jueves, 26 de noviembre de 2015

Isabel I fue una reina intransigente, sucia y déspota



El 26 de noviembre del año 1504, hace hoy 511 años, fallecía en Medina del Campo Isabel I de Castilla, conocida por todos como Isabel la católica. Aunque su deseo era reposar en una sencilla tumba monasterio de San Francisco de la Alhambra, sus restos mortales fueron llevados a la Capilla Real de la Catedral de Granada, donde hoy día aún pueden visitarse.

Este importante personaje de nuestra historia tiene una doble faceta historiográfica. Por un lado se la considera una gran reina, pieza clave de la integración territorial de España y de la unión de los distintos reinos. Por otro lado, existe sobre ella una especie de leyenda negra que nos la muestra como una despiadada gobernante que impuso por la fuerza la unidad religiosa, en base a su intransigencia de pensamiento y utilizando al execrable Tribunal de la Inquisición.

Los dos puntos de vista son defendidos por intereses políticos actuales, mezclándose además multitud de anécdotas falsas que enturbian, aún más si cabe, la realidad de los verdaderos hechos. Por tanto, no está de más poner un poco de orden ante tanta confusión intencionada.

¿Queréis saber cómo era la verdadera Isabel?


El reinado de los Reyes Católicos (RRCC) ha sufrido múltiples interpretaciones historiográficas y, aún hoy día, los historiadores discuten ciertos puntos conflictivos sin llegar a ponerse de acuerdo. Pero fuera de las discusiones académicas, el público profano encuentra una gran confusión a la hora de acercarse a este periodo histórico.

El franquismo utilizó ampliamente la imagen de los RRCC en su provecho. No sólo enseñó en las escuelas que su reinado significó el inicio de la unificación territorial de España, sino que incorporó a su escudo diversas imágenes utilizadas por los RRCC, intentando con ello mostrar la restauración de la unidad española. En efecto, el águila representa al evangelista San Juan, al que la reina Isabel tenía gran devoción; y el yugo y las flechas también son símbolos utilizados por los RRCC, por contener las iniciales de ambos. Por cierto, que lo que aparece junto al yugo no son las coyundas del mismo, sino la representación del nudo gordiano, de gran tradición en la Corona de Aragón.

En sentido opuesto, todos los contrarios al poder central, y orgullosos de su tradición nacional han atacado al franquismo y, de paso, a los RRCC, pues con ello creen fortalecer su ideario. En efecto, si no existió unidad de España con los RRCC, las nacionalidades independientes cobran nuevo vigor.

En este contexto de rabiosa actualidad, el público general puede obtener una visión muy partidista y falsa tanto de los RRCC como de Isabel y Fernando. Pues la defensa que cada ideario político lleva consigo la deslegitimación del contrario, aunque sea con falsedades y medias verdades. Respecto a Isabel, tema que hoy tratamos, la sarta de anécdotas falsas sobre su persona está cerca de lo grotesco. Y lo peor de todo ello es que la mayoría de falsas anécdotas son lo único que llega al conocimiento del gran público.

¿Qué aspecto físico tenía Isabel la católica? No era como Michelle Jenner.

La mayoría de cronistas de la época nos muestran una imagen de la reina donde todo son palabras de elogio. Afirman que en ella confluían las virtudes tanto físicas como morales presentando a una mujer honesta, virtuosa, constante, de loables costumbres, de gran fortaleza física para disimular los dolores, esforzada, prudente, sabia, honesta…

Los cronistas suelen ofrecer una imagen interesada con respecto a quien les paga, por lo que no debemos hacer excesivo caso de tantas alabanzas. Si podemos leer entre líneas algunos de sus comentarios para hacernos una idea más precisa y real de la apariencia física de la reina. Por ejemplo, cuando los cronistas escribían que la reina era gentil de cuerpo, en realidad nos están contando que estaba algo entrada en carnes.

Sin poder descubrir de forma cierta cómo era en realidad Isabel, los historiadores coinciden en indicar que se trató de una mujer peculiar y singular para su tiempo; que supo afrontar el reto que suponía el cargo que le tocó desempeñar, sin dejarse dominar por todos aquellos hombres de la corte que intentaron postergarla a un papel de simple consorte.

