domingo, 26 de julio de 2015

Yo no soy daltónico



Que soy una persona peculiar, por no decir rara, es algo obvio hasta para mí mismo.
En primer lugar porque tengo dos carreras universitarias; y no me refiero a titulaciones dobles o con gran similitud de asignaturas convalidables. En mi caso cursé una carrera de ciencias y luego otra de humanidades. Y no por titulitis, sino por vocación.
En segundo lugar, soy un hombre escribiendo un blog, por lo que quedo reducido a un escueto 10% de todos los Blogger españoles.
Y este porcentaje baja aún más cuando descubro que formo parte del 8% de hombres que sufren una alteración a los colores. Es más, estoy dentro del grupo de deuteranómalos, el cual afecta al 5% del total de la población masculina.
Vamos, que normal y típico no soy.

No puedo ayudarte a sacarte dos carreras universitarias y en multitud de páginas enseñan de forma clara y concisa los pasos necesarios para hacerte Blogger. Ahora bien, si lo deseas, hoy te voy a enseñar algunos puntos básicos sobre la visión de los colores humana, la importancia que tiene realizarse las pruebas correspondientes para comprobar que se posee una buena percepción a los colores y la razón por la que nadie es daltónico.

¿Quieres descubrirlo?


El siglo XVIII fue el momento en el cual la ciencia comenzó a interesarse verdaderamente por las anomalías a los colores que afectan a algunas personas. Y como suele ser habitual, los más interesados en el tema fueron los mismos investigadores que sufrían algún tipo de estas alteraciones. El más famoso fue John Dalton, quién a la postre ha dado el nombre más vulgar y conocido al conjunto de alteraciones en la visión del color, el daltonismo.

A continuación, mediante unas breves preguntas, intentaré explicar de forma clara este tipo de alteraciones tan mal conocido.

¿Cómo vemos los colores los humanos? Cada uno a su manera.

El ser humano es capaz de llegar a ver hasta 10 millones de colores distintos en todos los niveles de luminancia existentes, valor que desciende hasta los 8 millones si mantenemos fijo el nivel de luminancia.

Ahora bien, la percepción de los colores no es algo objetivo, sino que resulta tremendamente subjetiva. Podemos asegurar que cada persona es capaz de ver los colores de una forma individualizada y que le diferencia del resto de individuos. Esto se debe a que en la percepción de los colores no sólo influyen las propiedades de los objetos, sino que también interviene la absorción realizada por los pigmentos visuales del ojo y el complejo circuito neuronal existente entre el ojo y el cerebro.

No obstante, a la hora de nombrar los colores las respuestas de la mayoría de individuos es la misma. Lo anterior se debe a dos fenómenos. Por un lado, la educación es básica a la hora de identificar los colores. Podemos decir que el ser humano educa su subjetividad y aprende la norma social respecto a los colores. Por otro, la discriminación de tal magnitud de colores diferentes se reduce a la combinación de tres colores primarios (rojo, verde y azul), los cuales, combinados adecuadamente, pueden reproducir el resto de colores existentes.

¿Cuál es el mecanismo de nuestra visión de los colores? Algo muy curioso

Lo primero que debemos desmentir es una idea falsa asentada insidiosamente en el imaginario cultural común. Nosotros no vemos los objetos de un color determinado por ser de ese color, sino porque las longitudes de onda que refleja son de un color determinado.

La luz es energía y la cuantificamos mediante lo que llamamos longitud de onda. Denominamos espectro electromagnético a la distribución energética del conjunto de las ondas electromagnéticas. El espectro electromagnético se extiende desde la radiación de menor longitud de onda, como los rayos gamma, hasta las ondas electromagnéticas de mayor longitud de onda, como son las ondas de radio. Entre ambas se encuentra la luz ultravioleta, la luz visible y los rayos infrarrojos. El ojo humano sólo es capaz de percibir una región del espectro muy reducida, la franja de espectro visible. Esta región comprende las longitudes de onda que van desde los 380 nm hasta los 780 nm (1 nm = 1 nanómetro = 0,000001 mm). Y cada una de estas longitudes de onda del espectro visible es percibida por nuestro cerebro como un color diferente.

