domingo, 28 de abril de 2019

No merece la pena dormir en Córdoba


Córdoba es una de las ciudades más encantadoras que conozco. Si en otro post os hablé de mi encanto por Mérida, por su gran pasado romano, aquí cambiamos de tercio y nos adentramos en los tiempos medievales, cuando esta ciudad era una de las más importantes del mundo.

Ese pasado califal está muy presente aún en su callejero y monumentos, razón por la cual su visita detenida resulta imprescindible para poder empaparse de las maravillas de aquella cultura fosilizada en la arquitectura y el ambiente que posee esta pequeña ciudad.

¿Os apetece daros un paseo por Córdoba?


A continuación, voy a detallar mis visitas imprescindibles a la ciudad, un paseo subjetivo por esta preciosa ciudad andaluza.

1-    La Mezquita de Córdoba

Se trata del monumento más importante de la ciudad y, en mi opinión, uno de los más importantes de toda España. Para muchas personas es el primer contacto que tienen con la cultura musulmana lo que les impide valorar la Mezquita en su justa medida; esto es, como uno de los principales monumentos religiosos musulmanes de todo el mundo. Con más de 20.000 metros cuadrados de superficie, es la tercera mundial en dimensiones (tras la de la Meca y la Mezquita Azul de Estambul).

Antes de entrar a su interior os aconsejo rodearla tranquilamente, admirando su aspecto de fortaleza. Los muros sobrios y las escasas ventanas no parecen presagiar nada de su belleza interior. Pero cuando nos topamos con alguna de sus decoradas puertas nuestra imaginación comienza a abrirse.

En la fachada oeste destacar la Puerta de San Esteban, la más antigua (S. VIII) y que sirvió de modelo a las posteriores, y la Puerta del Espíritu Santo, realizada en la ampliación de Alhakén II y que me parece una de las más bellas de todas gracias a sus dovelas, su decoración vegetal y geométrica, su policromía, y el típico arco de herradura. En la fachada este cabe destacar la excepcional sucesión de puertas, muy similares a las anteriores, cuyo conjunto resulta hipnotizador en cuanto a la gran cantidad de detalles decorativos.
 
Puertas fachada oeste de la Mezquita-Catedral de Córdoba
La entrada a la mezquita se realizada por la fachada norte, a través de la Puerta del Perdón, anexa a la Torre - Campanario de la Catedral y antiguo Alminar de la Mezquita. Realizada en estilo mudéjar, destacar la decoración pictórica cristiana existente en los vanos de los arcos polilobulados musulmanes. Un anticipo de la fusión religiosa que contiene este monumento.
 
Puerta del Perdón (Mezquita-Catedral de Córdoba)
El campanario fue reformado en su parte superior para acoger las campanas con las que los cristianos llaman a la oración, por lo que su función no varió a pesar del cambio de aspecto.

El patio de los naranjos es la antesala a la visita al interior de la mezquita. En época musulmana era el lugar de las abluciones, aunque también se utilizó como escuela infantil, mientras que los cristianos lo adaptaron como hospital y orfanato. Lugar de relajación y esparcimiento, conviene pasear tranquilamente escuchando el rumor de las fuentes o por la sombra de las galerías laterales. 
Campanario y patio de los naranjos

La primera sensación que obtenemos al entrar al interior de la mezquita es la de oscuridad. De repente se hizo la noche y nuestros ojos tardan unos cuantos segundos en adaptarse a la escasa iluminación. Nada del exterior nos prepara para el tesoro que nos aguarda. Un bosque de ordenadas columnas, arcadas bicolores y arcos superpuestos se abre ante nosotros sumiéndonos en una especie de agradable desorientación. Las exclamaciones de admiración acaban de comenzar.
 
Columnas Mezquita-Catedral de Córdoba
En verdad nunca vamos a estar perdidos, pues la sucesión de arcadas nos dirige, irremediablemente hacia la quibla, el lugar más sagrado del templo. Por lo tanto, dejemos que nuestros pasos nos guíen relajadamente.

