domingo, 23 de abril de 2017

No merece la pena dormir en Mérida



Mérida es una de mis pequeñas ciudades preferidas. No podía ser de otra manera, dados los variados e importantes restos romanos que posee. Son de tal categoría que ha llegado a ser denominada “La Roma española”.

Pero uno de los mayores errores que suelen cometer los turistas que se acercan a ella es aprovechar sus pequeñas dimensiones para visitarla de pasada, como descanso en un viaje más largo. Mi objetivo en este artículo es convenceros para lo contrario, pues Mérida dispone de suficientes atractivos culturales como para ocuparos todo un intenso fin de semana.

¿Os animáis a descubrir los encantos que atesora Mérida?


Un poco de Historia

Mérida fue, desde su fundación en el 25 a.C. por los legionarios veteranos de Augusto, una ciudad de gran importancia en la Península Ibérica. Su nombre original, Emérita Augusta, es un homenaje al primer emperador romano.
Situada junto a la famosa Vía de la Plata, ostentaba la capitalidad de la provincia de Lusitania. Luego, hacia el 57, era una de las primeras sedes episcopales de la Península Ibérica; y su mayor apogeo llegaría con Diocleciano, pues era la sede del funcionario imperial de más alto rango, el Vicarius de Hispania.

La decadencia llegaría con los visigodos y, posteriormente, con los musulmanes, pues durante su dominación la sede episcopal fue trasladada a Santiago de Compostela debido a la casual aparición de los supuestos restos del Apóstol (Si queréis conocer un poco más sobre los restos conservados en Santiago de Compostela os recomiendo leer el libro Mis Mentiras Favoritas).

No obstante, esta época oscura no pudo destruir todo el legado antiguo que conservaba, razón por la cual hoy día tiene el honor de ser uno de los principales conjuntos arqueológicos urbanos de la Península Ibérica.

A continuación os voy a dar 6 motivos por los que debéis realizar una visita turística relajada de esta hermosa ciudad extremeña.


1. Conjunto anfiteatro-teatro romano.


Sin lugar a dudas es la visita principal de la ciudad y los monumentos que más turistas atraen a Mérida. Se sitúan en el centro monumental de la ciudad moderna y su visita es obligada por toda persona que se acerca hasta ellos.

El recorrido actual de la visita discurre de forma un tanto curiosa, pues se visita primero el anfiteatro (8 a.C.) y luego el teatro (16 a.C.), lo que parece ir en contra de la evolución histórica.

El anfiteatro era el lugar donde luchaban los gladiadores o se realizaban las luchas con animales o cacerías (Venationes). Su aspecto actual, con bastantes partes de las gradas desaparecidas, se debe a que el edificio fue utilizado como cantera tras su abandono en época cristiana.

Aunque de reducidas dimensiones si lo comparamos con el homónimo de Roma, su aforo era de 14.000 personas, cifra substancial, en consonancia con la importancia de la ciudad romana. La afición de los romanos por estos espectáculos puede ser apreciada si tenemos en cuenta que el aforo del contiguo teatro era de tan solo 5.500 espectadores.

En el anfiteatro debemos fijarnos en la existencia de un foso en la arena o visitar las galerías por donde accedían los espectadores o en donde fieras y gladiadores esperaban su turno para salir a la arena. Una pequeña exposición con figuras de los distintos tipos de gladiadores existentes ameniza el recorrido por estas ruinas.

El teatro contiguo es, como definió el famoso Menéndez-Pidal, “Príncipe entre los monumentos emeritenses”. Su Frente de escena es la parte más reconocible y fotografiada de la ciudad, y es un ejemplo único de este tipo de estructura en España. Sobre un basamento de sillares recubierto de mármol, se alzan dos pisos de columnas de elegante orden corintio, donde destaca el bicromatismo decorativo (azul los fustes y blanco las bases y capiteles). Un gran muro posterior de mármol, así como decorados frisos y arquitrabes, otorgan una majestuosidad única al conjunto. Efecto que se potencia gracias a la adición de diferentes esculturas, interpretadas como Céres, Plutón, Proserpina y el emperador.

