domingo, 13 de agosto de 2017

Los castillos medievales siempre se construyeron en piedra


Uno de los capítulos de mi libro Mis mentiras favoritas. Edad Media trata sobre la evolución de los castillos en el Medievo. Y es un tema realmente interesante pues, al contrario de lo que se suele pensar, el castillo es una edificación militar exclusivamente medieval. No existieron castillos anterior ni posteriormente al Medievo en el occidente europeo.

Existe un gran desconocimiento, en el público profano, sobre los que realmente es un castillo, su evolución pareja a las armas de asedio y sobre su ocaso final. Por tanto, como complemento al capítulo de libro voy a indicar cinco falsos mitos que aún perviven en la población respecto a los castillos medievales.


1. Los castillos han existido desde la Antigüedad.

Podemos definir un castillo como la vivienda particular fortificada de un personaje socialmente importante, la cual tiene como principal objetivo protegerle de cualquier ataque armado.

Según esta definición, ninguna de las fortificaciones del mundo antiguo se corresponde con la definición de castillo. Desde el Neolítico, cuando los grupos humanos debieron defender sus terrenos agrícolas de los grupos rivales, surgieron elementos arquitectónicos defensivos, compuestos por murallas o empalizadas, de madera o incluso de piedra. En España tenemos numerosos ejemplos de estas construcciones que hunden sus raíces en la Prehistoria, como por ejemplo el poblado talayótico de Ses paisses, en Mallorca.

Pero estas construcciones no eran castillos, pues su objetivo era cobijar a toda la población y no a una persona particular. Los castillos surgirán en el Medievo, como consecuencia de la desarticulación de los poderes centrales y la necesidad de los señores de protegerse de los ataques vikingos, magiares y musulmanes.

2. Todos los castillos medievales se construyeron en piedra.

En España tenemos una visión algo distorsionada de los primeros castillos construidos en Europa, entre otras cosas, porque en nuestro país la evolución fue distinta.

Aquí, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, muchas ciudades se despoblaron y la ruralización provocó que antiguos castros celtas e íberos, en altos roquedos, se volviesen a ocupar.  La piedra era fácil de conseguir y todas las construcciones se realizaron en este material.

Pero en otras partes de Europa, como en Francia o Inglaterra, los primeros castillos se construyeron en un material más abundante, como era la madera. Durante los siglos XI-XII los castillos de madera tipo mota fueron los más habituales, evolucionando a partir del siglo XII hacia los de piedra. En ellos, la torre de homenaje era la parte principal del recinto y vivienda del señor feudal.

Castillo tipo mota típico de los siglos XI-XII en Inglaterra y Francia.


El cambio fue provocado, principalmente, como forma de soportar mejor los asedios y evitar el peligro de incendio de las torres y empalizadas. Gracias a los nuevos castillos en piedra, los asedios de entre cuatro y seis semanas a una fortificación tipo mota se alargaron durante varios meses, logrando mejorar las perspectivas de los defensores.

3. Los castillos eran elementos exclusivamente defensivos.

En muchas ocasiones vemos los castillos como lugares construidos para defenderse de los ataques enemigos. Su evolución fue pareja a la de las armas de asedio y en nuestras mentes siempre nos los imaginamos asediados.

Pero los castillos también podían convertirse en centros de un importante poder ofensivo: servían como base de operaciones para los ataques por sorpresa al enemigo, algo muy habitual en la España Medieval donde la caballería era la principal arma ofensiva; también actuaban como almacenes de suministro y como lugar donde guarecer a las tropas de reserva; por último, combinadas con un buen sistema de torres vigía, los castillos eran capaces de dominar grandes áreas de terreno, atemorizando a todo aquel que osaba entrar en su territorio.

Típico castillo de piedra de los siglos XII-XIII con torre de homenaje


4. En España se construyeron más castillos que en ningún otro lugar.

Actualmente conservamos numerosos castillos en pie en nuestro país, e incluso las Comunidades Autónomas del centro peninsular, Castilla León y Castilla La Mancha, deben su denominación al gran número de castillos que se construyeron en época medieval. Pero tales circunstancias no deben hacernos creer que fue en España donde se levantaron más castillos. El ranking de castillos construidos en la Edad Media, por países, es el siguiente:

                   1. Italia                25.000
                   2. Alemania         14.000
                   3. Francia            13.000
                   4. España            4.000/5.000
                   5. Irlanda             3.500/4.000
                   6. Escocia            1.700/2.000
                   7. Inglaterra          1.500/1.800
                   8. Gales               460/540

Otro asunto son los que aún quedan en pie, en cuyo caso gran parte de los italianos desaparecieron por completo.

5. La utilización de la pólvora supuso el final de los castillos.

Es cierto que los cañones introducidos desde mediados del siglo XIV en los asedios a los castillos supusieron un importante desequilibrio a favor de los atacantes. Pero tal ventaja táctica se suele magnificar en exceso.

Ignoramos la utilidad de los primeros cañones, aunque debió ser baja, dado que las mejoras en los castillos para contrarrestar los efectos de la nueva artillería se demoraron hasta finales del siglo XV. En realidad, la verdadera utilidad de la artillería con pólvora tuvo un breve éxito entre los años 1450-1500.  Y aún así no fue decisiva en la mayoría de los casos, como en la toma de Constantinopla.

Pero además de la pólvora, otros muchos factores influyeron en el ocaso de los castillos. Por un lado estaba el nuevo poder estatal de los reyes, los cuales  no necesitaban del auxilio de los nobles para proteger sus reinos. Ahora no será necesaria la existencia de castillos para controlar militarmente regiones, sino que el ascenso de la infantería como principal arma de los nuevos ejércitos cambiará la forma de hacer la guerra. Si en el Medievo el asedio a una fortificación fue la manera más habitual de enfrentarse al enemigo, ahora volverá a cobrar importancia (de hecho, nunca la perdió) la batalla campal.

El castillo de Manzanares el Real (Madrid) es un buen ejemplo de castillo-palacio de finales S. XV


Además de la paz del rey, los nobles cambiaron de actitud sobre sus viviendas. Ya no deseaban estar confinados en oscuros castillos, sino en lujosos palacios acordes a su status social. Por ello, el castillo se convirtió en palacio y abandonó definitivamente su utilidad defensiva. Serán estos castillos tan escenográficos los que hoy día tanto les guste fotografiar a los turistas.

BIBLIOGRAFÍA:

Cairns Conrad: Los castillos medievales. Akal, 1999.
VV.AA.: Castillos, Fortalezas y Catedrales de España. Tikal, 2010.
Keen, Maurice (ed.): Historia de la guerra en la Edad Media. Machado libros, 2005.
Carocci, Sandro: “El castillo, una clave de la Edad Media”. La Aventura de la Historia, Nº15, 2000.

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