domingo, 26 de mayo de 2019

Un día visitando Génova


La ciudad italiana de Génova es, turísticamente hablando, una ciudad bastante desconocida. No suele encontrarse en los primeros puestos a la hora de visitar ciudades italianas y su única afluencia mayoritaria proviene, como antaño, del mar. Diariamente atracan en su puerto numerosos cruceros que desembarcan cientos de turistas con poco tiempo para descubrir tan bella ciudad.

Dada esta particular idiosincrasia turística voy a realizar la descripción de la ciudad para todos aquellos que disponen de un solo día para recorrer esta preciosa ciudad. Y esa descripción se basa en mi experiencia personal, pues yo también visité la ciudad de pasada, como una salida extra desde Turín. Os intentaré abrir el gusanillo para dedicarle algo más de tiempo a esta preciosa ciudad, contenedora de grandes sorpresas. Mi recorrido comenzará desde la estación Piazza Príncipe. ¿Os animáis a seguirme?


Desde Turín tenéis trenes cada hora hacia Génova y el trayecto viene durando unas dos horas. En mi caso decidí no madrugar mucho y llegar a Génova a las 10:30H. Lo primero que encontraréis al salir de la estación de tren es la Pizza Acquaverde con su monumento a Cristóbal Colón. Recordemos que estamos en la más que probable ciudad natal del famoso navegante descubiertos de América. 

Tomemos la elegante Vía Balbi, que data del siglo XVII, y dejémonos sorprender por la fascinante arquitectura que atesora Génova. En esta calle vamos a encontrarnos los primeros palacios dignos de mención: El Palazzo Stefano Balbi (Palazzo Reale), el Palazzo Francesco María Balbi Piovera o el Palazzo Balbi Senarega. El primero es uno de los edificios históricos más importantes de la ciudad y bien merece una visita si tenéis tiempo (cosa que yo no tuve). En 1824 fue residencia oficial de los Saboya, lo que nos adelanta la suntuosa decoración que posee y los bellos jardines que dan al puerto. Además alberga en su interior la Galleria di Palazzo Reale, con obras pictóricas de artistas genoveses del siglo XVII además de otros artistas foráneos como Luca Giordano o Anton Van Dyck. También podremos admirar una colección de esculturas, bellos frescos y muebles originales de la época.

La Piazza della Nunziata resulta inconfundible gracias a la fachada clásica de la Basílica della Santssima Annunziata del Vastato. Os sorprenderá su altura, sus lujosos arcos sostenidos por columnas clásicas y los frescos de la bóveda central.


Es hora de dejar los palacios y bajar hacia el puerto, pues Génova es una ciudad que no se entiende sin su relación marítima. Para ver el mar tomaremos la Via delle Fontane, la cual nos llevará directos a una de las dársenas del puerto. Justo al final de la calle nos encontraremos la denominada Porta dei Vacca. Se levantó en 1155 para defender la ciudad antelas amenazas del emperador Federico Barbarrossa que pretendía el homenaje y tributos de los municipios. Génova estaba bastante de acuerdo en cuanto a fidelidad pero no sobre las gabelas. La ciudad se movilizó contra el emperador y según la tradición levantó las murallas en tan solo ocho días. Aquellas, por la parte del mar, terminaban en esta puerta fortificada.

Una poderosa embarcación atraerá inmediatamente nuestro interés. Se trata del Galeón Neptuno, una fiel réplica de un galeón español del siglo XVII que fue utilizado en la película Piratas de Roman Polansky. Si os gusta conocer los entresijos de la vida en la cubierta de una nave de guerra seguro que os fascinará su interior. Dispuesto como decorado de una película, hará las delicias de los más pequeños si viajáis con niños.



Sigamos recorriendo la parte más turística del Puerto Antiguo de Génova. La decadencia que podemos intuir en la ciudad, viendo sus edificios dañados por el tiempo y el salitre, no debe engañarnos sobre este puerto. Antaño peligroso rival de la también italiana Venecia, hoy día es el segundo en importancia en el Mediterráneo, sólo superado por Marsella. La brisa, las gaviotas y la animada vida del puerto nos acompañarán en nuestro recorrido, en el cual descubriremos varios puntos en los cuales entretenernos, según nuestros gustos personales.

El Acuario de Génova es el segundo más grande de Europa y su sola visita bien merece acercarse hasta Génova. Ahora bien, si sólo tenéis un día su visita condicionará todo lo demás. Descubrir todos sus atractivos os llevará un mínimo de tres horas.

