lunes, 1 de abril de 2019

Los dos bandos de la Guerra Civil española mataron por igual

El 1 de abril de 1939, hace justo 80 años, Franco firmaba en Burgos el último parte de guerra:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo, Franco”.

Llegaba el momento de ver cual era el coste de la Guerra Civil española. Hoy, tras ocho décadas pasado el conflicto, podemos mostrar una imagen desapasionada y bastante fidedigna del trágico acontecimiento que sacudió a nuestro país el siglo pasado. ¿Os interesa el tema?


En primer lugar, me gustaría indicar el coste monetario de la guerra.

El bando nacional se gastó, recurriendo a diferentes créditos concedidos por sus aliados continentales Alemania e Italia, entre 697 y 710 millones de dólares.

El bando republicano gastó una cantidad muy similar, la cual rondaría los 744 millones de dólares. En este caso, al poseer las reservas de oro del Banco de España, el bando republicano pudo convertir tal acumulado en divisas con las que comprar material bélico. Al inicio de la guerra una cuarta parte del total fue vendida al Banco de Francia (194 toneladas supusieron 196 millones). Los otros tres tercios se remitieron a Moscú a partir de octubre de 1936 y se emplearon para comprar suministros bélicos procedentes de ese país, así como otros materiales imprescindibles (alimentos, material sanitario…). El resto del montante total se logró, por ejemplo, movilizando las reservas de plata.
Comparando ambos valores podemos concluir que, a priori, ambos bandos lograron movilizar cantidades de dinero similares para afrontar la lucha.

A continuación, vamos a referirnos al coste humano de la guerra. Primeramente vamos a analizar las víctimas en el periodo 1936-1939:

Entre 150.000 – 200.000 personas fallecieron como consecuencia de las acciones de guerra, incluyendo en la cifra tanto combates directos como bombardeos. Del total, tres quintas partes se produjeron en el campo republicano y dos quintas en el nacional.

Se calculan unos 155.000 fallecidos víctimas de acciones de represión en la retaguardia. Dos tercios ocurrieron en la zona nacional y el resto en la republicana.

Se estiman unos 346.000 – 380.000 muertos debido a las hambrunas y enfermedades que acompañaron al conflicto bélico.

En total, las víctimas estarían en una horquilla entre 651.000 – 735.000 personas. Eso supuso perder casi el 3% del total de españoles de 1936 (24,69 millones).

A los datos anteriores debemos añadir otros producidos como consecuencia directa de la guerra en los años posteriores:

500 muertos por acción de las guerrillas republicanas.

2.000 muertos por acción contra-guerrillera.

30.000 muertos por la acción represora franquista en la posguerra.

Entre 200.000-300.000 exiliados de forma definitiva.

La conclusión más inmediata que podemos inferir al conocer los datos de víctimas es que la Guerra Civil Española supuso el momento más nefasto de la historia demográfica contemporánea española.

En un análisis más profundo nos daremos cuenta que las víctimas fruto de la violencia bélica no fueron equiparables entre ambos bandos.

En el valor de víctimas directas, la mayor parte de bajas republicanas se debió, en una parte importante, a la utilización de masivos bombardeos aéreos que arrasaron ciudades enteras. Aunque Guernika suele ser el suceso más conocido estas acciones se repitieron en otros muchos puntos como, por ejemplo, en Alcañiz.

Víctimas bombardeo nacional sobre Madrid


Respecto a las víctimas por la represión en la retaguardia tampoco aparece una similitud entre ambos bandos, razón por la cual no podemos caer en la equivocación de equipararlos. Sí debemos condenar a ambos por igual, aunque contextualizando correctamente a cada uno en su lugar.

A este respecto reproduzco un interesante párrafo de la obra Violencia y Terror (Akal, 1990), de Alberto Reig Tapia:

No puede ser equiparado un terror y una represión ejercidos y sostenidos por mandos militares […] con aquel otro terror y represión ejercidos por bandas de delincuentes o por grupos políticos que actúan como contrapoderes enfrentados a un Estado acosado que, a medida que reconstruye sus propios aparatos coactivos, va eliminando la represión indiscriminada y restaura el ejercicio de los tribunales”.

¿En qué se basan estas afirmaciones? Vamos a mostrar algunas fuentes históricas originales.

Respecto a la opinión que tenían algunos líderes respecto a la represión en la retaguardia vamos a reproducir un par de comentarios.

En agosto de 1936, Prieto, en el periódico El Socialista, escribió lo siguiente: “No imitéis esa conducta, os lo ruego, os lo suplico. Ante la crueldad ajena, vuestra clemencia; ante los excesos del enemigo, vuestra benevolencia generosa […] ¡No los imitéis! ¡No los imitéis! Superadlos en vuestra conducta moral”.

