domingo, 26 de agosto de 2018

Mis 5 visitas imprescindibles en Praga

Existen ciudades en Europa que tienen un gran encanto. Una de ellas, sin lugar a dudas, es Praga. La capital de la República Checa posee una magia que embruja a quien la visita, pues los que se acercan a ella jamás olvidan sus preciosos edificios, sus encantadores rincones o sus vistas dignas de una postal.

Encrucijada entre Europa del Norte, del Sur, del Este y del Oeste, fue una ciudad con una extraordinaria y rica vida cultural. Fruto de ello es la Praga actual, una de las ciudades más encantadoras que vamos a poder visitar.

A continuación os voy a recomendar mis cinco visitas imprescindibles a la ciudad. Como si de un recorrido imaginario se tratase, vamos a recorrer Praga a través de sus principales monumentos. ¿Os apetece comenzar?


Castillo de Praga

Se trata del monumento más importante y visitado de Praga, por lo que no podíamos escoger otro más adecuado a la hora de comenzar nuestro recorrido por la ciudad.

Al contrario de lo que solemos asociar a un castillo en España, el de Praga se trata de un conjunto de edificios, iglesias y palacios que ocupan tan extenso terreno que nos ocupará medio día el admirarlos y visitarlos. Por tanto, empezar por la mañana temprano y dejaos sorprender por las maravillas que esconde.
 
Castillo de Praga
Residencia del presidente de la República Checa, durante más de mil años sus sucesivos ocupantes fueron dejando su particular huella arquitectónica. Debido a ello podremos admirar todos los estilos arquitectónicos utilizados por los anteriores soberanos, desde el románico al barroco del siglo XVIII. Y por ello, del inicial castillo de madera del príncipe Borivoj (870 d.C.) no queda nada tras tantas modificaciones y ampliaciones.

La manera más turística de subir al castillo se realiza a través de la vieja escalinata del castillo, desde el barrio de Malá Strana. Esta escalera se encuentra junto al jardín del paraíso, a los pies del castillo. No obstante, si queremos ahorrarnos la subida podemos optar por tomar el tranvía número 22 o 23 en Malostranská (conexión metro y tranvía) y bajarnos en la parada Pražský hrad.

La entrada más tradicional al castillo se realiza por la plaza Hradcanske, en donde dos guardias presidenciales custodian desde sus garitas la entrada. En realidad, esa es ahora sólo puerta de salida y se entra por otra puerta lateral debido a los controles de policía necesarios. El cambio de guardia se realiza cada hora agolpando a la masa de turistas (el de las 12:00 es el más importante). La monumental puerta de Matías conecta con el segundo patio, desde el que podemos acceder a la terraza y jardines. Al fondo se encuentra la torre Daliborka, utilizada como prisión. Y también acceder a la galería de arte del palacio. Esta Pinacoteca posee importantes obras de Tiziano, Tintoretto, Rubens, Hans van Aachen, Spranger, Cranach, etc.; y también arte checo de los siglos XVIII, XIX y XX (necesitaremos una entrada aparte para visitar este lugar).
 
Entrada Castillo de Praga en la plaza Hradcanske
No obstante, lo verdaderamente importante se encuentra en el tercer patio, el que da acceso a todas las iglesias y palacios que contiene esta gran fortaleza. Nada más entrar os admirará encontrar la gran masa monumental de la Catedral de San Vito. Este gran templo gótico tenía el honor de ser el lugar de coronación de todos los reyes de Bohemia. La fachada oeste, dominada por su gran rosetón (representa la Creación), os dejará sin habla. En la fachada sur se alza la Torre de la Campana (merece la pena subir los 287 escalones para admirar las vistas de la ciudad) y el portal dorado, antigua entrada a la catedral. En esta entrada se dispone un precioso mosaico veneciano que representa el Juicio Final.
 
Catedral de San Vito. Praga.
Catedral de San Vito. Praga

El interior de la Catedral tiene unas dimensiones enormes así como unas interesantes capillas y vidrieras que otorgan al visitante una preciosa gama de variados colores. De todas ellas la capilla de San Wenceslao, santo nacional checo, merece la pena por su rica decoración. Igualmente es recomendable visitar el mausoleo de San juan Nepomuceno o la cripta real.
 
