domingo, 22 de julio de 2018

Una escapada dominguera cerca de Madrid (VI): El monasterio del Paular + Ruta la Cascada del Purgatorio

Hoy os voy a proponer un plan muy interesante para pasar un domingo en familia. Se trata de realizar una de las rutas de senderismo más famosas de la Comunidad de Madrid, la que lleva hasta la Cascada del Purgatorio, una caída de agua verdaderamente bella.

Como no todo va a ser naturaleza, para los amantes del arte esta ruta tiene otro importante atractivo, pues podemos finalizar nuestra jornada visitando el Monasterio de El Paular, una belleza en plena sierra madrileña.


¿Os apetece descubrir este paraje?

¿Cómo llegar?

Desde Leganés, en el sur de Madrid, existen dos formas de llegar hasta el Monasterio de El Paular, en cuyo amplio aparcamiento se inicia nuestra ruta.

La manera más cómoda es coger la M-40 y, más tarde, la M-30, con el objetivo de alcanzar la A-1 dirección Burgos. Dejaremos atrás Alcobendas y San Sebastián de los Reyes hasta Lozoyuela. Nada más pasar dicha localidad tendremos la salida 69 y cogeremos la carretera M-604, la cual nos llevara al valle del Lozoya. Cruzaremos todos sus pueblos, incluido Rascafría, y a un kilometro y medio tenemos el parking del monasterio. Existe otro Parking algo más adelante, el de la zona de las Presillas, pero en este caso cuesta 5€ el estacionamiento.

La otra opción consiste en tomar la M-40 hacia Alcorcón y, más tarde, tomar la autovía del noroeste A-6. Al llegar a Collado Villalba cogemos la salida 39 y nos dirigimos hacia la M-601, dirección Puerto de Navacerrada. Una vez llegado a lo alto del puerto debemos tener la precaución de girar inmediatamente a la derecha para coger la M-604 dirección Cotos (o nos pasaremos a Segovia). Tras la subida de este otro puerto llegaremos al monasterio. Esta segunda opción resulta algo más pesada por las numerosas subidas, bajadas, curvas y ciclistas.

¿Cómo es la ruta?

La ruta hacia la Cascada del Purgatorio tiene las siguientes características:

·        Distancia: 13 Km (6,5 Km de ida y otros tantos de vuelta).
·        Dificultad: Media. Tiene un desnivel de 315 metros y la última parte tiene una subida entre piedras. Se puede realizar con niños pequeños si están acostumbrados a andar (el mío la hizo con cuatro años sin problema).
·        Duración: Entre 5-6 horas dependiendo el tiempo de esparcimiento y dejando un hueco para comer en el camino.
·        Mejor época: la primavera y los días nublados, pues no existen demasiados lugares con sombra en el camino.

Descripción de la ruta

El inicio de la ruta comienza en el Puente del Perdón, junto al Monasterio de El Paular. Su nombre proviene de la costumbre de realizar los juicios junto a este monumento que cruza el río Lozoya. Los reos apelaban al tribunal en el puente y, si eran perdonados, cruzaban el mismo evitando ser ahorcados (en un lugar a 2 Km. en el puerto de Cotos).



Actualmente, a la entrada del mismo, se encuentra una pequeña casa de madera que constituye el centro de gestión del Parque Natural de Peñalara. En este lugar os informarán de las distintas rutas por la zona.

Hay que cruzar el puente para continuar de frente por la pista asfaltada que atraviesa la Finca Los Batanes (a los niños les encantará ver las ovejas) y que, 300 m después, deja a mano izquierda el acceso al Albergue Juvenil Los Batanes. 175 metros más adelante, hay que pasar una valla metálica  para poder seguir por la pista asfaltada hasta que el camino se ramifica, momento en el que hay que continuar recto (también podemos caminar por el de nuestra derecha, pues ambos nos conducen al mismo lugar más adelante). Tras recorrer 375 m más, el camino vuelve a ramificarse. La ruta sigue de frente, dejando a mano derecha el acceso al Área Recreativa de Las Presillas. Este es un lugar de esparcimiento y baño muy frecuentado en verano.

A los pocos pasos, el camino deja de estar asfaltado y la ruta comienza a realizarse sobre tierra. En este tramo es posible ver numerosas vacas pastando, lo que agradará a los más pequeños. No obstante, tener precaución de no molestarlas. Como indicativo general, este camino de tierra no debemos abandonarlo salvo en dos puntos, en los cuales deberemos girar a la izquierda según nos marca la señalización.

