domingo, 4 de diciembre de 2016

La tergiversación histórica es asunto de los historiadores


Cuando era un aficionado a la historia, un aspecto que me molestaba de los historiadores era su falta de concreción. En numerosas ocasiones, cuando intentaba resolver una pregunta concreta referente a un suceso histórico, consultando a los especialistas en el tema, terminaba sin obtener respuesta.

Hoy día, siendo historiador, he logrado comprender que eso de lo que me quejaba es hacer historia. Porque en la historia no existen explicaciones fáciles ni verdades dogmáticas. Las lecturas siempre son múltiples y las posibilidades variadas. La verdad de los hechos, en el mejor de los casos, es una aproximación reducida a escasas variables.

Pero una gran parte de la sociedad no entiende esta característica de la historia. Le gusta la historia sencilla, la de las explicaciones fáciles y únicas. La que nos cuenta los procesos históricos de forma casi novelada. A fin de cuentas, la que nos enseñaron en las escuelas cuando éramos pequeños.

Y ante tamaño público exigiendo una interpretación histórica determinada, numerosos historiadores (y otros personajes que pretenden serlo) se han dejado seducir por “el lado oscuro” de la historia; es decir, por la interpretación subjetiva. Si a lo anterior añadimos el componente nacionalista de los estados modernos y lo aderezamos con un poco de las trasnochadas ideologías del funesto siglo XX tendremos un cóctel peligroso pero de gran atractivo para el gran público.

En el artículo de hoy voy a mostraros un ejemplo de la insidiosa manipulación que aún en la actualidad ciertos sectores ideológicos siguen imprimiendo a la historia.


En el año 754, un anónimo clérigo escribió lo siguiente sobre la invasión islámica de la Península Ibérica: “no podría de ninguna manera la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos ni tan grandes males como ésta soportó” (Crónica mozárabe 754).

Mil doscientos cincuenta años después un ex presidente español pronunció las siguientes palabras: “el problema de España con Al Qaeda empieza en el siglo VIII” (Discurso de Aznar en Georgetown).

Algunos aún no veréis la similitud entre ambas afirmaciones, pero para cualquier historiador levemente versado sobre el tema el parecido es evidente. Se trata de la misma lectura de la historia, sólo que adaptada a los nuevos tiempos actuales. Y esa lectura es una tergiversación histórica evidente, pues se basa en una parte de lo que ocurrió realmente. En concreto, en la parte que le interesa a la ideología que construye el relato histórico nacional.

El primer discurso de José María Aznar como profesor en la universidad de Georgetown de Washington fue noticia, en el año 2004, principalmente por el deficiente inglés con el que fue expuesto. Los periodistas contrarios al ex presidente no dejaron pasar la ocasión para aguijonearle sobre esta peculiar característica, por otro lado, presente en todos nuestros presidentes de gobierno. Algo bochornoso y que me avergüenza sobre manera.  Pero no nos desviemos del tema.

Para la gran mayoría de la población el asunto no pasó de una mera anécdota lingüística. Pero para otras personas más interesadas en el asunto del terrorismo islámico, el discurso fue una ocasión para seguir atizando a Aznar por su decisión de intervenir en la guerra de Iraq.

Dejando a un lado, por el momento, estas críticas, personalmente me pareció más insidiosa la visión partidista, tergiversadora y soterrada de un episodio fundamental en nuestro pasado como nación: la conquista musulmana de 711.

Guerreros musulmanes representados en el manuscrito musulmán de la Maqamat Al-Hariri aprox. del siglo XI


Las ideas defendidas por Aznar y transmitidas en el contexto del terrorismo islámico actual contra la civilización occidental no dejan de ser una reelaboración del discurso histórico iniciado por los vencidos; eso sí, adaptado a los nuevos tiempos mediante el concepto de “Choque de civilizaciones”.