Resulta interesante, en el camino, admirar las columnas. Una enorme variedad de capiteles, fustes y basas nos recuerda que fueron reaprovechadas de anteriores construcciones romanas y visigodas. El bicromatismo de los arcos se consiguió al alternar piedra caliza y ladrillos rojizos.
Interior de la Mezquita de Córdoba

La genialidad de esta construcción está, precisamente, en los arcos. ¿Cómo esas frágiles columnas pueden sostener la enorme techumbre? Colocando los arcos de herradura por debajo de los arcos de medio punto que, sin tener ninguna misión de sostenimiento, actúan como tirantes de hierro o madera. Se trata de una solución similar a la de los acueductos romanos aunque, aquí, para lograr que los fieles tuvieran más espacio para la oración, se colocaron los elementos de más peso en la zona superior (al contrario de lo que dicta la lógica).

A mitad de camino hacia la quibla nos toparemos con una Catedral cristiana de golpe. Se trata de un auténtico añadido de cuestionable valor estético pero que, a la larga, sirvió para mantener con vida el resto de edificio musulmán. De no haberse realizado así, la suerte de la mezquita hubiera sido derruirse y sustituirse por una esplendorosa catedral cristiana, tal como ocurrió en otros lugares como, por ejemplo, Sevilla. Por tanto, dejemos ideas negativas a un lado y admiremos la belleza de poder encontrarnos, en un mismo lugar, arcos cristianos y musulmanes.

Este templo, llamado el Corazón de la Catedral, fue construido en 1523 bajo la dirección de los arquitectos Hernán Ruiz, el Viejo y su hijo. Se trata de una colosal basílica cruciforme renacentista de estilo plateresco.

Resulta muy gratificante poder detenerse en la simbiosis de dos estilos tan diferentes y fijarse en detalles y perspectivas realmente bellas. 
Simbiosis de estilos arquitectónicos en la Mezquita de Córdoba

Tras admirar esta magnífica obra cristiana avanzamos hacia el lugar más decorado del edificio musulmán: la maqsura, lugar reservado al califa, y el mihrab, lugar más sagrado de la mezquita.

Construidos durante la ampliación de Alhakén II, esta zona se encuentra rodeada y dividida en tres por columnatas de arcos polibulados entrecruzados. El pabellón central, situado frente al mihrab, es la zona más recargada en cuanto a decoración. Tiene planta octogonal (una originalidad andalusí) y una preciosa cúpula con forma de concha. 
Arcos polilobulados y cúpulas de la Mezquita de Córdoba

El muro frontal posee una rica decoración en yesería y con mosaicos bizantinos dorados que os dejarán obnubilados.
 
Mihrab Mezquita de Córdoba
Como curiosidad indicar que el habitáculo del mihrab, que se halla incrustado en el muro de la quibla, tiene como una de sus principales características que no fue orientado hacia La Meca, sino 51º grados más hacia el sur, algo habitual en las mezquitas de al-Ándalus.

2-    Plaza del Potro

La plaza del Potro es una de las más encantadoras de la ciudad. Un auténtico monumento en sí mismo. En el Siglo de Oro era centro de reunión de mercaderes (aquí se celebraban ferias de ganado, de ahí su nombre) y lugar de encuentro de numerosos trúhanes y meretrices, pues aquí se ubicaban media docena de posadas. Lamentablemente sólo queda una de aquellas, hoy reconvertida en la Casa del Flamenco de Córdoba. Reconstruida como la típica corrala de vecinos del siglo XV, una visita a su interior es recomendable para aquellos que no conozcan este tipo de arquitectura. Indicar también que esta casa, la otrora famosa Posada del Potro, fue citada por Cervantes en su inmortal obra de El Quijote.



Destacar la fuente que se encuentra en el centro de la plaza, coronada por la figura de un caballo que sostiene, entre sus patas delanteras, el escudo de la ciudad y uno de los muchos triunfos de San Rafael que encontraremos diseminados por la ciudad, muestra de la particular devoción popular por el Arcángel Rafael, custodio de la ciudad.

