domingo, 15 de noviembre de 2015

La miopía no se puede frenar


Uno de los errores refractivos más comunes que tratamos en nuestras consultas los ópticos optometristas es la miopía. Y esta palabra es una de las más temidas por los padres que traen a la óptica a sus hijos. Existe una conciencia general sobre lo pernicioso que es este defecto refractivo y su fatal característica principal: el aumento de graduación con el tiempo.

Muchas son las personas que nos preguntan si existe una manera de frenar el avance de la miopía. En principio, la contestación no suele ser muy halagüeña. Escucharéis que la miopía es normal que avance con el crecimiento, con el exceso de carga en distancias próximas… Todo eso es cierto, relativamente. Existen muchos tipos de miopías y, por tanto, muchas maneras de corregirlas optométricamente hablando.

En este post no os voy a aburrir con una larga definición de las distintas miopías que conocemos, ni con los numerosos tratamientos, en muchos casos experimentales, que intentan controlarla. En cambio, os voy a presentar mi problema de miopía y la manera que tuve de compensarlo y, en parte, controlarlo.


Muchas personas piensan que la miopía es el error refractivo más común entre la población. Y si nos atenemos a nuestra labor profesional diaria en las ópticas, podríamos tener esa sensación. Es cierto que atendemos a numerosos miopes todos los días, pero también lo es que, por sus características, es un error refractivo con una rápida sintomatología en casos incluso de bajísimas graduaciones.

Esto significa que un miope de -0.50 Dp vendrá a la óptica con su problema, cosa que no hará, por ejemplo, un hipermétrope con la misma graduación, generalmente asintomática hasta el inicio de la presbicia.

El mejor estudio que he encontrado sobre la prevalencia de la miopía lo tenemos disponible en la red en este enlace.

Se trata de un estudio sobre la “Prevalencia refractiva en una población mediterránea española” y fue realizado por el compañero de profesión Santiago García Lázaro en el año 2010.

El estudio mostró los resultados porcentuales de diferentes errores refractivos, mostrándose tanto porcentajes totales como los encontrados para diferentes grupos de edades, comprendidas entre 1 y 90 años.

Pues bien, si nos fijamos en sus resultados comprobaremos que el porcentaje mayor total corresponde con hipermétropes (51,49%), seguido por miopes (24,59%) y emétropes (23.92%).

Ahora bien, si nos fijamos en las distintas franjas de edad comprobamos que la miopía tiene un alta incidencia en los grupos de 11-20 años (36,56%), 21-30 años (47,61%) y 31-40 años (37,29%), afectando en estos casos a más de un tercio de la población.

Esta alta prevalencia de la miopía en jóvenes y adultos jóvenes se suele explicar por la alta demanda de trabajo en cerca demandada en esas edades. Tenemos que tener en cuenta que las dos primeras franjas analizadas anteriormente son la principal época de formación escolar y universitaria. Luego, la miopía en la edad adulta joven no deja de ser una consolidación permanente de esta miopía generada con anterioridad.

En muchos lugares podréis leer que no existe una relación directa, científicamente demostrada, entre exceso de trabajo en cerca y miopía. En efecto, no existe ningún estudio que permita afirmar aquello. Pero no existen estudios de ese tipo porque realizarlos sería, cuanto menos, moralmente cuestionable. Y, por otro lado, sabemos que existen diferentes tipos de miopías, donde los genes y el ambiente influyen en porcentajes e importancia que desconocemos actualmente.

En otro post ya os hice una pequeña introducción sobre las posibles causas de la miopía y los factores a tener en cuenta en su progresión. En mi opinión personal, la miopía está determinada por los genes. Es decir, existe una predisposición genética a tener miopía. Ahora bien, sin un ambiente adecuado, esa miopía no tiene porqué aparecer. Esta es la causa que personas con la misma ocupación o nivel de tareas exigido en cerca no desarrollen el mismo problema refractivo.

En mi caso particular, la predisposición genética a la miopía resulta, a priori, algo cuestionable, pues mis dos progenitores son uno emétrope y otro hipermétrope. No obstante, existe, pues mi problema miópico es consecuencia secundaria de un exceso de acomodación. Y esta predisposición genética a acomodar más de la cuenta fue potenciada adecuadamente por el sistema educativo español.