Debió tener una gran capacidad de mando, hábil inteligencia y una intuición innata para el gobierno. Varios cronistas aseguran que su carácter era más propio del que poseían los varones, lo que nos transmite una imagen bastante alejada de la que aparece en la famosa serie de TVE.

Isabel la Católica, de autor anónimo (c. 1490). Museo Nacional del Prado (Madrid).

¿Fue una celosa patológica Isabel? No, ni mucho menos.

Aunque muchos consideran que Isabel se casó por amor, lo cierto fue que se trató más de una unión política, más pensada con la razón que con el corazón. Sabemos por las fuentes que Isabel adoraba a su marido y podemos suponer que el amor entre los esposos surgiría tras el matrimonio, con la convivencia común.

Para una mujer enamorada de su marido, las infidelidades de éste debían ser muy dolorosas. Sabemos que Isabel siempre estaba pendiente para evitar cualquier desliz del monarca y que prefería tener en su séquito a veteranas sirvientes que a bellas doncellas. Pero tachar a Isabel de enferma psiquiátrica por tener unos celos desmedidos es ir demasiado lejos.

Fernando, dadas las vagas ideas de fidelidad marital existentes en la época, solía echar varias canas al aire, por lo que los celos de Isabel estaban bastante justificados. Pero al igual que nadie afirma que Fernando era un enfermo obsesionado con el sexo no podemos tampoco inferir por ciertos comentarios que Isabel era una celosa patológica.

Las fuentes nos dicen que ambos monarcas se llevaban muy bien, que no existía ni división ni enojo entre ellos. Aunque podemos inferir que ello fue la norma, existieron momentos difíciles, como en todo matrimonio. El tema de los celos, o la decisión política de Isabel de reinar conjuntamente en Castilla fueron motivos de fricción que no pasaron a mayores gracias a la cintura que supieron tener los soberanos.

¿Por qué se la denominaba a Isabel “la católica”? No fue por ser excesivamente religiosa.

Existe la falsa idea de que Isabel era tremendamente religiosa, una auténtica beata que anteponía la religión a cualquier otro asunto. Por ello, el título de católica parecía estar totalmente justificado.

Pero la realidad es otra bien distinta. El título de católicos fue otorgado tanto a Isabel como a Fernando por el Papa Alejandro VI, el 19 de diciembre de 1496. La bula Si convenit fue otorgada por unas razones muy concretas, a saber: ayuda para liberar los Estados Pontificios del rey Carlos VIII de Francia, esfuerzos por llevar la cruzada contra el Islam y, en concreto, por la recuperación del Reino musulmán de Granada, expulsión de los judíos que no quisieron bautizarse, y por las virtudes de los monarcas en su deseo de unificación y pacificación de sus reinos.

¿Se lavaba poco Isabel? No creo que lo hiciera menos que el resto de monarcas de su tiempo.

La anécdota, tan difundida, sobre que Isabel no se cambiaría de camisa hasta conquistar Granada ha supuesto una hábil forma de acusar a Isabel de ser una marrana (higiénicamente hablando). Todos los detractores de la reina han colaborado en difundir este episodio de su biografía, si bien el mismo es falso a todas luces.

Por un lado, la anécdota pertenece a otra reina, en concreto a su tataranieta Isabel Clara Eugenia de Austria, soberana de los Países Bajos y de Borgoña. La anécdota cuenta que la hija de Felipe II, en el contexto de la Guerra de Flandes, prometió que no se quitaría la camisa hasta que sus tercios tomaran la ciudad de Ostende. Esta ciudad se había pasado al bando contrario y era defendida por las tropas de las Provincias Unidas de los Países Bajos, las cuales resistieron un asedio de tres años (1601-1604).

Aunque algunos historiadores consideran la anécdota anterior como un simple simbolismo pronunciado por Isabel Clara Eugenia de Austria, el hecho de ser referido en dos asedios y la gran carga novelesca que posee tal acción parecen indicar que se trata de un cliché literario utilizado por algunos cronistas. Se trataría, simplemente, de una buena historia.