Cuando la luz (blanca) incide en un objeto, parte de la radiación electromagnética de la luz es absorbida por el mismo, mientras que otra parte es reflejada. Estas segundas ondas luminosas reflejadas son las que llegan a nuestros ojos e inciden en nuestra retina. Los fotorreceptores captan esas radiaciones electromagnéticas y las transforman en impulsos electroquímicos, transportándolas, a través del nervio óptico, al cerebro, donde se interpreta toda esa información.

Existen dos tipos de fotorreceptores, los conos y los bastones. Los primeros actúan en condiciones de buena iluminación, permitiéndonos ver los objetos que nos rodean. En cuanto a la visión del color existen tres tipos de conos, los cuales absorben, únicamente, un tipo de longitud de onda determinada (rojo, verde y azul). Mediante la combinación de estos tres colores primarios somos capaces de obtener el resto de los millones de colores distintos que somos capaces de discriminar.

Los bastones, por su parte, son unos fotorreceptores especializados en captar pequeñas proporciones de luz (son capaces de detectar un único fotón). Por ello, solamente se encuentran activos en condiciones de escasa iluminación. Por el día, estos fotorreceptores se saturan y no son operativos. Entre sus características principales están las de no poder diferenciar detalles visuales finos y no ser capaces de diferenciar los distintos colores. De ahí el refrán Por la noche todos los gatos son pardos.

¿Por qué se originan las alteraciones al color? Por defectos en nuestra retina.

John Dalton estaba convencido de que su alteración al rojo-verde se debía a una supuesta coloración azulada de su humor vítreo, al cual funcionaría como un filtro que absorbía la luz roja. Tan convencido estaba de su hipótesis que donó sus ojos a la ciencia, una vez muerto, para confirmar su teoría.

Hoy día sabemos que la causa principal de las alteraciones al color se encuentra en los fotorreceptores de nuestra retina, concretamente en los conos. Ya hemos indicado que existen tres tipos de conos diferentes, los cuales poseen un pigmento capaz de absorber tres colores (rojo, verde y azul). Las alteraciones a los colores surgen cuando alguno de los tres pigmentos está ausente o presenta un patrón de absorción alterado.

¿Estas alteraciones son congénitas o adquiridas? Existen los dos casos.

La forma más común y conocida es la alteración congénita. En estos casos podemos dividir los casos en tres tipos. El más grave es aquél donde no existen los fotopigmentos de absorción para el rojo y el verde. A estas personas se les denomina acrómatas y están condenados a vivir en un mundo monocromo donde los colores son percibidos como diferencias de claridad. Su visión se reduce al blanco, gris y negro.
Una alteración importante es aquella donde falta uno de los tres fotopigmentos que tienen las personas tricrómatas sin anomalías a los colores. A estas personas se les denomina dicrómatas.
Una alteración más leve es aquella donde existen los tres fotopigmentos de los fotorreceptores, pero uno de ellos presenta un patrón de absorción alterado. A estas personas se les denomina tricrómatas anómalos.

Las anteriores alteraciones congénitas al color están ligadas a un reducido número de genes. Los estudios genéticos han confirmado que los genes de los pigmentos rojo y verde están ubicados en el cromosoma X. Al ser de carácter recesivo, la proporción de hombres afectados es mucho mayor (8%) que el de las mujeres (0,5%). Para que un hombre (XY) tenga una alteración congénita al color sólo es necesario que tenga afectado su cromosoma X, mientras que para que una mujer (XX) esté afectada por este tipo de anomalías es necesario que ambos cromosomas X porten este defecto.