Una vez recorridos 200 m, para poder seguir de frente, es necesario pasar entre unos muros de piedra. Al rato, el camino se ramifica. Debe seguirse recto hasta llegar a una nueva bifurcación en la que, una vez más, se continuará recto. En ambos casos debemos seguir por la pista principal. Unos 225 m después, se llega ante otra bifurcación y tal y como indica la señalización, debe seguirse por la pista, que se abre a nuestra izquierda.

Así se llega al arroyo del Aguilón, uno de los más caudalosos afluentes del río Lozoya. Hay que cruzarlo por un puente para seguir por la pista que, a partir de este momento, empieza a ascender. Cuando el camino vuelve a bifurcarse, seguir nuevamente por la pista, tal como indica la señalización, la cual gira hacia nuestra izquierda. Tras andar 525 m, se llega a una puerta de ganado que hay que pasar para continuar por la pista que, 560 m después, a la altura de un panel informativo sobre la ruta, debe abandonarse para tomar el camino de la izquierda, como vuelve a indicar la señalización.

Al llegar frente al río, debemos cruzarlo por un puente de madera y seguir su curso hacia nuestra derecha hasta alcanzar una finca vallada. Esta finca debemos bordearla por la derecha, siguiendo un estrecho sendero del que no hay que desviarse en ningún momento y que se adentra en una zona de vegetación agreste compuesta por densos bosques de pinos silvestres. 250 m más adelante, hay que cruzar el arroyo del Aguilón por un puente de madera. Debe continuarse recto en todo momento y en paralelo a su cauce. En este tramo los más pequeños disfrutarán con el rumor del agua y con la búsqueda de renacuajos o lagartijas. Es bueno que cojan fuerzas suficientes, pues nos falta el último kilómetro de la ruta, sin lugar a dudas el más duro, debido a la subida y el camino irregular lleno de piedras.

Recorridos 880 m desde que se cruzó el arroyo, la ruta sigue ascendiendo entre las rocas. Sin embargo, antes de continuar el itinerario, es recomendable tomar el camino que desciende hacia la derecha y que conduce a una primera cascada de menores dimensiones que constituye un pequeño aperitivo de lo que uno se encontrará 25 m más adelante. La ruta continúa ascendiendo entre rocas, como indica la señalización. 100 m después, cuando el sendero se bifurca, hay que ir por la izquierda.

Tras superar una zona escarpada, se llega al mirador de la Cascada del Purgatorio, donde concluye la ruta y desde donde se obtienen las mejores vistas de uno de los parajes más bonitos de la Sierra de Guadarrama. La Cascada del Purgatorio son dos espectaculares saltos de agua que forma el arroyo del Aguilón y que descienden entre las rocas creando una bellísima estampa. El punto final del itinerario es también un magnífico lugar para observarse la inmensa silueta en vuelo del buitre negro, ya que está incluido en las 7.869 hectáreas de superficie que ocupa la Zona de Especial Protección para las Aves Alto Lozoya (ZEPA) que congrega la mayor población nidificante de esta especie en toda la Comunidad de Madrid. En la cascada y sus inmediaciones no está permitido el baño pero la mayor parte de los excursionistas ocupan sus piedras adyacentes para comerse sus bocadillos.

La vuelta se realiza por la misma ruta, razón por la cual no veo necesidad de reproducirla nuevamente en sentido contrario. Confío en vuestra buena memoria reciente.

No obstante, existe una ruta alternativa (no señalizada) que permite realizar la vuelta por otro camino paralelo. Cuando lleguemos al puente que salva el arroyo del Aguilón, en vez de cruzarlo de vuelta, podemos tomar un camino que sigue de frente, atravesando una portilla. Este camino terminará juntándose con el otro un poco antes del área de las Presillas, y nos ofrecerá nuevos paisajes que no hemos visto a la subida, además de ser un poco más corto. Atravesaremos algunas zonas donde hay animales pastando, por lo que recordar cerrar los portones por los que paséis. En el camino encontraremos un par de bifurcaciones, pero básicamente se trata de evitar los caminos que salgan hacia la derecha, para mantenernos siempre cercanos al río (tramo alternativo, no señalizado). Finalmente saldremos al camino principal a pocos metros de Las Presillas.

¿Qué podemos hacer por la tarde?

Como ya os comenté al principio del artículo, esta ruta tiene un doble encanto. En primer lugar por la parte de senderismo y contacto con la naturaleza de la sierra, algo que les encantará a los más pequeños. En segundo lugar, por la visita cultural que nos permite realizar antes de marcharnos a casa. Me refiero a la visita al Real Monasterio de Nuestra Señora Santa María de El Paular.


Se trata de un monasterio fundado por orden de Enrique II de Castilla a finales del siglo XIV. Los cartujos fueron los encargados de realizar los trabajos de construcción y habitar el primer cenobio de San Bruno en Castilla. No obstante, hoy día, los cartujos ya no habitan sus muros. Una pequeña comunidad benedictina de 10 miembros es la que mantiene el lugar activo y abierto a las visitas, las cuales tienen una parte guiada y otra abierta.

