domingo, 3 de diciembre de 2017

El calendario actual proviene de los romanos (II)



El mes pasado comentamos diversas curiosidades de nuestro calendario actual y su relación con los calendarios del mundo antiguo. Vimos que nuestra tradición grecolatina está muy presente en él, aunque también somos hijos del Renacimiento, el cual lo modificó en su forma actual.

Como continuación imprescindible hoy vamos a descubrir las semejanzas y diferencias existentes en nuestro calendario mediante el estudio de la etimología y las festividades celebradas en Roma. Seguro que os vais a sorprender mucho.


¿Os interesa saber porqué comenzamos el año en enero o porqué los nombres de los meses de nuestro calendario no tendrían sentido para un romano?




Enero (Ianuarius) era el mes dedicado al dios Jano (Ianus), una deidad poderosa, cuyo nombre significa puerta y se considera símbolo del cambio. Se le representa con dos caras, que simbolizan el pasado y del futuro. Y aunque algunos piensan que se debía al cambio de año, originalmente no fue así.

El año romano comenzaba en marzo hasta que las guerras celtíberas obligaron a cambiar el inicio del año civil. Así, en el 153 a.C. se comenzó el año el 1 de enero, con el objeto de poder reclutar con tiempo las tropas que debían ir a luchar en la Península Ibérica.

En enero los romanos celebraban diversas fiestas. El 1 de enero se intercambiaban felicitaciones y palabras de buen agüero, así como un aguinaldo en honor a la diosa de la salud Strenia. Tal aguinaldo se retrasó posteriormente unos días para hacerlo coincidir con la fiesta de las Saturnalia, siendo el precedente de nuestros regalos navideños. Por otro lado, el día 5 se honraba a los muertos en la Compitalia y el 15 se festejaba en honor a Carmenta, patrona de las matronas.

Febrero (Februarius) era el último mes del año republicano (o el penúltimo según la fuente que tomemos) y su nombre provenía de la palabra februa, que se relaciona con la fiebre y los instrumentos de purificación. Algo muy unido entre sí, pues la fiebre se consideraba antaño como purificadora.

En este mes de retrospección interna se realizaban diversos sacrificios y ofrendas que pretendían calmar posibles iras de los dioses contra agravios cometidos en el año.  La fiesta más importante del mes era el día 15, las denominadas Lupercales, en honor al dios Fauno. Aunque relacionada con la fecundidad, puede que sea el origen cristiano de San Valentín.

Marzo (Martium) era el primer mes republicano y el tercero tras el ordenamiento juliano. Estaba dedicado al dios Marte, originalmente dios de la vegetación y luego de la guerra. Esto se debía a que era el inicio del ciclo anual de la temporada de guerra. Pero los romanos no olvidaban que también era el mes en el cual terminaba el invierno y comenzaba la primavera, símbolo de la regeneración del mundo. Por ello, en la víspera del día 15 (los famosos idus de marzo en los que fue asesinado Julio César) se celebraba la Mamuralia, fiesta que consistía en expulsar de la ciudad a un viejo que representaba el invierno. Por el mismo motivo el día 5 se celebraba el Navío de Isis, una procesión en navío que celebraba el final del cierre de las rutas marítimas. Otras fiestas de este mes eran la Liberalia (luego llamadas Bacanales por la mutación del dios Liber en Baco), celebradas el día 17 y erradicadas por la iglesia por impúdicas; o los Quincuatros, fiesta de los artesanos asimilada por el cristianismo con la de San José;

Abril (Aprilis) era un mes consagrado a la diosa Venus. Etimológicamente proviene del nombre etrusco de la diosa (término apru-), aunque Ovidio y Plutarco también nos referían la acepción de abrir (del latín aperire), como símbolo del esplendor del mundo vegetal y el inicio de las cosechas.

Sea como fuere, este mes congregaba las celebraciones a Venus el día 1, a Cibeles (Megalenses) el día 4 y a Ceres (Cerealia), inventora de la agricultura del 12 al 19. El día 15 se tenía costumbre de sacrificar a la diosa madre tierra, Vesta, treinta vacas preñadas para asegurar una buena cosecha. Otras fiestas dedicadas con la vegetación eran Vinalia, en honor a Júpiter, protector de las viñas, el día 23 o Floralia, en honor a Flora, diosa de las flores, el día 28.

