Uno de los símbolos más reconocibles de todo país es
su bandera. Aún recuerdo pasarme horas estudiando las banderas de los países
que venían en las páginas centrales del diccionario Iter Sopena (los que
habéis cursado la EGB sabéis de lo que hablo).
Hoy, como un homenaje al Real Decreto del 13 de
octubre de 1843, en el cual se adoptaron los colores actuales para la bandera
de España, voy a realizar un breve repaso sobre el origen y asentamiento de
este símbolo.
¿Os animáis a conocer un poco más del origen de
nuestra bandera?
¿Dónde podemos situar el origen de nuestra
bandera?
En mayo de 1785, el rey Carlos III decidió que los
barcos de su Real Armada lucieran una nueva bandera que pudiera reconocerse a
gran distancia. Han pasado ya 240 años desde aquel momento, y los colores
elegidos —el rojo y el amarillo— dejaron de ser solo los de la Marina para
convertirse, poco a poco, en los colores nacionales de España.
El Decreto, firmado por el rey el veinte y ocho de mayo
de mil setecientos ochenta y cinco indicaba lo siguiente:
“Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que
ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi
Armada naval, y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose á largas distancias,
ó con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen
mis Buques de guerra de Bandera dividida á lo largo en tres listas, de las que
la alta, y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del
total, y la de en medio amarilla, colocándose en esta el Escudo de mis Reales Armas
reducido á los dos quarteles de Castilla, y Leon con la Corona Real encima; y
el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo á lo largo, sobre
quadrado amarillo en la parte superior: Y de las demás Embarcaciones usen, sin
Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla, y del
ancho de la tercera parte de la Bandera, y cada una de las restantes partes
dividida en dos listas iguales encarnada, y amarilla alternativamente, todo con
arreglo al adjunto diseño. …….”.

Modelo adoptado por Carlos III como bandera de la Real Armada española
Desde su primer izado en los buques de guerra, la
acogida fue inmediata. En los puertos de Cádiz o La Coruña, aquella bandera era
lo último que veían quienes despedían a sus seres queridos rumbo a ultramar, y
lo primero que reconocían quienes los recibían en América o Filipinas. El rojo
y el amarillo unieron pueblos, mares y esperanzas compartidas.
¿Era necesario cambiar la bandera?
En el ámbito marino, el pabellón naval es la bandera
que identifica la nacionalidad de una embarcación, determinando el Estado bajo
cuyas leyes opera según el derecho marítimo internacional. Representa tanto una
obligación legal como una tradición esencial, pues otorga derechos y
responsabilidades a la nave.
El uso de enseñas navales data del Neolítico, en
embarcaciones que surcaba el rio Nilo, aunque su función como emblema surgiría
durante el Imperio Romano. En las Cruzadas, entre los siglos XII-XIII, los
blasones heráldicos comenzaron a aparecer en las banderas, convirtiendo los
pabellones en símbolos de autoridad y poder.
Con el desarrollo de las marinas, las figuras
heráldicas se simplificaron en favor de colores que fueran más visibles,
facilitando la identificación de los buques en alta mar. A lo largo de los
siglos, leyes y ordenanzas han regulado el uso del pabellón naval, consolidando
una tradición que perdura hasta nuestros días.
En el siglo XVIII, el color blanco de los Borbones
distinguía las banderas militares, pero su uso común entre potencias europeas
causaba confusión en el mar. De ello nos informaba el capitán de navío de la
Armada Española Cesáreo Fernández Duro:
“Las guerras que en esta época ocurrieron dieron a
conocer los inconvenientes que tenía un distintivo nacional que solo en los
cuarteles del escudo se diferenciaba de los de Francia, Nápoles, Toscana, Parma
y otros estados regidos por la Casa de Borbón, que no siempre mantenían entre
si la buena armonía de familia.
Por ser blancas sus respectivas banderas
sucedían incidentes desagradables, no distinguiéndose en la mar los amigos de
los enemigos hasta encontrarse a muy cortas distancias, y tanto se repitieron
las ocurrencias de esta especie, que hubo de reconocerse la necesidad de
adoptar otra enseña más visible.
Doce modelos se presentaron por el
Ministerio de Marina a la elección del rey Carlos III, en once de los cuales
predominaba el color rojo, y el soberano, que sin duda recordaba los que mejor
simbolizan las glorias españolas, tuvo el buen criterio de no elegir ninguno de
los signos de personalidad o de abolengo, que son perecederos, fijándose en los
tradicionales de la nación, que debieran durar tanto como ella”.

Doce modelos propuestos de bandera.
Por ello, el rey Carlos III adoptó una bandera con
colores claramente diferenciados, incorporando un escudo real simplificado.
Esta medida daría origen a la actual bandera, cuyos colores nos identifican
como nación.
A continuación, os muestro la evolución de banderas que
ha tenido nuestra nación.