En febrero de 1937 Franco le dirigió las siguientes palabras al teniente coronel Emilio Faldella: “En una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática del territorio, acompañada por una limpieza necesaria, a una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje al país aún infestado de adversarios”.

Puesto que lo más grave de la represión ocurrió en los primeros meses del conflicto podemos inferir que el bando nacional pretendía, según conquistaba territorios, proceder a una limpieza genocida del contrario por motivos político-ideológicos. Misión que no abandonó ni terminada la guerra.

Uno de los pocos testimonios nacionales existentes en contra de esta limpieza en la retaguardia no lo encontraremos en los líderes militares, sino que procede del obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea “¡No más sangre, no más sangre! No más sangre que la que quiere el Señor que se vierta, intercesora, en los campos de batalla, para salvar a nuestra Patria gloriosa y desgarrada” (15 de noviembre de 1936). Lamentablemente Franco y su cuerpo militar no estaba decidido a seguir esos consejos. Las ventajas de esta sangrienta represión eran evidentes: fidelidad absoluta de los sublevados y paralización y miedo a los vencidos, anulando futuras sublevaciones.

En el bando nacional la represión se cebó contra los dirigentes y militantes de los partidos políticos, tanto de izquierda como republicanos, contra los militares no sublevados, contra intelectuales izquierdistas (Federico García Lorca) y contra los masones en general.

La represión se concentró en el verano de 1936, durante el avance de las tropas africanas desde el estrecho de Gibraltar. En total, las provincias andaluzas sumaron casi el 50% de muertos por represión del bando franquista.

Fusilamiento nacional


En el bando republicano la represión se cebo contra el enemigo de clase, así como contra militares, sacerdotes, burgueses, patronos e, incluso, intelectuales derechistas (Pedro Muñoz Seca o Ramiro de Maeztu).

Esta represión se concentró en Madrid, Andalucía y Cataluña.

Fue realizada, primero, por patrullas milicianas informales, mediante los conocidos paseos; luego, estuvo encauzada a través de tribunales populares. En general fue una obra criminal realizada por asociaciones sindicales y revolucionarias que se aprovecharon de la incapacidad gubernamental inicial para poner orden dentro del territorio republicano.

Una vez que los líderes republicanos lograron recuperar el control y recuperarse del doble ataque sufrido (colapso del estado por el golpe nacional e implosión revolucionaria violenta) cesaron este tipo de acciones.

Exhumación cadáveres de Paracuellos


Por último, me gustaría mostrar un valioso testimonio directo que nos indica claramente la diferencia existente entre la represión nacional y republicana. Las palabras son de Francisco Partaola, fiscal del tribunal Supremo de Madrid:

Que quede bien claro: tuve la oportunidad de ser testigo de la represión en ambas zonas. En la nacionalista, era planificada, metódica, fría. Como no se fiaban de la gente, las autoridades imponían su voluntad por medio del terror. Para ello, cometieron atrocidades. En la zona del Frente Popular también se cometieron atrocidades. En eso ambas zonas se parecían, pero la diferencia reside en que en la zona republicana los crímenes los perpetró gente apasionada, no las autoridades. Éstas siempre trataron de impedirlos. La ayuda que me prestaron para que escapara no es más que un caso entre muchos. No fue así en la zona nacionalista”.

Espero que tras leer este post nadie entienda que supone un último alegato a favor de alguno de los contendientes de la Guerra Civil Española. Simplemente se trata de contextualizar adecuadamente el proceso histórico. Pues víctimas inocentes y crímenes de guerra ocurrieron en ambos bandos, pero en unos casos se trataba de una estrategia militar y en otros el resultado de introducirse en una espiral de odio infinita.

Ojalá algún día se juzgaran como crímenes de guerra episodios tan señeros de la Guerra Civil Española como el bombardeo de Oviedo, el bombardeo de Jaén, los fusilamientos en Paracuellos y Torrejón de Ardoz, la masacre de la carretera Málaga-Almería, las numerosas sacas de presos como represalias a los bombardeos franquistas, la matanza de Badajoz por las tropas del General Yagüe, el asesinato del 88% del clero de Barbastro o la represión del general Mola en Navarra.

Ya han pasado más de 80 años de aquellos sucesos y aún no hemos cerrado la herida que aquella confrontación dejó en nuestro país. ¿No ha llegado ya el momento de aproximarse, sin partidismos, al conflicto y depurar responsabilidades?

Supongo que soy un idealista….

Bibliografía:

Los datos numéricos han sido obtenidos de la siguiente obra:

Moradiellos, Enrique. Historia mínima de la Guerra Civil española. Turner. 2016.

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