obstmarkt y admiramos el Ayuntamiento antiguo acercándonos por Obere Brücke. Se trata de uno de los edificios más bonitos de la ciudad y uno de sus principales símbolos.

Se le denomina el Ayuntamiento de la Isla o del Puente, porque está construido en una isla artificial, unida a la orilla a través de dos puentes. Esta ubicación tan original para un edificio público se debió a que los orgullosos ciudadanos (entiéndase burgueses) deseaban demostrar su creciente poder en la frontera entre su ciudad-isla (Inselstadt) y la ciudad-colina (Bergstadt) de los obispos.



El edificio posee una profusa decoración pictórica en sus fachadas, típica de la época barroca en la que fue reformado bajo la dirección del arquitecto Baltasar Neumann. Los balcones arabescos y los blasones fueron añadidos a partir de 1750 por el escultor J. Bonaventura Mutschele. En este lado tenemos una gran pintura que representa la muerte del príncipe-obispo Felipe Anton von Frankenstein, ocurrida en 1753. Los frescos de la pared contigua escenifican la entrada a la ciudad de su sucesor, Konrad von Stadion. Aquí se muestra, en la torre barroca, sobre el decorado balcón, el escudo de la ciudad, con un inconfundible San Jorge vestido como caballero.

Lo interesante de esta decoración es el efecto espacial y tridimensional de los frescos. Ello se consiguió gracias a sombreados y elementos plásticos. Si nos fijamos bien podremos observar como en uno de los ángeles pintados sobresale parte de su cuerpo de la pared, creando el engaño a nuestros ojos. Este tipo de trampantojos no se usaron en exteriores.



Hoy día, en el interior de las salas del antiguo ayuntamiento se expone una de las más extensas colecciones de porcelana de Europa, propiedad del fabricante de chocolate Ludwig. Es una excusa excelente para poder admirar la Sala de los Consejos, un exponente del rococó utilizado para las recepciones oficiales.

Antes de seguir nuestro camino os aconsejo bordear el edificio totalmente para admirarlo como se merece. Por un lado podemos acercarnos al puente inferior. El actual y sencillo puente es una construcción de 1945 (el original fue destruido en la II WW) y sólo conserva una de las cinco figuras que poseía originalmente. Tal vez por ello los locales profesan gran devoción por Santa Cunegunda. 

Por el lado contrario podemos acercarnos hasta el sendero delante del Palacio Geyerswörth, desde donde tendremos la mejor y más fotogénica vista de nuestro ayuntamiento, con la curiosa casa de entramado de madera (Rottmeisterhaus) en peligroso equilibrio sobre el saliente del puente. Además es una excusa perfecta el acercarse hasta este palacio, situado en una isla en medio del río, del que merece la pena admirar su hermoso patio interior.

Aunque seguro que deseáis entrar ya en la ciudad antigua de los obispos vamos a realizar un pequeño rodeo. Volvamos nuestros pasos desde el sendero Geyerswörth y avancemos junto al río admirando las casas con entramado de madera tan románticas. Abandonaremos la isla por Brucknersteg y tomaremos Habergasse y, luego, Zinkenwörth. En unos pocos pasos llegaremos a la Plaza de Schiller. En este lugar vivió el artista más conocido de Bamberg, E.T.A. Hoffmann, al cual la ciudad le recuerda manteniendo un pequeño museo en su vivienda original. Está situada justo enfrente del Teatro Municipal, lugar en el cual trabajó como director de orquesta.

Dejando la plaza por Richard-Wagnerstrasse y atravesando el puente Nonnenbrücke debemos seguir la orilla del antigua canal hacia nuestra izquierda. Justo enfrente de la orilla del río encontraremos el curioso Palacio Concordia, construido en 1722. Es un palacio con dos alas y un jardín encarado al río al que se podía acceder en barca a través de una escalera. La vista desde aquí es preciosa. Hoy día en su interior alberga una academia internacional de arte que organiza diversas exposiciones.