Respecto a las alteraciones adquiridas al color, en muchas ocasiones, una pérdida repentina, es la muestra precoz de una enfermedad subyacente, ocular o sistémica. Por tanto, descubrir a tiempo este tipo de alteraciones puede ser una forma eficaz de revelar patologías ocultas o intoxicaciones. Se diferencian de las de tipo congénito en varias cosas: suelen ser monolaterales (afecta a un solo ojo), fuertemente asimétricas, se acompañan de otras alteraciones funcionales, son difíciles de clasificar por los test habituales, la Agudeza Visual suele estar afectada y mejoran/empeoran con el tiempo, dependiendo de la evolución de la enfermedad causal.

Entre las enfermedades que generan una discromatopsia azul-amarilla están el Glaucoma, la Diabetes, el Papiledema o la DMAE. Enfermedades que generan discromatopsia rojo-verde son la Neuritis óptica, la Papilitis o la Ambliopía tóxica.

Igualmente, algunos fármacos pueden causar alteraciones a los colores. Los antidiabéticos orales pueden provocar defecto rojo-verde, mientras que la Eritromicina o la Indometacina provocan defecto azul-amarillo.

¿Cuáles son las principales alteraciones a los colores?

Los problemas en el fotopigmento rojo se denominan defectos protán. Las personas con problemas en el fotopigmento verde sufren defectos deután. Y los defectos en el fotopigmento azul se denominan tritán.

Según de grave sea la alteración tendríamos:

-         Tricrómatas anómalos:

o   Protanomalía (ligera anomalía a la percepción del color rojo)
o   Deuteranomalía (ligera anomalía a la percepción del color verde)
o   Tritanomalía (ligera anomalía a la percepción del color azul).

-         Dicrómatas:

o   Protanopía (carecen de sensibilidad al rojo)
o   Deuteranopía (carecen de sensibilidad al verde)
o   Tritanopía (carecen de sensibilidad al azul).

-         Monocrómatas o acrómatas (su visión se reduce a una escala de grises).

Como se puede comprobar, indicar que una persona es daltónica, científicamente no significa nada, salvo que posee una alteración en su visión de los colores. Por tanto, llamemos a cada cual por su nombre, aunque suene algo raro.

De forma general podemos indicar que el término científico correcto para nombrar cualquier deficiencia en la percepción de los colores sería el de discromatopsia, que significa: “Dificultad o incapacidad para distinguir los colores”.

Luego, según el fotopigmento implicado y el grado de afectación tendrá el apellido de protanope, protanómalo, deuteranope, deuteranómalo o tritanope, tritanómalo. Aunque lo más común es nombrarlos únicamente por este último nombre, pues con ello se tiene toda la información sobre la afección.

¿Son comunes las alteraciones al color? Mucho más de lo que dicen las estadísticas.

Ya hemos comentado que el 8,5% de la población sufre algún tipo de alteración congénita de la visión cromática. Los hombres, con un 8%, son el grupo más afectado. Y entre todos ellos, el 5% está encuadrado en una deuteranomalía. Esto es bastante lógico, pues si estudiamos la proporción de los tres tipos de fotopigmentos retinianos descubrimos que los que absorben el color verde son mayoría aplastante (20:40:1; rojo, verde, azul).

No obstante, los datos anteriores no deben ser tomados como dogmáticos y encierran un margen de error elevado. Ello se debe al escaso interés que se presta a este tipo de problemas en las consultas ópticas y oftalmológicas. ¿A cuantos de ustedes le han realizado un test para comprobar si su visión de los colores es correcta en algún momento de su vida?

En mi caso particular, sólo el hecho de cursar la carrera universitaria de óptica me permitió conocer mi anomalía a los colores, a raíz de la cual pude diagnosticar a otros miembros de mi familia, los cuales eran ignorantes respecto a su afección.

Aunque lo anterior puede sorprender, las anomalías leves (tricrómatas anómalos) pueden pasar completamente desapercibidas para quien la sufre si no tiene una ocupación donde la discriminación de los colores sea necesaria e imprescindible.

