domingo, 1 de noviembre de 2015

No merece la pena dormir en Girona


Muchas personas que visitan Barcelona durante una estancia media-larga optan por realizar una visita turística a la próxima ciudad de Girona. No en vano, en mi opinión, tras la capital catalana es una de las grandes joyas de la zona.

La cercanía y la facilidad en la comunicación (trenes frecuentes con poco más de una hora de trayecto) hacen el viaje muy cómodo para una estancia furtiva. Ahora bien, lo anterior resulta contraproducente. Me explico. Girona no puede recorrerse en una jornada. Bueno, se puede, pero no se debe. Y la misión de este artículo consistirá en convenceros de la necesidad de pasar unos cuantos días en esta maravillosa ciudad.

¿Qué no conoces Girona? Amigo, cuando estés allí te preguntarás porqué nadie te habló de ella antes.


A continuación voy a separar en cinco grandes bloques las visitas turísticas que podéis hacer en Girona. Son mis cinco razones de peso con las cuales pretendo convenceros de lo conveniente que resulta visitar esta bella ciudad con calma.

1.     Patrimonio religioso

Fachada de la Catedral de Girona
Tapiz de la Creación (S.XII)
La Catedral de Girona es inconfundible. A pesar del paso de los años siempre la recordarás nítidamente una vez la visites. Y ello se debe a varias características propias que la hacen única. En primer lugar la gran escalera que da acceso a la misma (no apta para perezosos por sus 90 escalones). En segundo su planta única, de una anchura impresionante y sobrecogedora. Sus casi 23 metros de anchura la convierten en la mayor bóveda de crucería gótica del mundo (sólo superada por San Pedro del Vaticano, aunque esta no es gótico medieval). En tercer lugar por la tumba del patrón de la ciudad, Sant Narcis, de quien proviene, según la tradición popular, la frase “por si las moscas” (Cualquier lugareño os contará la leyenda, graciosa pero irreal, como casi todas). En cuarto lugar por el claustro anexo, un refugio de paz y sosiego donde el arte escultórico medieval inunda el lugar. Y por último, las magníficas piezas que atesora en su museo, destacando el famoso, e inmenso, Tapiz de la Creación (S.XII) y el códice del Beatus (S.X).



Sarcófagos paleocristianos de la Basílica de Sant Feliú
La Basílica de Sant Feliu (San Félix) es el otro gran templo religioso de la ciudad. Su fachada es inconfundible, con una torre destruida antaño por un rayo.  De nuevo podremos apreciar la mezcolanza de estilos arquitectónicos, pues su cabecera comenzó siendo románica, las naves se construyeron en estilo gótico y su fachada es barroca.  Aunque lo más destacable de esta basílica es su esbelta y poderosa torre, mitad campanario, mitad torre defensiva a las puertas de la ciudad amurallada. Su interior no es para nada despreciable, pues contiene sepulcros con interesante decoración escultórica, destacando el de Sant Narcis. Pero lo que más me gustó fueron los ocho sarcófagos paleocristianos que decoran el altar. La decoración escultórica de cada uno de ellos merece un buen rato de observación.


Por último, también resulta un paseo agradable acercarse hasta la Universidad de Girona, ubicada en el antiguo Convento de Sant Doménec, destacable por ser uno de los primeros edificios góticos en Cataluña. Merece la pena entrar (a través de la facultad de Letras y Turismo) y admirar su claustro de dos plantas.

2.     Arquitectura civil y militar

Baños árabes de Girona: Vestíbulo
Uno de los atractivos turísticos más conocidos de Girona son los llamados Baños Árabes. Una auténtica ironía, pues a pesar de su nombre fueron construidos en el siglo XII por los cristianos, inspirándose realmente en los baños romanos (origen de los árabes). Su visita es imprescindible, quedando en la memoria de todos la sala de la entrada, destinada a vestuario y característica por su cúpula central sujeta por finas columnas. Parece mentira que en este lugar las monjas capuchinas del siglo XVII tuvieran ubicada la lavandería. Por cierto, no olvidéis subir a la terraza, desde donde podréis admirar unas bellas vistas de la Catedral y de la torre de Sant Feliú.

