domingo, 8 de julio de 2018

Las islas Canarias se descubrieron en la Edad Media

Cuando pregunto a alguien profano sobre la historia de las islas Canarias las respuestas tienen más que ver con la leyenda mitológica que con la realidad histórica.

Son muchos los que remiten la denominación al Jardín de las Héspérides en vez de la realidad de su denominación. Pocos conocen cuando se produjo el primer poblamiento de las islas o si permanecieron ocultas para los europeos hasta la llegada de los invasores castellanos. Todo ello vamos a descubrirlo en un breve repaso. ¿Os interesa?


¿Cuándo fueron pobladas las islas Canarias por primera vez?

Se han emitido diversas teorías sobre el momento exacto en el que fueron pobladas las islas Canarias por primera vez. Puesto que no tenemos fuentes escritas, los historiadores han tenido que buscar la respuesta en los restos arqueológicos.

Las dataciones por radiocarbono no retrasan los primeros vestigios más allá del siglo I, por lo que debemos descartar poblamientos prehistóricos. Esta idea se refuerza al analizar en detalle los restos materiales de los primeros canarios, pues ni la industria lítica ni costumbres prehistóricas africanas (como la mutilación dentaria) están presentes en las islas. Tampoco la existencia del buey en las canarias, animal típico del Neolítico africano nos induce a pensar en un posible poblamiento prehistórico.

Por tanto, dado el seguro entroncamiento de los aborígenes canarios con lso antiguos beréberes del norte de África, debemos concluir que el poblamiento se realizó ya en época histórica. Y, en este sentido, la tesis de J. Alvarez Delgado suele ser una de las que más peso sigue teniendo en este tema. Según sus palabras, las canarias “fueron descubiertas paulatinamente y exploradas por marinos gaditanos, por el griego Eudoxo y el romano Estacio Seboso entre los años 125-25 a. C. Juba II de Mauritania, por mandato y con consentimiento de Augusto, a cuyo imperio pertenecían, las pobló y colonizó con gétulos del África cercana en el último cuarto del siglo I a. C.”.

El problema del primer poblamiento de las islas ya fue tratado en época moderna y, tal vez, sea adecuado recordar aquí las palabras al respecto de Fray Alonso de Espinosa (1594) “que la [opinión] mía es que ellos [los guanches] son africanos y de allá traen descendencia, así por la vecindad de las tierras como por lo mucho que frisan en costumbres y lengua… Y añade: Sean los que quisieren, desde que hay gente en estas islas hay memoria de más de mil quinientos y tantos años”.

Resulta interesante distinguir entre primer poblamiento y conocimiento de las islas Canarias, algo que vamos a tratar en la siguiente pregunta.

¿Existen noticias de las islas Canarias en la Antigüedad?

Dejando a un lado la posible identificación de las islas Canarias con los Campos Elíseos o el Jardín de las Hespérides que relataran los griegos, algunos vestigios arqueológicos apuntan a una lejana presencia de fenicio-libios en Canarias, quizá atraídos por la riqueza pesquera de sus aguas, la madera de sus bosques y otros recursos naturales.

Antes pudo ser que las islas fueran descubiertas en el periplo del cartaginés Hannón el navegante, el cual realizó un viaje de circunvalación africano hacia el siglo VI a. C.

Sea como fuera, la descripción más antigua de las islas Canarias se debe al geógrafo latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) y se basa en datos recogidos por algunas expediciones a las entonces llamadas “Islas Afortunadas”. La existencia de estas expediciones las tenemos confirmadas arqueológicamente debido a la presencia de diversas ánforas romanas que datan del siglo IV d.C.

Plinio relató el viaje del rey Juba II de Mauritania a las islas en el año 40 a.C. y fue el primero en utilizar el término Canarias para referirse a la isla de Gran Canaria. El nombre fue otorgado debido a la captura de dos grandes perros mastines que fueron capturados por Juba y llevados a Mauritania. Ambos animales aparecen en el actual escudo de armas de Canarias, recordando la identificación de la isla con los canes que allí existían. La denominación como Canarias para todo el archipiélago deberá esperar algo más, aparece citado por primera vez en el siglo IV, en el libro Contra los Gentiles, del escritor norteafricano Arnobio de Sica.