Como muchas personas que se convierten en miopes a lo largo de su vida, mi primer contacto con las gafas fue a partir de 3º de BUP. Para realizar COU tuve que colocarme mis primeras gafas de -0.75 Dp. Más adelante, con la realización de la selectividad y el inicio de mis estudios universitarios (Óptica), la graduación fue creciendo poco a poco. A la hora de terminar la carrera, con 21 añitos recién cumplidos, mi graduación había aumentado a -1.75 Dp.

Muchos pensaréis que mi progresión podía darse por terminada entonces, pero no fue así. Dicen que los miopes son grandes lectores, pero en mi caso fue al revés. La conversión en miope me cambió ciertos hábitos, y pasé a ser un devorador de libros. Este nuevo aspecto en mi vida, junto al inicio de una nueva carrera universitaria (Historia), de más exigencia en cerca que la anterior, me llevó a tener en 2005 -2.25 Dp. En 2007 me subió a -2.50 Dp. y en 2008 a -2.75 Dp. En ese momento decidí que debía intervenir o superaría la frontera de -3.00 Dp. al año siguiente. Hoy día, en el año 2015 sigo teniendo -2.75 Dp. y, aunque hace tres años que terminé la carrera, sigo con una intensa labor en cerca. ¿Qué hice para frenar mi progresión de miopía?



Existen métodos para frenar la miopía donde está comprobada científicamente su eficacia. En la página de la Fundación Rementería podéis encontrar un sencillo resumen. Básicamente se resumen en utilizar lentes de contacto ortoqueratológicas o aplicarse un tratamiento con gotas de Atropina. Como yo ya no soy un joven, ambos tratamientos no me parecieron adecuados.

En el primer caso se trata de lentes de contacto rígidas que se colocan durante la noche y “aplanan” la córnea una cantidad variable. Esto significa que luego, durante el día, podemos ver sin necesidad de gafas ni lentillas, pues nuestra córnea más plana compensa nuestra miopía. Aunque es una técnica con muchos años de recorrido y con una eficacia probada, el desconocimiento de la población hacia ella es tremendo. En mi caso la deseché porque no soy partidario del cambio mecánico producido en la córnea. Además, exige unas horas de sueño constante, algo difícil de compaginar con mi vida. Pero para gustos los colores.

El tratamiento con atropina es una técnica realizada por oftalmólogos cuyo fundamento es paralizar la acomodación, evitando que la miopía progrese debido a una acomodación excesiva. En mi caso deseché tal tratamiento por no poder permitirme el lujo, trabajando, de no ver correctamente.

Igualmente, existen ciertas pautas de comportamiento (ergonomía) o actuación profesional (entrenamiento visual) que, sin tener estudios científicos que los avalen, consiguen resultados positivos en numerosas ocasiones.

En mi caso me decanté por realizar prácticas ergonómicas saludables para relajar mis ojos cuando realizo intensas tareas en visión próxima y añadir un tratamiento para relajar, en parte, mi exceso de acomodación.

Entre las prácticas ergonómicas que intento poner en práctica todos los días destaco las siguientes:

·        Realizar actividades al aire libre todos los días que potencien mi visión en lejos;
·        Realizar descansos periódicos durante las tareas prolongadas realizadas en distancias próximas (lo ideal es descansar cada 30 minutos).
·        Limitar mis tareas en distancias cortas, lo que incluye no sólo lectura, sino móvil, ordenador, televisión…
·        Mantener una buena iluminación ambiental a la hora de realizar trabajo de lectura en distancias próximas. Y complementarla con una iluminación mayor centrada en el punto de trabajo. Lo ideal es no hacernos sombra con nuestro propio cuerpo ni que la luz nos deslumbre por excesiva.
·        Mantener una distancia de lectura adecuada (30-40 cm), evitando acercarme de forma excesiva al papel (lo que además evita la fatiga visual).
·        Evitar leer en dispositivos pequeños durante largos períodos de tiempo.
·        Evitar observar el televisor a una distancia inferior a 3 metros.
·        Intentar parpadear, conscientemente, al menos 15 veces por minuto (algo complicado cuando nos concentramos en tareas al ordenador).