Las murallas son otro de los grandes atractivos de esta ciudad. En todo el perímetro que constriñe a la ciudad antigua (Força Vella), podemos distinguir tres épocas distintas de construcción: la parte romana la podemos ver en la Plaza de Sant Feliu y en la plaza de Sant Doménec; la parte carolingia, ampliación realizada a partir del año 1000, la observamos en el recorrido que lleva desde la Plaza de Sant Feliu hasta la Torre Gironella así como en los Jardins dels Alemanys. Destacar que se trata de uno de los recorridos de murallas de esta época más extensos de toda Europa; por último, la zona más externa, en la Torre de Sant Doménec, corresponde al camino de ronda de las murallas medievales, las cuales datan de los siglos XIV-XV. Visitarlas es recomendable por ser un magnífico mirador de toda la parte antigua de la ciudad.

Pont de les Peixateries Velles (Girona)
Girona es una ciudad cortada en dos por el río Onyar, lo que ha supuesto la necesidad de construir varios puentes. Y, en verdad, cada uno de ellos tiene su encanto y originalidad. Tal vez, el más vistoso, sea el Pont de les Peixateries Velles, construido en hierro por la escuela de Gustave Effiel en 1877. 

El cercano Pont de Pedra es un ejemplo de estilo gótico y el Pont de Sant Agustí, que conecta con la Plaza de la Independencia es el indicado para los románticos, pues contiene decenas de candados, al estilo del Pont des Ars de París. El Pont d´en Gómez es evocador, por adentrarse en los edificios de colores a través de una vistosa fachada y, por último, el de Sant Feliu tiene el encanto de ser una bonita posta, con la torre de la basílica al fondo.

Las numerosas plazas de la ciudad también son dignas de un tranquilo paseo. La Plaza del Vi es muy monumental, con sus soportales y sus imponentes edificios (Ayuntamiento, Palacio del General…); la Plaza de la Independencia también es porticada, pero posee un ambiente neoclásico más moderno y gran cantidad de restaurantes, lo que la hace tremendamente animada; la Plaza de Sant Feliu, con su famosa escultura de La Lleona (No olvidar el ritual: “el qui fa un petò al cul de la lleona, torna a Girona”) o la Plaza de la Catedral son lugares insignes del casco antiguo; y, por último, no debéis olvidaros pasar por la minúscula Plaza del Raïms, la más pequeña que visité. Se entra a ella a través de la plaza Voltes d´en Rosés, a través de un arco que posee en la zona superior una especie de abertura en forma de “ojo” escrutador (la leyenda cuenta que servía para que los padres espiaran a sus hijos y poder asegurarse que acudían a clase de música, pues allí había una academia anteriormente). Y muy próxima a este lugar se encuentra la Fontana d´Or, un magnífico ejemplo de edificio románico con elementos góticos que tampoco debéis perderos, pues además de su magnífica fachada es sede del espacio cultural de CaixaForum (que siempre tiene una buena oferta de exposiciones gratuitas).  

Escalinata del barrio judío de Girona
Por último, otro lugar encantador, con sus recovecos y calles estrechas, es el Barrio judío. Se trata de uno de los mejor conservados de toda Europa y su encanto consiste en pasearlo tranquilamente, eso sí, con un zapato cómodo, pues las calles empedradas y sus numerosas cuestas y escalones así lo demandan. No debéis perderos la Pda. De la Catedral o las calles de Clavería o Bellimirall, pues ese es el encanto de este lugar. Y, por favor, no penséis que con recorrer la comercial calle de la Força ya lo tenéis todo visto.

En este lugar, además de románticas fotos, tendréis acceso a los principales museos de la ciudad, protagonistas de nuestro siguiente apartado.