Esta interpretación partidista de la invasión musulmana es una tergiversación histórica que ha pervivido largo tiempo (y seguirá perviviendo mucho más) cuyo objetivo es servir a una ideología concreta. Veamos pues como se inició el discurso y cuál fue su desarrollo hasta hoy día.

La Crónica mozárabe de 754, realizada por los cristianos derrotados, tiene en su base dos ideas de amplio calado que van a tener un largo recorrido histórico. Por un lado la consideración de la conquista islámica como una ruina para la nación española. Por otro lado, la afirmación de que se trató de una conquista violenta realizada por gentes bárbaras.

Hoy día sabemos que considerar al invasor bárbaro y al vencido civilizado es un cliché literario que tiene gran predicamento entre los vencidos. Igualmente, los vencedores, suelen invertir los papeles. Por ejemplo, a muchos os sonará que España llevó la civilización y el progreso a América a través de su conquista.

A la inicial visión catastrofista se le unió, rápidamente, una segunda característica, el providencialismo. Algo lógico teniendo en cuenta la gran influencia de la iglesia en época medieval. De este modo, la conquista ya no será obra de los musulmanes, sino consecuencia del castigo divino sobre el reino visigodo, el cual había ofendido a Dios. No obstante, como Dios aprieta pero no ahoga, eligió a Pelayo para que el pueblo cristiano no fuese del todo sometido.

De forma natural, los reyes astures, o más bien sus cronistas, introdujeron el concepto de la “perdición de España”. Lo que supuso un cambio enorme en la interpretación histórica de la conquista. Ahora ya no fueron los musulmanes los agentes activos de la conquista. Fueron meros agentes pasivos de la divinidad, quién los utilizó para castigar a los impíos (a estas alturas personificado en Witiza). Pero al apropiarse de la herencia visigoda e introducir el concepto de pérdida se infiere la necesidad de una recuperación de lo perdido. Es decir, se justifica la obligación de luchar contra los musulmanes. Y la legitimidad para ello se encuentra entroncando, de forma artificial y sin base histórica, el reino astur de mediados del siglo IX con el reino visigodo de inicios del siglo VIII. La figura clave para ello será Pelayo, cuya tergiversación fue tan profunda que hoy día ignoramos quién fue realmente.

Esta visión de la conquista musulmana, la cual sólo tiene en cuenta una parte de la realidad (la de los vencidos) fue tomada como verdad universal por los historiadores románticos y nacionalistas del siglo XIX. No sólo van a defender la consideración de catástrofe nacional, sino que sustituirán el término conquista por el de invasión. Y con ello sustituyen una irrupción por la fuerza por una ocupación anormal que debe ser erradicada. Hecho que se logrará gracias a la Reconquista, convertida en el objetivo de todos los cristianos que resistieron en el norte peninsular.

El discurso nacionalista españolista ya estaba formado. Los musulmanes eran unos opresores que invadieron la nación de forma ilícita y que oprimieron a la población, razón por la cual se justificaba expulsarlos. La caracterización del invasor como bárbaro salvaje sólo tiene la excepción de Lafuente, lo que evidencia el gran calado del discurso ideológico creado. Entre las obras que aparecen en esta época merece la pena destacar la de Simonet, donde describe a los mozárabes como los españoles buenos, o la de Saavedra, quien se recrea en la crueldad de los invasores.

Durante la dictadura franquista este discurso nacionalista de la historia se impuso de forma única en el conjunto de la nación. Sólo existía esta lectura de la invasión musulmana: una catástrofe, una barbarie, una invasión violenta, la resistencia de los conquistados y el inicio de la Reconquista que recuperaría lo que pertenecía a la nación española, asimilada alegremente con el reino visigodo.

Este discurso, tantas veces escuchado en las escuelas españolas, sigue vigente hoy día actualizado convenientemente. Y ello es posible gracias a una corriente ideológica que lo defiende y difunde, la del nacionalismo católico españolista. Quién sustenta tal interpretación combinándola con el concepto de “Choque de civilizaciones”, acuñado en 1993 por S. Huntington.