Respecto a la higiene de Isabel la católica, las crónicas refieren que su confesor, fray Hernando de Talavera, le reprochaba frecuentemente el excesivo cuidado que dispensaba a su cuerpo. Por tanto, no podemos concluir que fuera ligera con su higiene, según los parámetros de la época, claro. Y también sabemos que se sintió muy compungida cuando en los episodios de locura de su hija Juana ésta se negaba a cambiarse de ropa interior.

Si tenemos que dar algo de veracidad al rumor del mal olor corporal de la reina de Castilla debemos situarlo en un momento muy concreto de su vida, justo en sus meses finales. En este momento, debido a la enfermedad que la llevó a la tumba, podemos aventurar a afirmar que desprendería cierta pestilencia.

¿Cómo murió Isabel? No fue hidropesía.

Según relató Pedro Mártir, testigo de la muerte de la reina, ésta murió a causa de la hidropesía, la cual podemos definir como un edema provocado por la retención de líquidos. Pero la hidropesía no es una enfermedad como tal, sino un simple síntoma de una enfermedad subyacente. Y el estudio médico forense actual de los datos recogidos en las crónicas parece indicar que Isabel falleció a causa de un tumor genital.

Según lo reflejado por los médicos de la época, en los últimos años de vida de la reina diversas dolencias fueron haciendo mella en su maltrecho cuerpo. Desde el año 1498 su salud comenzó a declinar: primero sufrió unas fiebres palúdicas, más tarde se le hincharon las piernas por un problema de retorno venoso que degeneró en ulceraciones de los miembros inferiores; a la falta de apetito se le sumó, posteriormente, una úlcera en sus zonas vergonzosas,

Diversos galenos han estudiado los síntomas reflejados en las fuentes para dar un diagnóstico médico. Mientras el doctor Comenge defendía un tumor del recto, la mayoría de especialistas coinciden en asegurar que lo que se llevó la vida de la reina fue un tumor de origen ginecológico. Ahora bien, dentro de esta última enfermedad, algunos abogan por un carcinoma de endometrio y otros por un tumor de vulva.

¿Tuvo que vender sus joyas Isabel para costear el viaje de Colón? No, de ningún modo.

De nuevo tenemos otro falso mito difundido hasta la saciedad. El inventor de tal anécdota fue Hernando Colón, quién la incluyó en la biografía que hizo de su padre La Historia del Almirante. Luego la veremos reproducida en la Historia General de las Indias de fray Bartolomé de Las Casas y, más próximo en el tiempo, en la Historia General de España de Zamora Caballero (1878). El pasaje tuvo tal éxito, que hasta existe un grabado de Antonio Muñoz Degrain refiriéndose a este hecho (Isabel la católica cede sus joyas, 1878).

En realidad la reina aportó la mayor parte del capital, pero no fue la única “socia” en esta empresa. Isabel contribuyó con algo más de un millón de maravedíes, los cuales salieron de los ingresos que tenía la corona. La Corona tenía posibilidad, con su tesoro, de financiar tal empresa sin tener que recurrir a la venta de las joyas personales de la soberana, pues no era una cantidad exagerada. Y, de hecho, no podía hacer uso de sus joyas, pues en aquel momento aquellas estaban empeñadas para costear los gastos de la Guerra de Granada.

Según nos comenta Consuelo Varela: “En las cuentas del escribano de ración Luis de Santángel y del fiel ejecutor de Sevilla Francisco Pinelo se anotó que habían entregado al obispo de Ávila, Fernando de Talavera, 1.157.100 mrs. «para el despacho del Almirante»”.
El resto del coste de la empresa, casi otro millón de maravedíes, fue aportado por el propio Colón (que tuvo que pedir un préstamo para afrontar tal dispendio) y por los armadores de Palos y Moguer, que contribuyeron con las dos famosas carabelas en pago a una sanción anterior que le había impuesto la corona.

¿Subió al trono Isabel de forma legítima? To be or not to be, that is the question!