Interior de la Catedral de San Vito
El otro templo que merece una visita es la Basílica de San Jorge. Su colorida fachada barroca nos parece engañar sobre el templo románico que esconde. Se trata de uno de los mejor conservados de Bohemia y en su interior encontraremos numerosa decoración pictórica en forma de frescos.
 
Basílica de San Jorge. Praga.
Justo detrás de esta basílica, entre la torre blanca y la torre Dalibor, se encentra el famoso Callejón dorado. Se trata de una suerte de casitas de colores que parecen sacadas de un cuento. El aspecto actual se debe a una reconstrucción de 1955, aunque son originarias del siglo XVI y se habitaron hasta mediados del siglo pasado. Hoy día varias de ellas se han preparado como lugares de exposición que muestran la vida en esa localidad en los últimos cinco siglos. Encontraremos un taller de orfebre, tabernas, un herbolario o el hogar de la famosa adivina Matilda Průšová. Y aunque también veréis un taller de alquimista (torre de la pólvora) nunca aquí residió ninguno, por lo que las leyendas sobre la creación de oro son meros cuentos. En la casa n° 22 trabajó Franz Kafka entre 1916 y 1917, por lo que siempre se encuentra muy transitada.
 
Callejón del Oro. Praga
Varios son los palacios que vamos a poder visitar en el castillo de Praga y realizar una descripción detallada de cada uno excedería el objetivo de este post. Por tanto, tan solo comentaré que en el Antiguo Palacio Real es obligado admirar la bella decoración de estilo gótico flamígero de la sala Vladislav, lugar en el que se celebraban torneos a caballo dada su amplitud; el Palacio Lobkowicz destaca por sus frescos esgrafiados en la fachada así como por la colección de obras de arte que posee (entrada aparte); el Palacete de verano de la reina Anna, en estilo renacentista acoge exposiciones temporales y se encuentra en los jardines.

Antiguo Palacio Real. Castillo de Praga.


Barrio de Malá Strana

Malá Strana significa “La Ciudad Pequeña” y es uno de los distritos más antiguos de Praga. Fundado al pie del castillo a mediados del siglo XIII, su principal encanto proviene del hecho de haber podido mantener inalterable su aspecto desde hace siglos. Las guerras del pasado apenas afectaron a este barrio, razón por la cual es una maravilla pasear tranquilamente admirando todas las fachadas de sus casas y palacios.

El centro neurálgico de esta zona de la ciudad es la Plaza de la Ciudad Pequeña. Llegaréis fácilmente a ella desde el Puente de Carlos recorriendo la concurrida calle de Mostrecka, llena de bellas casas con fachadas de colores. Si vienes desde el castillo, tal como estamos nosotros haciendo el recorrido, accederás a través de la también elegante calle Nerudova.

En la misma plaza se alza, imponente, la Iglesia de San Nicolás (no confundir con la de la zona vieja). Se trata de un templo construido en un estilo barroco que pasa por ser considerado el más logrado al norte de los Alpes. Erigida por la orden de los jesuitas, su cúpula impresiona por sus dimensiones: 20 metros de diámetro y casi 50 metros de altura. En su interior destaca la decoración con frescos, punto culminante del estilo barroco. El órgano, del siglo XVII, es pieza fundamental de los conciertos que se organizan aquí durante todo el año. Merece la pena poder asistir (duración 60 minutos; a las 18:00h).
 
Iglesia de San Nicolás de Malá Strana. Praga.
El otro templo que merece la pena visitarse es la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Desde la plaza anterior se llega fácilmente siguiendo la calle Karmelitská. El mayor atractivo de este templo es que acoge en su interior la famosa estatua del Niño Jesús de Praga, a la cual tienen una gran devoción los praguenses. Esta excelente talla, proveniente de España, llegó en el siglo XVI de la mano de María Maximiliana Manrique de Lara, novia de Vratislav de Pernstein. El Niño Jesús tiene 2 coronas y unos 46 vestidos diferentes que, según una costumbre atávica, se le cambian diez veces al año. Con los vestidos y otros complementos litúrgicos se ha construido un pequeño museo. En este sentido el Bambino di Praga es lo más parecido al Manneken Pis belga.
 