Como curiosidad decir que el emperador Nerón, siguiendo una costumbre anteriormente llevada a cabo por otros insignes personajes romanos, intentó cambiar el nombre de este mes y denominarlo Neroneus en honor a su nombre. Su trágico final y la victoria de Vespasiano (contrario al neronismo) hicieron que la medida no prosperara.

Mayo (Maius) tiene un confuso origen etimológico. Por un lado algunos defienden que debía su denominación a la diosa Maya, madre de Hermes (el Mercurio romano).  En cambio, otros abducen que proviene de la palabra maiores (mayores), siendo un mes consagrado a su respeto.

El primer día de mayo los comerciantes ofrecían en honor a Maya sus mercaderías y en los barrios se levantaban en su honor floridas capillas, lo que podría estar detrás de la actual festividad andaluza de las cruces de mayo. Y el 15 tenían lugar las celebraciones en honor a Mercurio, dios de los comerciantes. Igualmente, en este mes existía una celebración doméstica muy importante, la denominada Lemuria, una serie de rituales realizados por el Pater Familias encaminados a aplacar a los lémures, versión maligna de los lares que podemos asimilar con los malos espíritus.

Junio (Iunius) tiene una complicada etimología, pues su denominación podría proceder de un par de diosas. Lo más lógico sería pensar en la relación con la diosa Juno, esposa de Júpiter. Pero Ovidio también nos muestra la posibilidad de tratarse de un mes dedicado a la diosa Hebe, bajo su advocación de diosa de la juventud (Iuventas). En este caso, este mes enlazaría con el anterior, que como vimos podía estar consagrado a los mayores. Este mes, comienzo del verano, se consagraría entonces a los jóvenes (iuniores).

No obstante, el poeta romano también nos transmite otra opción, pues el nombre del mes podía provenir del término iungere, que significa unir. Lo que transmitiría una idea de concordia y lo volvería a conectar con la diosa Juno, una de cuyas atribuciones era proteger los matrimonios.

Sea como fuere en este mes las celebraciones más importantes eran el día 4, momento en el que se celebraba la destrucción de Troya y la huída de Eneas, fundador mítico de Roma; y el 23, festividad del solsticio de verano. Los romanos conmemoraban en este día tanto el matrimonio de Júpiter y Juno como el recuerdo al legendario rey de roma Servio Tulio. En honor a este importante personaje se pasaba la noche en vela y se encendían diversas hogueras, las cuales se saltaban un número impar de veces con el objetivo de lograr buenos augurios para el futuro. Una tradición solidificada por el cristianismo en la Noche de San Juan.

Mosaico de las cuatro estaciones. Villa romana de Hellín (Albacete).


Julio (Iulius) era el quinto mes del calendario republicano, razón por la cual se denominaba Quintilis. Fue posteriormente, con la divinización de Julio César tras su muerte cuando se decidió cambiar su denominación por la que actualmente conservamos. La propuesta, promovida por Marco Antonio durante su consulado conmemoraba el mes de nacimiento de su idolatrado mentor.

Este mes estaba consagrado a la diosa de la sabiduría Minerva y el día 20 se celebraban las Panateneas (herencia de su equivalente griego, Atenea). Las damas nobles regalaban a la diosa una lujosa túnica, con la cual sacaban a la imagen en procesión. Una costumbre que aún se conserva en nuestro país.

Otras festividades importantes era la Neptulania, el día 23, cuyo objetivo era conjurar la sequía en honor al dios Neptuno; o los juegos organizados en honor al recuerdo de Julio César, los cuales se celebraban desde el día 20 hasta el final del mes.

Agosto (Augustus), anteriormente denominado Sextilis, debe su denominación al emperador Augusto, quién le cambió el nombre republicano cuando recibió el primer consulado (en calidad de su cargo como Pontífice Máximo y con la unanimidad del Senado). Además, de colocar su nombre a continuación del de Julio César, dando idea de continuidad, añadió un día más a este mes con el objeto de igualarlo con Julio. Para ello, ni corto ni perezoso,  quitó un día al mes de Febrero, que se quedó con 28 y varió los días del resto de mes para mantener la alternancia entre 30 y 31 días.