Existe una duda razonable sobre la legitimidad del ascenso al trono castellano por parte de Isabel. Enrique IV, el monarca al que sucedió, era su hermanastro. Y aunque la había nombrado sucesora (Tratado Toros de Guisando, 1468), en detrimento de su hija Juana, la boda de Isabel con Fernando suponía la ruptura del acuerdo de sucesión (Enrique IV se había asegurado el derecho a elegirle esposo y Fernando no era su opción). El rey volvió a nombrar a su hija su sucesora y la casó con el duque de Guyena, heredero francés. La muerte de éste y la reconciliación del rey con Isabel parece que dejaba todo otra vez como en 1468, pero la muerte del rey en 1474 sin dejar un testamento de sucesión claro conllevó la guerra civil para dirimir quién debía ocupar el trono castellano. Y la nobleza castellana se dividió entre los bandos de Juana e Isabel.

Por tanto, la verdadera cuestión sobre la legitimidad se planteó en el rumor que defendieron los nobles levantiscos contra Enrique IV para amparar los intereses sucesorios de Isabel, es decir, que Juana, la hija de Enrique IV, no era realmente suya, sino el fruto del amor prohibido entre la reina y su favorito, Beltrán de la Cueva; de ahí el apodo de Juana la Beltraneja.

Diferentes estudios han intentado demostrar la posible veracidad del rumor, intentando demostrar la impotencia de Enrique IV. La imposibilidad para tener hijos puede deberse a dos causas. Por un lado, la impotencia coeundi, que se define por la imposibilidad de conseguir o mantener la erección para realizar el coito. Aunque tenemos informaciones de un médico alemán (Münzer) sobre un posible problema de erección del rey, también sabemos que el monarca llevó una vida disoluta y con numerosas amantes, las cuales manifestaron que el rey actuaba en la cama como cualquier otro varón.
Por otro lado, la impotencia generandi se debe a una falta de fertilidad por problemas en los espermatozoides. Aunque no podemos asegurar que el monarca padeciera esta clase de impotencia, resulta extraño que no tuviera hijo alguno con ninguna de sus amantes.

Fuera como fuese, Isabel ganó por las armas la batalla del trono castellano y tuvo buen cuidado de mantener a su rival confinada en un monasterio el resto de su triste vida. El hecho que tuviera mayor o menor derecho al trono que Juana, poco importaría, como ha ocurrido en muchos otros episodios dinásticos de la historia. (Por ejemplo, el ascenso al trono de Juan I de Portugal se tuvo que apoyar en su victoria sobre Juan I de Castilla en la Batalla de Aljubarrota, la cual se impuso sobre los derechos dinásticos).

¿Existió unidad de España en el Reinado de los RRCC? Sí en el ámbito gubernamental, pero no en el ámbito de la administración.

Para la historiografía tradicional el reinado de los RRCC es el inicio de la unidad de España. Para los autonomistas, esa pretendida unión nunca existió. Ambas tesis se basan en un mismo documento, el conocido como la Concordia de Segovia. Mientras algunos ven en él el pacto de unión de ambos reinos, otros lo consideran, precisamente, la prueba que afirma lo contrario, pues su firma se produjo para impedir que una posible unión se produjera. De nuevo, debemos matizar ambas opiniones.

Es cierto que tal documento otorgaba a Isabel la propiedad de Castilla y a Fernando la de Aragón y se redactaba para complacer a la nobleza de cada reino y asegurar que ninguna injerencia externa del reino contrario afectaría posteriormente.
Pero, a la vez, los RRCC tenían en mente lograr, más adelante, la unión dinástica de ambos reinos. Por tanto, la unión de ambas coronas era personal y en ningún modo institucional. Esto se puede apreciar en la existencia de barreras aduaneras o en la pervivencia de sistemas jurídicos y Cortes distintas para cada reino (y distintas en cada reino que conformaba la Corona de Aragón).