Ya es hora de abandonar la isla y adentrarnos en la ciudad antigua. Lo haremos por el puente Oberen Mühlbrücke y seguiremos la Concordiastrasse hasta Untere Böttinger. Al inicio de esta calle se encuentra un ornamentado palacio de estilo italiano. Perteneció al consejero de la Corte Böttinger y fue levantado en 1713. Este bello palacio no fue del gusto de su dueño, el cual se quejó de la proximidad de los vecinos, de la falta de un jardín, de la falta de espacio para acoger a su creciente familia (tuvo 12 hijos), e incluso del viento o de la humedad de algunas de sus paredes. El caso fue que a pesar de enriquecerlo con tapices y estucados en su interior, el palacio fue abandonado a los dos años de haberse construido. No obstante, si entráis a ver su patio seguro que ya os gustaría a vosotros haber vivido allí.



Desde aquí es obligado acercarse hasta Stephanskirche, la cual se encuentra en una calle adyacente. Esta iglesia se construyó en planta de cruz griega, imitando la existente en Roma y tiene la particularidad de haber sido la única, más allá de los Andes, en haber sido consagrada por un papa (Benedicto VIII). Su torre es el elemento más antiguo de toda la construcción, ampliamente reformada. Su base románica deja paso a dos plantas góticas y una cúpula barroca. En su interior, enlucido de un blanco impoluto, destacan el órgano, decorado con figuras barrocas, y la sillería en estilo rococó.

Y antes de marcharnos, en la parte posterior de la iglesia, en la casa nº14 de la calle Eisgrube, se encuentra el pomo más famoso de Bamberg, llamado Apfelweibla. Su fama proviene de la inmortalización que hizo de él ETA Hoffmann en su obra El pote de oro.

Siguiendo la calle en la que nos encontramos desembocaremos en la Iglesia parroquial de nuestra Señora (Obere Pfarre). Este templo merece nuestra atención por varios motivos. En primer lugar por sus entradas decoradas con preciosas esculturas, destacando la escena del Monte de los Olivos. Y en segundo lugar por la multitud de obras artísticas de su interior, que lo convierten en un centro de arte sacro. A destacar las figuras de los apóstoles que adornan los pilares de la nave central, el altar mayor, que alberga una venerada imagen de la Virgen, la pila bautismal con recubrimiento tallado en madera o la pintura de Tintoretto La Ascensión de María.

Tomando ahora la calle Unterer Kaulberg llegaremos, en apenas 100 metros, al Convento de los Carmelitas. Sin duda, lo mejor de este lugar es su claustro, decorado en la segunda mitad del siglo XIV en un evidente estilo románico. El uso de columnas romanas y capiteles con enigmáticas figuras nos transporta a un tiempo pasado en el que las figuras talladas escondían misteriosos mensajes ocultos.

Las anteriores visitas religiosas nos han preparado adecuadamente para uno de los platos fuertes de Bamberg, su famosa Catedral. Para llegar a ella os aconsejo volver por Unterer Kaulberg y girar a vuestra izquierda al final, con el objeto de entrar por Karolinenstrasse a la Domplatz. Sin duda, es una visión extraordinaria del conjunto de esta plaza en la que se encuentran las principales visitas turísticas de Bamberg.



Las poderosas torres de la Catedral, así como la decoración románica de su ábside os dejarán obnubilados. Lo que estáis viendo es la fachada principal actual, que mira al centro de la ciudad (el este). Subiendo por unas escaleras pronunciadas llegaremos a la Puerta del Perdón, entrada actual a la Catedral en la base de la torre nordeste. Su decoración románica del tímpano nos muestra a la Virgen flanqueada por Enrique II y Cunegunda, ascendidos a santos. El fundador de la catedral, junto a los patronos, San Jorge y San Pedro, completan la decoración. Y para los curiosos indicar que la figura escultórica en tan mal estado junto a las escaleras se trata de un sapo (un león venido a menos por las inclemencias atmosféricas).

El impresionante interior de la Catedral destaca por varios motivos. Sin duda, su escultura más famosa es el caballero de Bamberg, obra del siglo XIII por parte de un autor desconocido. Se trata de una bella representación ideal de un caballero de la Edad Media. El tamaño natural y el uso de 10 piezas de arenisca diferentes ofrecen una imponente y perfecta figura escultórica. La corona lo identifica con algún soberano y el baldaquín en forma de ciudad (representación de Jerusalén), encima de su cabeza, nos indica que fue venerado como un santo. Algunos autores lo identifican, en base a lo anterior, con el rey Esteban I de Hungría.