Justo a continuación se encuentra El Bigo, una estructura moderna con la que su autor, Renzo Piano, emulaba los típicos brazos de las grúas del puerto. Posee un mirador en lo alto desde el cual poder observar Génova a vista de gaviota.

Justo enfrente de esta estructura se encuentra el Palazzo San Giorgio, actualmente la sede de la Autorità di Sistema Portuale del Mar Ligure Occidentale. De aspecto renacentista y con interesantes frescos en su fachada, en el pasado fue el ente financiero de la República genovesa. Según cuenta la tradición es muy posible que en el siglo XIII fuera la cárcel en la que estuvo preso el célebre Marco Polo, quién dictó a un compañero de celda su famoso Libro de las Maravillas, Il Milione.



En un edificio próximo se encuentra la oficina de turismo de Génova, por si deseáis informaros un poco u obtener un mapa de la ciudad. Dejemos ya el puerto y pasemos de nuevo hacia la ciudad antigua. Debemos dirigirnos a la boca de metro de San Giorgo, atravesando por debajo la sopralevata, una avenida elevada que descongestionó el tráfico de Génova pero que marcó negativamente su imagen desde/hacia el mar.

Un poco más adelante podremos admirar la parte medieval que conserva la antigua cárcel. En vez de entrar a la ciudad antigua por un pequeño arco vamos a girar hacia nuestra derecha y tomar la amplia y comercial Vía de San Lorenzo. Nosotros somos turistas y no invasores dispuestos al pillaje. Por ello es mejor recorrer la ciudad por anchas calles que por los estrechos callejones que encontraréis por toda la ciudad. Denominados caruggi, su estrechez permitía defender mejor la ciudad, pues obligaba al enemigo formar un estrecho frente de batalla. Ya tendremos tiempo de recorrer muchas de ellas más adelante. Ahora ha llegado el momento de admirar la magnífica y medieval Catedral de San Lorenzo. Obra maestra del estilo gótico, palpable en sus escultóricas fachadas, conserva un aire románico por la bicromía negra y blanca de sus muros. Todo ello, junto a sus leones custodiando la escalinata de la entrada, la hacen inconfundible. En su esplendoroso interior se mantiene la bicromía de los muros y no está de más, para quien le guste, visitar su Tesoro. Entre sus reliquias encontraremos las cenizas de San Juan Bautista, el Sacro Cantino (Santo Grial), así como importantes ejemplos de arte religioso.
 
Catedral de San Lorenzo, Génova
En la vecina Plaza Matteotti vamos a poder admirar el Palazzo Ducale. Este edificio, antigua residencia del Dux, es el corazón cultural, histórico y monumental de la ciudad, construido en la época de mayor esplendor del gobierno de la República, a finales del s. XVI. Tiene un núcleo medieval (mirando la fachada desde Piazza Matteotti destaca a la izquierda la torre “Grimaldina” de piedra y ladrillos) y un cuerpo central con dos amplios porticados de finales del s. XVI y principios del XVII. Se reconstruyó, en el s. XVIII, después de un incendio. Los espacios interiores de mayor interés artístico son la Capilla y las Salas del “Maggior e del Minor Consiglio”, profusamente decoradas y pintadas al fresco.
 
Palazzo Ducale, Génova

Porta Soprana, Génova
También sería recomendable entrar en la próxima Iglesia de Gesú, pues guarda algunos lienzos de Rubens y Guido Reni. Y dejándola a nuestra izquierda tomar la calle que sube hasta la magnífica Porta Soprana. Fue construida en 1155 para defender la soberanía de la República ante Federico Barbarrossa, y pasa por ser una de las edificaciones medievales más importantes de la ciudad. Su apelativo proviene de una corrupción lingüística de la palabra Superana, llamada así por estar elevada respecto al resto de la ciudad. Es posible subir en ellas y divisar la ciudad desde sus almenas superiores.

En efecto, esta entrada se encontraba en la colina de Sant'Andrea, razón por la cual, los restos románicos de un claustro que se encuentran a sus pies pertenecían al monasterio de Sant'Andrea. Esta desaparecida construcción sólo mantiene este bello recinto en el que merece la pena detenerse para admirar los arcos y capiteles labrados.
 
Calustro de Sant´Andrea
Junto a este claustro se encuentra, también fuera de las murallas, la supuesta Casa de Colón. Y digo supuesta porque nadie sabe con certeza si fue aquí el lugar en el que Colón pasó su infancia. Se trata de una pequeña edificación de dos plantas constreñida entre edificios modernos. Su visita al interior no merece mucho la pena, pero para gustos los colores.