Entre los edificios que rodean esta plaza destaca la casa museo del pintor cordobés Julio Romero de Torres. El museo contiene casi un centenar de obras de este gran artistas, cuyo conocimiento suele ser bastante escaso por parte de las personas que visitan la ciudad.

En una placa a la entrada del edificio vamos a empezar a descubrir el arte pictórico de Romero de Torres: “en esta casa nació, vivió y murió Julio Romero de Torres, el cordobés insigne, que enamorado de su tierra supo sentir y exaltar, en los fondos de sus cuadros y en los ojos de sus mujeres, toda el alma de la ciudad".

En efecto, lo más característico del arte de este pintor fue el retrato de la mujer andaluza de su época, la cual representa sensual, fuerte, altiva y con mirada penetrante en numerosas escenas de la vida cotidiana (La chiquita piconera).

Otras facetas que descubriremos de Romero de Torres fue la de cartelista (moda importada de París), la de retratista, o la de realizar particulares bodegones de exquisito realismo y llenos de sensualidad (Naranjas y limones).

Una visita impagable para conocer la obra de este excepcional artista. Y si aún os queda tiempo podéis visitar el anexo Museo de Bellas Artes. Se trata de la pinacoteca de la ciudad, con obras desde el siglo XIV en adelante y especial presencia de artistas cordobeses. Destacar, entre las muchas obras que atesora, el Calvario de la Inquisición, de Antonio del Castillo o el Bodegón de naranjas de Rafael Romero Barros.

3-    El Alcázar de los Reyes Cristianos

El Alcázar de los Reyes Cristianos es otra de las visitas obligadas en la ciudad.  Y que no os confunda el nombre, pues este lugar fue habitado desde época romana, la cual se encuentra representada, al igual que la época andalusí.

El sobrio aspecto exterior no deja adivinar la riqueza interior que posee, tal como les gustaba construir a los musulmanes.  Se entra a través de una puerta situada bajo la magnífica Torre de los Leones, la más antigua de todas las del edificio (S. XIII) y que recibe su nombre de las gárgolas que posee. Nos da la bienvenida la escultura de Alfonso X el Sabio. Otras destacables son la Torre octogonal del Homenaje y la Torre circular de la Inquisición (llamada así por conservar durante años los archivos del Santo Oficio).

Una visita obligada es el Salón de los mosaicos, el cual contiene una rica colección de mosaicos, de gran calidad, extraídos de la Plaza de la Corredera. Destacar el gran mosaico del Océano, en el que aparece representado el hijo de Urano y Gea, el dios de las aguas, rodeado de animales marinos. Otros mosaicos importantes son el referido a la fábula de Psique y Cupido, el de Polifemo y Galatea  o en el que aparece la actuación de un mimo. Sin duda un espacio increíble y bello que actualmente suele ser lugar típico de celebración de bodas civiles.



En el lado occidental del Alcázar se encuentra el Patio morisco o mudéjar. De planta cuadrangular y rodeado de galerías porticadas en tres de sus lados, posee una fuente, dos estanques y numerosos árboles frutales provenientes de Persia (limoneros, granados) que ofrecen un conjunto bucólico. Una columna encontrada en el subsuelo nos recuerda que en este lugar estuvo la Aduana y el palacio del Cuestor romano.

Otro curioso lugar son los conocidos como Baños reales de Doña Leonor, unos baños privados de aire andalusí que fueron construidos en 1328 por el rey Alfonso XI en honor a su amante. Poseen cuatro salas (vestuario, sala fría, templada y caliente) y el agua provenía de una cisterna situada en la Torre del Homenaje.

Pero sin duda, lo mejor de este edificio es pasear tranquilamente por sus Jardines reales. Lo que antaño ocupaba la huerta del Alcázar fue transformado en unos bellos jardines poblados por palmeras, limoneros y naranjos que dan sombra a fuentes y estanques de inspiración andalusí. No os extrañéis si veis alguna novia haciéndose fotos pues el lugar es sumamente apropiado, máxime en la primavera.



