domingo, 13 de noviembre de 2016

Las graduaciones de la vista siempre deberían dar el mismo resultado



Hoy día estamos acostumbrados a tener unos resultados exactos en todas nuestras pruebas médicas. Los valores, informatizados, nos muestran con increíble frialdad las enfermedades o deficiencias que sufre nuestro organismo.

Ahora bien, cuando graduamos nuestra visión, muchos pacientes se sorprenden de la relativa variabilidad de su refracción. Si por casualidad vamos a pedir presupuesto a tres ópticas y nos gradúan en las tres puede darse el caso de obtener hasta tres resultados distintos para nuestra refracción. ¿Cómo es esto posible?


En el post de hoy, dedicado eminentemente al público general, voy a abordar dos aspectos diferenciados de la refracción. Primero explicaré los factores que pueden intervenir en una graduación visual, los cuales son responsables de las variaciones de la misma. Y, en segundo lugar, daré unas pautas para lo que yo considero una buena graduación de la vista.

Factores que influyen a la hora de graduar la vista

1-    El estado de nuestra visión

Aunque resulta obvio para muchas personas el hecho de que no estamos igual de “frescos” para hacer ejercicio por la mañana que a última hora del día, no tenemos tan asumido que nuestros ojos también se fatigan a lo largo de la jornada.

El rendimiento visual no es el mismo estando descansado que tras haber estado enfocando ocho horas la pantalla de un ordenador. Nuestros ojos parpadean menos, se secan y fatigan. Y todo ello influye en nuestra refracción.

Por ello, a la hora de graduarse la vista es importante acudir con nuestros ojos lo más relajados posibles. Es decir, evitando largas horas de trabajo en cerca con móvil, tablet u ordenador; o, igualmente, tras largos periodos de conducción.

Los niveles hormonales y de azúcar de nuestro organismo también influyen en nuestra refracción. Un diabético con niveles descontrolados nota perfectamente que tiene días donde su visión es mejor que en otros. Pero lo que no todo el mundo contempla es acudir a graduarse la vista con el estómago lleno. Y ello es muy importante, pues si acudimos con el estómago vacío, antes de desayunar o con sed nuestra graduación variará ostensiblemente.

2-    Refracción subjetiva de nuestra visión

Aunque actualmente existen instrumentos ópticos muy precisos, con los cuales se puede medir de forma muy fiable la graduación de una persona, la forma básica de obtener la refracción definitiva es mediante una prueba subjetiva. Sí, esa donde nos piden leer letras.

Para muchas personas puede resultar contradictorio que en nuestra profesión se continúe confiando más en la labor “artesanal” de una persona que en el resultado de una máquina. Pero la explicación es muy simple.

Obtener una buena refracción es un arte. Y el arte, de momento, lo realizan únicamente personas. Una máquina puede copiar al detalle los frescos de la Capilla Sixtina, pero jamás podría haberlos creado de la nada. Del mismo modo, un autorrefractómetro nos da la graduación aproximada de una persona en un momento determinado. La labor del optometrista es lograr una refracción adecuada para la totalidad de la jornada de su paciente, algo bastante más complicado.

A la hora de elegir a nuestro optometrista es importante fijarnos en varios aspectos básicos del gabinete optométrico. Unos buenos y modernos instrumentos otorgan una precisión mayor en la graduación.

Igualmente, las condiciones luminosas son muy importantes. El gabinete debe estar iluminado únicamente con luz artificial, pues reflejos molestos de luz natural (directa o indirecta) pueden distorsionar los resultados. Y según las necesidades del paciente, el gabinete podrá estar iluminado con  luz artificial o no estarlo. De forma habitual se suele graduar con luz, pues son las condiciones habituales de visión. No obstante, si deseamos una gafa para utilizar exclusivamente de noche es mejor realizar la refracción casi a oscuras, con el objetivo de simular esas condiciones ambientales. Básicamente, la razón de todo ello es nuestra pupila, el diafragma particular de nuestros ojos, cuya abertura influye notablemente en la refracción final.

