domingo, 9 de abril de 2017

La Peste Negra de 1346 mató a ricos y pobres por igual



Uno de los capítulos de mi último libro Mis mentiras favoritas. Edad Media trata sobre los diversos mitos y leyendas que rodean a la gran epidemia que asoló a la Humanidad en el siglo XIV. Su poder de destrucción fue tal que sesgó la vida del 60% de los europeos de la época, una cifra terrible y sobrecogedora.

Para completar un poco más el tema voy a diseccionar otra de las leyendas que suelen acompañar a la Peste Negra: la de su misma eficacia entre ricos y pobres. ¿Te interesa el tema?


La Peste Negra fue una epidemia que causó una gran mortandad por los lugares en los que se propagó. Numerosas crónicas contemporáneas nos lo indican con una crudeza difícil de ignorar. Por ejemplo, en una crónica de los papas de Aviñón podemos leer: “No se había conocido nada semejante. Los vivos apenas eran suficientes para enterrar a los muertos”.

De forma habitual, los historiadores se hicieron eco de diversos cronistas contemporáneos que cifraron los muertos en un tercio de la población. Es el caso de, por ejemplo, Jean Froissart, quién nos contó que “en este tiempo por todo el mundo corría una enfermedad, llamada epidemia, de la que murió un tercio de la humanidad”.

Afortunadamente, los historiadores actuales han investigado, a nivel local, numerosas poblaciones, tanto urbanas como del campo, para comprobar si esas estimaciones generales eran ciertas. Y la sorpresa ha sido descubrir una generalidad abrumadora entre estudios realizados en zonas muy diversas de Europa. En todas ellas se ha podido comprobar que la población sufrió una mortandad enorme, tendente a una media del 60% del total. En términos generales estamos hablando que. Sólo en Europa, la Peste Negra se llevó a unos 50 millones de personas entre 1346 y 1353. Se pasó de 80 a 30 millones de personas.

La Peste Negra arrasaba todos los lugares que atravesaba, aunque en el campo los estragos fueron mayores que en las ciudades. Esta afirmación suele sorprender a muchas personas profanas pero los estudios no dejan ninguna duda: la Peste Negra ralentizaba su expansión al atravesar ciudades.

Lo anterior se debe a que la Peste Negra era una epidemia bacteriana que se transmitía a través de las pulgas infectadas de rata común. Es decir, no tenía una transmisión cruzada entre humanos, al modo de una gripe, sino que dependía de la inicial epidemia entre la colonia de ratas. Cuando no existían ratas a las que infectar, las pulgas pasaban a los humanos, desencadenándose la epidemia. Y eran esas mismas pulgas, cuando fallecía su huésped, las que pasaban a otra persona, infectándola. Por tanto, en una ciudad más poblada, el número de personas a infectar por las pulgas era mayor y se ralentizaba el proceso contagioso. En el campo, en cambio, había menos humanos para el número de pulgas infectadas, razón por la cual el contagio estaba casi asegurado en la mayoría de los miembros de la localidad.

Los casos de infección cruzada entre humanos, con casos de contagios a través de expectoraciones de sangre, fueron escasos y poco propagadores de la epidemia. Las personas contagiadas de esta manera solían morir fulminantemente en unas pocas horas, razón por la cual apenas podían ser focos transmisores.

En la Edad Media el 90% de las personas vivían en el ámbito rural, razón por la cual se explica la enorme criba que realizó la peste con su guadaña de muerte.

Uno de los mitos que rodean a la Peste Negra es su eficacia con todo tipo de personas, fueran ricas o pobres. En uno de los cuadros más evocadores sobre el tema que tratamos, El triunfo de la muerte, de Pieter Brueghel, podemos ver que la muerte vence a todo tipo de personas; desde los enamorados, a los nobles, a los campesinos, a los guerreros e incluso a los reyes. La muerte no parece hacer distinciones. Pero los estudios históricos han descubierto otra cosa.

El triunfo de la muerte. Pieter Brueghel. 1562. Museo del Prado (Madrid)


Como suele ser habitual en todos los ámbitos de la vida, los pobres fueron uno de los escalones sociales que más mortandad sufrieron con la Peste Negra, al igual que los niños y las mujeres. Veamos el porqué.