El Teatro romano de Mérida


Tras admirar un rato la escena desde las gradas (os recomiendo subir hasta la zona superior, a una pequeña pero exclusiva zona en la parte izquierda de la cávea) no os olvidéis admirar la zona posterior del teatro. Allí se abre una zona ajardinada que sirvió, en otro tiempo, de zona de esparcimiento. Al fondo encontraréis una pequeña edificación que se utilizó para el culto imperial y que hoy día posee diferentes bustos de la familia imperial romana (allí se encontró la famosa cabeza de Augusto con velo). Y a la izquierda del peristilo existen los restos de una casa que conserva algunos interesantes mosaicos.

Por último, comentaros una anécdota del lugar. Tras el abandono del edificio, algunas estructuras se derrumbaron y todo el conjunto se fue cegando con tierra, salvo una pequeña parte del graderío superior. Los habitantes locales, ya olvidado el edificio que allí se encontraba crearon la leyenda de las “Siete Sillas”, lugar donde supuestamente siete reyes moros discutieron que suerte correría la ciudad.
 
2. Casas Romanas.


Mérida conserva excepcionales restos que nos permiten descubrir como vivían los antiguos romanos de la ciudad. Bueno, en realidad, los romanos más importantes, pues las viviendas son de una magnitud al alcance de muy pocos romanos.

Junto al teatro y anfiteatro se encuentra la llamada Casa del Anfiteatro, en realidad un conjunto situado a extramuros de la antigua ciudad que conserva los restos de dos viviendas, un mausoleo, un tramo de muralla y otro de uno de los acueductos de la ciudad. Lo más destacable, en mi opinión, son las decoraciones conservadas de mosaicos en los suelos y pinturas en las paredes. Éstas últimas servían para decorar los muros, ocultando la obra original, y realizar ilusiones ópticas. En estas casas veremos decoraciones murales de motivos geométricos e imitando mármol. Respecto a los mosaicos destacar el relativo a la Vendimia y el que nos muestra una notable variedad de fauna marina (recordar que los romanos pensaban que los peces protegían las casas de las influencias negativas.

La otra gran casa emeritense es la denominada Casa del Mitreo. Su nombre proviene de los restos próximos encontrados que parecían indicar un culto a Mitra. No obstante, podemos definirla como una gran Domus señorial, pues posee un par de peristilos, numerosas habitaciones, varios triclinium y una lujosa decoración. Se recorre a través de pasarelas elevadas, lo que nos permite apreciar, en su justa medida, la magnitud del lugar. Nuevamente, las pinturas y los mosaicos son lo más relevante de la visita. Destacar el Mosaico Cosmológico, particular personificación de la concepción del mundo, y las pinturas imitando candelabros. El gran peristilo porticado, las termas, la cisterna o las habitaciones subterráneas (se supone que para combatir el calor veraniego) son detalles únicos de este gran conjunto. Sin duda, una de las visitas imprescindibles.

 
Mosaico cosmológico de la Casa Del Mitreo de Mérida

3. Enterramientos romanos.


Con la misma entrada de la Casa del Mitreo tendréis acceso a la zona de enterramiento de la ciudad, la cual se encuentra actualmente conectada por un camino arbolado. En él existen diferentes carteles con frases célebres de pensadores romanos que nos harán adentrarnos, poco a poco, en el mundo de ultratumba. Os dejo, como ejemplo, la siguiente cita de Séneca: “A vivir hay que estar aprendiendo toda la vida, en cambio, lo que quizá te sorprenda más, toda la vida hay que estar aprendiendo a morir”.

Se suele denominar a este espacio funerario como Columbario, lo que no tiene ningún sentido histórico. Por un lado, existen numerosos tipos de tumbas en el lugar como para circunscribirlas todas bajo un tipo específico. Por otro, los supuestos columbarios, las famosas estructuras funerarios de los Voconios y los Julios, no tienen el suficiente número de nichos, tipo palomar, propios de aquel tipo de construcciones funerarias romanas. Además, ese tipo de estructura solía ser utilizada por las clases más humildes, algo que desentona totalmente con las estructuras aquí conservadas, muy monumentales y destinadas a elevar el nombre familiar.