La unión de los RRCC no fue la culminación de ninguna tendencia unificadora, como tantas veces se ha dicho, sino simplemente el comienzo del camino hacia la unificación territorial. Es cierto que el comienzo fue titubeante y lleno de suspicacias, pero las acciones de los monarcas parecen mostrar su deseo de que la unión temporal llevada a cabo por ellos mismos cristalizara en una unión permanente.

Otro panorama encontramos tras la muerte de Isabel. Fernando es expulsado de Castilla y se vuelve a casar. De haber tenido un hijo con su segunda esposa, los dos reinos se hubieran separado irremediablemente. Pero no hubo tal nacimiento y con otras coincidencias casuales se llegó a la unión dinástica definitiva gracias a Carlos I.

Respecto a la Concordia de Segovia (1475), el documento firmado parece delimitar las competencias de cada monarca (Isabel gobierno interno de Castilla, Fernando política exterior, ambos administración de la justicia) y delimita la propiedad personal de Isabel del reino castellano (a su muerte pasaría a sus herederos y no a Fernando). No obstante, Fernando no fue relegado a simple consorte, sino que en todos los documentos aparecía como igual a la reina. En 1481 Fernando otorgó los mismos poderes a Isabel en la Corona de Aragón.
Pero este acuerdo formal, pensado para contentar a la nobleza castellana (siempre suspicaz a injerencias externas) tuvo poca importancia a la hora de la verdad; en general, ambos monarcas actuaron de manera conjunta y de común acuerdo.

¿Fue Isabel una intransigente religiosa? No, de ningún modo.

Ya hemos visto que los RRCC deseaban lograr la unión dinástica de ambos reinos en un futuro no muy lejano. Pero durante su reinado apenas tuvieron el valor para eliminar a todos los organismos de gobierno locales que impedían, con sus fueros y privilegios, una unión real. La imposición de la Inquisición en ambos reinos fue, tal vez, su mayor logro en este sentido. Que fuera una medida impulsada desde Castilla no implica mayor fervor religioso de Isabel, sino simple capacidad política. En Castilla no existían limitaciones de Cortes y fueros, por lo que los monarcas podían actuar con mayor libertad en este tipo de cuestiones. Fue por esta razón que los deseos de unión de los monarcas debieron fundamentarse en Castilla de forma principal, convirtiéndose esta  corona en el centro del nuevo estado.

La unión territorial lograda por la unión personal pudo quedarse en nada tras la muerte de Isabel, pues Fernando intentó tener un heredero con una segunda esposa para que gobernara independientemente en la Corona de Aragón. Aunque no conocemos las razones que llevaron a Fernando a cambiar de opinión en sus últimos años de vida, la suerte o el destino no le permitieron cambiar los planes dinásticos acordados con Isabel.

Por otro lado, en aquella época histórica, la unión territorial de un reino no se concebía sin una unión confesional. Bajo este prisma político, y no bajo el de la intransigencia religiosa (tantas veces esgrimida contra Isabel) debemos contextualizar la toma del reino nazarí de Granada o la expulsión de los judíos, una medida que ya había sido adoptada por casi todos los monarcas europeos.

No obstante, a pesar de los esfuerzos regios, tampoco se lograría la unidad religiosa; y como prueba está el episodio de la expulsión de los moriscos en 1609, entre otros muchos.

La anteposición de los asuntos de estado por delante de los religiosos en las decisiones de Isabel queda perfectamente reflejada en su matrimonio con Fernando, pues lo realizó antes incluso de la dispensa papal (recordemos que la necesitaban por su consanguinidad: eran primos al ser sus abuelos hermanos).

Por último, según podemos leer en su testamento, la reina no deseaba evangelizar a los indígenas americanos a toda costa y sus palabras rechazan las formas en las que los conquistadores llevaron a cabo tal tarea:

Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica (...) suplico (...) recomiendo (...) y ordeno (...) que no consientan que los nativos y los habitantes de
dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño lo repararen

¿Tanto monta, monta tanto…? Sí y no.

Aquí tenemos otra de las grandes controversias que persiguen a los RRCC. Para los defensores de la unidad de España ambos monarcas actuaron de forma conjunta, siendo indistintos en la toma de poder. En cambio, para los defensores de tesis autonomistas, la unión no existió como tal de ninguna manera.

