domingo, 22 de diciembre de 2019

Cualquier tiempo pasado fue mejor


Jorge Manrique de Figueroa fue un poeta castellano del siglo XV que pasó a la historia gracias a una obra que forma parte de los clásicos de la literatura española: Coplas a la muerte de su padre.

Esta elegía, escrita con motivo de la muerte de su padre, tiene algunas coplas sublimes sobre la brevedad de la vida humana:

Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando, / cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; / cómo, a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”.

Quedémonos con las últimas palabras y reflexionemos un poco desde la perspectiva de la historia: ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?


Seguro que la siguiente conversación os resulta familiar. Un cuñado de esos que todo lo saben, o un tío listillo que siempre tienen razón terminan minimizando el valor de las medidas actuales de seguridad vial: “Antes a los niños no se les ponía cinturón ni sillas especiales, se cargaba el coche hasta los asientos traseros con bolsas y los coches no tenían airbags ni nada por el estilo. En moto viajábamos sin casco. Y aquí estamos. No nos pasaba nada”.

Estas afirmaciones, alabando un pasado idílico en el que apenas se invertía en seguridad vial, y comparándolo con el costoso presente de sillas infantiles, airbags, frenos ABS… es una falacia. Como se realiza desde la perspectiva de haber sobrevivido tiene un sesgo importante de error. ¿Cuántos de aquellos que hacían lo mismo no están para contarnos que ellos no sobrevivieron?

Una simple gráfica puede servirnos de forma ilustrativa para comprobar lo que las mejores carreteras y las medidas de seguridad vial han logrado en nuestra supervivencia diaria. Este gráfico muestra las víctimas entre 1960 y 2018 en una estadística elaborada por la DGT. Si en 1960 existía poco más de 1 millón de vehículos y 1.300 víctimas, en 2018, con casi 34 millones de vehículos la cifra de muertos es menor: 1180.



La superior tecnología automovilística, las campañas de seguridad vial, las mejores carreteras y la concienciación de la ciudadanía han logrado rebajar estas cifras constantemente y demostrarnos que el pasado, en este sentido, no fue mejor.

Este pequeño ejemplo es uno de los muchos que se pueden utilizar para demostrar que el pasado nunca fue mejor que la actualidad. Nuestra idealización del pasado proviene de una mezcla de nostalgia de la juventud (ningún veinteañero lamenta su pasado), de una idealización falsa de los tiempos pasados (las épocas doradas nunca existieron), de las frustración de los tiempos presentes o del miedo a la incertidumbre del futuro, marcado por cambios cada vez más rápidos.

Ninguna civilización fue mejor que la actual y eso lo sabe cualquier historiador con unos conocimientos mínimos de su disciplina. No obstante, siempre aparecen tendencias a idealizar un pasado concreto, fruto de intereses más políticos que históricos.

Un ejemplo clarísimo es el relativo a la Conquista Española. En numerosos foros encontraréis una América precolombina que se dibuja como una Arcadia feliz donde el invasor europeo destruyó esa civilización idílica. Ahora bien, profundizando un poco resulta que los conquistadores españoles no derrotaron a los aztecas, por ejemplo, ellos solos, sino que lo hicieron ayudados por numerosos pueblos oprimidos por aquel imperio acostumbrado a sacrificios humanos y otras costumbres de dudoso encaje con un paraíso.

La tendencia a  idealizar el pasado no es nueva. Ya existía en el pasado y en las civilizaciones que nos precedieron y de las que provenimos. Los griegos, por ejemplo, crearon el mito de la Arcadia, una edad dorada de abundancia, inocencia y felicidad en donde sus habitantes, pastores y agricultores, vivían en armonía con la Naturaleza.

Pero ese lugar es un mito literario, poético, artístico al fin y al cabo. Arcadia era una zona de Grecia bastante rural y deprimida, con una población bastante ignorante y privada de todo tipo de comodidades, tal como nos la describiría Polibio. Pero la Arcadia imaginaria no se olvidó, pues era un tema artístico de inagotable actualidad. Virgilio la resucitó para los romanos, añadiéndole un vergel exuberante provocado por la eterna primavera; de ahí pasó al Renacimiento y luego se asentó como lugar común de nuestra conciencia social gracias a la labor de escritores como Cervantes o pintores como Sir Joshua Reynolds. Nunca desaparecerá el mito de Arcadia, pues siempre existirán las injusticias y la vejez.

No hace falta viajar mucho en el tiempo para descubrir que nuestro pasado no fue mejor que en la actualidad. Si nos fijamos en la esperanza de vida en España comprobaremos que gracias a los avances médicos y sociales nuestra supervivencia a mejorado notablemente respecto a hace poco más de un siglo.



Y si nuestra esperanza de vida en el año 1900 era de 35 años, ¿qué esperanza tendríamos en el pasado?

La esperanza de vida es la media entre toda la población y en sociedades preindustriales la alta mortalidad infantil condicionaba enormemente este factor, pues le impedía elevarse de manera constante. Si comprobamos como ha descendido en España la mortalidad infantil desde el año 1950 podremos entender mejor el aumento constante de nuestra esperanza de vida.



Este aumento de la esperanza de vida se debe, principalmente, a los avances médicos, a las vacunas y a una mayor concienciación sobre la higiene y la salud por parte de toda la sociedad.