En efecto, hoy día es evidente la lucha entre Occidente y el mundo islámico. Tras la Guerra Fría y el fin del comunismo ha sido el Islam, ese viejo enemigo, quién ha ocupado el lugar de la URSS. Seguro que muchos consideran al Islam una sociedad bárbara y atrasada respecto a Occidente. Esa es la base de la teoría de Huntington, la eterna lucha entre civilización y barbarie. Libertad y progreso frente a intolerancia y totalitarismo.

Y esta islamofobia actual que muchos sectores ideológicos occidentales difunden es muy conveniente para apuntalar y actualizar el discurso tradicional de la conquista musulmana de 711. Y eso precisamente es lo que encontramos en el discurso de Aznar.

Colocar la base del enfrentamiento entre Al Qaeda y España en el siglo VIII tiene varias consecuencias implícitas:
-         De una forma sutil asemeja la conquista a una acción terrorista ilegal, lo que consolida la visión tradicional de invasión ilegítima.
-         Por otro lado, desvincula los cercanos atentados del 11-M de su política internacional, centrada en la Guerra de Iraq (auténtica causa de ellos).
-         Se recrea en una islamofobia muy bien vista por algunos sectores estadounidenses en el gobierno por aquel entonces (Bush).
-         Entronca de forma perfecta la interpretación decimonónica de la invasión y la legítima Reconquista con la teoría del Choque de Civilizaciones, en base a la repulsa hacia el Islam.

Por tanto, en el discurso de Aznar, de forma soterrada, encontramos los mimbres que conseguirán perpetuar durante muchos más años esta visión partidista y falsa de la conquista musulmana.

Por tanto, no sólo los historiadores son los culpables de tergiversar la historia. Y, de hecho, por sí solos tienen escasa influencia. Ahora bien, si su labor se encuentra respaldada por poderosas ideologías que a la vez sirven de cauce informativo, las consecuencias serán bien distintas.

¿Cómo fue realmente la conquista musulmana de la Península Ibérica?

Para contestar adecuadamente debemos consultar las fuentes históricas que tenemos. Pasarlas por el filtro histórico que elimine la subjetividad de sus autores y sacar unas conclusiones objetivas. En definitiva, debemos dejar que los historiadores realicen su trabajo sin influencias de ideologías.

Yo no puedo deciros que fue lo que pasó realmente, pero sí puedo informaros que la versión tradicional nacionalista no es verdadera. O, al menos, es sólo una parte de la verdad.

¿Supuso la invasión una ruina para España? Depende del lugar donde pongamos el objetivo. No creo que los cordobeses opinasen eso en el siglo VIII-IX.

¿Fue una conquista violenta? Seguro que en muchos lugares lo fue. ¿Acaso no ha sido así siempre? Ahora bien, también tenemos numerosos documentos que nos informan de múltiples pactos entre musulmanes y peninsulares. Pactos respetuosos que fueron modelos de convivencia. Numerosas ciudades y nobles se acogieron a ellos, lo que les permitió seguir viviendo de manera análoga a la época visigoda. E incluso algunos, como el conde Fortún, decidieron convertirse al Islam, lo que le valió asentar su hegemonía como dinastía más adelante (los Banu qasi de Huesca).

¿Se resistieron los hispanovisigodos a los invasores? Pues debieron existir múltiples situaciones, pero la facilidad de la ocupación, en menos de cinco años, nos indica que no debió existir un gran rechazo. La influencia de la Iglesia potenció la figura de los mozárabes, pero no debemos olvidar que fueron una minoría.

¿Era el reino visigodo civilizado? Una de las causas de la rápida invasión fue la desintegración que vivía el reino visigodo. Siento disentir con la historiografía tradicional nacionalista pero no se perdió una Arcadia. Simplemente unos bárbaros (por continuar con sus definiciones) se impusieron a otros similares.