Niño Jesús de Praga
Un icono de Praga muy diferente de lo que hemos visto hasta ahora es el conocido como Muro de John Lennon. Situado en la Plaza del Gran Priorato, frente a la embajada de Francia, simboliza el amor y la paz. Fue creado tras la muerte violenta del artista en 1980 como protesta ante la falta de libertad del régimen comunista (las letras de este artista estaban prohibidas por subversivas en aquella época). Y su nombre proviene por el hecho de estar decorado con el retrato de este artista, así como con letras de las canciones más famosas de los Beatles. Hoy día es tanto un memorial del artista como un símbolo de la libertad de expresión y a la rebelión no violenta que la juventud checa interpuso ante un régimen autoritario.
 
Muro de John Lennon. Praga. 2018.
Muy cerca del muro anterior nos encontramos con la Isla Kampa. Se trata de una isla junto al río Moldava, pues un riachuelo del Moldava separa la tierra de Malá Strana. Este canal se denomina río del diablo, en recuerdo de una lavandera con muy al humor y afilada lengua. Antiguamente, el agua del canal movía varios molinos, quedando hoy día el Molino del Gran Prior como recuerdo vivo de aquella época. Además, es el jardín más céntrico y visitado de Praga, un lugar por donde pasear tranquilamente y poder comer en románticos restaurantes.
 
Isla de Kampa. Praga
Por último quería recomendar también la subida al Monte Petrín. Se trata de un gran parque donde se encuentra la Torre de Petrín, el mirador más famoso de la ciudad. Su fisonomía os recordará a la Torre Eiffel, pues se construyó dos años después que la parisina para la Exposición Nacional de Praga (1891) y tiene una proporción de 1:5 respecto a ella. Desde sus 60 metros de altura las vistas de la ciudad son impresionantes, aunque será necesario subir 300 escalones para admirarlas. Para subir hasta donde se ubica podéis coger un funicular en la calle Újezd. Si vais con niños, este viaje y el cercano Laberinto de los Espejos (otro recuerdo de la exposición) les encantarán.
 
Monte Petrin. Praga.
Puente de Carlos

La ciudad de Praga es conocida con el nombre de “la ciudad de las cien torres”, pero bien podría denominarse “la ciudad de los 300 puentes”. De los 18 que salvan el río Moldava, ese que parte la ciudad en dos, el puente de Carlos (Karlův most), es el más antiguo, icónico y famoso de todos ellos.

Terminado en 1402 tras 45 años de trabajos, tiene 516 metros de largo y 10 metros de ancho. Totalmente peatonal, lo recorreréis innumerables veces en vuestra visita a la ciudad. Su belleza no reside sólo en su magnitud, sino en la decoración que contiene.
Puente de Carlos. Praga.

A ambos lados se levantan poderosas torres que custodiaban su entrada. Dos en el lado de Malá Strana y otra en el extremo de la Ciudad Vieja, una auténtica joya arquitectónica del gótico.
Torres del Puente de Carlos. Praga. 

Además de lo anterior, 30 esculturas se fueron añadiendo a lo largo de su existencia, logrando un conjunto decorativo impresionante. Esculpidas hacia el año 1700, tienen un estilo barroco y representan a diversos santos. Podéis fotografiaros en ellas sin preocuparos de mutilarlas con el flash, pues son réplicas de las originales (situadas en el Lapidario del Museo Nacional y en las Casamatas de Vysherad).
Esculturas del Puente de Carlos

Aunque pasear por este puente, a cualquier hora, resulta muy gratificante, la mejor manera de apreciar toda su grandiosidad es observarlo desde algún otro puente cercano. Os recomiendo el Puente de las Legiones (Most Legií), pues desde él, además de admirar el Puente de Carlos vais a poder apreciar el bello edificio del Teatro Nacional.
Pasear por el Puente de Carlos es una experiencia única a cualquier hora.