El tiempo para la refracción debe ser el adecuado, según las necesidades de los pacientes. No son recomendables ni las refracciones rápidas, tipo Seguridad Social (esta es una queja habitual de mis pacientes, no una opinión personal), ni las que se alargan en demasía, realizando baterías de pruebas, en muchos casos, escasamente útiles.



E igual de importante es la comunicación con el optometrista. Es importante dar respuestas claras y concisas a las preguntas que nos realicen, pues con la información que transmitimos el optometrista gradúa la visión de distinta manera. Si no vemos clara la diferencia entre dos opciones o no entendemos el objetivo de una prueba no nos avergüence comentárselo.

Recuerde que no está en un concurso (puede no ver alguna letra y ello no conllevará perder el apartamento en Torrevieja) y que, en muchas ocasiones, el optometrista le estará poniendo a prueba constantemente, incluso con lentes placebo. Lo sentimos, pero como aprendimos de la famosa serie televisiva House, “el paciente siempre miente”.

3-    Factores externos asociados

Existen múltiples factores que pueden variar una refracción visual y de los cuales no siempre somos conscientes. Por si nos os preguntan al respecto antes de graduaros la vista, tened en cuenta los siguientes puntos.

El uso de lentes de contacto, aunque sean las más blandas del mercado, modifica la geometría de nuestra córnea, la parte más externa de nuestro sistema visual. Y como resulta comprensible, si variamos la potencia de una de las lentes de nuestro sistema visual, el resultado final será diferente. Por tanto, para todos aquellos usuarios de lentes de contacto que deseen graduarse la vista para realizar unas gafas, es recomendable acudir a la cita con tu optometrista tras haber descansado del uso de lentes de contacto 48 horas. Si no es posible tal cosa, es imprescindible descansar un mínimo de 24 horas. Si aún no lo ves factible tienes un problema grave: eres un adicto a tus lentes de contacto y debes desintoxicarte. Olvidaste que las lentes son una opción más de compensar una ametropía y no la única opción (en el 95% de los casos).

Enfermedades como la diabetes, tal como comentamos arriba, pueden influir en la refracción final. En estos casos resulta recomendable graduarse la vista en los momentos donde el azúcar lo tenemos controlado. Y, si fuera preciso, graduar en diferentes momentos del día, por ver las variaciones.

Un trabajo en cerca continuado en el tiempo puede hacer que nuestra visión modifique su graduación de forma puntual. Es clásico el caso de la persona que estudia una oposición y se vuelve miope en ese intervalo de tiempo. O estudiantes que se gradúan en tiempos de exámenes y comprueban que su miopía ha vuelto a subir. Al ser esfuerzos puntuales, lo recomendable es graduarse la vista una semana después de terminar tales tareas. En ese tiempo los ojos estarán más descansados y podremos valorar si esa miopía inducida se ha consolidado en el tiempo o ha desaparecido.

Diversos medicamentos también influyen en la refracción. Y no me refiero a la Atropina, por ejemplo, utilizada para graduar anulando la acomodación.

De forma general, en muchos casos los medicamentos provocan sequedad ocular, lo que puede provocarnos molestias en nuestra visión y variaciones refractivas. Es el caso de algunas píldoras anticonceptivas, antialérgicos (antihistamínicos) o antibióticos. Los ansiolíticos pueden provocar problemas en cerca, llegando a impedir una buena visión en distancias cortas. Y, por último, los opiáceos y la cocaína provocan alteraciones en la visión de los colores (rojo-verde) y una sensibilidad mayor para el azul (mala época rodeados de luz LED azul). Igualmente, los antibióticos también alteran la visión cromática y, en ocasiones, aumentan nuestra sensibilidad a la luz.

Por tanto, antes de graduarnos la vista debemos tener en cuenta que ciertos tratamientos puntuales con medicamentos pueden alterar nuestra visión. Si son tratamientos cortos es mejor consultar al médico que nos lo recetó y esperar a graduarnos en otro momento.

Una buena graduación

Cuando estudiaba la carrera de Óptica y Optometría, allá por finales de los años 90 del siglo pasado, recuerdo que uno de mis profesores nos daba el mejor consejo para obtener la mejor graduación. Son cinco sencillos pasos que paso a enumerar: Anamnesis, anamnesis, anamnesis, anamnesis y graduación.