Este mes estaba dedicado a la diosa Diana y en su honor, el día 13, se realizaban diversos ritos en su honor, los cuales duraban hasta el día 15. Para muchos, la actual fiesta de la Virgen no deja de ser un recuerdo de esta celebración pagana. El día 23 se celebraba Vulcanalia, en honor al dios del fuego Vulcano, cuyo objetivo era proteger a los romanos de los incendios estivales, un peligro típico de los veranos en los climas mediterráneos.

Septiembre (September) se denominaba así por ser el séptimo mes en época republicana y aunque hubo varias propuestas para cambiarle el nombre ninguna terminó cuajando. El Senado le ofreció la opción a Tiberio, sucesor de Augusto, por seguir con la tradición iniciada con la constitución del Imperio, pero el emperador se negó abduciendo que al terminar los meses del año esta tradición se convertiría en un problema. Otros emperadores no fueron tan modestos y tanto Calígula como Domiciano intentaron denominarle Germánicus, nombre que no prosperó dados los enemigos que se crearon ambos emperadores durante sus respectivos mandatos.

Este mes estaba consagrado al dios Vulcano, aunque las mayores festividades del mes se realizaban en honor al dios de la medicina, Esculapio, el día 3, y en honor al dios Baco, el día 6, momento en el cual se representaban los misterios dionisíacos.

Octubre (October) significaba octavo. Domiciano intentó denominarlo con su nombre y durante su mandato lo bautizó así, pero la medida fue tras su muerte.

Se trataba de un mes lleno de fiestas agrícolas, destacando la Tesmoforia, fiesta en honor a la diosa de la agricultura Ceres. También tenía lugar el Armilustrio, ceremonia con trompetas que anunciaba el final de la temporada de guerra.

Noviembre (November), que significa noveno, era un mes muy importante, pues era el momento de arar los campos y sembrarlos. Pero la gran carga de trabajo condicionaba la escasez de fiestas presentes en estas fechas. Tal vez, lo más destacable, fueran los Ludi Plebeii, unos juegos plebeyos que duraban del 4 al 17.

Diciembre (December), denominado de esta forma por ser el décimo en el calendario original republicano, tenía como fiesta más relevante las Saturnales, precedente directo de nuestras actuales fiestas de Navidad. La gran fiesta en honor al dios Saturno comenzaba el día 17 y se prolongaba hasta el 23. Toda Roma se paralizaba, los amos y esclavos intercambiaban sus posiciones y todos los miembros de la familia recibían regalos (los esclavos recibían una paga en dinero o especie, algo aún celebrado hoy día entre los asalariados). Banquetes y procesiones se celebraban sin parar, precedente de nuestros carnavales.

El final de esta festividad coincidía con el solsticio de invierno, conmemorándose el día 25 la celebración del día del Sol Invicto, una deidad cuyo culto fue muy importante a partir del emperador Aureliano. Casualmente coincidía con Mithra, Shidarta (Buda) y, posteriormente, con el nacimiento de Jesucristo. Una muestra más del sincretismo y la adaptación de las religiones por sustituir, de forma sutil, los viejos ritos por los nuevos.

La denominación de los días del mes por los romanos tampoco se parecía a la nuestra (instaurada por los visigodos, por cierto). En vez de guiarse por los números cardinales, como nosotros hacemos hoy día, fijaban su atención en tres días concretos denominados Kalendas (1), Nonas (5 o 7) e Idus (13 o 15) y nombraban al resto en relación con estos tres. Pero esto, ¡ya es otra historia!


FUENTES:
Monzón Acosta, Ignacio: Curiosidades del mundo antiguo. Medea.
Historias de la Historia: Etimologías de los meses del año. En la red: http://historiasdelahistoria.com/2016/01/06/etimologias-de-los-meses-del-ano
Historias de la Historia: Calendario Archivos. En la red: http://historiasdelahistoria.com/tag/calendario/page/2

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