3.     Museos

La visita de paso por la ciudad conlleva perderse las joyas artísticas que atesora Girona en sus museos. Si tenéis tiempo de visitarlos no os decepcionarán, pues son pequeños (fácilmente abarcables en una hora máximo) y agradables (no resultan aburridos).

Os recomiendo adquirir la llamada “GironaMuseus”, una especie de pase en donde pagáis la entrada completa en el primer museo y luego el 50% de la entrada en el resto. La podéis conseguir en cualquiera de los museos.

Virgen de la Esperanza. S. XIII-XIV.
Lamentablemente yo no pude entrar a todos por falta de tiempo, pero os describiré lo mejor de cada uno de los que visité. El mejor de todos ellos, en mi opinión, es el Museo de Arte, el cual tiene un gran interés para todos aquellos apasionados del arte románico y gótico de la provincia catalana. Sin duda alguna lo más destacable son las tallas escultóricas, destacando una Virgen embarazada (nunca había visto una) y la sonriente Virgen de la Palera.

El Museo arqueológico está ubicado en el monumental monasterio de Sant Pere de Galliants, el cual forma, junto con la cercana capilla funeraria de Sant Nicolau, uno de los conjuntos arquitectónicos, del románico lombardo, más espectaculares. El museo resulta entretenido para conocer, de forma global, la evolución histórica de la provincia, aunque en mi opinión particular lo noté algo escaso en cuanto a piezas. No obstante, son destacables las numerosas piezas paleolíticas y los variados tipos de cerámica, tanto griega (Crátera de Pontós) como ibérica (Kalathos). Por deformación profesional me agradó encontrar vidrio romano. Y del monasterio que acoge el museo destaco el claustro, con el famoso capitel de la sirena de doble cola.

El Museo de Historia de la ciudad nos descubre la evolución de Girona desde sus orígenes romanos y, entre sus atractivos, está el poder concertar cita para visitar el Refugio Antiaéreo de la Guerra Civil (situado bajo el parque infantil de la Plaza del General Marvá), en donde podréis haceros una idea de lo claustrofóbico que resultaba esconderse allí.

El museo de Historia de los Judíos, también es interesante, pues recorreremos la historia de esta minoría, con especial atención a sus persecuciones y final expulsión en 1492. Hay que tener en cuenta que Girona albergó una floreciente e importante comunidad judía.

Fachada al río Onyar de la Casa Masó
La Casa Masó es otra de las visitas, en mi opinión, imprescindibles. Se trata de la vivienda del famoso arquitecto Rafaél Masó, de quién se pueden observar diferentes obras suyas en la ciudad (La Punxa y la Farinera Teixidor, junto a la estación del AVE son dos de las más notables). La casa es fácilmente reconocible debido a que es la única de color blanco entre el resto pintadas de vivos colores. 

Interior de la Casa Masó
En su visita descubriremos como vivía una familia acomodada de principios del siglo pasado. Además de conservar todos los muebles originales, la guía (hay que concertar visita guiada en el mismo edificio o por teléfono) os explicará las modificaciones realizadas por Rafaél Masó, quién unió cuatro casas anexas e intervino en la decoración de cada una de las salas.


El Museo del Cine es el único que no llegué a visitar, aunque para todos aquellos interesados en conocer la creación y los primeros pasos de este medio de entretenimiento puede ser una visita muy agradable.

4.     Entorno natural

Una de las cosas que más me sorprendieron de Girona fue su permanente contacto con la naturaleza. La ciudad no solo se encuentra próxima al macizo de las Gavarres, lugar perfecto para realizar distintas rutas de senderismo, sino que cuenta con diversos parques urbanos donde respirar aire puro y fresco, además de poder descansar en contacto con la naturaleza.