¿Cómo podemos detectar una anomalía en la visión de los colores? Tenemos nuestras armas optométricas.

Las pruebas de detección más rápidas y fáciles de realizar por parte de los especialistas en el cuidado de la visión son las llamadas Láminas Pseudoisocromáticas. Aunque existen de muchos tipos, las láminas de Ishihara pasan por ser la mejor prueba posible. No obstante, debemos advertir que es un test especialmente diseñado para detectar deficiencias congénitas rojo-verde (90-95% de efectividad); en cambio, sus resultados no son óptimos para lesiones adquiridas.

En su versión completa el test de Ishihara consta de 38 láminas, donde en las 25 primeras se muestran números y en las 13 restantes caminos o trayectorias que sirven para evaluar a las personas analfabetas. Las imágenes de estos test están formadas por pequeños círculos de diferentes colores, los cuales tienen una figura, un dibujo o un número de fondo. La particularidad de estas imágenes reside en la circunstancia de que una tricrómata normal distinguirá sin problemas el número representado, mientras que una persona que sufra una deficiencia en la visión cromática o no lo distinguirá o verá otro totalmente diferente.

Si deseáis hacer la prueba os dejo un enlace con un test online de 24 láminas, con el que podéis haceros una ligera idea por si tenéis algún problema. Por supuesto, en caso de sospechar alguna anomalía sería necesario acudir a vuestro optometrista para que os realice un test completo y valore si tenéis alguna anomalía y, en caso afirmativo, definir qué tipo es.
 
Lámina Ishihara Nº 9: Si ves el número 74 lo más probable es que seas un tricrómata normal. Si ves el número 21 posiblemente tendrás un defecto en la visión de los colores. Si no ves ningún número eres acrómata.

Existen otros test más especializados, denominados Pruebas de discriminación cromática, en los que los sujetos analizados deben ordenar una serie de piezas de diferentes colores en función de su similitud cromática. Su mayor ventaja es la detección de alteraciones en la visión de los colores, tanto si son congénitas como adquiridas, aunque su mayor inconveniente es la complicidad de la prueba y el largo tiempo requerido para realizarla.

Sin duda, el test de Farnswort-Munsell (FM) es el más famoso y utilizado de todos los existentes. En su versión completa consta de 85 piezas de colores cuya saturación y luminosidad son constantes, variando sólo la tonalidad de cada una de ellas. La discriminación de matices se obtiene a través de la representación gráfica de los resultados obtenidos. Aquí el enlace para los interesados en realizar el test online.

El último tipo de prueba requiere de anomaloscopios, un equipamiento costoso utilizado en trabajos de investigación. Su funcionamiento consiste en igualar un espectro luminoso amarillo utilizando una mezcla de longitudes de onda rojo y verde. Las anomalías a los colores se detectan estudiando las distintas proporciones utilizadas para ello. 
El instrumento más utilizado para realizar este tipo de pruebas es el anomaloscopio Nagel. La prueba consistiría en igualar, inicialmente, el campo amarillo del test con los cambios que se pueden hacer en las luces rojo-verdes. En la segunda parte de la prueba se ajusta el rango rojo-verde y el sujeto analizado realiza cambios en el campo amarillo.

¿Qué problemas pueden generar las alteraciones a los colores? Leves y graves.

Antes de ser consciente de mi anomalía en la visión de los colores tuve ciertas situaciones graciosas. Por ejemplo, en una discoteca, donde el cambio de luces es constante, me costaba distinguir correctamente ciertos colores, igualándolos genéricamente con el marrón. Eso me supuso, en ocasiones, bailar con la más fea, como suele decirse, o dirigirme a la persona equivocada.

Aunque en los colores de objetos habituales no tenía ningún error (lo que significa que los aprendí en su día fenomenalmente), en objetos nuevos mis igualaciones de colores no eran las que realzaban otras personas. No obstante, la cosa era tomarme por un bromista y punto.