Volvamos a entrar a la ciudad por Porta Soprana y demos una vuelta por la parte antigua de la urbe, entre estrechos callejones y con el bello campanario de la Iglesia de San Donato como faro. Estas iglesia es una de las más antiguas de la ciudad y, su campanario octogonal, todo un símbolo de Génova.

Desde aquí es muy sencillo volver hacia la Plaza Matteotti, tomando estrechos callejones que desemboquen en Sallita Pollaiuoli. Pero antes de entrar nuevamente en la plaza os recomiendo girar hacia la izquierda en Via di Canneto II Lungo y visitar un pequeño local de comida de pasta riquísima. Se llama Raviolevia. El local es pequeño, se come con cubiertos de plástico, pero la pasta es excelente y te la preparan en el momento. No existe posibilidad de postre, pero así tenemos una buena excusa para probar el famoso gelato genovés en cualquier otro lugar.

Repuestas las fuerzas es hora de ir hacia la plaza principal de Génova, Piazza Ferrari. Una buena opción es atravesando el Palazzo Ducale, pues podremos admirar el patio interior de este edificio. Aunque no es la plaza más grande de la ciudad su amplitud os desconcertará. La fuente central está dedicada a Luigi Raffaele de Ferrari, aristócrata genovés del siglo XIX cuya importancia reside en haber sido uno de los impulsores del sistema ferroviario europeo y, para los genoveses, en haberse convertido en su más importante mecenas. La Plaza contiene increíbles edificios, como El Teatro Carlo Felice, la parte trasera del Palazzo Ducale, el Palazzo della Nuova Borsa, el edificio de la Regione Liguria (de estilo modernista, como el de la Bolsa).
 
Piazza Ferrari
Desde este centro neurálgico podemos realizar diversas rutas. Por los bajos del Teatro llegaremos a la Galleria Mazzini, inconfundible con su bóveda metálica acristalada de finales del s. XIX. También podemos acercarnos al Ponte Monumental en Via XX Settembre, junto al cual se levanta, escondida a la vista y muy escueta, la milenaria iglesia de Santo Stefano, lugar en el cual pudo bautizarse Cristobal Colón. Via XX Settembre, que une De Ferrari y la zona de Brignole, es la vía comercial principal de la ciudad, flanqueada por espléndidos edificios de finales del s. XIX y principios del XX y llena de tiendas en los amplios soportales que posee.

Volvamos hacia Piazza Ferrari y llevemos nuestros pasos ahora hacia Via Garibaldi, una delicia del Renacimiento. Aunque os voy a proponer una pequeña desviación. Es necesario despedirse de la Génova Medieval y ningún lugar es mejor para hacerlo que la encantadora Piazza de San Matteo. Para ello es necesario tomar uno de los más evocadores caruggi genoveses. Tanto la plaza como la Iglesia tienen ese encanto medieval tan difícil de explicar con palabras.
 
Piazza San Mateo, Génova
Via Garibaldi, la antigua “Strada Nuova” del s. XVI, es todo un escaparate de los tesoros de la ciudad. Posee suntuosos palacios llamados de los “Rolli”, unas espléndidas mansiones que la nobleza ponía a disposición de la República para acoger reyes y dignatarios. Los “Rolli” fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2006 y son una evocadora imagen de la potencia económica y financiera alcanzada por la ciudad en los s. XVI y XVII.

Entre ellos, Palazzo Tursi, Palazzo Rosso y Palazzo Bianco hoy son museos. Los  Museos de Strada Nuova” (como se llaman los tres palacios reunidos en un único y acorde itinerario expositivo) constituyen un patrimonio artístico extraordinario. La ocasión que visité Génova yo decidí entrar en ellos tanto por mi gusto por las pinacotecas como porque estaba chispeando.

Comencé visitando el Palazzo Rosso, situado justo enfrente de la taquilla. Se trata de una de las pinacotecas más importantes de la ciudad, pues contiene la colección de la familia Brignole-Sale, con obras de artistas genoveses como Bernardo Strozzi o Gregorio de Ferrari, italianos como Guido Reni, Paolo Veronese, Mattia Preti o Guercino y europeos tales como Van Dyck o Albrecht Dürer. Aunque no posee obras que podamos llamar “maestras” (por ser muy conocidas por el gran público), si resultan muy interesantes si os gusta el arte pictórico religioso y de época renacentista y barroca.

Además del contenido, el palacio también es importante por su continente. Las amplias salas y los magníficos frescos que decoran sus techos son una delicia. Destacaré, por ejemplo, la bóveda de Giovanni Andrea Carlone dedicada a Mercurio y las Artes Liberales.