Como curiosidades que rodean a este puente podemos indicar varias. Su nombre proviene del gobernante que lo ordenó construir, Carlos IV, aunque no se denominó así hasta 1870 (antes se llamaba simplemente Puente de Piedra). La primera piedra fue colocada en un momento preciso según complicados cálculos llevados a cabo por los astrónomos de la corte. Fue a las 5:31 horas del 9 de julio de 1357. Este preciso momento puede ser enunciado como 1357(año)9(día)7(mes)531(hora), y conforma una secuencia capicúa de dígitos impares ascendentes y descendentes, con el nueve en la cumbre, que pensaban otorgaría una fortaleza mágica a la construcción. La secuencia se encuentra grabada en la torre de la Ciudad Vieja y, hasta el momento, ha logrado mantener el objetivo de no ver destruido el puente. Algo muy frecuente en la historia de Praga por las crecidas desastrosas del río Moldava.

Plaza de la Ciudad Vieja

En mi opinión, esta plaza y sus alrededores son la imagen mental que a todo el mundo se le graba de la ciudad de Praga. Lugar local de todo tipo de celebraciones (como el Año Nuevo), para los turistas es el punto de encuentro y el mejor sitio para descansar.

Equidistante entre el Puente de Carlos y la Plaza de Wenceslao, es un lugar estratégico por el que pasarás en muchas ocasiones si te gusta caminar y empaparte de las ciudades que visitas. Su fisonomía, rodeada de casitas e iglesias de distintos estilos arquitectónicos, es tan particular como deslumbrante. Algunas os recordarán a Ámsterdam por sus fachadas decoradas en la cúspide con preciosos hastiales de diferentes formas. Otras, a las belgas. En resumen, se trata de una plaza llena de encanto.
Plaza antigua de Praga

En el centro de la plaza se encuentra una estatua del reformador religioso Jan Hus, quien fue quemado vivo por sus creencias. La estatua se conoce como Monumento a Jan Hus y fue erigida el 6 de julio de 1915 en el 500º aniversario de su muerte. Recuerdo que la primera vez que visité Praga su podio era nuestro lugar de reunión preferido.
Monumento a Jan Hus

Uno de los principales atractivos de la plaza se encuentra en la torre del Ayuntamiento. Me refiero al famoso Reloj astronómico de Praga. Construido en 1410 por el relojero Mikulas Kadan, con asesoramiento del matemático y astrónomo Jan Ondrejuv, aún su maquinaria sigue funcionando perfectamente (gracias a los cuidados de la familia de relojeros praguenses Hainz). Posteriormente fue reconstruido a finales del siglo XV y cuenta la leyenda que el concejal cegó al maestro Hanus con el objeto de no poder volver a realizar nada igual. Cada hora, entre las 9:00 y las 23:00, aparecen las figuras de los doce Apóstoles en dos ventanas bajo el alero para admiración de los turistas que pasan por allí.

El reloj posee tres partes diferenciadas: la primera la de las ventanas en la que aparecen los Apóstoles con sus atributos (atención al garrote de San Juan Tadeo). Simultáneamente a los apóstoles se animan también las figuras a ambos lados del reloj. La Muerte tira de una cuerda y con el repicar de la campana inicia el desfile de los apóstoles en las ventanas. Hace señas hacia el Turco – alegoría de la Lujuria, quien mueve la cabeza en negación, el Avaro – alegoría de la Avaricia agita una bolsa en la mano y amenaza con un bastón, a su lado el Vanidoso – alegoría de la Vanidad, se contempla en un espejo. Cuando las ventanas vuelven a cerrar el gallo encima de ellas canta – hace despertar para una hora más de la vida y el reloj en la torre empieza a dar la hora.
Reloj astronómico de Praga (durante las reformas a la izquierda y habitual a la derecha)

En el nivel inferior el disco calendario está flanqueado por figuras de madera inmóviles llamadas el Filósofo – alegoría de la Filosofía – con una pluma, el Astrónomo – alegoría de la Astronomía – con un telescopio, el Cronista – alegoría de la Retórica – con un libro y el Arcángel Miguel con una espada de llamas.