Resulta fundamental realizar la visita guiada, pues será donde nos expliquen y muestren las verdaderas joyas artísticas que atesora este lugar. Por tanto, os aconsejo consultar los reducidos horarios en su página web: http://monasteriopaular.com/.

De todos modos, y con el objeto de contaros un poco en qué consiste la visita a este monasterio, os voy a describir el recorrido que yo realicé cuando lo visité.

Nada más sacar las entradas vamos a esperar a que nos lleven al interior del monasterio en un claustro moderno en el cual se exponen, en murales explicativos, las diferentes reformas realizadas en el lugar para recuperar el patrimonio histórico deteriorado. Tras la desamortización de Mendizabal de 1835 los cartujos abandonaron el recinto, el cual pasó a manos privadas. La falta de cuidados apropiados fue degenerando el lugar, hasta que la guerra civil le dio el toque de gracia. La sierra, en campo republicano, sufrió el expolio y la destrucción de unas tropas escasamente afines a la iglesia. En 1954 el Paular recuperó la vida monástica de mano de los monjes benedictinos (los cartujos no vieron capaz recuperar el monasterio) y poco a poco fue recuperando el esplendor que tuvo antaño. Hoy día, los monjes realizan las visitas guiadas, regentan la hospedería y dirigen las misas en la iglesia.

Tras reunir al grupo nos conducirán al patio interior que se encuentra al lado de la iglesia. Para llegar a él debemos atravesar una larga galería con techo constituido por una bóveda de cañón. No obstante, lo verdaderamente original es el empedrado del suelo. Justo antes de llegar al patio existe un curioso mosaico floral realizado con huesos de animales.



Subiendo unas escaleras accederemos al atrio de la iglesia (lugar que en el pasado se compraban las entradas). Hoy día, en este atrio, esperamos la llegada del monje que nos acompañará en el recorrido. Saldrá por la puerta de la iglesia, un bellísimo ejemplo de decoración de la época de los Reyes Católicos. Realizada por Juan Guas, esta entrada renacentista se compone de unas hojas labradas, tres arquivoltas ojivales bellamente decoradas y una piedad policromada en el tímpano, sobre la puerta. En ella podemos leer VIDETE SI EST DOLOR SICUT DOLOR MEUS, que viene a significar algo así como mira a ver si existe dolor como el mío.


Lo primero que nos sorprende de la iglesia es su bóveda barroca con decoración rococó, pues sería de esperar un templo de trazas eminentemente góticas. Ello se debe a la destrucción del artesonado mudéjar que cubría la techumbre original a raíz del terremoto de Lisboa.

La iglesia posee una sola nave y, como la costumbre cartuja, se dividía en tres tramos. El primero se destinaba a los seglares y está separado del resto por una magnífica reja de hierro forjado y policromado, obra del cartujo Fray Francisco de Salamanca, la cual se considera una obra maestra.



El segundo tramo está constituido por el coro de los hermanos conversos, mientras que el tercero, junto al presbiterio, se reservaba para los monjes. Las sillerías del coro son otra obra maestra. Talladas en madera de nogal por Bartolomé Fernández, poseen diversos motivos religiosos, tanto escenas como personajes bíblicos. Antes de la desamortización fueron trasladadas a la iglesia madrileña de San Francisco el Grande, no volviendo al Paular hasta el año 2003.

Con todo, lo más importante de la iglesia es su retablo de alabastro policromado. Además de por su original material (suelen realizarse en madera), su valor reside en la excelente decoración escultórica que posee, que lo convierten en uno de los más bellos de Castilla. Presenta 17 escenas bíblicas repartidas en cinco niveles:

·        Parte inferior: Virgen con el niño en una escena en la que dan de comer uvas a un pájaro. Se encuentran rodeados de ángeles con instrumentos musicales de la época. Dos puertas muy decoradas se disponen en los laterales de la imagen principal.
·        Primer piso: aparecen seis escenas que relatan desde la Anunciación hasta el nacimiento de Jesús  y la adoración de los Reyes Magos.
·        Segundo piso: cuatro escenas nos muestran la Presentación del Niño en el Templo, El Bautismo en el Jordán, la Última Cena y el Prendimiento.
·        Tercer piso: cuatro escenas nos muestran la Flagelación ante la presencia de Herodes, el Camino del Calvario, la Crucifixión y por último el Descendimiento o Piedad.
·        Último piso: dos únicas escenas nos relatan la bajada de Jesús al Limbo, figurado como la boca de un gran dragón y a la derecha la Resurrección.