Para comprobar la esperanza de vida en la antigüedad la Universidad de Texas realizó un estudio cuyas conclusiones aglutinó en el siguiente gráfico.



Teniendo en cuenta que la sociedad romana era eminentemente rural podemos inferir que estos datos serían similares para todas las sociedades preindustriales que le sucedieron y, seguramente, mejores de los datos que tendrían sociedades anteriores a los romanos.

Al analizar el gráfico vemos que la mortalidad infantil era enorme, pues el 36% moría antes de cumplir el primer año. Sólo aquellos que sobrepasaban los cinco años de edad lograban tener esperanzas de vida superiores a 40 años. Y sólo 1 de cada mil superaba los 80 años.

A principios del siglo XX la mortalidad infantil aún se encontraba en un 20% pero hoy en día, en el siglo XXI, la cifra no llega al 1% en los países desarrollados. Ello ha provocado que hoy en día, morir a partir de los 60 años sea la norma, cuando en el Imperio Romano esa era la excepción (2%).

Lógicamente, analizar la esperanza de vida, como único dato para valorar si el pasado fue peor que el presente, es algo simplista. Pero no por ello inútil. Hoy en día comprobamos que los países con peor esperanza de vida coinciden con los países más pobres y atrasados del planeta.



¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

La respuesta es NO. Salvo por ciertos momentos puntuales en los que parece que los humanos nos hemos puesto de acuerdo para aniquilarnos mutuamente o para que unos pocos vivan mejor que la mayoría, la tendencia general es que una cada vez mayor cantidad de personas viven mejor y más años que en cualquier momento pasado.

Y ello se lo debemos al progreso científico. A la ciencia y sus avances, que han logrado erradicar enfermedades, mitigar el efecto de algunas (gracias a las vacunas y antibióticos) y lograr que en los países desarrollados la muerte infantil sea prácticamente testimonial.

Socialmente hemos logrado implantar gobiernos cada vez más representativos de la voluntad general de todos los ciudadanos, erradicar la violencia de nuestras sociedades (aunque nunca podremos eliminarla por completo) y generar una conciencia mutua hacia el prójimo.

Todos aquellos que ponen ejemplos pasados como un lugar mejor para vivir sólo tienen que profundizar un poco en su historia social para descubrir lo equivocados que están.

¿La famosa Democracia ateniense? Sólo para algunos.
¿Las grandes villas romanas? Eran la excepción. Un paseo por Pompeya y se comprueba que la mayoría de romanos vivían en una sola habitación.
¿Las bondades de los cazadores-recolectores paleolíticos? Resulta que estos grupos solían desaparecer si las condiciones climáticas empeoraban, tal como les ocurrió a los Homo Antecessor, primeros pobladores de Europa. Y muchos olvidan su costumbre caníbal.

No voy a seguir porque creo que el concepto queda claro. Idealizar un pasado como mejor que nuestra existencia actual no deja de ser una técnica mental de nuestro cerebro para evitar afrontar los desafíos y problemas del presente.

Me despido con una apropiada frase del gran cantautor Sabina: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió” (Con la frente marchita. Álbum: Mentiras Piadosas. 1990).

6 comentarios:

  1. Y no solo estos datos son importantes. El emperador más rico y poderoso de la antigüedad daría su imperio por poder tener la alimentación y las comodidades de que disfrutamos hoy en día. Basta pensar en el WC, grifos de agua potable fría y caliente, dentistas analgésicos o anestesia para darse cuenta de cómo toda nuestra vida sin ellos.

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    1. Hola German, gracias por comentar.
      En efecto, la historia nos ha demostrado que la humanidad, en general, vive mejor cuanto más evolucionada está. No en aspectos puntuales sino para la mayor parte de las personas.
      Hoy en día existen más personas que nunca en el mundo que viven sin sufrir o haber sufrido guerras hambre o calamidades que empeoran su esperanza de vida.
      Y eso es algo que solemos olvidar al no valorar lo que tenemos en la actualidad.
      No obstante, aún nos falta mucho para mejorar como especie.
      Saludos

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  2. El artículo es de un puro cuñadismo anumérico ATROZ

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    1. Hola, gracias por comentar.
      Lo bonito de los debates es que cada persona expone sus conclusiones en base a unos datos concretos.
      Si piensas que hoy en día la mayor parte de la humanidad vive peor que en otro momento histórico tan sencillo como defenderlo con datos.
      Yo creo que hoy en día se vive mejor que hace 50 años. Y hace 50 años mejor que hace 100. Y así sucesivamente.
      Puede que si tomamos a una persona en concreto esta máxima no se cumpla, pero no hablamos de personas particulares sino del conjunto de la humanidad. Y resulta estadísticamente demostrable que la humanidad actual vive mejor que en el pasado en temas tan importantes como la higiene, la medicina o la alimentación.
      Saludos

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    2. Al anónimo: lo que es propio de cuñados es calificar el todo por la parte y no acompañar la crítica con argumentos.

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    3. Hola, gracias por comentar.
      Siempre es interesante para dialogar apoyar las afirmaciones con argumentos. Pero no siempre se quiere debatir.
      Saludos.

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