Ambas opiniones cuentan con sólidos argumentos con los que defenderse. Para los defensores de esta expresión de tanto éxito, la prueba definitiva de la labor conjunta de gobierno reside en la documentación de la época; en todos los documentos reales aparecen juntos Isabel y Fernando, siendo hoy día muy difícil para los historiadores conocer quién fue realmente el impulsor de algunos mandatos.

Para el bando contrario la expresión de marras era un lema que pertenecía de forma exclusiva a Fernando de Aragón, y la coletilla posterior un añadido que pretendía reforzar la creencia errónea de una unidad entre ambos monarcas. Entre los argumentos que defienden sus tesis sobresale el hecho de no existir una unión real de ambos, pues cada monarca reinaba en su reino, de facto, de manera independiente. El obligado abandono de Fernando del Reino de Castilla al morir Isabel y no incluirle en su testamento, la pervivencia de las distintas Cortes y órganos de gobierno locales de cada reino que componía la confederación de la Corona de Aragón o los problemas de implantación en Aragón de la Inquisición castellana son sólo algunos ejemplos que apoyan tal teoría.

La verdad se encuentra en el término medio. En efecto, la unión de ambas coronas se concibió como una unión personal. Ambos monarcas tenían la soberanía individual de sus reinos. Pero, a la vez, ambos monarcas se movían por un fuerte deseo de potenciar el poder real respecto a las injerencias nobiliares. Por ello, ambos actuaron conjuntamente durante su mandato, no dando ninguna posibilidad a las intrigas de los nobles que buscaban su provecho propio.


Fuentes:

Gargantilla, P.: Enfermedades de los reyes de España. Los Austrias. Esfera de los libros. 2005.
Martín Rodríguez, J. L.: Manual de historia de España. Vol II. La España medieval. Historia 16. 1993.
Pérez, J.: Isabel y Fernando: los Reyes Católicos. Nerea.1997.
Lynch, J.: Los Austrias. Crítica. 2007.
Queralt del Hierro, M. P.: Isabel de Castilla: reina, mujer y madre. Edaf. 2012.
Varela, Consuelo: Isabel la católica y Cristóbal Colón. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006.
Vidal, C.: “Isabel, ¿santa o villana?. En la red: http://www.fraynelson.com/biblioteca/historia_iglesia/isabel_catolica.htm

Conferencia del Dr. Juan José Iglesias: Isabel, la católica, entre el mito y la realidad. VII Ciclo de conferencias: La universidad de Sevilla en Carmona, que organizan la Universidad de Sevilla y el Excmo. Ayuntamiento de Carmona. En la red: http://www.youtube.com/watch?v=6K2azRBQZh4

8 comentarios:

  1. Tan jovencito y cuando escribes parece que hayas estado en la corte de los Reyes Católicos y en la camioneta de los asesinos de Calvo Sotelo. Dedicate a revisar la vista de tus clientes y de paso la tuya.

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    1. Hola Ramón, muchas gracias por comentar.

      Me alegra que los post te trasladen a épocas pretéritas tan vívidamente. Pero el mérito no es mío sino de la documentación histórica y de los historiadores que la han estudiado y analizado.

      Respecto a tu consejo, debo indicar que reviso la vista de mis pacientes a diario, con notable éxito, pues al trabajar en una empresa privada ya me hubieran echado a la calle de no ser así. Y huelga decir que la mía está perfectamente revisada por mis compañeros.

      Lo anterior no me impide, además, escribir, como afición, en este blog. Comprendo que pueda no gustarte lo que aquí aparece, pero ello no es motivo para aconsejar su desaparición.

      Intuyo que en Cataluña andáis con los ánimos muy caldeados y con las opiniones demasiado polarizadas, lo que os hace ver fantasmas en cualquier lugar. Yo creo que en esta vida es mejor sumar que restar. Dialogar que pelear. Tender la mano que retar con el guante. Tolerar al diferente que propiciar su aniquilamiento. En una palabra, convivir en una sociedad plural donde las diferentes opiniones nos ayuden a crecer todos juntos. Pero esa es únicamente mi opinión, que como el culo, todos tenemos uno.