El geógrafo hispanorromano Pomponio Mela las situó por primera vez con exactitud en un mapa y en el mapa de Ptolomeo (S. IV), el meridiano cero pasa por la isla de El Hierro (Junonia para los romanos), el punto más occidental del mundo conocido hasta entonces.
 
Mapa de Ptolomeo (S.IV) en el cual aparecen las islas Canarias
Pero los romanos no tenían gran interés en las islas, comercialmente hablando, por lo que, poco a poco, se fueron olvidando de ellas. Entre los siglos IV y XIV las islas parecen desaparecer de la historia. El choque de civilizaciones entre el Occidente cristiano y el Islam, así como la importancia de Bizancio o el ataque de los norteños vikingos determinó que las palabras de Junior Philosopho, en el siglo IV, fueran tomadas al pie de la letra: “Más allá de las Columnas de Hércules todo es un yermo solitario y, según algunos, allá está el fin del mundo”.

Son muy esporádicas las referencias que podemos encontrar de ellas en el medievo. Al-Khaledat es de los pocos escritores árabes que remiten noticias (S. X), por lo que podemos inferir que los árabes debieron visitar las islas en el medievo.


¿Quiénes fueron los que redescubrieron las islas Canarias por primera vez en época medieval?

Existe la certeza de ciertas arribadas esporádicas a las islas por navegantes europeos en el medievo, aunque la más reseñable fue la del genovés Lancelot Malocello hacia 1312, siendo considerado el redescubridor del archipiélago.

La presencia de Lancelot en el archipiélago está atestiguada en las cartas naúticas del siglo XIV (portulano de 1339 del judío mallorquín Angelino Dulcert), donde la isla de Lanzarote, a la que dio nombre, se encuentra representada por el escudo de Génova. Allí permaneció varios años y, según algunos, murió luchando contra los isleños.

¿Quiénes intentaron por primera vez la conquista de las islas?

Muchas personas profanas en el tema piensan que los castellanos fueron los primeros que intentaron conquistar las islas Canarias. Pero antes de ellos hubo otros personajes que abrieron el camino para la conquista final del archipiélago.

El nuevo descubrimiento, la exploración y la conquista de las islas Canarias podemos contextualizarla dentro de la expansión bajo-medieval que tiene lugar en Europa a partir del siglo XIV.

En un primer momento, al calor de la prosperidad mercantil, genoveses, mallorquines y catalanes protagonizaron la exploración y expansión por el atlántico en busca de nuevas riquezas que explotar. El fracaso de esta primera expansión europea por las islas Canarias se debió, fundamentalmente, al escaso valor comercial de las mismas y a la crisis económica de la segunda mitad del siglo XIV, la cual obligó a centrarse en los mercados más productivos.

Dentro de esta primera fase de nuevo contacto tenemos el nombrado viaje de Lancelot Malocello, el cual abrió el camino a otros posteriores. En 1341 se organizó desde Portugal una notable expedición, comandada por Nicoloso de Recco. El viaje del capitán genovés proporcionó una detallada descripción del archipiélago y sus habitantes, pues sabemos que visitó Fuerteventura, Gran Canaria, El Hierro, Gomera y La Palma. A su regreso a Lisboa, tras cinco meses de estancia, el literato Giovanni Boccaccio escribió un retrato sobre el pueblo guanche, basándose en los datos que le había dado Da Recco.

Y en 1342 llegaron a Gran Canaria dos expediciones mallorquinas, las primeras de una empresa evangelizadora de gran calado. La Iglesia se interesó mucho por las islas Canarias y el papa clemente VI constituyó las islas como reino, concediendo el título a Luis de la Cerda, almirante de Francia y miembro del linaje real castellano. El objetivo era promover una cruzada de evangelización y conquista de las islas Canarias.

El proyecto quedó sin realizarse debido a la incipiente lucha de Castilla y Portugal por los derechos de prioridad sobre la conquista. Si los portugueses basaban sus derechos en el viaje de Da Recco, que lo hizo como almirante lusitano, los castellanos alegaban su prioridad en base a ser los legítimos herederos del reino visigodo, en el cual se encontraba la Tingitana (Mauritania). Algo falso (tanto que perteneciera al reino visigodo como que las islas Canarias se incluyeran en Mauritania) pero que sirvió para pelear diplomáticamente.

Las empresas evangelizadoras fueron constantes a partir de 1351 y la iglesia llegó a erigir el obispado de Fortuna en el poblado aborigen de Telde (Gran Canaria).