Evolución de las banderas españolas a lo largo de la historia
¿Por qué se eligieron esos colores?
El color rojo ha sido símbolo distintivo del pueblo
español desde el proceso de reconquista y repoblación en la Península Ibérica.
En la heráldica medieval, el rojo o gules fue el preferido para insignias y
pendones militares. Rojos eran los estandartes de las tropas cristianas, las
cruces de la Santa Hermandad y las aspas de Borgoña, emblema perdurable de los
ejércitos españoles. Este color, presente en banderas y distintivos; la faja o
banda servía como divisa para conocer de qué nación era quien la portaba:
carmesí el español, blanca el francés, anaranjada el holandés, etc.
El amarillo, por su parte, tuvo protagonismo en los
uniformes de la Guardia Real entre los siglos XVI y XVIII. En 1748 y 1781 se
ordenó su uso en la arboladura y franjas de los costados de los buques, reemplazando
el blanco borbónico. Así, los colores rojo y amarillo reforzaron la identidad naval
española, diferenciándola de la monarquía francesa y aunque el decreto de 1785
no lo explicitó, la combinación de ambos tonos consolidó una bandera representativa
de la nación española, desligada de influencias dinásticas.

Mi bandera (2014). De Ferrer-Dalmau. Museo Naval de Madrid.
Los teñidos de carmesí, rubio y gualda se conseguían
de productos naturales muy vinculados con la historia textil española. Eran
tintados muy estables a sol y a la humedad, lo que permitía que el tejido de la
bandera no se aclarara, soportando las duras condiciones ambientales del mar.
¿Y la historia del escudo español?
Aunque una representación de Hispania en imágenes ya
era patente en monedas romanas, no es hasta el siglo XII cuando se adopta la
heráldica como sistema simbólico. A lo largo de los siglos, diversos emblemas
identificaron los territorios gobernados por los monarcas que conformaron los
Reinos de España, desde los visigodos hasta hoy.
En 1230 el rey Fernando III el santo, rey de Castilla
y León, quiso unificar en su escudo la unión de los dos reinos, inventando el
escudo en cuartelado con las armas de Castilla por un lado y León por otro, en
una combinación que fue de tal agrado que en el resto de Europa se imitó esa
forma de cuartelado.
Con la unión, siglos después, de los reinos de
Castilla y Aragón, los Reyes Católicos adoptaron el escudo con el águila negra
y los escudos cuartelados de Castilla y León, como hasta entonces, además de
los escudos de la Corona de Aragón y las Dos Sicilias. También aparecía por
primera vez una granada, símbolo de la conquista de este reino a los musulmanes,
o las cadenas de Navarra.
Con el tiempo, se añadieron emblemas de los
territorios europeos incorporados por sus sucesores. Con la llegada de la casa
de los Austrias, el escudo pasa a «agrandarse» con la corona imperial y el
águila bicéfala del Sacro Imperio Romano Germánico. A la amalgama de escudos
ibéricos hay que añadirle ahora los de Austria, Borgoña, Brabante y Flandes. A
partir de 1580 se añadiría el escudo de Portugal. Aparece también el Toisón de
Oro.

