domingo, 29 de abril de 2018

Gracias a la película Ben-Hur conocemos las carreras de carros romanas


Una de las películas más famosas del siglo XX fue Ben-Hur (1959). Una epopeya dramática ambientada en el antiguo imperio romano en el que seguimos la vida de Judá Ben-Hur, un judío interpretado por Charlton Heston. Enfrentado al malvado romano Messala, quién le llevó a la ruina destrozando a su familia, tomará finalmente venganza en el circo romano, mediante una carrera de carros mítica que se convirtió en una de las secuencias cinematográficas más famosas de todos los tiempos.

Pero, ¿qué parte de verdad y qué de invención existe en aquella carrera?


Lo primero que debemos indicar es que la película de 1959, dirigida por Andrew Marton y Yakima Cannut no fue la primera que llevó a la gran pantalla la obra literaria de Lewis Wallace (Ben-Hur, 1880). Anteriormente, en 1925, el director Fred Niblo realizó una versión verdaderamente meritoria de las carreras de carros llena de emoción, aunque adolecía de ciertas licencias poco históricas que se volvieron a repetir en la posterior película de 1959.

Si en 1925 el coste de realizar el circo romano fue de 300.000 dólares, en la versión de 1959 la construcción se llevó 1.000.000 de dólares del presupuesto total de la película (15.175.000 dólares). Su recaudación, 146.900.000 dólares (en su estreno inicial) nos pone sobre aviso respecto a lo que supone la realización de una película exitosa.



A continuación, vamos a separar los puntos positivos y negativos de la película en cuanto a veracidad histórica se refiere. Empecemos por los puntos favorables de la versión de 1959, los cuales sirven para enseñar al público como era una carrera de carros antigua:

Antes de comenzar la carrera la película muestra una escena en la que Messala y Sheik Ilderim apuestan sobre el posible ganador. Las apuestas en este tipo de eventos estaban permitidas en Roma y los fervorosos seguidores llegaban a jugar grandes cantidades de dinero. Durante los días previos existía en Roma un seguimiento de los participantes, analizando el estado de los aurigas y de sus caballos. Algo similar a lo que ocurre hoy día en los partidos de futbol importantes. Tras obtener toda la información posible los romanos apostaban a favor de sus carros favoritos, añadiendo emoción extra al espectáculo.

También el cuidado que se muestra en la película respecto a los caballos es el adecuado. Eran los auténticos protagonistas, junto con el auriga, y de su salud dependía buena parte del éxito. Como se muestra en la película cada uno tenía un nombre y unas características concretas que aquí debemos intuir: mientras los centrales (iugales) eran los encargados de tirar del carro, los laterales (funales) eran fundamentales para tomar las curvas (de ahí el comentario del ancla al caballo Antares o de la velocidad de Rigel).

La preparación de los caballos en las caballerizas está bastante lograda. Al igual que la preparación de los aurigas. La magia y los amuletos protectores eran de uso común en las carreras de carros y en una escena aparece un competidor anudando una tira de cuero con una imagen a su carro, muestra de algún talismán. Ben-Hur, por su parte, ora al dios de Israel y fija en su pecho un emblema con la estrella de David, lo que también podemos considerar una especie de amuleto mágico en sentido amplio.

La salida se produce cuando Poncio Pilato (organizador de los juegos) suelta el mappa, una especie de pañuelo. Como este gesto no podía ser visto por los participantes (encerrados en las carceres) se tocaba una tuba para dar la salida. En la película se sustituyó por dos grandes banderas como licencia cinematográfica que recuerda a las carreras actuales y la señal del semáforo.

Uno de los aspectos más logrados es la emoción que imprime a la carrera, llena de accidentes (naufragios). Un acierto es mostrar que en las curvas era donde se producían la mayor parte de los accidentes.

Pasemos ahora a los puntos negativos históricamente hablando:

En primer lugar, debemos indicar que los caballos utilizados en el film eran de una talla bastante superior a los utilizados por los antiguos romanos para competir. Tal vez ello se deba al uso de un carro más grande y pesado que los originales romanos, el cual recuerda al utilizado en los triunfos romanos más que los de las carreras. De igual forma, el modo de uncir los caballos tampoco es el correcto.

Antes de comenzar la carrera vemos que el protagonista no se dispone como los antiguos aurigas. En primer lugar, se quita el casco antes de empezar, algo inconcebible en la antigüedad y similar a que un corredor de motos compita sin casco. Sin duda la razón fue que se pudiera ver mejor la cara de Charlton Heston, pero en la película de 1925 el protagonista portaba su casco de cuero y no existía confusión alguna con otros participantes.