A todo lo anterior le añadí un suplemento profesional para intentar paliar mi exceso de acomodación. Se trata de colocarme lentes positivas para relajar en lo posible la acomodación. En mi caso, como necesito ver correctamente para trabajar, la terapia consistió en utilizar lentes con una graduación de miopía menor a lo que necesitaba.

En concreto me bajé la graduación 0,50 Dp. a -2.25 Dp. Y esta gafa la utilizo en ambientes cerrados y con el trabajo en ordenador. Para tareas de lectura en cerca comencé utilizando una gafa de menor graduación aún (-1.75 Dp.), pero por comodidad terminé utilizando la misma graduación de -2.25 Dp. para todas las tareas próximas. De hecho, aunque no es lo más recomendable, también la utilizo para salir a la calle en muchas ocasiones (sólo por lugares conocidos claro). Sólo cuando conduzco o quiero ver correctamente en la calle me coloco mis gafas con la miopía que necesito realmente (-2.75 Dp.). Porque debemos tener en cuenta que llevar media dioptría de miopía menos influye notablemente en la agudeza visual para distancias lejanas.

El fundamento de esta terapia es el siguiente. Si yo coloco mi graduación de miopía que necesito para ver bien de lejos y sigo trabajando en cerca en la misma cuantía que antes, mi ojo, por simple adaptación, se volverá a convertir en miope. Por tanto, no corregimos un error refractivo, sino que ponemos un parche que nuestro ojo, con su gran poder de adaptación, consigue eliminar. La cuantía de cambios de graduación que realizaremos será proporcional al período de tareas en cerca que realicemos habitualmente.

No todo el mundo científico apoya esta adaptación miópica de nuestro ojo ante tareas cercanas. Muchos detractores de tal teoría se escudan en la falta de estudios científicos que avalen tal afirmación. Pero, lo cierto es que en la práctica diaria de campo vemos que existe, en muchos casos como el mío, una relación directa entre miopía y exceso de trabajo en cerca.

De hecho, el problema no puede tener tan simple explicación. De nuevo debemos admitir que sabemos muy poco sobre las causas de la miopía y que sin conocer el origen de un problema resulta complicado corregirlo. Los ópticos somos capaces de compensar la miopía, pero no de corregirla. ¿Podemos frenar su avance?

Resulta difícil contestar de manera categórica a tal afirmación. En mi caso particular, tras 5 años utilizando esta técnica, debo decir que mi graduación no volvió a subir y se estabilizó completamente. ¿Fue debido a las medidas adoptadas por mi parte? ¿Se debió a que mi acomodación llegó a su límite máximo?

Mi experiencia personal no sirve para realizar una conclusión científica válida al respecto. Pero el aparente éxito de mi modus operandi hizo que me animara a ponerlo en práctica en mi vida profesional. A numerosos pacientes que consideraba apropiados les comentaba la posibilidad de tener dos graduaciones distintas y utilizarlas según la tarea a desarrollar: una para tareas lejanas y otra para distancias próximas. Las dos graduaciones podían colocarse en dos gafas distintas o en una misma gafa, utilizando lentes progresivas o también las llamadas “antifatiga”.

Y todos los que decidieron probar suerte con mi consejo no les fue nada mal. No sabemos si el avance de su miopía se hubiera frenado o mitigado igualmente, pero si sabemos que desde que utilizaron una graduación menor de miopía para tareas cercanas su fatiga visual disminuyó considerablemente.

En algunos casos la miopía se frenará, como en el mío. En otros, en cambio, la subida seguirá existiendo, aunque la cuantía de esa subida quiero creer que es menor que de no haber utilizado esta técnica. O, al menos, eso parece que ocurre en la práctica diaria.

Espero que esta experiencia personal pueda servir para mejorar vuestra visión, o, al menos, para tener en cuenta que existen muchas formas de compensar vuestra miopía además de unas únicas y simples gafas.


2 comentarios:

  1. Muchas gracias por este post, me ha sido de gran ayuda, pondré tu consejo en práctica.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Hola, gracias por comentar.
      No olvides pasarte por tu óptica y seguir sus consejos.
      Saludos

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