No, no se volvió loco el teclado. Lo más importante para poder realizar una buena graduación es conocer los detalles más básicos de nuestro paciente: ¿Qué graduación usaba anteriormente? ¿Qué necesidades debe cubrir, visualmente hablando? ¿Qué profesión tiene? ¿Cuándo va usar sus gafas?...

Tras leer la primera parte del post habremos tenido una ligera idea de la importancia que tiene preguntar a nuestros pacientes y que estos nos informen sobre aspectos excepcionales de su rutina diaria. Tal vez, una modificación en la graduación se deba a que empezó a tomar la píldora anticonceptiva o que estuvo estudiando hasta ayer una oposición.

Cuando entro en el gabinete suelo tener una idea, bastante aproximada, de lo que me voy a encontrar. Lo que tiene también un lado peligroso, pues en muchas ocasiones los optometristas sólo buscan lo que tienen en su mente encontrar. Mi formación como historiador me ha enseñado a no defender hipótesis de trabajo a pesar de lo que digan los resultados. Por ello, aunque me gusta graduar con una información bastante exacta de mis pacientes siempre tengo la mente abierta para sorprenderme si veo que sus respuestas me conducen por otro camino.

Una refracción básica debería tener, como mínimo, las siguientes acciones: anamnesis, graduación usada habitualmente por el paciente, refracción objetiva (con retinoscopio o autorrefractómetro), toma de agudezas visuales sin compensación y refracción subjetiva con diferentes pruebas (fogging, rojo/verde, cilindros cruzados, equilibrio binocular con prismas...).

Por otro lado, las pequeñas diferencias de graduación entre diferentes optometristas no sólo pueden ser normales, sino perfectamente equivalentes. Existen optometristas que tienen por costumbre afinar al máximo posible la agudeza visual de cada ojo, mientras otros abogan por una buena agudeza visual binocular general. Esta diferencia puede suponer una variación de -0.25 dioptrías esféricas por ojo. Si tenemos un historial de la evolución optométrica del paciente resulta mucho más sencillo ajustar la graduación final según la tendencia vital del mismo.

En otras ocasiones existen casos en donde el astigmatismo se prescribe en su totalidad o se combina con la miopía. Algunos profesionales prefieren dejar de compensar pequeños astigmatismos acomodativos por el bien de la visión binocular. Mientras que otros valoran el historial de sus pacientes a la hora de realizar modificaciones sustanciales en astigmatismos (tanto eje como graduación). En muchos casos, la forma de anotar la prescripción (cilindro positivo o negativo) es la única diferencia entre dos graduaciones que parecen opuestas pero que, en realidad, son la misma cosa.

Igualmente importante es conocer el tipo de lente que posteriormente prescribiremos. Por ejemplo, el diseño de un progresivo varía enormemente entre llevar o no astigmatismo, por lo que el optometrista puede preferir no compensar un pequeño astigmatismo teniendo en cuenta una mayor comodidad posterior del paciente con sus lentes progresivas. Máxime si en su historial aprecia que nunca llevó ese tipo de error refractivo.

Como dice el refrán: “Cada maestro tiene su librillo”. Por ello, las diferencias entre optometristas, si prescriben cosas en el mismo sentido, no deben ser tomadas como errores. Al contrario, son distintas formas de intentar llegar a lo mismo: la mejor prescripción para cada paciente.

Mi recomendación general es muy simple. Visitar siempre al mismo optometrista, pues si éste conoce tu historial de graduaciones puede realizarte la mejor prescripción y, de paso, un importante seguimiento. Yo llevo más de quince años en gabinete y no debo hacerlo muy mal, pues veo a mis pacientes crecer conmigo. No obstante, también me equivoco y aprendo cosas nuevas todos los días. Nadie es infalible. Es lo que tiene ser humano.

No quiero alargarme mucho más en el asunto, pues entraríamos en temas técnicos que nada aportan a los pacientes. Me conformo con que la próxima vez que visitéis a vuestro optometrista seáis conscientes de la importancia que tiene en una buena graduación vuestros hábitos y disposición.

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