viernes, 17 de marzo de 2017

Todas las calzadas romanas tenían losas de piedra en su superficie



En una de mis visitas al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, excursión que recomiendo encarecidamente, tuve la ocasión de comprobar el gran desconocimiento que existe respecto a las calzadas romanas.

Y tal desconocimiento no es exclusivo de las personas profanas en la materia, sino de numerosos arqueólogos e ingenieros de caminos que ignoran el verdadero aspecto de muchas de las calzadas romanas existentes en nuestro territorio, confundiéndolas, en muchas ocasiones, con obras medievales e incluso modernas.

Por tanto, y como complemento a uno de los capítulos del libro Mis mentiras favoritas. Historia Antigua, en donde trato el tema de las calzadas romanas pormenorizadamente, voy a descubriros las auténticas barbaridades que se han cometido en nuestro país respecto a este tipo de vías históricas.



En el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida existe, al entrar por el pasillo principal, un tramo de calzada romana expuesto en el patio exterior. Una visitante preguntó por ella a una de las personas encargadas de la vigilancia del museo, informándola de que se trataba de un tramo de la calzada romana que salía por un portillo de la muralla de la ciudad y enlazaba con el camino hacia Corduba (Córdoba) a través de la necrópolis oriental.

Calzada romana en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

La información es correcta. El problema vino después. La visitante dijo que le parecía mentira el esfuerzo realizado por los romanos para llevar un camino enlosado de Mérida a Córdoba hace miles de años; a lo que la empleada del museo contestó: “Es que los romanos eran muy trabajadores”. Fin de la anécdota. La visitante siguió con su visita y se llevó la impresión de que los romanos sabían hacer calzadas muy bien.

La explicación que obtuvo seguro que le cuadró, a las mil maravillas, con los típicos dibujos que aparecen en todos los libros de texto infantiles. En ellos podemos ver a unos afanados romanos trabajando en la construcción de una calzada, en donde se colocan diversas capas de distintos materiales, terminando con el típico enlosado en la parte superior. ¡Incluso algunos profesores obligaban a la memorización de las capas en los nombres latinos!

Ejemplo de dibujo en libros de texto sobre calzadas romanas

Sin ser falso todo lo anterior, resulta incompleto. Es cierto que las calzadas enlosadas fueron típicas de la construcción romana y que, a groso modo, podemos comulgar con las distintas capas que nos indicó Vitrubio en muchos casos de vías romanas.

Pero, y aquí está el meollo de la cuestión, este tipo de vías sólo se construyeron en las zonas urbanas. En las calzadas interurbanas se realizó otro tipo de calzada que no tenía ninguna parte superior enlosada con grandes piedras.

La existencia de dos tipos de calzadas romanas diferentes ya fue expuesta por Nicolás Bergier en el siglo XVII. En su mítica obra Histoire des Grandes Chemins de L´Empire Romain (1622) podemos leer, en el capítulo V del segundo libro, lo siguiente: “los caminos estaban pavimentados de forma diferente, dentro de la ciudad de Roma y fuera de ella. Porque en Roma se pavimentaba ordinariamente con piedra… y en el campo la piedra era muy rara y la grava muy frecuente”.

El investigador renacentista francés había dado con la clave de las calzadas romanas, aunque su obra, mal interpretada posteriormente, no ayudó a futuros investigadores a seguir el camino marcado. Hoy día, sin embargo, sabemos que en las vías interurbanas la parte superior de las calzadas romanas, eso que Bergier define como grava, era, en verdad, un canto rodado sumamente fino que favorecía la pisada del caballo (recordemos que sin herrar), su agarre al galopar y era el firme ideal para el transporte de mercancías en carros. En efecto, este tipo de suelo permitía una excelente adherencia de las ruedas de los carros y era tremendamente fácil de reparar y mantener, simplemente adicionando más cantidad de este material.

Tan importante era la capa superior en las vías interurbanas que, en algunos lugares, los romanos llegaron a traer el material desde distancias enormemente alejadas.

La capa superior enlosada, típica de las calzadas urbanas romanas tenía una doble función: reducir la velocidad de los transportes en el interior de las urbes (algo lógico cuando existen viandantes abundantes) y favorecer la limpieza de los excrementos animales. Por el contrario, su mantenimiento era sumamente caro y engorroso, algo impensable para transportarlo a las vías interurbanas.

Teniendo en cuenta esta doble manera de construir podemos entender las quejas que nos transmitieron famosos romanos sobre las humaredas de polvo que se levantaban en los caminos interurbanos. Os dejo como ejemplo una frase de Quintiliano: “El camino te llena de polvo, pero ni todo camino levanta polvo, ni cualquiera que esté lleno de polvo lo está por el camino” (Instituciones oratorias).