La segunda fase de expansión europea ocupó el siglo XV y, en esta ocasión, la protagonizarán castellanos y portugueses, dos estados florecientes deseosos de crear imperios marítimos. Ahora comenzará la verdadera conquista material del archipiélago.

Podemos indicar que el primer viaje con intención de conquista fue organizado desde Castilla en el año 1393, en tiempos del rey Enrique III. La expedición terminó siendo tanto de exploración como de saqueo (esclavos), algo que fue una norma a partir de entonces. En el cambio de siglo los aborígenes canarios conocieron la voracidad depredadora de los europeos, lo que debió preparar sus mentes para soportar la siguiente fase en esta relación, la del sometimiento. Tal vez, la falta de metales preciosos determinó que la presión no fuese excesiva en estos primeros momentos.

La verdadera conquista de las islas Canarias por los europeos dura casi un siglo, comenzando en 1402 con el desembarco en Lanzarote del normando Jean de Bethencourt. Sí, habéis leído bien. Un normando, que organizó la expedición desde el francés puerto de La Rochelle, es el primero que intenta conquistar las islas Canarias.



Las hazañas conquistadoras de Jean de Bethencourt quedaron reflejadas en la crónica francesa Le Canarien, donde se incluyen también diversos comentarios sobre la naturaleza de las islas, las costumbres y las creencias de sus habitantes.

Los normandos lograron conquistar Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera. Los castellanos estuvieron hábiles en la diplomacia y Enrique III acogió la empresa bajo su protección soberana, aceptando el vasallaje del conquistador. No obstante, esta inicial conquista tuvo una duración breve (hasta 1408) y escasamente productiva, pues se fracasó en el intento de tomar Gran Canaria.

Estas islas, que pasaron luego a otros propietarios castellanos, se conocen como Islas de Señorío, diferenciándolas de La Palma, Gran canaria y Tenerife, denominadas Islas Realengas debido a que su conquista fue avalada por los Reyes Católicos.

Entre 1418, momento en el cual los Bethencourt, viendo el escaso interés económico de sus conquistas, ceden sus derechos feudales al conde de Niebla, Enrique de Guzmán, y 1477, momento en el cual la Corona interviene directamente en la empresa de conquista, la empresa canaria estará protagonizada por aristócratas sevillanos.

El interés estratégico de las islas Canarias en la expansión atlántica hizo que castellanos y portugueses rivalizaran por el archipiélago. La presencia castellana en aquellas islas perturbaba los planes portugueses de expansión en el norte de África y su descenso hacia el sur, razón por la cual intentaron primero desplazar y, luego, compartir el dominio de ellas con los españoles.

Fracasadas sus expediciones a La Gomera (1424) y a Gran Canaria (1427), intentaron la mediación pontificia en el conflicto, también sin éxito. Desde entonces, incapaces de lograr sus objetivos, decidieron apoyar a los indígenas rebeldes perjudicando la conquista castellana. El asunto no se resolvería en primera instancia hasta 1454, cuando España y Portugal acordaron la posesión castellana del archipiélago a cambio del monopolio portugués en la navegación hacia Guinea. Nuevos intentos portugueses de intervención en el archipiélago, a partir de 1460 y en el contexto de la guerra de sucesión castellano-portuguesa, fueron definitivamente abortados gracias al tratado de Alcaçovas-Toledo (1479).

Hasta 1476 los reyes castellanos habían actuado en las islas a través de poderes señoriales interpuestos. A partir de aquella fecha, con la ruta marítima hacia el oro de Guinea ya abierta, y en plena guerra contra Portugal, la Corona tomó la decisión de intervenir directamente y asegurar la conquista y dominio de aquel importante enclave atlántico, evitando, al mismo tiempo, la temida competencia lusitana.

   A tal efecto, y previa una minuciosa información, se reconoció a los Peraza el señorío sobre Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, pero la Corona se reservó el dominio total de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, con ánimo de emprender la conquista efectiva de aquellas islas mayores, pero no mediante el envío directo de tropas, sino asentando capitulaciones con eclesiásticos y capitanes encargados de llevarla a efecto, según el mismo procedimiento que más adelante se siguió en América, al considerar que era empresa de importancia menor dentro del contexto general de la política regia.

