jueves, 26 de septiembre de 2019

Mis OTRAS 5 visitas imprescindibles a Budapest


La capital de Hungría es un destino que posee una gran oferta turística, por lo que me parecía injusto circunscribir sus encantos a sólo 5 lugares principales. Por tanto, como complemento del anterior post sobre Budapest (aquí) voy a completarlo con esta segunda selección de atracciones obligatorias para todo viajero que se acerque a la perla del Danubio.


El Puente de las Cadenas

El Danubio parte en dos a la ciudad de Budapest. No en vano su nombre proviene de la unión de los barrios de Buda y de Pest. Y si existe un puente emblemático que sobresale como imagen icónica de la ciudad ese es el llamado Puente de las Cadenas.

El Puente de las Cadenas de Budapest.

Se le conoce como el Puente Széchenyi, en honor a su creador, el conde István Széchenyi. En muchos lugares leeréis que es el más antiguo de la ciudad, pues fue inaugurado, tras 20 años de trabajo, en el año 1849. No obstante, sólo las partes de piedra son de esa época pues el resto del puente fue volado por los alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción se terminó para su centésimo aniversario, en 1949.

Se trata del primer puente construido en Hungría sobre el Danubio y, actualmente, el segundo más grande de todo el tramo de este río. Sus casi 400 metros de largo fueron una maravilla en su época y aún sigue impresionando a todos aquellos que lo cruzan.

La particularidad de este puente colgante reside en los famosos eslabones de cadenas que sustituyen a los típicos cables existentes en este tipo de construcciones. Además, este tipo de cadenas poseen una preciosa iluminación que hace que el puente cobre vida propia por las noches con el Castillo de Buda al fondo.

El Puente de las Cadenas de Budapest.

Una de las cosas que más llama la atención a los visitantes son los leones que vigilan las entradas. Existe la leyenda que su escultor, Janos Marschalko se suicidó cuando se burlaron de él por no hacerles lengua. La realidad fue que ni se suicidó ni que los leones carecen de lengua. La tienen, pero dentro de sus fauces, como buenos felinos que son (al jadear, al contrario que los perros, no sacan la lengua).

La Gran Sinagoga de Budapest (Dohány utcai Zsinagóga)

Elegir la Gran Sinagoga de Budapest como el templo imprescindible a visitar de la ciudad por delante de la Catedral sorprenderá a muchos, máxime tratándose de un país eminentemente católico. Pero no estamos ante una sinagoga cualquiera. Se trata de la segunda sinagoga más grande del mundo (la primera está en New York).

Este tamaño venía justificado por la gran cantidad de población judía existente en Hungría en el siglo XX. Aunque en el país llegaban únicamente al 5% en 1910, en Budapest constituían el 23% de la población. Con una presencia eminentemente urbana y en puestos de gran importancia económica, para 1930 los judíos suponían el 50% de los abogados, de los médicos o de las personas dedicadas a las finanzas en el país. Ello provocaría un odio hacia el judío desde los partidos de extrema derecha, el cual se convirtió en gobernante del país de la mano de Gyula Gömbös. A las leyes antisemitas se sumaría, ya bajo dominio nazi, la persecución y el exterminio de la comunidad judía en Hungría. Se estima que en este periodo del Holocausto murieron unos 600.000 judíos. Alemanes y nacionalistas húngaros colaboraron activamente en las matanzas, lo que aún provoca series conflictos en el país al asumir ese pasado reciente.

Este pequeño resumen histórico creo que es necesario para poder entender bien lo que vamos a visitar en la Sinagoga, pues no sólo se trata de un templo religioso, sino en un monumento al recuerdo de la persecución de los judíos en Hungría. No en vano, la Sinagoga se levanta en la calle Dohány, que antaño constituía el límite del gueto de Budapest.

Su exterior no es muy fotogénico, encajonado entre calles y edificios. No obstante, sus dos torres gemelas de 43 metros son bien visibles desde varios puntos de la ciudad gracias a esas características cúpulas que las coronan.
La Gran Sinagoga de Budapest

Pero al igual que pasaba con las sinagogas de Praga, aquí lo mejor se encuentra en su interior. El edificio, levantado en 1859 (luego fue destruido durante la II WW y olvidado en el comunismo, siendo el edificio actual una restauración de 1998), se realizó en un estilo morisco con fuertes influencias de la arquitectura árabe de la Alhambra nazarí.