Más adelante, cuando cursaba la carrera de Óptica y Optometría, casi suspendo una práctica en la que debíamos igualar colores con una especie de anomaloscopio. Mi compañero me tomó por un loco y yo decidí copiar sus resultados para realizar la práctica según la norma. Sería más adelante, cunado realizaba el último curso, el momento en el cual me detectaron el defecto que tenía. Fue gracias a una compañera (gracias Montse) que estaba realizando su proyecto final de carrera sobre anomalías en la visión de los colores. Necesitaba voluntarios para realizar los test y conmigo encontró un filón. Su diagnóstico: deuteranómalo.

Mi alteración en la visión de los colores es leve, por lo que no me ha provocado perjuicios graves. Sí he tenido situaciones cómicas en mí día a día en la óptica, pues ciertas coloraciones de lentes o gafas de tonos indefinidos suelo confundirlas con facilidad.

Ahora bien, existen profesiones donde no es posible ejercer ni con una pequeña alteración al color. Me refiero a emparejador de color en telas o pinturas, pintor de automóviles, restaurador de obras de arte, Cuerpo y Fuerzas de Seguridad del Estado, piloto de aviones o controlador aéreo.

En otras profesiones las deficiencias leves pueden ser toleradas. Por ejemplo, un conductor de ferrocarril o camión no tendrá problemas al distinguir las luces del semáforo, por ser colores aprendidos por aprendizaje y presentarse siempre en la misma disposición.

En otras profesiones suele ser muy recomendable una visión normal a los colores, y aunque leves defectos pueden ser admitidos, las alteraciones más graves provocan limitaciones. Me refiero a profesiones tales como fotógrafo, florista, frutero, carnicero, joyero, sastre, profesiones sanitarias (entre las que se incluye la óptica), botánico…

¿Qué problemas pueden sufrir diariamente las personas con anomalías al color?

En algo tan normal como escoger la fruta, muchas personas con la visión alterada de los colores tendrán dificultades para escoger cerezas o fresas maduras. Si la persona cose, la elección del hilo puede que no sea la más apropiada según que colores. Distinguir entre prendas de vestir marrones y negras es bastante difícil, o encontrar el punto de la carne asada al cocinar. Los mapas con muchos códigos de colores (los cuales son similares) les traerán varios dolores de cabeza (doy fe, pues los tuve cuando estudié Historia).

Respecto a la conducción, el 50% de los dicrómatas y el 20% de los tricrómatas anómalos presentan dificultades, pues en determinadas condiciones de iluminación pueden sufrir ciertas confusiones. Por ejemplo, las personas con defecto protán tendrán dificultad para distinguir los colores rojos en la noche, razón por la cual son más proclives a saltarse un “stop”. Y las personas que sufren deficiencias al color necesitan estar más cerca de las luces de las señales rojas que los tricrómatas normales antes de reconocer el color de la luz o señal. No obstante, no debemos asustarnos. El hecho de percibir esa inseguridad los hace unos conductores más precavidos, razón por la cual, estadísticamente, están involucrados en menos accidentes de tráfico que las personas con visión a los colores correcta. Simplemente una buena iluminación de las vías facilitaría enormemente la conducción a todas las personas con anomalías al color.

Por último, una recomendación. Todos los niños que comienzan la escolarización deberían ser revisados, de forma rutinaria, sobre su visión de los colores. Ello es básico, pues en el proceso de enseñanza actual los profesores utilizan con mucha alegría los colores para realizar asociaciones. Por ejemplo, son típicos los códigos de colores para enseñar aritmética. No sólo se utilizan para aprender números o palabras, sino también objetos y formas, por lo que una alteración en los colores puede afectar al rendimiento escolar. Más adelante, el estudio de mapas geográficos, o las tareas en el laboratorio (códigos de colores para diferenciar sustancias químicas) puede conllevar problemas de aprendizaje.


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