En primer lugar, las condiciones higiénicas en donde vivían los pobres no eran las más adecuada para librarse del contagio. Sus casas eran lugares ideales para que las ratas comunes anidaran, razón por la cual siempre estuvieron más expuestos que el resto de personas a ser contaminados por las pulgas de rata infectadas. En las casas de los nobles, realizadas con piedra, era muy complicado que una colonia de ratas estableciera su hogar. Por tanto, la exposición de los nobles a ser contagiados fue siempre menor, lo que conllevó a una menor proporción de mortandad.

En segundo lugar, la malnutrición endémica que sufrían las clases más pobres produjo que sus sistemas inmunes estuvieran debilitados. Aunque la inmunidad en el caso de una epidemia como la Peste Negra no tuvo mucha influencia, pues hacía siglos que no había aparecido en Europa (desde la gran peste de Justiniano en el siglo VI).

En tercer lugar y, tal vez, el más importante, la principal causa de hipermortalidad entre las clases pobres estuvo en la incapacidad para superar los diversos efectos secundarios que provocó la Peste Negra.

La gran mortandad que se cernió sobre la sociedad medieval la paralizó económica y socialmente. Los pobres no pudieron acceder a los alimentos y el cuidado de enfermos se colapsó. Puesto que la mayoría de miembros de una familia contraían la enfermedad al unísono, nadie podía hacerse cargo del cuidado de los demás. En esta situación muchas personas que podrían haber superado la enfermedad murieron irremediablemente por abandono.

Esta situación se volvió especialmente cruel con los niños, muchos de los cuales fallecieron no por el contagio directo de la Peste Negra, sino por la imposibilidad de llevarse algo a la boca. Esta situación ya la relató el florentino Marchionne di Coppo Stefani, quién escribió que “muchos morían solos, y otros más de hambre”.

En comparación, las personas ricas podían afrontar mucho mejor las consecuencias secundarias dramáticas del paso de la Peste Negra. En primer lugar tenían la posibilidad de aguantar con las reservas de alimentos que solían tener accesibles en todo momento o bien, conseguir lo que quedara en base a su poder e influencia.

En segundo lugar, sus viviendas eran mucho más higiénicas que la media y sus vestidos mucho más limpios. En pocas palabras, las mejores condiciones higiénicas que frecuentaban minimizaban su contacto con las ratas.

En tercer lugar, el contingente de sirvientes que albergaban sus hogares hacía que el cuidado de las personas enfermas fuera mucho más adecuado, logrando que muchos infectados superaran la enfermedad.

La importancia del cuidado de los enfermos para la supervivencia de los pacientes se vio claramente en las plagas de peste que asolaron la India y China a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. En ellas se observó que la tasa de mortalidad entre los europeos era un 30% menor que entre los nativos, siendo la única diferencia entre ambos los mejores cuidados de los pacientes.

Por último, los niños, además de por abandono y falta de alimentos, sufrían una mortalidad mayor respecto a los adultos en la onfección de peste. Por lo que se ha podido comprobar, la peste tiene un carácter verdaderamente fulminante en niños y adolescentes, razón por la cual era difícil que ningno sobreviviera si era infectado.

Y las mujeres también sufrieron una hipermortalidad mucho mayor que los hombres debido a diversas circunstancias. La más habitual fue que eran las personas encargadas del cuidado de enfermos, los que aumentaba exponencialmente sus posibilidades de contagio al estar muy cerca de las pulgas de rata infectadas.

Pero además se produce el caso de que si una mujer embarazada contrae la peste la muerte es segura e ineludible. Y dada la alta tasa de natalidad medieval podemos suponer que la mayoría de las mujeres pasaban muchos años de su periodo fértil en ese estado. Ole J. Benedictow, especialista en el tema de la Peste Negra y fuente primordial de este artículo, calculó que la mujer medieval pasaba un 30% de su tiempo embarazada. 

Al final se termina demostrando que las clases sociales influyen tanto en la vida como en la muerte.



  


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