De su interior me sorprendió el uso de hierro fundido en las columnas, que contrasta poderosamente con el resto de decoración, la vidriera de la entrada o el altar, emulando la fisonomía de muchas iglesias cristianas, o el órgano del interior, bastante excepcional. En general tenemos una mezcolanza de estilos que ejemplifica la variedad de lugares por la que los judíos han transitado a lo largo de su historia.

Interior de la Gran Sinagoga de Budapest

También sorprende la magnitud de asientos existentes en el edificio. Su aforo, de unas 3.000 personas, se encuentra dividido entre hombres y mujeres (planta superior), los cuales no se podían mezclar. Los observadores se percatarán de la existencia de banderas en muchas de las filas de los bancos. Se trata de la manera de que los numerosos guías expliquen a los turistas las particularidades de este colosal edificio en cada uno de sus idiomas.

La visita a la Sinagoga no termina con el templo. Al contrario, a su alrededor encontramos otros puntos de interés. Anexo a la Sinagoga se encuentra el Museo judío, que ocupa la antigua casa de dos pisos donde nació Theodor Herzl, fundador del sionismo político moderno y padre del actual Estado de Israel. Aquí se muestran tanto objetos religiosos y como otros utilizados en las grandes festividades de esta comunidad. Y, por supuesto, una zona dedicada al recuerdo del Holocausto.

No es la única referencia al exterminio judío que vamos a encontrar aquí. Justo en el jardín trasero del Templo de los Héroes (Memorial a los judíos húngaros que perecieron en la I WW), también se encuentra el cementerio judío. Este cementerio no tiene la extensión ni la fama del de Praga, pero resulta especial por encontrarse junto a la Sinagoga (algo inusual y prohibido por el judaísmo). Su excepcional ubicación se debió a que fue el único lugar en el que se pudieron enterrar a todos los judíos que fallecieron durante el duro invierno de 1944-45, en el que la hambruna a la que fue sometido el gueto supuso la muerte de 2000 personas.

El otro elemento alusivo al Holocausto es el conocido como Árbol de la Vida, situado en el Memorial Park Raoul Wallenberg. Se trata de una construcción en metal que semeja a un sauce llorón y que contiene, en cada una de sus hojas, el nombre de un judío muerto en el Holocausto. También se recuerdan aquí a los llamados Justos entre las Naciones, personas que ayudaron a salvar a muchos judíos arriesgando sus vidas. Un monumento está dedicado a Raoul Wallenberg, diplomático sueco conocido como el Schindler de Hungría. No obstante, a mí me gustaría destacar la figura de Ángel Sanz Briz, denominado el Ángel de Budapest. Gracias a la tramitación, desde la embajada española de Budapest, de diversos pasaportes a judíos sefardíes logró salvar a unos 5.000 judíos húngaros del Holocausto.

Cementerio y jardín de la Gran Sinagoga de Budapest

La visita a la Gran Sinagoga de Budapest se puede visitar del 28 de abril al 28 de septiembre de 10.00 a 20.00H y los viernes de 10.00 a 16.0H. Los sábados está cerrada. El precio de la entrada completa (Sinagoga, Museo, Templo de los Héroes, Lapidarium y Parque Memorial Raoul Wallenberg) son 4.500 HUF.

Para más información se puede consultar la página: http://www.jewishtourhungary.com/es/

La Basílica de San Esteban (Szent István-bazilika)

Se trata del edificio religioso más grande de Hungría y no en vano es capaz de acoger a unos 8.500 feligreses en su interior. Sus enormes dimensiones (55 metros de ancho X 87 de largo) se magnifican al observarla al fondo de la plaza Szent István debido a la perspectiva que le otorgan los dos edificios que la flanquean.

Basílica de San Esteban. Budapest.

Aunque nadie lo diría, se comenzó a construir en el año 1851 y las obras finalizaron en 1905. Un tiempo excesivo para la arquitectura moderna pero que tiene fácil explicación: la gran cúpula tuvo que ser derruida y vuelta a levantarse en el transcurso de las obras. En estilo neoclásico, posee dos torres simétricas a modo de campanarios y una gran cúpula central de 96 metros de altura. Sus finas líneas arquitectónicas externas, desprovistas de decoración escultórica (salvo en el frontón), no nos avisan del suntuoso interior que vamos a encontrar al atravesar las puertas del templo.

La entrada debería ser gratuita, pero existe una especie de hucha gigante y un vigilante que se encarga de que ningún turista entre sin realizar la donación correspondiente (al cambio no llega a dos euros). Aunque no es dinero para ver este monumento, la obligatoriedad del donativo me pareció de muy mal gusto.