Existe la posibilidad de subir a la azotea del edificio y poder observar unas bellas vistas de la ciudad y el puerto. Eso sí, a través de una estrecha escalera.



El Palazzo Bianco se encuentra en el lado opuesto de la calle. De nuevo vamos a encontrarnos con una hermosa pinacoteca, la más importante de Liguria, que muestra obras de entre los siglos XV-XVIII de artistas tan conocidos como Rubens, Van Dyck, Memling o David. Como españoles destacan Zurbarán y Murillo. Por supuesto, la presencia de aristas italianos sigue siendo fundamental, destacando Lippi, Procaccini y Caravaggio, así como de genoveses tales como Cambiaso, Strozzi, Fiasella, Piola o Magnasco. En este caso, el recorrido expositivo concluye admirando la bella escultura de Canova, Maddalena Penitente.



Por último, el Palazzo Tursi, con el que conectaremos directamente desde el anterior sin necesidad de salir a la calle, está dedicado a museo de monedas, cerámica y mobiliario de la época. Se trata de una de las residencias privadas más grandiosas de Génova, por lo que admirar sus jardines, escalinatas o salones también forma parte integrante de la visita. No obstante, lo más sorprendente de este museo serán las salas dedicadas a Paganini (1782-1840). En una de ellas podremos admirar el Stradivarius Guarnieri con el que el famoso violinista realizaba sus asombrosas composiciones. Tal era su destreza, que le apodaron el Violinista del Diablo. Y este violín en concreto era el preferido de Paganini, al que incluso le puso una denominación: il mio cannone violino (mi violín cañón), por la potencia y la robustez de su sonido. En la misma sala se encuentra una colección de artefactos que pertenecieron en vida a Paganini, tales como el estuche, el último juego de cuerdas que utilizó, diversas cartas y, frente a su violín, en una urna similar a la del Cannone, la copia construida por Vuillaume y que fuera propiedad de su alumno Camilo Sivori.



Ya es hora de volver a la estación, pues estaremos cansados de recorrer una ciudad tan bella y evocadora. Ahora bien, no podéis pensar que este recorrido, con ser completo, os sirve para tachar esta urbe en vuestra lista personal. Génova esconde múltiples encantos que aconsejan dedicarle unos cuantos días más. Algunos de ellos son los siguientes:

La terraza de Belvedere, a la que se accede en el ascensor Liberty (desde Piazza del Portello), posee unas magníficas vistas del casco antiguo y de todo el puerto.

La Lanterna, faro histórico y símbolo de la ciudad, situado al final del puerto.

El Palazzo del Príncipe Doria. Edificio renacentista único en Italia, sus habitaciones interiores nos muestran la riqueza que llegó a tener esta familia. Delante de la villa, los jardines bajan hacia el mar destacando, en el centro, la Fuente de Neptuno.


Un paseo en barco por el puerto. En cosa de una hora podremos disfrutar, desde el mar, del fascinante panorama que ofrece Génova.

El Museo de Arte Oriental Chiossone, el más importante en su género en toda Europa.

El Museo del Mar Galata. Gran museo de cinco plantas dedicado a la historia marítima. Lo mejor son las réplicas de los navíos, las áreas interactivas y la posibilidad, con un suplemento, de poder visitar el interior de un submarino.

El Arco de la Victoria. Imponente estructura arquitectónica situada en la plaza del mismo nombre y que, hoy día, es un centro de ocio característico de la ciudad. La plaza está rodeada de lugares de interés, tales como el Liceo Classico Statale D’Oria o la Scalinata del Milite Ignoto, en la cual podremos admirar un jardín con tres carabelas realizadas con flores que representan el primer viaje de Colón a América.

Museos del Parque de Nervi. En los parques de Nervi surge el polo museológico dedicado al arte de los s. XIX y XX, formado por la Galería de Arte Moderno, las colecciones Raccolte Frugone (pinturas finales siglo XIX) y Wolfson (artes decorativas) y el Museo Giannettino Luxoro (residencia señorial de principios del siglo XX.


El Cementerio Monumental de Staglieno, un museo al aire libre y uno de los más bellos de Europa en su género.

Boccadasse. Característico barrio marinero con su pequeña playa (de pago), sus barcas llamadas “gozzi” y sus casas con los colores típicos de Liguria.


Espero que os gustara este día en Génova.

Si deseáis tener más información sobre esta ciudad os recomiendo visitar su web oficial de turismo: http://www.visitgenoa.it/es/iat


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