El reloj astronómico consta del cuadrante astronómico y del disco calendario con los signos del zodíaco. El disco calendario adornado con alegorías de los meses fue creado en 1865 por Josef Mánes. Este reloj nos ofrece cuatro medidas de tiempo diferentes (una es la babilónica) y diferentes detalles astronómicos, como la posición del sol y la luna. Como curiosidad indicar que este reloj se compuso según la teoría geocéntrica, pues aparece la Tierra en medio y el sol gira alrededor de ella.

El edificio del Ayuntamiento se puede visitar, destacando la Sala del Consejo, la Sala de San Jorge o la Sala Brozyk. También podremos visitar los sótanos y, por supuesto, subir a lo alto de la torre para admirar unas excelentes vistas de la plaza y los edificios que la rodean.
Vistas desde la torre del Ayuntamiento antiguo de Praga

Las fachadas que conforman el Ayuntamiento forman un pintoresco conjunto multicolor, siendo el final la renacentista Casa del Minuto, inconfundible por su fachada serigrafiada.
Casas Ayuntamiento antiguo de Praga

La Iglesia de Tyn no está exactamente en la plaza, pues tiene unos edificios delante, pero es la que da imagen a la misma en todas las postales. Esa fachada gótica con sus dos poderosas torres es una de las imágenes típicas de Praga. Para acceder a ella tendréis que atravesar por el medio de los locales que se construyeron delante. También os recomiendo seguir un callejón junto a la Casa de la campana de Piedra y rodear la iglesia completamente para admirar su estructura.
Iglesia de Tyn. Praga

El templo gótico actual comenzó a construirse, sobre una antigua iglesia románica del siglo XI, en el siglo XIV. Y fue la iglesia más importante de esta zona de la ciudad. Su estampa icónica se debe a las dos torres que sobresalen por encima de las casas privadas que ocultan su fachada. Y aunque parecen gemelas, en realidad, son mellizas. La norte se completó antes, hacia 1450, mientras que la sur se concluyó en 1511, siendo una más fuerte y robusta que la otra. La norte se llama Eva y la sur (un metro más alta) Adán.

Su interior es uno de los más deslumbrantes que existen en la ciudad, destacando la impresionante altura y magnitud de sus tres naves.  De los tesoros que contiene destaca el Retablo Mayor, que representa el ascenso al cielo de la Virgen María. También valiosa es la pila bautismal (1414), una Crucifixión (siglo XV), el órgano más antiguo de Praga o la tumba del astrónomo Tycho Brahe.

Interior de la Iglesia de Tyn. Praga.


La Iglesia de San Nicolás tiene una excelente factura barroca. Construida en el siglo XVIII, su blanca fachada originalmente no daba a la plaza, al igual que la iglesia anterior, Fue en 1945, con la destrucción por los alemanes de algunos edificios del Ayuntamiento cuando quedó libre. Su entrada original no es la actual, sino que era la de la calle Maiselova. Con una gran cúpula central de 46 metros, flanqueada por dos torres, su estampa exterior es admirable. En el interior destacan los frescos que recubren la cúpula, los cuales muestran diversos episodios de la vida del santo, así como la magnífica lámpara con cristal de Bohemia que pende en lo alto. Actualmente no sólo es utilizada para los oficios religiosos de la Iglesia Husita, a la cual pertenece, sino también como prestigiosa sala de conciertos, esencialmente de música clásica. Si tenéis suerte de visitarla mientras ofrecen uno de ellos os maravillaréis por la tremenda acústica.
Iglesia de San Nicolás en la Plaza antigua de Praga.

Os recomiendo visitar esta plaza a diferentes horas del día, pues en cada momento tiene su encanto. Al amanecer, antes de que lleguen las hordas de turistas, es un buen momento para sacar fotos y comprobar como despierta una ciudad. Pero sobre todo, al atardecer, la visión es maravillosa debido a la luz dorada del sol, la cual baña los edificios dotando al conjunto de un especial encanto. Y, por supuesto, también una visita nocturna merece mucho la pena, por ver iluminados los principales edificios.