Todo el retablo termina coronado por el clásico Calvario y se encuentra adornado por múltiples esculturas de distintos santos y santas (39 en total). Una reciente limpieza hace que su esplendor sea lo más próximo al original.

Por una entrada lateral de la iglesia accederemos a la antigua sala capitular, hoy reacondicionada como capilla auxiliar para realizar las misas en verano. Lo más destacado de esta capilla es su retablo barroco del siglo XVIII, obra de Churriguera. Como curiosidad indicar que el lugar principal del retablo, hoy día ocupado por una imagen de la Inmaculada, fue antaño habitado por una imagen de San Bruno.

A continuación atravesaremos un par de salas hasta llegar a otra de las joyas de este lugar, la capilla del Sagrario. Obra maestra del barroco español realizada por Francisco Hurtado. Nada más llegar nuestras miradas se sentirán atraídas hacia la zona del Transparente, una estructura hexagonal, realizada en distintos mármoles, que alberga un Sagrario monumental. Una gran custodia barroca de plata ocupaba el centro, aunque fue robada durante la invasión francesa. Interesante resulta fijarse en el suelo, de excelente factura y decorado con motivos vegetales.

 




















El resto del espacio se compone de una capilla octogonal con forma de cruz griega decorada en estilo rococó, con cuatro capillas (en muy mal estado de conservación) y tres altares que contiene santas bíblicas (Santa Lucía y Santa Catalina) y santos cartujos (San Bruno y San Antelmo).

Nuestra siguiente parada es el refectorio. Se trata de una alargada sala gótica en la que los monjes realizaban las comidas en silencio mientras un monje leía la biblia desde el púlpito elevado. Hoy día sólo se utiliza en festividades por la congregación. La sillería es sencilla, sin elaborados tallados como en la iglesia, y la verdadera joya de la sala son un par de enormes paneles pintados. El superior es una crucifixión, mientras que el inferior se trata de la Última cena de Tiziano, copia realizada por Eugenio Orozco para el Paular y que, tras la desamortización, fue a manos del Marqués de Cerralbo. Durante muchos años estuvo en su casa museo, hasta que se decidió trasladarla a su lugar original.

 
















El final de la visita consiste en atravesar un diminuto claustro que comunica con todas las salas anteriormente visitadas. Lo más destacado de este lugar es la decoración, en la mitad inferior de sus muros, con azulejo de Talavera.

Hasta aquí la parte de la visita guiada. La visita libre comienza en la misma entrada a la iglesia y, a través de un pasillo, nos conduce al claustro en el que se encontraban las celdas de los antiguos monjes. En otro tiempo este claustro se visitaba tanto por sus galerías como por su jardín interior, aunque en esta ocasión no podremos acercarnos al bello templete que corona el centro de su jardín. Por el contrario, los muros de las galerías se han poblado con excelentes paneles que conforman la serie pictórica más ambiciosa de los monjes cartujos.

 


Encargada a Vicente Carducho en 1626, se trata de una serie de 56 lienzos de grandes dimensiones destinados a este claustro mayor. Hoy día podemos admirar 54, las cuales siguen un orden cronológico de la historia de los cartujos:

Los primeros 27 ilustran aspectos vitales de San Bruno de Colonia, fundador de la orden.
Un segundo grupo se concentra en hechos notables realizados por los cartujos en diferentes lugares de Europa y muestra aspectos característicos de los cartujos, tales como su retiro a lugares apartados de gran belleza, su vida de humildad y penitencia y su dedicación al estudio y la oración.
Un último grupo relata diversas persecuciones y martirios sufridos por la orden cartuja entre los siglos XV y XVI.

Vicente Carducho, el artista más respetado de la corte madrileña de aquelal época, fue el encargado de realizar este complicado trabajo, tanto por las grandes dimensiones de las obras como por la necesidad de seguir una narrativa precisa. La serie se realizó entre los años 1626 y 1632 y se mantuvo en este lugar hasta la desamortización de 1835.

A partir de esta fecha, las pinturas sufrieron múltiples deterioros cuando se conservaron, primero, en el convento de la Trinidad y, más tarde, se distribuyeron por diferentes instituciones y museos. En el año 2002 se inició el proceso de recuperación de los paneles, lográndose unificar la serie en el año 2006. No obstante, la llegada al Paular se retrasaría hasta el año 2011.

Y hasta aquí la visita al Monasterio de El Paular. La primera vez que visité este monasterio fue en el cambio de milenio y, desde entonces, numerosos cambios han enriquecido las entrañas de este magnífico lugar. Si hace tiempo que no lo visitáis no dudéis en acercaros, pues os sorprenderá el cambio a mejor que se ha producido.

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