Igualmente, las riendas en la antigua Roma estaban atadas a la cintura de los corredores, los cuales llevaban el látigo para manejar a los caballos. Así entendemos la función del cuchillo que todos los aurigas portaban en el cinturón: la de cortar las riendas en caso de accidente y no verse arrastrado por los caballos. En la película las riendas no están atadas al torso y se pierde la esencia que implicaba.



La salida desde las carceres (las cuales carecen de las históricas puertas) tampoco es fidedigna. En este caso, en vez de salir a la carrera, realizan una vuelta triunfal a la pista, a modo de presentación, que no deja de ser otra licencia cinematográfica que persigue mostrar la grandeza de los escenarios.

En la película compiten nueve cuadrigas (el número máximo en Roma era de doce) que representan a diferentes regiones del Imperio. En realidad, las cuadrigas se dividían en facciones representadas por diferentes colores: rojos, verdes, azules y blancos. Y las carreras podían ser individuales (un carro por facción) o por equipos (con dos o tres carros por facción). Pareciera más bien una prueba olímpica que una carrera de carros romana.

Aunque podían participar todo tipo de hombres, los aurigas solían ser esclavos o libertos. En ningún caso solían competir personalidades tan importantes como un tribuno romano o un príncipe judío.

El número de vueltas que aparece en la película es de nueve, cuando en realidad se realizaban 7 vueltas. El tiempo de la carrera son poco más de ocho minutos, lo que le acerca al tiempo real de las carreras romanas, aunque teniendo en cuenta que han dado dos vueltas más.

Uno de los aspectos más llamativos de la carrera es el uso de un carro tipo griego por parte de Messala. Se trata de un carro que posee unas cuchillas en las ruedas capaces de destrozar las ruedas de sus rivales. Esta licencia cinematográfica, realizada para añadir mayor emoción visual a la carrera, es la que más a enturbiado el conocimiento de las carreras de carros romanas. En ningún caso se utilizaban este tipo de carros y su uso no aparece en la obra original.

Igualmente, aunque estaba permitido golpear con el látigo a los caballos rivales, en ningún modo los aurigas podían golpear a sus rivales con el látigo, tal como hace Messala con Ben-Hur.



Hasta aquí la disección de la película de 1959. Recientemente, en el año 2016, Timur Bekmambetov realizó una versión del clásico que aportó nuevas escenas interesantes, históricamente hablando. Sus aciertos, respecto a versiones anteriores fueron los siguientes:



La reconstrucción de las carceres y su salida abriendo las puertas es mucho más próxima a la realidad. Aunque en la antigua Roma no empezaba ahí la carrera como muestra el film. En realidad, al abrir las puertas, las cuadrigas avanzaban hasta una línea blanca desde la cual salían (evitando así iniciales accidentes al llegar a la spina).

El atuendo de Ben-Hur está basado en fuentes iconográficas antiguas, aunque le sigue faltando el gorro y el puñal (como contraste, el de Messala, portando el uniforme de soldado romano es ridículo).

Los carros también son más próximos a los utilizados en la antigua Roma.

En la carrera varios aspectos siguen a las fuentes históricas: salida soltando el pañuelo (mappa); número de vueltas correcto (siete) marcado por el contador de delfines; línea de meta trazada con polvo blanco.

Igualmente, el original sistema de filmar con una cámara GoPro nos adentra en la carrera de una manera que nunca antes habíamos logrado. La sensación de confusión provocada por la gran cantidad de polvo que levantaban los competidores nos hace comprender la presencia de los hortatores (no aparecen en el film), quienes se acercaban a las cuadrigas e informaban a los cocheros de su posición y de la de sus rivales durante las carreras.

Como aspectos negativos debemos indicar varios que se siguen repitiendo en esta versión respecto a sus predecesoras: riendas sin atar al torso, corredores representando regiones y no facciones, salida escasamente real, personas viendo el espectáculo en la spina, excesivos naufragios y accidentes, haciendo hincapié en el aspecto más truculento de los mismos (tal vez nuestra necesidad de sangre sea mayor que la de los romanos) o nula preparación del protagonista (dando la sensación de que las cuadrigas podía manejarlas cualquiera).



Como conclusión podemos indicar que, aunque nos vamos aproximando, aún nos queda mucho para poder ver en el cine una carrera de cuadrigas que se asemeje a la llevada a cabo en la Antigua Roma. Y, tal vez, nunca lleguemos a verla realmente, pues el cine y la historia no utilizan las mismas pautas ni herramientas.

Si queréis conocer más sobre las antiguas carreras de carros romanas os recomiendo leer el libro Hijos de Ben-Hur (Evohé, 2016), de Fernando Lillo Redonet, del cual obtuve la información para realizar este post.


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