4-    La Judería

Situada al noroeste de la Mezquita Catedral, en la zona comprendida entre las calles Deanes, Manríquez, Tomás Conde, Judíos, Almanzor y Romero, se trata de una de las zonas más visitadas de la ciudad, tanto por el encanto de sus calles como por los monumentos que contiene. Tengo un recuerdo especialmente agradable de este lugar pues fue el primer viaje que hice cuando cobré algo de dinero y me alojé en este particular barrio cordobés.

La judería funcionó desde el siglo X al XV, momento de la expulsión. Anteriormente, desde época romana, en este barrio se había situado el poder religioso y civil.

El corazón de la judería es la plaza de Maimónides, en la cual se sitúa actualmente el Museo taurino. Otro rincón especial es la Plaza de Tiberíades, la cual contiene la famosa escultura de Maimónides, médico y teólogo judío cordobés. Resulta embriagador pasear por esas calles estrechas y sinuosas, herencia de la urbanización medieval, en la que nos iremos encontrando, casi sin querer, los diferentes edificios a visitar en la zona.



El más importante, a mi entender, es la Sinagoga. Se trata del único edificio en su tipología conservado en Andalucía. Se sitúa en el número 20 de la calle Judíos. A través de un recoleto patio accederemos a la sala de oración, constituida en dos plantas (la superior para las mujeres) y que contiene una importante decoración con yeserías de motivos geométricos y vegetales y grafía judía. En el muro oeste un precioso arco ojival lobulado marca el lugar en el cual se encontraba el púlpito del rabino. La cruz negra pintada sobre el muro data de la época cristiana en la cual funcionó como hospital. En el muro oriental se encontraba la Torá, guardada en unas alacenas, mientras que el muro norte es el más decorado y el que mejor se conserva. El muro sur era la tribuna de las mujeres y se diferencia por los tres vanos con arcos profusamente decorados.



Sin duda, uno de los monumentos más señeros y que mejor impresión nos causarán de todos los de la ciudad y que viene a completar la idea de la convivencia pacífica entre las tres grandes religiones monoteístas.

Como curiosidad indicar que tras la expulsión de los judíos en 1492 el edificio fue utilizado como hospital, ermita y hasta escuela de parvulario. El descubrimiento de las grafías judías por parte del padre del pintor Julio Romero de Torres permitiría al edificio recobrar su antigua importancia.

Otro lugar de parada obligada en la judería es el Zoco municipal, construido en los jardines de la antigua casa de las bulas. Accedemos a él a través de un estrecho callejón que se abre en la plaza de Tiberíades. Nos sorprenderá encontrarnos una especie de patio con galerías porticadas a doble altura que tiene la disposición de una antigua casa mudéjar del siglo XVI. Varias tiendas dedicadas a promover la artesanía tradicional cordobesa se ubican en este lugar, pudiendo adquirir cerámicas, objetos de plata y otros realizados con cordobán (piel de ternero).



5-    Rincones encantadores en la ciudad

En la ciudad existen multitud de lugares de incomparable belleza que son una visita inexcusable para cualquier persona que se acerque a la ciudad. Por tanto, con el objeto de no olvidarme de ninguno de ellos voy a enumerar unos cuantos de los más representativos en esta especie de cajón desastre.

Cristo de los faroles

El Cristo de los Faroles, fue realizado por el escultor Juan Navarro León en el año 1794. En realidad se denomina El Cristo de los Desagravios y Misericordia, aunque terminó por imponerse el descriptivo apelativo popular.

Iluminado por ocho faroles, su visión nocturna es totalmente evocadora. Además, para los creyentes, quienes recen delante suya un credo parece que tendrán 360 días de indulgencia.

Este particular cristo se sitúa en la Plaza de los capuchinos, antiguo patio del Convento del Santo Ángel donado a la ciudad para comunicar fácilmente dos populares barrios. Sus típicas paredes pintadas de un inmaculado blanco dan un contexto perfecto a la escultura que preside la plaza.