      Si deseas realizar una crítica constructiva no dudes que serás escuchado.

      Un saludo

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    2. Pasa que Isabel és un icono de esas castilla que hace daño. Y lo que hace daño a España es crer q por castilla somos españoles

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    3. Hola administrad@r y gracias por comentar.
      Hoy día está muy de actualidad cuestionarse quienes somos como país y usar la Historia, de forma partidista, para defender el modelo de país que más nos interesa.
      Yo nací en 1977 y la España de ese momento es la que siento como propia. El como llegamos ahí me interesa para conocer el proceso pero no para justificar acciones futuras.
      El franquismo utilizó la imagen de Isabel para su interés y los contrarios al régimen la desacreditaron en el suyo propio. Y ambos se equivocan. Esa es la esencia de este post.
      Y no somos españoles por Castilla, eso está claro. Lo somos porque en algún momento del pasado decidimos serlo. Y si debemos dejar de serlo en el futuro será por otros motivos distintos a imaginarias cuentas pendientes del pasado.

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  2. Hola Diego, yo soy del pensar que la historia de los pueblos nos muestra como llegamos hasta aqui, sin embargo no determinan absolutamente hacia adonde vamos, pues cambios radicales se han visto a pesar de. Por otra parte decidi leer tu blog buscando un poco de información acerca de este personaje de vuestra historia impulsado por iquietudes de un compañero de trabajo que leyo o escucho algo acerca de esto y me pidio verificar la información dado que el es norte americano, pais donde vivo actualmente ya que soy oriundo de Venezuela, y tengo que felicitarte por que me encantan las citas historicas contadas con un buen uso de la narrativa, me ha encatado tu descripcion y esppero sirva esto de aliento para que continues tu trabajo. Un saludo afectuoso de quien se considera desde ahora uno de tus lectores.

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    1. Hola Richard. Muchas gracias por tu valoración tan positiva.
      Tengo un compañero venezolano en mi trabajo al que conozco desde hace muchos años y, tal vez por ello, siento afecto por sus compatriotas. Por ello tus agradecimientos son acogidos con mayor gusto.

      Si te gusta el blog seguro que los pequeños ensayos históricos que escribí te encantarán. Puedes comprarlos en la página web de La casa del libro en formato electrónico por 1,99€. Tienen el título común de Mis Mentiras Favoritas y tratan sobre diversas épocas históricas.
      Saludos

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  3. esta bien saber otros puntos de vista sobre algunos hechos históricos de esta reina tan polémica,
    vengo de una cultura musulmana y las cosas que se cuentan sobre Isabel son increíbles (normal , era su enemiga y lo sigue siendo para la mayoría de musulmanes, esos musumanes que todavía piensan que algún día invadirán Al Andalus para recuperar "sus tierras") lo que me empujo a buscar para saber mas, me encanta la historia y también tengo el privilegio de haber aprendido el español, el mito de que Isabel se ducho en su vida dos veces es el mas extendido en la cultura arabe islamica actual, y luego de que era un monstruo cristiano extremista lleno de odio hacia los no cristianos.
    gracias por el articulo

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    1. Hola Isma, gracias por comentar.
      Lo habitual entre enemigos es describir al rival como un ser odioso (la intransigencia religiosa) y que no respeta costumbres básicas de tu sociedad (el agua y lavarse con ella era algo básico en Al-andalus).
      Así es más sencillo combatirlo.
      Lo hemos visto siempre en la Historia y lo seguimos viendo ahora, con la extendida islamofobia que se vive en Occidente.
      Seguro que alucinaras con ciertos clichés que se dicen de los musulmanes actuales y que son falsos. Cuando negaba ciertas cosas antes me miraban como a un cultureta que les daba pena. Ahora ya no hago comentarios, pues la gente te mira como perdonándote la vida.
      Hoy el enemigo de Occidente es lo musulmán y si no lo odias no puedes combatirlo.
      Una pena que la historia no sirva para aprender de ella.
      Saludos

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