Frescos, mosaicos, lujosos altares y el uso de mármol negro, blanco y rojo hacen de este templo una auténtica belleza. Recorrer su amplio espacio, deteniéndose en las diferentes capillas os mostrará rincones encantadores.

Una de las paradas principales en nuestro recorrido por el interior del templo debe ser en el relicario que conserva la mano derecha momificada de San Esteban I, el primer rey húngaro canonizado tras su muerte. El lugar no tiene pérdida, pues está a nuestra derecha nada más entrar.
Interior de la Basílica de San Esteban. Budapest.

Y otra, si os gusta el fútbol, debe ser honrar la tumba de uno de los mejores goleadores de todos los tiempos, Ferenc Puskás, delantero húngaro del Real Madrid con el que conquistó 3 Copas de Europa (entre otros títulos). Cañoncito Pum, como era apodado en Chamartín, murió en 2006 y fue enterrado aquí con todos los honores de Estado. No obstante, al hallarse en la cripta, sólo podréis acceder con un permiso especial.
 
Es posible, por unos 500 HUF, subir a la torre sur (tanto por escaleras como por ascensor) y admirar unas excelentes vistas de la ciudad a vista de pájaro. Sin duda, en mi opinión, mucho mejor opción que visitar su tesoro, también de pago.

Por último, enfrente de este templo se encuentra la famosa heladería Gelarto Rosa, una parada imprescindible para los golosos por sus originales helados con forma de rosa.

Mercado Central de Budapest (Központi Vásárcsarnok)

Este mercado cubierto es el más grande del país y se ha convertido en un auténtico emblema de la ciudad. No en vano, en el año 2013, fue elegido como el mercado más bello de Europa por la CNN. Encontrarlo es relativamente sencillo, pues está al final de la comercial calle Váci, junto al puente de Szabadsag (Libertad) y la estación de metro de la línea M4 Fővám tér. En tranvía se puede llegar tomando los números 2, 47, 48 y 49.

Se comenzó a levantar en 1894 y tras tres años de trabajo fue inaugurado convirtiéndose en uno de los más modernos de su época. No sólo por su construcción en hierro, sino por las estrictas normas para acabar con la plaga de enfermedades de los habitantes. Aunque las medidas fueron discutidas por los comerciantes y por los compradores, que se quejaron de que el precio de los alimentos subió mucho, la efectividad de todas ellas terminó por dar la razón al organizador, Nandor Ziegler.

Como era costumbre entonces, se utilizó profusamente el acero, aunque mezclado con el ladrillo y el azulejo de Zsolnay, algo muy patente en su imponente fachada.

Mercado Central de Budapest.

La Despensa de Budapest, como suelen llamarle los locales a este mercado, es el lugar idóneo para encontrar cualquier tipo de producto. En el sótano se encuentra los puestos de pescado; en la planta baja se encuentran los puestos de frutas, verduras, carne o leche. Para comodidad del usuario los puestos se encuentran divididos en bloques temáticos. E incluso en rango de precio. Según se entra por la puerta principal, a la izquierda se encuentran los puestos de precio más económico, mientras que a la derecha los más caros con productos más especiales.

En la primera planta vamos a encontrar los típicos puestos de souvenirs enfocados al turista, con una notable muestra de artesanía, destacando los bordados. También se encuentran aquí puestos que sirven típica comida húngara por módicos precios.

Y aunque es un lugar invadido por el turismo de masas (en épocas álgidas pasan 25.000 personas al día por aquí), los locales siguen comprando y consumiendo en este emblemático lugar por tener la más variada oferta de productos de toda la ciudad.

Interior del Mercado Central de Budapest.

La importancia de este mercado reside en que vamos a poder encontrar todo tipo de alimentos típicos de Hungría. De mi primer viaje traje el famoso pimentón (Paprika), aunque también podemos consumir allí mismo productos típicos como los lángos (especie de pan frito plano al que añadir sabores dulces y/o salados); la kolbász sült (salchicha frita); la hurka (carne de cerdo con sangre); y como dulce un pastel denominado kürtőskalác, que me pareció algo similar al que comí en Praga (Trdelník), por lo que deduzco se trata de una receta de esta zona de Europa oriental.

Como curiosidad indicar que existe un desnivel de metro y medio entre los extremos del mercado, lo que antaño servía para transportar más fácilmente las mercancías desde el Danubio hasta los puestos de venta.

El mercado actual es una reconstrucción del año 1994, pues el original quedó muy dañado en la Segunda Guerra Mundial y terminó siendo abandonado durante la época comunista.

El horario de apertura es de martes a viernes: de 6:00 a 18:00 horas. Lunes: de 6:00 a 17:00 horas. Sábados: de 6:00 a 15:00 horas. Domingos cerrados.