En esta zona funeraria encontraréis un centro de interpretación al aire libre, con paneles explicativos y objetos relacionados con el mundo fúnebre romano. Gracias a ellos podréis entender y descubrir la religiosidad y las costumbres romanas relativas a la muerte. Entre los numeroso ritos llevados a cabo por los romanos destacaría la costumbre de llamar al difunto por su nombre tres veces (para comprobar la defunción), colocarle una moneda para pagar al barquero Caronte, colocar en la entrada de la casa ramas de abeto o ciprés (indicando que había un muerto en la casa), la contratación de plañideras y músicos (para quién pudiera permitírselo) que acompañaban al cortejo fúnebre (generalmente nocturno), el motivo de la incineración (método habitual hasta el siglo III d.C., donde la influencia del cristianismo impuso la inhumación), según la cual el alma del difunto volvía al cielo, lugar supuestamente de procedencia de la misma. Como curiosidad indicar que la incineración tenía un rito especial, según el cual se solía cortar un dedo y echarle tres puñados de tierra como símbolo de enterramiento. Además, se deseaba al difunto algo que veréis en numerosas tumbas: STTL (Sit Tibi Terra Levis), que significa “que la tierra te sea leve”.

Zona exposición mundo funerario romano en los Columbarios de Mérida


Lo más espectacular de los enterramientos son los mausoleos de las citadas familias Volconios y Julios, dada su profusa decoración escultórica y pictórica y el alto grado de conservación.

En general, un rincón realmente interesante donde pasar un buen rato entretenido y que muchas personas no lo visita, generalmente por desconocimiento.

4. El yacimiento urbano de la Morería.

Este gran yacimiento arqueológico urbano de unos 12.000 m2 nos va a proporcionar una visión en conjunto, única, de la evolución de culturas y poblamiento de la ciudad. 

Restos calzada romana en el yacimiento Morerías (Mérida)


En primer lugar observaremos los restos romanos, que se componen de un tramo de muralla y seis manzanas de viviendas y locales comerciales anexos. Sobre ellos podremos apreciar fases del poblamiento visigodo. En el siglo VIII, este lugar sufre un arrasamiento total, con el fin de despejar la zona y defender mejor la ciudad del ataque musulmán. No fue suficiente la medida para contener a los invasores, cuyas viviendas, al estilo omeya, aparecerán ya hacia el siglo IX. En 1230, ya bajo dominación cristiana, el arrabal, lleno de población musulmana, le otorgará a la zona su denominación actual (La moraría). El último nivel estratigráfico corresponde con el barrio de artesanos de los siglos XV-XVII.

5. Museo Nacional de Arte Romano.

El Museo Nacional de Arte Romano (MAR), situado junto al conjunto teatro-anfiteatro, tiene un interés doble. Por un lado admirar la arquitectura de Rafael Moneo, que logra adentrarnos de forma sutil en la construcción romana y otorga al edificio una amplitud deslumbrante. Por otro, descubrir los variados restos romanos que conserva la ciudad.

El museo posee tres plantas y, sin lugar a dudas, sus mosaicos son lo mejor de la colección. Existen algunos realmente enormes, los cuales veremos a lo largo de nuestra visita por las diferentes plantas, al estar colocados de arriba hacia abajo en los muros laterales. Otras piezas destacadas son las pinturas murales que decoraban los muros del anfiteatro y la numerosa colección escultórica.

Mosaico impresionante del Museo de Arte Romano de Mérida


Para todos aquellos aficionados al mundo romano el museo no les decepcionará y creo que no exagero cuando afirmo que se trata de uno de los más atractivos de su clase.

6. Paseo por la ciudad.

La belleza de Mérida se aprecia paseando por su pequeño casco urbano, descubriendo a cada paso los numerosos restos de su pasado romano. Por tanto, dedicar una tarde entera a recorrer con tranquilidad esta bella ciudad debería ser algo obligado por todo visitante que se acerque a ella.

Callejeando vais a descubrir como variados restos romanos florecen entre las edificaciones modernas y se integran en la vida cotidiana de la ciudad. Un buen ejemplo es el Templo de Diana, una de las edificaciones romanas más antiguas y único edificio religioso romano que ha llegado hasta nuestros días. Su conservación se debe a que en el siglo XVI se aprovechó su estructura para edificar el Palacio de los Corbos, lo que le otorga una singular prestancia. Hoy día, sus aledaños se han convertido en zonas de reunión, donde se ubican varias terrazas donde hacer un descanso tomando una bebida. Como curiosidad decir que su denominación es errónea, pues se sabe a ciencia cierta que fue un templo destinado al culto imperial.