Entre todos los existentes voy a destacar el enorme Parque de la Devesa, el cual posee un recoleto jardín muy bien cuidado, el Palacio Ferial y el de Congresos además de numerosas instalaciones deportivas; el de las Ribes del Ter (paralelo al río), por su riqueza zoológica; y el de Migdia (próximo a la estación de tren) por su riqueza botánica.

Un paseo muy agradable es el camino que lleva hasta el Monasterio de Sant Daniel, siguiendo la vereda del río Galligants. Son unos 20 minutos de camino que os harán sentir que estáis lejos de una capital de provincia. Y para aquellos que les guste el senderismo, desde el monasterio parten diferentes rutas que harán las delicias de todos.

Además de parques existen diferentes jardines urbanos donde descansar agradablemente de tantas escaleras que tiene esta recoleta ciudad. Merece la pena visitar Los Jardines de la Francesa y de los Alemanes, antiguas casas convertidas en jardines de esparcimiento público.

5.     Rincones encantadores

Lo mejor de la ciudad, teniendo en cuenta todo lo anterior, son los numerosos y encantadores rincones que posee. Para los aficionados a la fotografía será un punto extra en su visita, pues en numerosas esquinas encontraréis auténticas postales.

El lugar más fotografiado de la ciudad, con gran diferencia, son las casas de colores junto al río Onyar. La mejor hora para fotografiarlas son las 16:00h, justo cuando el sol las baña con una agradable luz cálida. Cuando estuve allí se convirtió en una visita obligada diaria, aunque cada vez me paraba en diferentes puntos, para tener una visión global del lugar.

Vista de las casas de colores del río Onyar desde el conocido como Puente de Hierro


Otro lugar muy fotografiado son las escaleras de Sant Martí Sacosta, con su característico arco oblicuo, un lugar emblemático y mágico que no os cansaréis de visitar. Su ubicación céntrica es una de sus mejores bazas para convertir el paso por allí en una rutina.

Ya os hablé de los numerosos jardines urbanos de la ciudad. Especial encanto posee el de la Francesa, en la parte posterior de la Catedral. Desde cualquiera de sus bancos podréis observar la imponente torre románica, llamada de Carlomagno, perteneciente a la catedral románica medieval. Y si os fijáis bien, junto a ella existe una gárgola que posee la figura de una bruja.

Igualmente os recomiendo una relajada subida por el llamado Paseo Arqueológico, junto a los pies de la muralla, que os llevará desde los Baños árabes hasta la zona superior de los jardines anteriores.

Admirar la arquitectura del modernismo y novecentismo desperdigada por la ciudad es otro interesante complemento a la visita tradicional, pues descubriremos auténticas joyas arquitectónicas ocultas por los edificios modernos. Especial atención merecen las obras de Rafaél Masó.

El barrio judío (El Call) es otro lugar donde animo a perderse de forma relajada. Sólo así lograréis empaparos de ese particular entramado urbano, con recovecos, calles estrechas, pequeñas plazoletas…

Por último, comentar que Girona sorprende tanto por la facilidad de su visita, al ser el centro en gran parte peatonal, como por lo reducido de su ciudad histórica. Perfectamente podréis ir de punta a punta andando y todo se encuentra en un radio de 20-30 minutos de paseo. Esto hace que la ciudad resulte tremendamente accesible para todo el mundo, incluso familias con niños pequeños, como la mía.

La llegada del tren AVE a Girona ha resultado ser un gran motor para el turismo. Desde Madrid no llega a cuatro horas el viaje total desde la estación de Atocha, algo realmente asumible para cualquier persona.

Y si se os queda corta vuestra estancia a Girona existen multitud de destinos cercanos que podéis visitar como complemento a vuestro viaje. En otro artículo prometo escribiros sobre todos ellos y sus atractivos principales.  

Ah, se me olvidaba. Aquí os dejo el plano de la ciudad.



1 comentario:

  1. Fantástico resumen de los principales atractivos de la bella y poco conocida ciudad de Girona.

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