Museo Nacional de Hungría (Magyar Nemzeti Múzeum)

Se trata del segundo museo más interesante que descubrí en Budapest. Situado entre la Gran Sinagoga y el Mercado Central, el edificio clasicista resulta muy similar al del otro gran museo de la ciudad (El Museo de Bellas Artes): un templo griego clásico octástilo con columnas corintias y frontón con decoración escultórica.

Museo Nacional de Hungría.

En el interior vamos a descubrir la mayor colección pública de Hungría, la cual nos va a llevar desde la fundación del Reino húngaro hasta 1990 a través de importantes piezas históricas.

La exposición permanente se compone de siete secciones diferentes, insertas en el interior de un bello edificio decorado con frescos y estucos.

Os recomiendo comenzar por la parte Prehistórica, a la cual se accede por una pequeña entrada situada a nuestra derecha nada más entrar en el museo. Existen diversas piezas y reconstrucciones de viviendas que nos ofrecen una visión muy rica de este periodo histórico.

También en esta parte del museo vamos a encontrar las antigüedades celtas, romanas, y las pertenecientes a los ávaros, a los carolingios y a la conquista húngara. Entre las piezas a destacar, los numerosos tesoros de oro o las reconstrucciones de viviendas o armas antiguas. También me gustó el recargado Vaso bizantino para agua santa, el cual posee la inscripción “Cristo, la fuente viviente de la curación” junto a una profusa decoración a base de flores, hojas y figuras mitológicas.
Exposición del Museo Nacional de Hungría.

Puede que ya os esté apeteciendo subir las preciosas escaleras, pero aún os queda ver algo sorprendente en esta primera planta. Se encuentra en una pequeña habitación situada a la izquierda según accedemos al museo, justo detrás de la tienda de souvenirs y la librería. Suele estar cerrada, por lo que es posible que tengáis que pedir a un conserje o vigilante permiso para acceder. Pero la insistencia vale la pena, pues encontraréis las piezas más importantes del primer reino húngaro.

Entre estos objetos fundamentales de la historia húngara voy a destacar El manto de la coronación, una prenda utilizada en la coronación de los reyes húngaros que se realizó en el año 1031 y fue utilizada por el rey San Esteban I. Está realizado en seda bizantina y decorado con bordados de hilos de oro. La decoración muestra a Cristo en dos de sus versiones, como el conquistador de la muerte con sus pies en dos dragones y como juez del mundo. Se acompaña de los Apóstoles y los Profetas del Antiguo Testamento junto al rey Esteban I y su mujer Gisela.
Manto de la coronación de Esteban I. Museo Nacional de Hungría. Foto Web del museo.

Una parte interesante es el Lapidarium romano, situado en el sótano, al que llegamos tras atravesare el guardarropa, los servicios y la cafetería que se sitúan en la planta baja. Aquí encontraremos una muestra excelente de numerosos ejemplos de urnas, lápidas y sarcófagos con los que conocer la evolución de los enterramientos romanos.

Lapidarium romano. Museo Nacional de Hungría.

En la planta superior del museo vamos a realizar un recorrido cronológico por la historia de Hungría, la cual está dividida en diversos periodos. Comprobaremos la vida que llevaban y los objetos pertenecientes a diversos monarcas medievales, el periodo de dominación otomana en los siglos XVI-XVII, la guerra de independencia, la conformación de una identidad nacional al inicio del siglo XIX o las épocas de ocupación alemana y soviética en el siglo XX.

Entre los objetos que encontraremos me sorprendió toparme con un retrato de Segismundo de Luxemburgo como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, obra de Durero y copia del original que se encuentra en el Germanisches Nationalmuseum de Nuremberg; numerosos vestidos de época; instrumentos musicales variados, entre los que destaca un piano de Beethoven; o una escuela de principios del siglo XX que me recordó a la que pudo utilizar aquí mi padre en su niñez.

Exposición del Museo Nacional de Hungría.

Respecto al fin de la época comunista destacar la mano rota de la estatua de Stalin, derribada y rota por la enervada población en la revolución de octubre de 1956, o la escena del típico salón con la televisión antigua.

Exposición época comunista. Museo Nacional de Hungría.

En definitiva, un museo muy atractivo, que se recorre en unas 2-3 horas, y que nos va a permitir empaparnos de la historia de este país a través de sus principales reliquias. Algo muy recomendable si tenéis tiempo suficiente y os gusta la arqueología y el arte.

Para información sobre horarios y precios consultar su web: https://mnm.hu/

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