La crónica de la conquista está detallada en numerosos lugares y excede de la intención de este artículo, por lo que únicamente indicaré que la conquista terminará definitivamente en 1496, cuando Alonso Fernández de Lugo logre someter definitivamente a los guanches de Tenerife.

¿Fue la conquista castellana tan sangrienta como en América?

La evangelización es un aspecto básico de la incorporación de las islas al mundo europeo, no sólo porque abarca los aspectos religiosos, intelectuales y morales de la aculturación, sino también porque define un tipo nuevo, menos inhumano, de relaciones entre indígenas y conquistadores.

Sin este elemento protector, la suerte de las poblaciones indígenas habría sido todavía mucho peor: dado que los canarios no eran infieles, como los musulmanes, sino paganos, susceptibles de ser incorporados directamente a la Iglesia, era preciso respetar la libertad de sus personas si aceptaban pacíficamente la presencia de misioneros y el dominio político cristiano-europeo.

Esta fue la tesis que prevaleció, la que impidió un proceso esclavizador generalizado, la que convirtió en abusos perseguidos por las autoridades eclesiásticas y monárquicas lo que de otra forma hubieran sido usos indiscutidos, al no pesar aquella mínima consideración de derechos humanos derivada de la reflexión religiosa. Que tales abusos se cometieron, y en gran número, es cierto, pero también lo es que en Canarias se quiso aplicar un criterio distinto, más humano, en el contacto entre dos sociedades, y esto no sólo en el terreno de los principios, sino también en el de la práctica.

No obstante, es cierto que existieron abusos y esclavizaciones, tal como hemos indicado. Aunque existían numerosas disposiciones pontificias que prohibían toda clase de depreciaciones y reconocía la libertad de los aborígenes para facilitar la acción misionera, cuyo apoyo se premiaba con diversas indulgencias, así como la redención o manumisión de canarios cautivos, es cierto que la guerra de conquista incumplió en numerosas ocasiones tales disposiciones.

A pesar de ello, un número apreciable de indígenas logró integrarse en la nueva cultura y fundir su sangre con la de los nuevos habitantes de las islas Canarias. Pues no olvidemos que, al contrario que en otras empresas colonizadoras futuras, la conquista de las islas Canarias, una vez efectiva, supuso incorporar al archipiélago y a sus habitantes como unos miembros más, en igualdad de condiciones, de la sociedad castellana. Aquí no existió la dicotomía de metrópoli o colonia, pues el archipiélago se incorporó como un miembro de derecho más al nuevo imperio español que estaba conformándose.

¿Qué importancia tenían las islas Canarias en la época Moderna?

Las islas Canarias tuvieron una importancia decisiva en el devenir de Castilla y del futuro imperio español.

En primer lugar, habría que indicar que no haber tenido Castilla la posesión de estas islas es muy probable que no se hubiera embarcado en la aventura propuesta por Colón y que terminó, como todos sabemos, con el descubrimiento del continente americano. No sólo fue fundamental en el primer viaje colombino, sino que supuso un punto geográfico fundamental en el trayecto al continente americano como pista de lanzamiento.

Igualmente, el contacto con los aborígenes canarios, cuya situación era tan primitiva que desconocían la agricultura o los metales, fue una experiencia enriquecedora y formativa para el posterior encuentro con los indios antillanos. En muchos sentidos Canarias fue una experiencia colonizadora de vital importancia para los castellanos, la cual les enseñó y capacitó para llevar a cabo empresas posteriores de mayor calado.

Una vez sometidas y repobladas las islas Canarias, a su importancia como escala de aprovisionamiento de materias primas se le unió la de aportación de hombres. Ya en 1526 Montejo, en su viaje hacia el Yucatán, reclutó hombres en Tenerife, abriendo una costumbre asentada en el tiempo y que iniciaba la notable emigración de canarios hacia América. El estudio de los apellidos nos permite observar el gran trasplante de población canaria en América.

Desde las islas Canarias no sólo partieron hombres y suministros básicos, sino que llevaron a América productos europeos. Un buen ejemplo de ello es la caña de azúcar, llevada desde San Miguel de la Palma. Con ella se elaborarían los famosos rones caribeños.


El nuevo poblamiento de las ciudades americanas tiene su precedente más inmediato en la urbanización de La Laguna e incluso aspectos arquitectónicos, como el uso del barroco, las techumbres mudéjares o los balcones con celosías tienen su origen en la arquitectura canaria.

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