¿Existió la mentalidad de Reconquista? Inicialmente no. La parte norte no conquistada por los musulmanes fue la escasamente dominada por los visigodos. Unos pueblos que poco tenían que ver con el reino visigodo. Y ellos se defendieron de los musulmanes como anteriormente se defendieron de los visigodos, de los romanos… Fue más adelante, cuando el debilitamiento interno musulmán en la Península posibilitó la recuperación de territorios, cuando se planteó la idea de recuperar tierras al Islam. En ese momento fueron los mozárabes emigrados al norte, que huían de la persecución religiosa, los que crearon y asentaron las ideas de recuperación del reino visigodo. Y para ello no tuvieron ningún problema en inventar unos lazos de unión entre el reino astur y el visigodo que justificara esa Reconquista.

Sirva este post como adelanto a la publicación, en breve, de mi tercer epub sobre mentiras históricas. En esta ocasión me centro en la Edad Media, esa parte de la historia tan novelada como legendaria. Os iré informando.

Feliz Navidad!!!!! 

FUENTES:

Martín, José Luis: Manual de Historia de España. Historia 16.1993.

García Sanjuán, Alejandro: La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado. Marcial Pons. 2013.

2 comentarios:

  1. Definitivamente el punto de vista del observador cuenta mucho, acá en américa no se reconoce el origen de un estado español hasta bien entrado el siglo XII, por el contrario los visigodos son considerados solo una tribu mas que habitó hispánica luego de la caída romana, no como una naciente nación española, por otro lado se valora mucho la influencia civilizadora que los moros llevaron a la península, con aportes sobretodo en la arquitectura, matemáticas, medicina y la marca que en el idioma dejaron y por extensión tenemos ahora en latinoamerica, integrantes entradas amigo español, vine por optometría pero me quedo por historia, saludos desde Colombia.

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    1. Hola Carlos, muchas gracias por comentar y me alegro de tenerte como seguidor.

      Una de las cosas qeu más te abren la mente es viajar. Tanto físicamente como intelectualmente. Conocer otras culturas y su bagaje cultural histórico es fundamental para tener una mente abierta y poner en cuarentena ciertos relatos históricos considerados inalterables.

      El Estado Español, como ente nacional, no puede entenderse antes de la modernidad. En el Medievo existían reinos dispersos que generarán más tarde la base de la nación española, pero nadie en la península Ibérica de aquella época sentía pertenecer a un ente general similar a un estado español.

      La visión bárbara de los visigodos proviene, en muchas ocasiones, de una opinión historiográfica. Fueron los bárbaros los que destruyeron la civilización romana según la historiografía clásica; fueron unos bárbaros los que habitaban la península Ibérica para los conquistadores "civilizados" musulmanes según su versión de la historia. Los escasos restos y documentación perteneciente a los visigodos no les dejan en un muy buen lugar aunque su imagen general podemos matizarla bastante.
      Por último, la herencia musulmana en la sociedad actual es enorme, algo lógico si tenemos en cuenta el gran periodo de tiempo que dominaron la península Ibérica. Pero la historiografía dominante tras la conquista de Granada es hacer pasar sus casi 800 años de presencia como un paréntesis a olvidar. Algo que sólo los más fanáticos pueden seguir creyendo.
      Es algo similar a la consideración de los españoles en Latinoamérica. Para unos fue catastrófica, para otros enriquecedora; para unos salvaje, para otros civilizadora;
      En historia debemos huir de los extremismos y movernos en el término medio, ponderando los pros y los contras y contextualizando los procesos históricos en las mentalidades de los tiempos en los que ocurrieron.
      Aquí en España Latinoamérica se considera un conjunto de países hermanos cuya relación está escasamente desarrollada debido a muchas opiniones estereotipadas y negativas sobre unos sucesos que ocurrieron hace siglos. Supongo que todo será cuestión de tiempo, pues hoy día nadie en España considera que los romanos nos masacraran como pueblo (y vaya si lo hicieron en muchas ocasiones durante su conquista).
      Un saludo

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