Como las principales diferencias entre los dos tipos de calzadas se tratan pormenorizadamente en el capítulo del libro voy a complementarlo con varios ejemplos en donde la mala identificación de la calzada romana ha provocado la destrucción de la misma.

La creencia, por largo tiempo mantenida, de que todas las calzadas romanas debían tener una parte superior enlosada con grandes piedras conllevó situaciones arqueológicas absurdas:

En unas ocasiones se eliminaban todas las capas de calzada hasta llegar al basamento de piedra, en la creencia que esa era la capa superior. Es lo que pasó en Chinchilla (Albacete), en la antigua carretera romana que unía Cartagena y Segóbriga. La construcción de una nueva urbanización descubrió una calzada romana, pero interpretada como moderna fue decapada y destruida totalmente hasta su base.

En otras ocasiones se han interpretado caminos enlosados de época medieval como romanos por el simple hecho de estar formados por piedras en la capa superior. Es el caso, por ejemplo, de la calzada de El Puerto del Pico (Ávila) es paradigmático. Una vía que cruza el monte sin ningún criterio ingenieril, con pendientes excesivas y que era imposible para el transporte con caballos sin herrar; un camino sólo apto para mulos de carga medievales.

En la famosa Vía de la Plata, autovía moderna erigida con todos los criterios actuales de protección al medio ambiente y al legado cultural, se han cometido auténticas barbaridades. Por poner sólo unos ejemplos diremos que hoy día se publicita un camino romano entre Salamanca y Zamora que nunca fue tal; tampoco existía ningún camino romano al norte de Salamanca, por más que se publicite su prolongación hasta Gijón; la cañada de ganados, sin valor histórico alguno, es lo que se ha identificado como romano y protegido en la construcción de la autovía, obviando la auténtica calzada romana, cortada por la nueva construcción en algunos puntos, como al norte de Calzada de Valdunciel.

Fuente: Isaac Moreno Gallo

En otra parte de esta famosa vía se ha protegido el llamado Camino Real de Castilla, en la sierra de Béjar (Salamanca), por su errónea interpretación como romano, cuando las pendientes que posee y el enlosado o las obras de drenaje transversal remiten más a época moderna. Ningún ingeniero romano hubiera construido una calzada en tan inestables laderas de la sierra, sino que hubiera aprovechado el paso más bajo por el collado. Precisamente, el lugar por donde discurre hoy día la autovía, que se ha superpuesto a la original calzada romana. Aunque, eso sí, realizando numerosas y costosas estructuras para salvaguardar el camino de mulas moderno.

Supuesta calzada romana de Bárcena de Piedeconcha
Un caso parecido y aún más sangrante lo tenemos en la A-67, la Autovía de la Meseta, entre Torrelavega y Reinosa (Cantabria). En este caso, la errónea interpretación del camino enlosado de Bárcena de Piedeconcha provocó una variación del trazado original costosísima. Hoy día se publicita, con un bonito cartel, la vía como romana y se explota turísticamente. Me gustaría saber cómo demonios transportarían los romanos costosos productos de vidrio con caballos sin herrar por tales caminos de cabras que no tienen ni uno sólo de los criterios de construcción romana ingenieril.


Todo este trabajo de identificación correcta y denuncia de los numerosos atropellos que las administraciones públicas han realizado sobre el patrimonio viario romano se lo debemos al auténtico experto en la materia (yo sólo difundo divulgativamente parte de su obra): Isaac Moreno Gallo. Si deseáis más información sobre el tema no dudéis en visitar su web “Traianus” y leer sus interesantes artículos.

Y la próxima vez que os digan que una calzada enlosada con una pendiente de más de 8º es romana levantar la voz y decir que eso no es cierto.

Fuentes:

Moreno Gallo, Isaac:
·        Vías Romanas e Infraestructuras modernas. I Congreso Internacional de Carreteras, Cultura y Territorio. CICCP de Galicia. La Coruña. Marzo 2010.
·        Vías Romanas. Ingeniería técnica y constructiva. Revista Hispania Nostra. Nº 85. Junio, 2005
·        Infraestructura viaria romana II. Ponencia presentada y publicada con motivo de I Congreso sobre las Obras Públicas Romanas celebrado en Mérida el 15/11/2002.
·        Características de la infraestructura viaria romana. Revista Obra Pública Ingeniería y Territorio Nº56. Septiembre 2001.

Rodríguez Morales, Jesús: Las Vías Romanas en la erudición moderna. V Congreso de Obras Públicas Romanas. Marzo, 2010

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