Barrio Josefov

Pasear por el barrio judío de Praga es uno de los encantos que no debéis perderos si visitáis la ciudad. Aunque muy remodelado por diferentes intervenciones arquitectónicas en el siglo XX (desde las demoliciones entre 1893-1913 hasta la construcción de numerosos edificios contemporáneos), el medievo judío del barrio aún lo podemos encontrar en el recorrido por sus sinagogas y el cementerio. La entrada conjunta nos servirá para visitar todos los monumentos existentes.

La comunidad judía de Praga fue muy abundante en el pasado y los diferentes avatares históricos fueron agrupando a las distintas comunidades de la ciudad en la zona norte de la Ciudad Vieja, creándose el típico gueto. Este lugar tuvo un gran florecimiento cultural en el siglo XVI, pues muchos judíos se convirtieron en eminentes astrónomos, filósofos o artistas. De todos ellos merece la pena destacar al rabino Judah Loew ben Bezalel, creador del temible Golem de Praga (en verdad hubo muchas leyendas de rabinos medievales creadores de estos sirvientes mágicos de barro y chispa divina. Su función era servir y proteger a los judíos.

El nombre del barrio (la ciudad de José) es un honor a José II, emperador que integró a los judíos en la vida de Praga mediante un decreto de tolerancia (1781). Anteriormente habían sido expulsados de la ciudad por María Teresa de Habsburgo (1745-1748).

A finales del siglo XVIII, los judíos representaban ¼ de la población de la ciudad y era la mayor comunidad judía del mundo. Desde entonces, los judíos se volvieron a diseminar por la ciudad, quedando en el barrio los más pobres y los más ortodoxos. En 1852 el gueto fue abolido y pasó a ser un distrito más de la ciudad. En los comienzos del siglo XX, el florecimiento judío se contextualiza en la figura sobresaliente de Franz Kafka. Durante la II Guerra Mundial los nazis conservaron el barrio con la idea de realizar un “museo exótico de una raza extinta”. De los casi 100.000 judíos que vivían entonces en Praga, dos tercios murieron por consecuencia del Holocausto.

La visita a los monumentos judíos de Josefov podemos dividirla en dos partes. 

Por un lado está la visita a las distintas sinagogas del barrio, paradas obligatorias por la preciosa decoración que albergan. La más impresionante, en mi opinión, es la Sinagoga Vieja-Nueva (no está incluida en el ticket conjunto). Se trata de la sinagoga más antigua de Europa Central (final siglo XIII) y la principal de la comunidad judía de la ciudad. La imagen del alto tejado con hastiales en ladrillo es inconfundible, al igual que su amplio interior, llenas sus paredes de siglas en hebreo bíblico, y dominado por el Arca Santa de la pared oriental. Este es el lugar sagrado en donde se guardan los rollos de la Torá y, al igual que la quibla en las mezquitas, es la zona de mayor decoración. Por cierto, que el curioso nombre que tiene se debe a que existía una antigua sinagoga cuando fue construida, razón por la cual se denominó la nueva. Pasados los siglos, la destrucción de las anteriores la dejó como la más antigua de la ciudad, razón por la cual la denominación de nueva había quedado sin sentido.
Sinagoga Vieja-Nueva. Praga.

Otra sinagoga interesante es la Sinagoga Española. Su construcción en estilo mudéjar seguro que nos recordará construcciones de nuestro país. Su denominación recuerda que la sinagoga fue levantada por judíos exiliados de la expulsión de los Reyes Católicos. Además, la suntuosa decoración interior actual pretende recordar a La Alhambra. Entre sus muros acoge la exposición sobre la historia de los judíos desde el siglo XVIII hasta el presente. Especial atención merece la parte dedicada al Holocausto, con la presencia de diversos objetos e incluso los dibujos realizados por los niños confinados en el campo de concentración de Terezin. Mi consejo es dejarla para la última y llevarnos un magnífico sabor de boca de esta visita.
Sinagoga Española. Praga

Es recomendable visitar antes la Sinagoga Maisel, que contiene la historia de los judíos desde el siglo X al siglo XVIII. Esta sinagoga es inconfundible debido a la verja azul de su entrada.
Sinagoga Maisel. Praga

La Sinagoga Alta posee una deslumbrante decoración renacentista en sus dos pisos. El nombre de alta se deriva de su situación en el primer piso del ayuntamiento. Actualmente no es visitable.