Puente romano y Torre de la Calahorra

Uno de los paseos más encantadores que podemos realizar en Córdoba es aquel en el que cruzamos el río Guadalquivir por el Puente romano, pues vamos a obtener una preciosa vista de la mezquita y del Alcázar.

El puente actual tiene poco del edificado por los romanos y su aspecto es fruto de una polémica reforma llevada a cabo en el año 2008. Con la pretensión de reformarlo para  devolverle un aspecto más primitivo del que tenía entonces, el resultado fue un monumento bastante alejado de su pasado, tanto romano como califal.



Este puente nos lleva directamente a la Torre de la Calahorra, baluarte medieval destinado a proteger el único puente que tuvo la ciudad durante 20 siglos. El foso, las troneras y su aspecto macizo nos confirman su función defensiva. Aunque debido a su carácter de fortaleza aislada también funcionó como cárcel o como zona de cuarentena para enfermos.

Hoy día su interior está dedicado a una exposición permanente que nos habla de la convivencia de las tres culturas monoteístas en la ciudad durante los tiempos califales. Diversos paneles y audiovisuales nos recrean aquella época de tolerancia.



Palacio de los Marqueses de Viana

Existe en Córdoba una gran tradición a la hora de decorar los patios con flores. En diferentes puntos de la ciudad es posible toparnos con preciosos patios que nos alegrarán los sentidos con su delicada decoración. Ahora bien, si os gustan este tipo de tradiciones es obligado visitar este palacio, pues de los 6.500 metros cuadrados que posee, dos tercios son patios de excepcional belleza. Su recorrido a través de ellos nos mostrará la elegancia y el buen gusto de los moradores de este palacio. Personalmente me encantó el patio de las Columnas, con su fuente y sus plantas de jazmín de olor tan agradable.



Igualmente, la visita se completa con el recorrido por las principales habitaciones de esta especie de casa- museo, siendo paradas importantes la cocina, el Salón de Tobías, cubierto de frescos, la sala de Goya, con tapices del pintor, o los diferentes dormitorios.



Córdoba romana

Ya habremos descubierto en nuestro recorrido por los distintos monumentos principales de la ciudad numerosos lugares que nos recuerdan la importancia de la dominación romana en esta ciudad. Ahora bien, la presencia romana tiene también sus monumentos exentos, los cuales son dignos de ser visitados.

Tal vez, el principal, sea el Templo romano de Claudio Marcelo. Un templo hexástilo de grandes dimensiones del que se conservan las impresionantes columnas. En el subsuelo también podremos visitar los restos del Teatro romano, uno de los mayores de la Península dadas las dimensiones de su cávea. Y próximo a los jardines del duque de Rivas se encuentran los monumentos funerarios de Puerta Gallegos, unas tumbas de aspecto cilíndrico que nos remiten a la moda creada por el mausoleo de Augusto en Roma.



Calleja de las flores

Auténtico icono y postal típica de Córdoba, este pequeño callejón tiene la particularidad de mostrarnos la torre campanario de la Mezquita- Catedral enmarcada por las numerosas macetas de flores que cuelgan de las blancas paredes de la estrecha calleja.



En la plaza del fondo, antiguo patio de vecinos, se sitúa una fuente y numerosas tiendas de venta de souvenirs que no han logrado anular el encanto de este lugar.

Bonus track: Medina Azahara

Y para finalizar nuestro recorrido por los principales lugares de Córdoba no podía olvidarme de otro punto de gran interés histórico y turístico. Me refiero al yacimiento arqueológico de Medina Azahara, un colosal complejo que posee los restos de un precioso palacio andalusí.



Existe en este blog una entrada particular referente a este yacimiento por lo que si estáis interesados en su visita os recomiendo que la consultéis antes pinchando aquí.

Para obtener más información pormenorizada de la mezquita os recomiendo visitar la siguiente página:


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