Templo de Diana de Mérida


En sus proximidades se encuentran los restos del Pórtico del Foro, los cuales rodeaban una gran zona ajardinada, y el cruce de las dos calles principales de la ciudad, el Cardo y el Decumano.

Siguiendo el Kardo Máximus llegaremos al también mal llamado Arco de Trajano, pues no existe ninguna justificación histórica para atribuirlo a este emperador. Se trata de una estructura formada con grandes sillares de granito (originalmente cubierta de mármol) de unos 15 metros de altura.

Por el contrario, si tomamos el Decumanus máximus acabaremos llegando a la Alcazaba árabe y al famoso puente romano sobre el Guadiana. La alcazaba es uno de los primeros monumentos defensivos levantados por los musulmanes en la Península y la única edificación que ha perdurado de aquel periodo. Su edificación cumplía dos objetivos: proteger a los gobernantes y súbditos musulmanes durante las frecuentes sublevaciones emeritenses contra el nuevo poder y, de paso, dominar eficazmente el paso por el río Guadiana. De su visita interior destacaría las torres y el aljibe, el cual posee unas vistosas pilastras con decoración vegetal en bajorrelieve, sin duda reaprovechadas de algún edificio visigodo importante.

En las afueras de la ciudad, aunque a una distancia asumible a pie, se encuentran cuatro interesantes lugares:

·        En el extremo sureste la Casa del Mitreo y los Columbarios, ya analizados anteriormente.

·        En el norte la Cripta de Santa Eulalia, una interesante zona arqueológica bajo la iglesia del mismo nombre que nos muestra la transformación de una casa romana en necrópolis cristiana y basílica de la Santa. Destacar que la pequeña estructura existente antes de entrar al complejo de la basílica actual, denominada Hornito de Santa Eulalia, fue realizada con numerosas piezas de un desaparecido templo romano dedicado al dios Marte.

·        Próximo al punto anterior, caminando hacia el este por la Avenida de Extremadura, se levantan los restos del Circo. No esperéis gran cosa de ellos, pues apenas tenemos los cimientos de las gradas y entradas y el lugar donde se situaba la Spina central. No obstante, conviene acercarse para recordar que de aquí salió uno de los mejores conductores de carros de todos los tiempos, Cayo Apuleyo Diocles.

·        Si tomamos la dirección oeste desde la Cripta de Santa Eulalia, siguiendo la Calle Marquesa de Pinares, llegaremos a la actual zona de esparcimiento donde se levantan los restos del Acueducto de Los Milagros. Este acueducto traía agua a la ciudad desde el embalse de Prosperpina y sus arcos, de bella factura, miden 25 metros de alto y 830 metros de largo. Si tenéis tiempo de sobra en la ciudad merece la pena acercarse a este lugar.

Acueducto de los Milagros de Mérida


El casco urbano emeritense se recorre perfectamente a pie, pues la zona histórica queda concentrada en el conjunto de cuatro calles principales:

·        La calle J. Ramón Melide es la principal, llena de tiendas y restaurantes y en su parte final se encuentra la zona del Teatro-anfiteatro, el MAR y los restos de la Casa del Anfiteatro.

·        Siguiendo la calle hacia abajo y desviándonos a la izquierda por la calle Sagasta (os recomiendo el restaurante Capitel) llegaremos a la alcazaba árabe y al yacimiento de la Morería, pasando los restos del Pórtico del foro y el Templo de Diana. En unas calles paralelas se encuentra el Foro Imperial y el arco de Trajano.

·        Detrás del Teatro y hacia la derecha, recorriendo la Vía del Ensanche, llegaremos a la zona más alejada de los columbarios y la Casa del Mitreo.

·        Si, en cambio, dejamos el teatro a nuestra derecha y vamos en dirección a la calle reyes Huertas, llegaremos a la zona donde se levanta la Cripta de Santa Eulalia y los restos del circo.

Por último, recomendaros visitar la ciudad en el mes de Julio, donde se organizan obras de teatro clásicas en el recinto del Teatro romano (El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida ya va por la 63ª edición) Igualmente, aunque menos conocidos son los juegos de gladiadores en el anfiteatro, junto a muchas más actividades lúdicas a finales del mes de junio.

Como es costumbre, os dejo el enlace a un mapa en PDF con el que poder centraros mejor en la ciudad (aquí).

Espero que os lograra animar a visitar esta pequeña joya turística de Extremadura.



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