Recuerdo que nosotros comenzamos nuestra visita por el Hall ceremonial, un bello edificio en el que encontraremos objetos relacionados con el judaísmo y podremos comenzar a intuir lo que supone el famoso cementerio.
Hall ceremonial. Praga.

La Sinagoga de Klaus es la más grande de todo el barrio judío, y fue incluso la segunda más grande de toda la ciudad. En sus salas se alberga la exposición permanente del Museo judío, dedicada a las tradiciones y costumbres de ese pueblo. Su interior barroco en blanco inmaculado otorga aún mayor sensación de amplitud.
Sinagoga Klaus. Praga.

La Sinagoga de Pinkas, por su parte, merece una visita detenida por haberse convertido en el Monumento en memoria de los judíos checos y moravos víctimas de la persecución nazi. Entre los años 1992–1996, en las paredes de la sinagoga se escribieron, a mano, los nombres de 80.000 judíos que murieron a causa del nazismo. En general, esta sinagoga se utiliza como memorial de Holocausto judío.
Sinagoga Pinkas. Praga

Por último, aunque no menos importante, está la visita al cementerio judío, la otra gran parada del barrio judío. Se trata, nuevamente, del cementerio judío más antiguo de Europa, pues data del siglo XV (del año 1439 data la lápida más antigua). Hasta el año 1787 estuvo funcionando, si bien su capacidad quedó superada con creces mucho antes. Es por ello que las lápidas se amontonan y superponen unas con otras, llegando a tener en algunos lugares hasta doce capas superpuestas.

Actualmente hay unas 12.000 lápidas, siendo los residentes más célebres del cementerio el Rabino Loew (1609) y Mordechai Maisel (1601). No obstante, el número de enterrados aquí es mucho mayor, pues muchas lápidas de madera se destruyeron con el paso del tiempo, al igual que otras quedaron enterradas en capas inferiores al suelo actual.
Cementerio judío de Praga

Admirar un rato las lápidas es un entretenimiento muy reconfortante. Muchas lucen símbolos arraigados en la tradición judía como el racimo de uva (símbolo de fertilidad y sabiduría), alcancía (símbolo de beneficencia) o la estrella de David de seis puntas. Los símbolos que servían para indicar el origen o linaje de la persona incluyen manos que bendicen (descendientes de los sacerdotes del templo), vasija y fuente o instrumentos musicales (descendientes de los levitas, servidores del santuario) y también símbolos de animales por nombres personales o de familia (león, lobo, ganso, gallo, etc.) o instrumentos en relieve para indicar la profesión (mortero – boticario, tijera – sastre, violín – músico, etc.). Los epitafios, además de proporcionar datos básicos, suelen contener una variedad de elogios y otros datos interesantes sobre el difunto. La fecha de fallecimiento o enterramiento a veces adquiere la forma de cronograma (letras hebreas tienen valor numérico de acuerdo a su posición en el alfabeto) de era judía que empieza a contar 3760 años antes de nuestra era.

A la hora de obtener más información sobre los monumentos, conocer los horarios y precios por las visitas u obtener un mapa de la ciudad os aconsejo visitar: http://www.prague.eu/es

2 comentarios:

  1. De seguro la pasaste genial no?? oye pero si vas a salir de España, piensa en Asia... por que? pues que sentido tiene ir de un pedacito de Europa a otro jajaja te recomiendo un viaje a Sri Lanka en verano, sus playas y su gente es de disfrutar!!1 te lo recomiendo!!

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    Respuestas
    1. Hola Arturo, gracias por comentar.

      La verdad es que soy, más que un viajero europeo, mediterráneo. Fuera de Europa, estuve en Egipto, Túnez o Turquía, todos destinos que lindan con el mar Mediterráneo. Tienes entradas de ellos en este blog.

      Varios amigos míos han visitado China, La India, Japón y hablaron maravillas. Yo esos "grandes viajes" los tengo en la bandeja de pendientes pues hasta que el pequeño de la casa no crezca un poco no me atrevo a realizarlos. De momento me conformo con las experiencias que me relataron.

      Saludos

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