Otro punto de visita obligada es el Sepulcro de los emperadores Enrique II y Cunegunda, fundadores del obispado de Bamberg y de la Catedral. La losa de mármol así como toda la decoración escultórica que posee fue realizada por el famoso escultor Tilman Riemenschneider. Además de poder admirar a los emperadores a tamaño natural descubriremos diversas escenas de los mismos, tales como la despedida de Cunegunda de su marido en el lecho, antes de morir, o el sueño del emperador en el que aparece el arcángel San Miguel como pesador de almas.



El coro este estaba consagrado a San Jorge y reservado al cabildo. Destacar la bella sillería y el estilo románico que atesora, muestra de su temprana construcción. Además, en los pisos interiores existe una cripta de tres naves que conserva los sepulcros de los primeros obispos de Bamberg.

Si dirigimos nuestros pasos por la nave central hacia el coro de San Pedro (parte oeste) comprobaremos que el gótico, en forma de arcos apuntados y bóveda de crucería, comienza a inundarlo todo. La razón es porque esta Catedral se construyó justo en cuando existía la transición entre ambos estilos.

Merece la pena parar a admirar el sepulcro del príncipe-obispo Friedrich von Truhendingen y de Albert von Wertheim, pues el epitafio del último pasa por ser uno de los más famosos del Medievo.

En el crucero, si nos dirigimos al sur, llegaremos ante el altar de Bamberg, obra maestra de 1523 tallada en madera por Veit Stoss. Se le conoce como altar de la Navidad por tener escenas del nacimiento de Cristo.



Un pasadizo lleva desde la parte sur de la Catedral al Museo Diocesano y al claustro. Entre los objetos que atesora el museo destaca el manto de estrellas de Enrique II, con bordados de oro, o una curiosa alfombra con la representación de la Pasión de Jesús.

Como curiosidad indicar que en esta Catedral se encuentra el único sepulcro de un papa al norte de los Alpes. Se trata del papa Clemente II, de cuyo sepulcro sólo se conserva la base, la cual conserva  decoración tallada en mármol.

Cuando salgamos al exterior no debemos olvidar acercarnos a la entrada que se abre a la Domplatz. Se trata de la Puerta de los Príncipes, un portal utilizado sólo en ceremonias solemnes y que atesora la mayor decoración escultórica. A destacar el tímpano, con una representación del Juicio Final, observado con atención por las esculturas de los apóstoles a hombros de los Profetas (símbolo de Antiguo y el nuevo Testamento), las cueles se sitán en las columnas laterales. En esta zona existían dos bellas figuras, hoy situadas en el interior de la Catedral, representación de la Iglesia y la Sinagoga. La primera está coronada y sostenía un cáliz y la cruz, mientras que la segunda está representada con los ojos tapados, como símbolo de su ceguera ante la verdadera revelación. En el lugar que ocupó esta última figura hoy podemos ver la figura de un judío al que un demonio le tapa los ojos.

En la plaza, frente a la Catedral, se encuentran los otros dos edificios históricos más importantes de Bamberg. Según el tiempo del que dispongamos y los planes de comida que tengamos podemos hacer a hora un alto para comer. El restaurante Kachelofen no se encuentra lejos y ofrece comida local a buenos precios. En caso de haber traído bocatas tendremos tiempo de tomarlos en algún parque más adelante.

Comencemos por el Alte Hofhaltung, el antiguo palacio de los Príncipes-obispos. La entrada la realizaremos a través de la Schöne Pforte (Puerta bonita), una bella portada que debe su nombre a la decoración escultórica que posee. Tras acceder llegaremos al pintoresco patio interior, con edificios de entramados de madera y pronunciados tejados. Anteriormente se utilizaron de caballerizas, almacenes, cocinas y viviendas de sirvientes.




Hoy día el antiguo palacio alberga el Museo de Historia de la ciudad, en el cual merece la pena admirar piezas de enorme valor que van desde la protohistoria hasta la Edad moderna. Destacaré los Bamberger Götzen, un conjunto de tres figuras del siglo IV, perteneciente a algún sepulcro,  y que representan a arquero, un guerrero y un siervo.