Escudos heráldicos desde los Reyes Católicos hasta la actualidad
Con la llegada de los Borbones al trono español, se
añadió en el centro del escudo un símbolo con las armas de la nueva dinastía.
Como el diseño completo era muy complicado, se creó también una versión más
sencilla, basada en los emblemas de Castilla, que representaba la unidad de
España y sus territorios. Esta versión simplificada se usó en monedas, sellos, banderas
y otros símbolos oficiales.
¿Qué expansión tuvo la medida de cambiar
la bandera?
Desde su origen en 1785, los colores del pabellón
naval se expandieron más allá de la Armada, convirtiéndose a lo largo del siglo
XIX en un lienzo que plasmó la memoria colectiva de la nación.
De no haberse tratado de colores reconocidos y
ampliamente aceptados como nacionales, difícilmente podría explicarse la rápida
expansión de su uso hacia otras instituciones y, en poco tiempo, al ámbito
popular.
La prontitud con que se emprendió la difusión y el cambio
integral del nuevo pabellón de la Armada fue realmente destacable. Se emitieron
las órdenes pertinentes para garantizar su pronta adopción y conocimiento tanto
en el territorio nacional como en el extranjero.
Su empleo se generalizó con rapidez en los buques y dependencias
de la Armada. Pronto, otras instituciones solicitaron autorización para
utilizarlo, lo que evidencia que la percepción de una identidad nacional, concentrada
en este símbolo, comenzaba a consolidarse favorablemente. Este proceso llevó a ampliar
su uso a: «las Plazas Marítimas, para que no haya diferencia de Pabellón en
la mar y sus costas» como indica la instrucción del ejército del 24 de mayo
de 1786. Resulta especialmente interesante esta extensión, pues confirió al
pabellón nacional un carácter de territorialidad que antes no se le atribuía.
Cabe destacar, además, que la disposición de sus
colores en fajas o listas horizontales incrementó su visibilidad, así como la
ubicación del escudo en el tercio próximo al asta, una disposición
tradicionalmente naval.
¿Cuándo podemos considerar que nuestra
bandera se adoptó definitivamente en nuestro país?
Durante el siglo XIX, la bandera rojigualda experimentó
una profunda transformación: de ser un distintivo de la Armada pasó a convertirse
en el emblema más representativo de la nación española. Este proceso se vinculó
con el surgimiento de un sentimiento nacional durante la Guerra de la Independencia,
cuando el pueblo dejó de ser vasallo para asumirse como ciudadano partícipe del
gobierno y del destino común del país.
En efecto, durante la Guerra de la Independencia
contra Napoleón surgió un sentimiento de identidad nacional recogido en la
Constitución de 1812, y los colores de la bandera comenzaron a reconocerse en
costas y fronteras, adquiriendo carácter de territorialidad.
En 1820, el liberalismo fortaleció esta nueva identidad
al incorporar los colores navales en las banderas de la Milicia Nacional, cuerpo
de ciudadanos armados creado para defender el régimen constitucional liberal. Estas
banderas llevaban en su centro la palabra “Constitución”. Aquellas
enseñas, bendecidas y juradas por los soldados, simbolizaban el compromiso con
la libertad y los principios constitucionales, y se convirtieron en los
primeros estandartes de alcance verdaderamente nacional.
Poco a poco sus colores se hicieron presentes en
balcones y plazas, en fiestas populares, ceremonias religiosas, desfiles
solemnes y bulliciosas verbenas. Entre farolillos, mantones y carteles, la
bandera se confundía con el pulso del pueblo, izada en Palacio, Congreso y
Senado, en edificios públicos, acompañando inauguraciones, misas de campaña,
funerales, corridas de toros, cabalgatas y centros escolares.
El punto decisivo llegó en 1843, cuando la Monarquía
española, recogiendo un sentimiento popular, igualó los colores de las banderas
del Ejército y la Milicia Nacional con las de la Armada, lo que sería el primer
paso para adoptar formalmente la bandera rojigualda como enseña del Estado.
El Real Decreto de 13 de octubre de 1843 estableció
que:
“Las banderas y estandartes de todos los cuerpos e institutos
que componen el Ejército, la Armada y la Milicia Nacional serán iguales en
colores a la bandera de guerra española, y colocados estos por el mismo orden
que lo están en ella”.
Desde entonces, la bandera pasó a representar simultáneamente
a la Monarquía y a la Nación. Los viajes regios y actos públicos extendieron su
uso por toda la península, ondeando en fortalezas, edificios oficiales y
hogares particulares. Incluso durante la Primera República, su arraigo fue tan
profundo que se mantuvo como símbolo nacional, limitándose los cambios a la
eliminación de la corona y los escudetes dinásticos.
Así, a lo largo del siglo XIX, la bandera rojigualda
se consolidó como símbolo de la monarquía constitucional y emblema de la unidad
nacional española.
¿Se mantuvo inalterable esta combinación
de colores desde entonces?
La verdad que no. En el siglo XX los intensos cambios
políticos que sacudieron a nuestro país provocaron que la enseña nacional
cambiara tanto la distribución de colores como el escudo.
Durante la Segunda República (1931-1939), se cambió el
escudo, desapareciendo la corona, y también se cambió la última franja roja por
la morada, en recuerdo del pendón morado de Castilla que enarbolaron los
comuneros que se sublevaron contra Carlos I.
Tras la guerra civil española y la imposición de la
dictadura franquista (1945-1977), en España se volvieron a utilizar los colores
clásicos, aunque sustituyendo el escudo por uno muy parecido al que llevaron
los Reyes Católicos, con el águila negra de San Juan y con las columnas de
Hércules en la parte externa de las alas.
Por último, con el final del franquismo y la llegada
de la democracia se volvió a cambiar el escudo, manteniendo los colores tradicionales.
Para el escudo se decidió regresar también a la tradición histórica,
representando los antiguos reinos peninsulares históricos: Reino de Castilla,
Reino de León, Corona de Aragón, Reino de Navarra y Reino de Granada.
Además, se integra el escudo de armas de la casa de
los Borbones, la corona real y las columnas de Hércules, que flanquean el
escudo y soportan el lema de España: Plus Ultra (en latín, Más Allá).
¿Tiene futuro nuestra bandera en el siglo
XXI?
Hoy, la bandera sigue viva: ondea sobre obras
finalizadas, vibra en las selecciones deportivas y acompaña actos cívicos,
recordándonos que es símbolo de identidad, memoria y orgullo, uniendo pasado y
presente bajo sus históricos colores.
Hasta la próxima





No hay comentarios:
Publicar un comentario