El último gran edificio de la Domplatz es la Neue Residenz, pues dos de sus cuatro alas dan a esta magnífica plaza. Este palacio vino a sustituir a los anteriores palacios de los príncipes-obispos que tenían en la ciudad, pues se acomodaba a los gustos y necesidades de la época. Dos de sus alas fueron construidas en 1611, mientras que las otras dos no se levantaron hasta 100 años después.

El edificio consta de tres plantas, salvo el pabellón Vierzhenheligien, que consta de cuatro. Su nombre proviene de la circunstancia de poder observar, en un día despejado, la iglesia de peregrinación de Vierzhenheligien. Este pabellón alberga la Biblioteca Nacional.



El interior del Palacio contiene las típicas salas que podemos encontrarnos en este tipo de edificaciones: la amplia y decorada sala de representaciones, con frescos en el techo y elegantes lámparas o el habitual gabinete chino de recargada decoración con estucos.



Un lugar que tampoco debemos dejar pasar es el romántico jardín de Rosas. Aunque algo pequeño para los gustos de la época, debido al reducido espacio disponible, lo mejor de este lugar son las impresionantes vistas que se obtienen de la montaña Michaelsberg y del casco urbano de la ciudad.



Antes de abandonar esta magnífica plaza os aconsejaría callejear por la Domstrasse, una encantadora calle medieval situada detrás del Alte Hofhaltung. Casas con paredes de entramados de madera, miradores románticos y blasones nos envolverán en un ambiente precioso.



Desde aquí tenemos a tiro de piedra la Iglesia de San Jacobo. Aunque de aspecto barroco, numerosos elementos románicos aún delatan la antigüedad de su construcción como sus robustas columnas o el blasón de la torre, el más antiguo de la ciudad.

Para los que realizaran el recorrido propuesto de manera rápida tienen la posibilidad de acercarse al cercano Monasterio de San Miguel siguiendo la pronunciada Michelsbergerstrasse. Una gran escalinata se extiende a los pies de la impresionante fachada barroca de este templo. Su interior deslumbra por la amplitud y su decoración rococó. Igualmente es de destacar las grandes vistas que se obtienen de la ciudad.


Para aquellos a los que el tiempo se les esté echando encima aconsejo saltarse la visita anterior y dirigirse directamente a un encantador rincón situado a orillas del río Regnitz. Encontrarlo es muy sencillo. Volvemos a la Domplatz, rodeamos el pabellón Vierzhenheligien de la Neue Residenz hacia nuestra izquierda y tomamos la Elisabethenstrasse.

Bamberg es una ciudad a la que le gusta compararse con otras italianas. Se la denominó antaño la Roma alemana, tanto por compartir con la capital de Italia la protección de siete colinas como por la importancia que tuvieron los príncipes-obispos en la ciudad. Y la otra ciudad con la que se le compara es con Venecia debido a su rinconcito junto al río Regnitz denominado Pequeña Venecia (Klein Venedig). Se trata de un conjunto idílico de preciosos edificios alineados junto a la orilla, que datan del siglo XIX. Esta hilera de casas con entramados de madera, balcones, pequeños jardines y su pequeña barquita a la puerta eran casas de pescadores. Merece la pena descansar un rato admirando este bello paisaje.



Nuestro recorrido por Bamberg toca a su fin y debemos empezar a pensar en volver hacia nuestra estación de tren. Recorramos la orilla del río. Justo en la otra orilla, junto a una grúa histórica, veremos el antiguo matadero y el embarcadero, en el cual poder montarnos en un barco y recorrer el río en agradables paseos. Volvamos a cruzar la isla por el puente del Ayuntamiento, para poder admirar una última vez el precioso edificio insignia internacional de Bamberg.

Y si aún tenéis tiempo de sobra, en el camino de vuelta a la estación, podéis visitar la animada Plaza de Maximiliano y la Iglesia de San Martín, antiguo templo jesuita.

Espero que os gustara este agradable paseo por Bamberg. Seguro que su visita no os defraudará.




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